Capítulo 1
Pov Young Saeng
Iba distraído mirando por la ventana, pensando en las clases que tenía por delante, cuando de pronto el coche comenzó a vibrar de forma extraña y se detuvo en seco en mitad de la calle. Sentí cómo el corazón me daba un pequeño salto por la sorpresa.
—¿Qué pasa, señor Kim? —pregunté, con un deje de preocupación en la voz.
—Joven amo… estamos perdiendo aceite. El motor ya no responde. Me temo que no podremos llegar hasta la universidad, a menos que tome un taxi.
—¿Qué? —fruncí el ceño al instante—. No se preocupe, no pienso dejarlo solo, y menos en una situación como esta.
—Muchas gracias, joven —respondió él, dibujando una sonrisa tranquila que me ayudó a relajarme un poco.
—¿Qué sugiere que hagamos ahora? —le pregunté, intentando organizar mis ideas.
—Muy cerca de aquí hay un taller de confianza. Podemos llevar el coche hasta allá sin problemas.
—Me parece una buena idea. Llamaré a una grúa de inmediato.
Pasó un buen rato hasta que todo estuvo resuelto. Cuando terminé de pagar al conductor de la grúa, salió del local el dueño: un hombre mayor, vestido con su mono de trabajo desgastado y cubierto de polvo y manchas oscuras de grasa. Sentí que era alguien seguro, de esos que conocen bien su oficio.
—El coche nos falló en plena ruta y lo trajimos para que lo revisen —explicó el señor Kim—. Creemos que el problema es una fuga de aceite.
—Ya veo —respondió el mecánico, acariciándose la barbilla con aire pensativo mientras daba una vuelta rápida alrededor del vehículo.
—Yo me haré cargo de todos los gastos, sin importar cuánto sea —añadí enseguida, con la intención de no demorar más.
—Perfecto —sonrió con confianza—. Enseguida llamo a mi ayudante. ¡Yong!
Todo parecía ir con total normalidad, hasta que levanté la vista y lo vi aparecer. En ese instante, sentí algo extraño en el pecho: como si un pequeño nudo se formara allí de repente, algo que no lograba identificar.
Tenía los ojos oscuros, profundos y vivos, y el cabello castaño revuelto bajo una gorra que llevaba puesta al revés. Vestía también un mono de trabajo, manchado por todas partes con grasa de motor, y aun así, tenía una presencia que llamaba toda mi atención. Sentí que el aire se me hacía un poco más pesado, como si de pronto solo pudiera verlo a él.
—Él es Yong —nos presentó el dueño—. Es el mejor con los motores, así que se encargará personalmente de su coche.
—De acuerdo… —respondí, aunque mi voz salió un poco más baja y distante de lo habitual. No podía apartar la mirada de él, y eso me resultaba desconcertante.
—Yong, ya sabes lo que hay que hacer —le indicó su jefe.
—Sí, lo entiendo.
Se acercó con pasos seguros, abrió el capó y echó un vistazo rápido y experto. Luego alzó la cabeza para mirarnos, y cuando sus ojos se cruzaron con los míos, sentí un ligero escalofrío recorrer mi espalda.
—La manguera tiene un pequeño agujero; por ahí se está escapando el aceite —explicó con naturalidad y claridad—. Solo tendré que cambiarla por una nueva y quedará como si nada hubiera pasado.
—Oye… —le llamé antes de que volviera a concentrarse en el motor, sin saber muy bien por qué quería seguir hablando con él.
—Dime —respondió sin alterarse, manteniendo esa calma que parecía tenerlo todo bajo control.
—¿Cuántos años tienes? —pregunté, y en cuanto hice la pregunta me di cuenta de que no tenía nada de importancia, pero necesitaba escuchar su voz otra vez.
—Veinticuatro, joven.
—¿Y tienes novia? —las palabras salieron solas, sin que yo las pensara. Sentí cómo me sonrojaba levemente, algo que casi nunca me pasaba.
Esbozó una sonrisa breve y sincera, desvió la mirada hacia el interior del motor y cerró el capó con suavidad.
—No, no tengo novia.
—Y además es muy guapo —añadió el señor Kim con amabilidad, y yo asentí en silencio, sintiendo que el corazón me latía un poco más rápido de lo normal.
—Gracias. Por cierto… ustedes no son de esta zona, ¿verdad? —preguntó él con curiosidad.
—No, vivimos en otra parte de la ciudad —respondí, y noté que mi voz sonaba un poco más suave de lo habitual.
—Se nota claramente —comentó con franqueza—. Se ve que tienen recursos.
—¿Cómo te das cuenta tan rápido? —le pregunté, con genuino interés, queriendo alargar la conversación aunque no tuviera sentido.
—Por el coche —respondió mientras le daba unas palmadas suaves al capó—. Solo alguien que lo cuida y tiene posibilidades puede mantener una máquina tan lujosa en tan buen estado.
—Ya entiendo… —asentí, y por un segundo me quedé callado, disfrutando de estar ahí frente a él—. Y te llamas Yong, ¿cierto?
—Sí. ¿Y usted?
—Soy Young Saeng.
—Bien, joven Young Saeng. Su coche estará listo mañana por la mañana sin falta.
—Está bien, así lo espero —respondí, aunque en mi cabeza ya no estaba pensando en el vehículo, sino en cada detalle de aquel muchacho.
Poco después nos marchamos en un taxi junto al señor Kim de regreso a casa. Pero por más que lo intentaba, no lograba sacar a Yong de mi mente. Su rostro, su voz, esa forma tranquila de moverse… todo seguía apareciendo una y otra vez en mis pensamientos.
Sentía una confusión enorme. Siempre me habían gustado las chicas; de hecho, tenía una novia con la que salía desde hacía tiempo, y nunca había dudado de lo que sentía por ella. Sin embargo, en ese instante, había algo en Yong que me atraía sin explicación, algo que despertaba en mí una sensación nueva, extraña y hasta un poco aterradora, como si estuviera descubriendo una parte de mí mismo que no sabía que existía.
Me pasé todo el camino mirando por la ventana, sin prestar atención a lo que veía, solo preguntándome: ¿por qué justo ahora, por qué con él?








