Embotellando el éxito

Summary

La segunda temporada de "embotellado mi vida". He aquí lo que paso después del juicio de Severus Snape. Espero lo disfruten.

Status
Ongoing
Chapters
23
Rating
5.0 2 reviews
Age Rating
18+

Agente Snape

— Hey, James.

— ¿Qué pasa Sirius?

— Ven, debes ver esto.

James Potter apuntó con su varita a la oscuridad, el hechizo “lumos” que mantenía alejaba la oscuridad de aquella vivienda donde se encontraba. Dio con las escaleras y se apresuró cuesta arriba para alcanzar a su compañero. La verdad, sentía el aire algo pesado, lo había percibido desde que llegó junto a Sirius y otros dos aurores. Esperaba que aquella sensación fría no vaticinara algo que no pudieran controlar.

Dio con Sirius, quien esperaba frente a una puerta ligeramente abierta. El castaño llevaba su varita en ristre. No hablaron, solo intercambiaron miradas e hicieron gestos de cabeza, acordando que James entraría de golpe iluminando la estancia y Sirius enfrentaría cualquier amenaza con la que pudieran dar. Con un asentimiento decidieron actuar.

¡POOM!

La puerta fue abierta de golpe por James quien no tardo en potenciar su “Lumos” y aclarar toda la habitación mientras que Sirius recorría todo con la vista en busca de peligro, su varita moviéndose a la par de sus ojos. No obstante, nada los atacó, nada huyó, por el contrario, dieron con una escena nada agradable.

El cuerpo de un hombre tendido boca abajo en medio de un gran charco de sangre, cerca de su mano se hallaba una varita y, un metro más allá, apoyada contra una de las paredes yacía una mujer de vestido blanco. La fémina temblaba y sollozaba en susurros, parecía estar en estado de shock, abrazaba sus piernas recogidas y las apretaba contra su torso con fuerza.

— ¿Se encuentra bien? -Sirius había rodeado el cuerpo inerte para acercarse a la dama-. Ya esta a salvo, los aurores llegaron.

La mujer apenas movió los ojos, sin dejar de temblar, para fijarse en los orbes castaños.

— É-Él -fue todo lo que dijo con los labios temblando.

— Tranquila -Sirius hizo un asentimiento a su compañero antes de tomar los hombros de la dama y ayudarla a ponerse de pie-. Vamos abajo, debe recuperar el aplomo.

La dama se abrazó a Sirius apretando los ojos y derramando un par de lágrimas. El animago la condujo despacio, hablándole en el camino para que no volteara a ver el cuerpo inerte. James por su parte, se sintió aliviado al ver que Sirius no había soltado su varita, ya que la mujer podría ser la causante de la escena que tenía frente a él. Una vez solo, buscó el interruptor. Supuso que no funcionaria pero no perdía nada con... la luz se prendió.

“Vaya, si funcionaba, bueno, a trabajar”.

Observó todo con detenimiento. La habitación estaba en orden, solo el cuerpo boca abajo desencajaba. Se arrodillo para examinar el charco de sangre. Era una cantidad impresionante, supuso que el pobre desgraciado tendría el pecho completamente abierto. Agitó su varita para darle la vuelta. Se llevó una sorpresa al ver que el cuerpo estaba intacto. La sangre manaba de la boca del fallecido. El gryffindor lo comprendió todo, el hombre habría vomitado toda esa sangre antes de morir. La varita cerca de su mano podría indicar un intento de defenderse.

“¿Pero que hechizo deja el cuerpo intacto y te hace vomitar hasta la última gota de sangre?“.

— ¡Appare vestigium!

De la varita de James Potter emergió un velo dorado que se arremolinó para posteriormente adoptar formas. La recreación mostraba una figura que debía ser el fallecido. Parecía estar de pie en medio de la habitación cuando se llevó las manos al estómago, sacó su varita y se apuntó así mismo antes de soltarla y vomitar sangre a chorros. Hasta quedar boca abajo sobre su propia sangre. La recreación llegó hasta allí. James supuso que la dama ingresó momentos después y quedó en shock al ver lo sucedido.

Terminó su hechizo y tomó la varita del fallecido.

“¿Qué fue lo último que conjuraste?”

— Priori incantato -la varita del fallecido vibró y una enorme voluta de humo gris emergió como un proyectil-. Energía mágica inyectada, el hechizo enervante. ¿Por qué lo haría?

Era muy extraño. Pensaba en ello cuando sintió una presencia a sus espaldas, se volvió con la varita preparada. El hombre dio un salto en su sitio.

— Señor Potter -dijo con tacto-. Soy yo.

— ¿Encontraron algo en los alrededores o el sótano, Rekenrich? -preguntó mientras bajaba su varita.

— No señor, Scott revisó ambos patios, trasero y delantero, no halló nada fuera de lo usual. ¿Usted tuvo suert...?

James sonrió al ver la expresión compungida de su allegado, recordó que era un novato que apenas salía de la académica de aurores. Tendría que acostumbrarse, cosas así pueden verse en el oficio. Espera, no iría a vomitar, ¿Verdad?

Decidió sacarlo de allí.

En el piso inferior, la mujer se veía recompuesta. Se hallaba sentada con una taza de té humeante en las manos y el saco de Sirius sobre sus hombros. Black permanecía sentado a su lado hablándole, al parecer con mucho tacto. James esperaba que se tratara de un interrogatorio sutil. Necesitaban información. Custodiando desde una esquina estaba Scott, el otro auror novato.

— ¿Y bien? -Sirius no se puso de pie para hablarle a James-. ¿Qué has descubierto?

— El charco era su propia sangre, al parecer se desplomó por sí mismo, nadie lo atacó -dirigió una mirada disimulada a la joven-. ¿Y tú?

— Ella es Cyrene -la voz de Sirius era modulada-. Vive aquí con su abuela y hermano mayor -el gesto de Black le hizo saber a James que se refería al fallecido-. Encontró a su hermano muerto cuando subió a ver porque tardaba tanto en bajar. Iban a cenar.

— ¿Los tres? -James se acercó a ellos-. ¿Su abuela está aquí?

— Duerme en la habitación principal -Cyrene habló con algo de dificultad-. Ahora debe estar dormida, ella cenó un poco más temprano... -las lágrimas volvieron a sus ojos-. No sé como le voy a decir que Symor está muerto...

El llanto volvió. Sirius la abrazó para reconfortarla. Parecía funcionar. James ordenó a los novatos ir por la anciana. La cual hizo acto de presencia sin hacerse esperar demás. Se trataba de una mujer de edad muy avanzada, con cabello cano corto y anteojos circulares. Por sus movimientos, los aurores supieron que su movilidad era muy limitada.

— Cyre -dijo la anciana una vez llegada a la sala-. ¿Qué hacen estás personas aquí? ¿Por qué estas con el rostro empapado? ¿Dónde esta tu hermano?

James suspiró. Ya había dado noticias nefastas anteriormente, pero no se acostumbraba a la reacción de los afectados. Buscó la manera de darle la noticia con mucho tacto. A pesar de ello, la anciana sufrió un leve desmayo. Cuando reaccionó, le dieron espacio a ambas mujeres para que pudieran apoyarse mutuamente mientras discutían del caso.

— Ninguna entrada fue forzada -habló Scott-. He usado hechizos, no hay huellas que provengan de fuera.

— Puede que los miembros de esta familia solo salgan mediante polvos flu, o aparición -caviló Rekenrich-. ¿Qué opina, Señor Potter?

— Cyrene dijo “Él” cuando la encontramos -señaló-. ¿Se referirá a su hermano?

— Así es -aseguró Sirius-. Cuando la traía tartamudeaba lo mismo, y cuando se calmo dijo “Él esta muerto”, supe entonces a quién se refería.

— Debemos descubrir a que se debe su muerte -indicó James-. Nadie entró y según lo que investigue en la habitación, no hubo duelo alguno. Symor solo se lanzó un hechizo enervante antes de perecer en un charco de su propia sangre.

— Puede que no lo hayan asesinado directamente -sugirió Sirius-. Quizás lo maldijeron de antes o lo envenenaron.

— ¿Artes oscuras? -soltó uno de los novatos.

— No lo creo -Se apresuró a decir James.

— Yo lo veo como una posibilidad -Rekenrich apoyó a su amigo-. No veo que otra pista podríamos tener. Si los encantamientos no revelaron mucho... quizá...

— ¡No lo digas! -se apresuró James.

— Ni lo sugieras -Sirius recalcó.

— Pero... si hay posibilidad de que se trate de artes oscuras o venenos -Rekenrich veía la negación en la mirada de sus colegas-. La opinión de un especialista podría ser clave para averiguar lo que sucedió.

James y Sirius se miraron y negaron con la cabeza.

— No, somos aurores -les recordó Potter-. Hagamos nuestro trabajo, demos una segunda pasada a toda la casa. Esta vez de manera exhaustiva.

— Interroguemos a Cyre y su abuela -dijo Sirius-. Pueden darnos una pista.

Scott y Rekenrich no entendían el porque sus superiores se negaban a pedir una segunda opinión. Se encogieron de hombros y comenzaron a trabajar.

Severus tenía una enorme sonrisa dibujada en su rostro. Alzó la botella de vino descorchado con una mano, y vertió su costoso contenido sobre la boca abierta de la pelinegra que yacía tendida sobre la cama matrimonial. Ambos tenían la parte superior del cuerpo al descubierto y sus partes inferiores apenas eran cubiertas por prendas menores. Severus debía admitir que las pantis negras y transparentes que portaba su esposa encendían su lívido.

Bellatrix soltó un gemido al tiempo que arqueaba su espalda. Su sensual boca recibía el vino como una vampira recibiría la sangre derramada de su víctima. El licor se derramaba y cubría su mentón, hilillos de vino surcaban sus voluptuosos senos y estaban por llegar a su ombligo. Severus considero que la imagen de su esposa cubierta de vino tinto y parcialmente desnuda era muy sensual.

— ¿Es todo lo que me daras, Verus? -la voz femenina era muy insinuante-. Bésame.

Severus arrojó la botella a un lado importándole poco el que se hiciera pedazos. Se arrojó sobre los labios de la pelinegra, dejando caer su esbelto cuerpo sobre el de ella. Los labios empapados de vino se le hicieron gustosos, la sensación húmeda y cálida de los pechos voluptuosos apretados contra sus pectorales era embriagante. Atacó el cuello de la fémina, ambos eran presas del placer.

— Eres deliciosa -le dijo Severus con voz erótica-. Tu cuerpo me es adictivo.

— Soy toda tuya.

Bellatrix uso una mano para tomar su ropa interior y arrancarla de un fuerte tirón. Hubiera hecho lo mismo con el boxer negro de Severus sino fuera por el sonido repetitivo en la ventana de su habitación. El pelinegro alzó la vista.

— No puede ser -masculló-. La maldita lechuza otra vez.

— Ignórala Verus -le pidió Bella abrazándolo para evitar que sus cuerpos se despegaran-. Esta noche es nuestra.

— Tienes razón.

Decidido a dejar que la lechuza mensajera se congelara de frío tras la ventana, volvió a centrar su atención en Bellatrix. Sus manos recorrían la silueta femenina cuando un espectro blanco atravesó la pared. Se trataba de un ciervo.

— Agente Snape, debe presentarse de inmediato -era la voz de James-. La dirección es... -Severus rodó los ojos y se despegó de su esposa mientras el patronus soltaba todos los datos-. Puedes usar los polvos flu para llegar directo. Se ha autorizado.

Dicho eso, el patronus desapareció. Bella sopló un cabello que le cubría la cara. Su noche había sido arruinada. Se puso de pie y abrió la ventana. La lechuza entró volando y estiró la pata. El mensaje escrito decía prácticamente lo mismo que lo mencionado por el patronus.

— Maldito seas, Potter -Severus se sirvió un trago de esos que tenía en su vidriera personal de habitación-. Para inoportuno, nadie le gana.

— Te envió una lechuza y un patronus para darte el mismo mensaje -Indicó Bella tirando la carta de James Potter a un lado-. Debió suponer que ignorarías uno de los mensajes.

— Normalmente lo haría esperar hasta mañana -afirmó Severus-. Pero ya me han dado una advertencia sobre la importancia de acudir en el acto.

— Supongo que los hacías esperar demasiado -Bella uso su varita para secarse el cuerpo cubierto de vino.

Severus observó la exquisita figura de su mujer: fina, de piernas torneadas y largas, voluptuosa y de cadera ancha, trasero levantado y prieto; rostro aristocrático, cuello delgado, cabello ensortijado y labios carnosos. Depilada al completo como le gustaba mantenerse. La verdad, no podía creer que estaba dejando a semejante diosa por ir a ver al cuatro ojos de James.

— ¿Me esperaras, Trix?

Bellatrix sonrió y abrazó a su esposo, recostando su cabeza contra su pecho.

— No iré a ningún lado, vuelve tan pronto como termines de ayudar a esos alcornoques.

Le dio un beso apasionado que duró sus diez segundos de deleite.


— ¿Qué pudo haberle pasado a mi nieto? -la anciana se lamentaba sentada en la sala.

— Eso vamos a descubrir -le dijo Sirius-. Tenga la seguridad de que lo haremos.

— Nuestro departamento de aurores es muy competente -secundo James.

— Hagan lo suyo, oficiales -les dijo la anciana-. Y cuando encuentren al culpable, los recompensaré como se debe y ¡Será doble si me dejan a quien sea que se haya atrevido a meterse con mi familia!

— Abuelita, por favor -Cyrene le alcanzó una taza de té-. No te alteres, no le hace bien a tu salud.

— Lo siento, querida, pero no puedo evitar esta ira... uhm, el té esta delicioso.

— Gracias, abuelita -Cyrene se acercó a Sirius que las custodiaba-. Deseas un té, señor auror.

— Puedes llamarme Sirius -le dijo con una leve sonrisa-. “Señor auror” me hace sentir viejo.

— Por tu atractivo, dudo que lo seas -Cyrene le echó una mirada rápida-. Debes tener mi edad.

— Mira que casualidad -el castaño logró que la chica tuviera un atisbo de sonrisa.

La anciana observó la escena, a pesar de la situación, no pudo evitar sonreír levemente. La chimenea de la sala estalló en una llamarada verde. Revelando a un pelinegro vestido de negro que se sacudía las cenizas.

— ¿Quién es usted? -la anciana hizo el amago de levantarse.

— Calma, señora -habló James-. Es un colega -se apresuró al pelinegro y le extendió una mano.

Los presentes observaron que James permanecía frente al pelinegro con la mano extendida mientras que Severus lo fulminaba con la mirada. Al cabo de un minuto, bajo la mano y disimuló.

— Me alegro de verte, agente Snape.

— No puedo decir lo mismo -James abrió la boca pero Severus se apresuro a cortarlo-. Al grano, Potter, quiero volver a casa cuanto antes.

— Tenemos un pequeño misterio que tiene que ser resuelto -le dijo.

James informó a Snape todo lo que habían descubierto durante su estancia en aquella casa.

— ¿Eso es todo? -consultó Snape.

— Sí -zanjó James.

— Debieron ser los Parkinson -soltó la anciana-. Mi nieto tuvo un almuerzo con ellos. ¡Seguro lo envenenaron!

— ¿Tienen conflictos con esa familia? -quiso saber James.

— Nos llevábamos bien -contó la anciana-. Pero esos avariciosos se fueron apoderando de lo nuestro. Sus tratos engañosos nos quitaron mucho. Últimamente, he llegado a pensar que quieren deshacerse de los míos para robar mi fortuna cuando perezca.

— Abuela, los Parkinson son enemigos financieros -dijo Cyrene-. No nos roban, los negocios son así. Simplemente, no hemos hecho buenas inversiones. Mi hermano, que en paz descanse, no era el más listo -agregó más para Sirius que estaba a su lado que para su abuela-. Así que no los culpes.

— Iré a ver el cuerpo -informó Severus apresurándose a la escalera.

— Quiero ir también -anunció la abuela.

— Abuela, no es necesario. No te hará bien.

— Necesito verlo -aclaró la anciana-. Quiero ver su rostro una última vez.

Cyrene suavizó el gesto. Tomo el brazo de su abuela y besando su frente le aseguró que la acompañaría. Cuando volteo en dirección al mago vestido de negro, se dio cuenta que ya estaba al final de las escaleras. No la había esperado.

— Te ayudaré -Sirius se ofreció, Cyrene le agradeció con la mirada-. Por aquí, señora.

Cuando llegaron a la habitación estaba iluminada. James había dejado la luz encendida. Severus percibió el hedor a sangre, pero no se inmuto. Escuchó un gemido a sus espaldas. Seguida de una voz femenina que la consolaba. Supuso que se trataba de la anciana y su nieta, acompañadas por Sirius y James.

“A trabajar -pensó Severus”.

Toco la sangre con dos dedos. “Espesa, más de lo normal”. Tal y como dijo James, la sangre emanaba de la boca. “Eso quiere decir que se asfixió con su propia sangre”. Severus uso su varita para poner el cadáver boca arriba. Con un ágil movimiento. cortó por la mitad la camisa que llevaba dejando el torso del cadáver al descubierto. Se arrodilló y comenzó a trazar con la punta de su varita un camino desde la base del cuello hasta el ombligo, dejando un rastro de luminiscencia azul.

— Disculpe, ¿Qué esta hacien...?

Cyrene se calló y casi vomita al ver que todo lo trazado se dividió en dos, abriendo el torso de su hermano fallecido, revelando los órganos internos. Su abuela emitió un gemido de susto e indignación antes de desmayarse y ser sostenida por James.

— Llévenselas, me distraen -dijo Severus sin voltear a verlas.

— ¡Snape! -Sirius abrazó a Cyrene que ocultó la cabeza en su pecho-. ¿Puedes ser más considerado?

— Ya esta muerto, Black -respondió Severus palpando algunos órganos con su mano enguantada-. No se va molestar.

— Lo digo por Cyrene y su abuela -indicó.

— Por favor, respete el cuerpo de mi... Bu, Buaaaa....

Severus había arrancado el hígado para examinarlo de cerca y, en consecuencia, Cyrene vomitó sobre Sirius. Disculpándose torpemente con él. Por suerte, el castaño no parecía molesto y usaba su varita para limpiar todo. Incluido a ella.

— ¿Es necesario que destripes el cuerpo? -preguntó James-. Van a enterrarlo, sabes.

— ¿Podrías dejarme hacer mi trabajo no renumerado, Potter? Además, lo voy a volver a unir, descuida.

— Llevaré a la anciana abajo -anunció James sin ganas de discutir.

— Deberías bajar también, Cyre -le dijo Sirius a la joven.

— Sí, claro, no puedo ver esto. ¿Te quedas?

— Sí, Snape podría necesitarme.

— A menos que me traigas una bandeja de plata con frambuesas y vino dulce, no te necesito -mencionó Severus-. Adiós, Black.

— Es un auror ¿Verdad? -reclamó Cyrene defendiendo a Sirius-. Debería mejorar su comportamiento y dirigirse con respeto a sus superiores.

— Cyrene, déjalo -Sirius le tomó un hombro para conducirla a la puerta.

— Debería quejarme y hacer que lo despidan -mencionó la joven con malicia-. Así no volvería a trabajar en ninguno caso.

— Oh, te suplico que lo hagas -le pidió Severus sin dejar de examinar los órganos del cuerpo.

Cyrene parecía querer soltar un improperio. Sin embargo, se contuvo y respirando hondo se dejo conducir por Sirius al piso inferior. Estando solo, Severus revisó todo con más calma. Uso su varita para tomar una muestra de sangre y examinar otros órganos.

“El hígado esta contraído y reseco -Severus tomó nota mental de todo lo que iba descubriendo-. Ahora un vistazo a la habitación”.

Media hora después, James y compañía vieron a Snape descender por las escaleras.

— ¿Y bien? -James le dio alcance.

— Necesito ir a mi laboratorio -echó una mirada a la sala-. ¿Están tomando el té?

— Sí, la abuela nos lo ofreció.

— Potter, necesito que hagas algo.

Severus se unió al grupo. Aunque la abuela lo veía con recelo le ordenó a Cyrene traerle una taza. Snape lo aceptó gustoso. Al probarlo, se llevó una sorpresa, el té era extremadamente delicioso.

— ¿Sorprendido? -la abuela notó la reacción de Snape-. Mi nieta es una experta preparando el té.

— ¿No tienen elfos domésticos? -consultó Severus.

— No -la abuela negó con la cabeza-. Odiamos todo tipo de esclavitud -señaló-. Además, ningún elfo podría preparar un té tan delicioso.

— Son amantes de esta bebida -señaló Snape.

— Todos los días tomamos una taza junto con las meriendas -la abuela dejó su taza a un lado-. Debo darle los honores fúnebres a mi nieto -se notaba el dolor en la expresión de la mujer-. Su cuerpo esta...

— Intacto, descuide -le aseguró Snape.

— Por cierto -James tomó la palabra-. No pueden quedarse aquí -ambas mujeres vieron al auror con expresión incrédula-. Si se trata de un ataque contra su familia, puede que el agresor intente algo. Estarían solas.

— ¿No pueden darnos protección? -consultó la anciana.

— Tendríamos que consultar al departamento de aurores -informó James-. Lo más probable es que acepten, pero tardarán en ver la solicitud y puede que aun más en enviar a alguien.

— No tenemos a donde ir -comentó Cyrene-. Tenemos recursos pero pocos amigos, los pondríamos en peligro si en verdad quieren matarnos.

— Una posada es contraproducente -comentó la anciana.

— Pueden quedarse conmigo -dijo Sirius-. Vivo solo y tengo espacio de sobra.

— ¿Seguro? -Cyrene lo veía esperanzada-. No queremos incomodar.

— Para nada, estaré contento con tenerlas bajo mi protección.

— Gracias, eres un caballero -le dijo Cyrene mirándolo con aprecio.

— Entonces, llévalas de una vez, usen la chimenea -le indicó James-. Scott, Rekenrich, escoltenlos.

Así lo hicieron. Momentos después solo se encontraban en la casa Severus y James Potter.

— Hice lo que pediste -habló el auror-. Espero que tengas una buena razón.

— Sí -Severus buscó un vial en su bolsillo-. Apagaremos todas las luces.

— ¿Por qué?

— Dijiste que cuando llegaron todo estaba en penumbra y los interruptores funcionaban. ¿Correcto?

— Sí.

— ¿Sabes lo que significa?

— Que el agresor estuvo aquí -tanteo.

— Sé más objetivo -Severus bebió el vial-. La abuela durmiendo, y la víctima en su habitación de pie, obviamente debía tener la luz prendida. Si la joven descubrió el cuerpo inerte, para verlo, la luz debió a ver estado encendida. Si quedo en shock al ver muerto a su hermano, ¿Quién apagó todas las luces de la casa? o ¿Por qué estarían apagadas?

— Eso es... -James se calló-. ¡Por merlín! Severus tus ojos.

— Sí, lo sé, son como los de un gato -Severus parpadeaba acostumbrándose-. Apaga todas las luces.

Así lo hizo. James apago todo. Luego conjuro un lumos. Fue entonces cuando Severus le llamó la atención.

— Apaga eso.

— Pero no veremos nada.

— A claro, apaguemos todas las luces para iluminar todo con un lumos -Severus se cruzó de brazos, sus ojos felinos destellaban en la oscuridad-. Queremos todo en penumbra. Toma.

Severus le alcanzó un vial. James dudo por un momento, pero terminó por beber.

— Aggg, sabe horrible -se quejó.

— Esta bien, Potter, para la próxima te daré uno con saborizante -el tono era sarcástico-. Si ya terminaste de quejarte debes parpadear tres veces. Acostumbrate.

James lo hizo. Sorprendentemente, no tardó en acostumbrarse. Se sorprendió de ver todo en un verde pálido. Era como ver todo el mundo iluminado por una la luz verdosa. Era increíble. Podría pasar un campo minado con una visión como esa.

— Vamos, Potter.

— Tu poción en genial -Potter observaba todo alrededor fascinado-. Deberías darnos la fórmula, ¿Sabes lo útil que nos sería a nosotros lo aurores?

— Las comercializo, por si te interesa.

— Si tus productos fueran más accesibles...

— Sueña, Potter.

Entraron a la habitación donde yacía el cuerpo. James no podía creer lo que veía. El cuerpo estaba en medio de un enorme círculo trazado con líneas que a su vista eran blanco brillante. Dicho círculo estaba conformado por varias marcas rúnicas. Con el cuerpo tendido en su centro, quedaba claro que se trataba de un ritual de magia negra.

— Los novatos tenían razón -comentó James-. Había artes oscuras de por medio.

— ¿Ves estas líneas rúnicas? -Severus señaló una línea conformada por runas que se alejaba del círculo y se extendía hasta por fuera de la puerta-. Debemos seguirla.

— Como no he visto esto antes -se lamentó Potter.

— Los perros y gatos pueden ver cosas que los humanos no -comentó Snape-. Solo podrías ver estas marcas con los ojos que te he dado.

— Como dije, tu poción sería de mucha utilidad al departamento de aurores.

— Y el dinero del ministerio me vendría bien.

— ¡Pero ya eres rico!

— Mira -Severus señaló el suelo del pasadizo-. la línea conduce al final del pasillo.

Siguieron la línea luminiscente. Hasta dar con otra habitación. Alistaron varitas, al ingresar, o dieron más que con un desván. en medio, otro círculo idéntico al de la habitación de la víctima. La línea blanca conectaba ambos círculos. James también se llevó una sorpresa al ver mensajes grabados por las paredes. No entendía qué significaba, parecían escritos en otra lengua.

— Y todo esto invisible al ojo humano -comentó James-. Jamás lo hubiéramos descubierto, con o sin luz de por medio -suspiró-. Escritura invisible, vaya locura.

— Por suerte, me tienen a mí -Snape examinaba las paredes-. Bien, no hay más. Vamonos.

— ¿Qué? -James lo miró con sus ojos de gato-. Hay mucho que examinar.

— No, no lo hay, vámonos -indicó Severus-. Debo ir a mi laboratorio, mañana puede que tenga algo más.


Severus ingresó a la sala de la mansión Prince mediante polvos flu. Se sacudió todo el ollín y fue recibido por su esposa. Pero no de la manera que hubiera deseado. Puesto que Bellatrix tenía una expresión preocupante.

— ¿Todo bien, Trix?

— Verus, tienes que venir.

La pelinegra lo tomó de la mano y condujo al piso superior. Por la premura, Severus supo que no estaban yendo a su habitación. Sino a una de invitados. ¿Qué habría pasado? La respuesta le llegó cuando ingresó. Allí, sobre la cama se encontraba Hermione, al parecer en un estado delicado, pues se movía lentamente. Lune y otros dos de sus elfos la estaban atendiendo.

— Sev -dijo débilmente-. Llegaste.

Snape se acercó y se sentó a un lado de la cama. Tomó una de las manos de la castaña.

— Gracias por tu apoy...

— Tu pulso esta bien -dijo Snape-. Tu temperatura es algo elevada, pero no pareces tener fiebre.

— Me siento sumamente débil -dijo la castaña-. Pensé que estaba enferma, intenté tomar medidas, pero mi condición solo decaía.

— ¿Fuiste a San Mungo?

— Sí, me dijeron que estaba en perfecto estado.

— Olvidaba que se trataba del glorioso y más que eficiente seguro social.

Hermione esbozó una sonrisa. No parecía demacrada, pero si muy débil, parecía tener mucho sueño. Severus la revisó por unos diez minutos, encontrándola bien. Realmente, no había nada malo con ella. Entonces... ¿Por qué?

— Te vez preocupado -le dijo casi en un susurró la castaña.

— Eres nuestra amiga -Bella se posicionó a un lado de su esposo-. Es normal que nos preocupemos por ti.

— Quería saber si Sev era capaz de descubrir lo que me sucedía, pero veo que en San Mungo me dijeron la verdad.

— Tu cuerpo esta bien -habló Severus pensando-. Pero tu vitalidad en declive me preocupa.

— No pongas esa cara -dijo Hermione-. No quiero caras tristes en mi cumpleaños.

— ¿Es tu cumpleaños? -Bella parecía enterarse recién-. Oh, pero nos hubieras avisado, pudimos...

— ¡Granger!

Hermione reaccionó a la voz de Severus, al parecer, la castaña se estaba dejando llevar por el sopor del sueño.

— ¿Sev?

— Hermione -Severus se puso de pie y caminó por la habitación con una mano en el mentón.

— ¿Qué pasa, Sev?

— ¿Verus?

El pelinegro se detuvo e hizo contacto visual con la castaña.

— Hermione... hoy es el día de tu nacimiento.