Capítulo I
Primera
En la nieve se escondían secretos que en la primavera eran revelados. En una noche tan fría y silenciosa las personas se refugiaban en el calor de sus casas, eso era perfecto para ella, Oyuki, mientras no había ni una sola alma en las calles bajó las escaleras de su casa, fue a la sala donde removió la madera del suelo dejando a la vista el agujero que yacía allí. Dejó una caja de madera y volvió a colocar la madera del piso. Suspiró y caminó hasta la puerta de su casa, se quedó allí sin mover un solo musculo, tenía un nudo en la garganta.
A su espalda estaba su casa a oscuras, un lugar que ha visto a su familia crecer, las voces y risas se paseaban por su mente en aquellos instantes. Acercó su temblorosa mano a la manija y la bajó, puso un pie fuera y ya no hubo marcha atrás.
Caminó hasta el bosque y su alrededor cada vez se oscureció más y más, la negrura de la noche consumió todo a su paso, los cuervos salieron de entre los árboles con sus graznidos ensordecedores.
Entonces, Tsuki despertó, con el corazón agitado. Otra pesadilla, desde que leyó el diario de su bisabuela Oyuki estuvo haciendo suposiciones de lo que le ocurrió. La casa de Oyuki estaba en ruinas, tras un incendio que casi consume todo lo que alguna vez fue un hogar, quedó congelado en el tiempo. Las personas nunca entraban allí si no era para ver todo lo que quedó. Ellos respetaron a la familia y no robaron, no tocaron, nunca profanaron la vivienda. A Tsuki le encantaba ir a mirar lo que alguna vez perteneció al padre de su padre. Después de tanto tiempo, la fina madera del piso cedió a la humedad y dejó a la vista aquella caja de madera.
Su curiosidad fue más fuerte y tomó aquella pertenencia. Algunas líneas se repetían en su mente, no explicó que iba a suceder después, solo mencionó que iría junto a una persona:
“Tengo muchas dudas sobre este encuentro, sé que no terminará bien, pero es necesario”
Se levantó con cuidado, pues su pie todavía tenía marcas y heridas que dolían, además de los cortes en el brazo, torso y espalda. Se vio en el espejo de su baño, aún tenía el moretón en su barbilla, ahora las ojeras eran más oscuras, su cabello negro estaba bastante despeinado y sus ojos azules ahora se notaban cansados, más allá de que eran altas horas de la madrugada, su cansancio se debía a todo el entrenamiento. Tal vez debería intentar dormir, pues hoy le esperaba un día importante. Se lavó la cara y volvió a su futón, su gata negra despertó con sus pasos y se acercó a ella, se acostó en su pecho. Tsuki sonrió y la acarició, antes de volver a cerrar los ojos, una calidez que la reconfortaba.
❅
El uniforme de la institución a la que Tsuki iba ayudaba a cubrir las marcas, tampoco es que nadie sepa lo que hace, pero en una ceremonia de graduación, no sería muy conmovedor ver a uno de los alumnos con moretones y de pie como si nada. El uniforme consistía en un conjunto completo de hakama azul marino, debajo de esto usaban cualquier arapo que los cubriera hasta el cuello, color blanco estrictamente, en el caso de Tsuki, usaba una camisa sin mangas. Se colocó el broche de la institución y se arregló el cabello, recogiéndolo con unos palillos adornados con pequeños copos de nieve. Contempló su reflejo en su espejo de cuerpo completo, debería estar orgullosa, ella misma aceptó lo que le iba a tocar, pero solo hubo algo de vacilación en su mirada.
A medida que bajaba las escaleras, los recortes de periódicos pegados a la pared relataban poco a poco los sucesos que nos reúnen en esta lectura.
“Rujarquia contiene tierras fértiles para los cultivos. Clanes con habilidades sobrenaturales que protegen al Reinado, es un país ideal para el desarrollo de la vida” decía el periódico de 1942.
“Tynnar, presidente de la nación Norcraniana ha demostrado interés en las fértiles tierras de Rujarquia, por lo que se llevará a cabo una reunión entre él y nuestro Rey Darius” contaba uno de 1944, donde la vida comenzó a cambiar para ambos bandos.
“Declaración de guerra entre Rujarquia y Norcrania por territorio” eso fue al año siguiente, eso decía el titular, pero se sabía que también era por los clanes y sus poderes. La lucha por tener una parte de la capacidad e investigación para beneficio propio fue evidente conforme pasaban los días.
“Los clanes se unen al conflicto y en cuanto a Norcrania, Tynnar tiene un discípulo inteligente para la estrategia militar” 1945. Meses después del titular anterior.
“La guerra es pausada por unos días, Tynnar ha muerto, la continuación o cese del conflicto estará siendo determinada próximamente”. Eso fue en 1948, nadie sospechó lo que se revelaría después, pero sí dudaban del cese del conflicto, pues la actitud del discípulo desconocido desde su lugar les daba a entender que tenía otros planes.
“Kaleb es elegido el nuevo presidente de Norcrania, afirma que el conflicto no va a ceder” eso fue lo que se publicó dos semanas después y en días de guerra el siguiente titular heló la sangre de muchos.
“ULTIMA HORA: Se acaba de revelar que antes de la muerte de Tynnar ocurrió un golpe de estado en Norcrania, Kaleb asesinó a su antecesor y tomó su lugar, su plan es obtener el control de todo el territorio Rujarco”.
Y la más reciente: “Instrucción militar obligatoria desde los 15 años para el posterior servicio militar obligatorio a los 18 años. Para ambos géneros”
Antes de que su pie tocara el piso, miró de reojo a su padre, quien estaba de espaldas observando las calles frente a la ventana de la sala. Él era un capitán de la élite, ha estado en servicio desde su mayoría de edad, buscando lo mejor para su familia y deseando fervientemente que esta guerra acabe. Su nombre era Shiroi Kottayama, un hombre albino de ojos azules, rasgados delicadamente de forma que aún se noten sus colores de cielo.
—¿Estás lista? —preguntó, aun observando la ventana, llevo ambas manos a la espalda y se giró—. El año pasó muy rápido. —la miró de pies a cabeza y su semblante cambio, se vía preocupado por el futuro que le esperaba a ella.
—Estoy lista —dijo con determinación. Él suspiró.
—Que tengas siempre presente que esta fue tu decisión y ya no hay marcha atrás —se volteó y caminó hacia la puerta de entrada y la cerró con fuerza.
Tsuki respiró profundo, miró arriba, en la dirección de la habitación de sus padres, escuchaba a su madre llorar.
Ella avanzó a la salida, donde su padre la esperaba para ir a su graduación. Hace pocos meses, cuando apenas se había estipulado la Instrucción militar obligatoria. Los padres de Tsuki apenas supieron la noticia idearon un plan para ocultar a Tsuki y Mika, su otra hija y la mayor, quienes estaban próximas a la edad requerida, más por Mika, quién ya tenía los 15 años cumplidos.
Shiroi no podía llevarlas al extranjero por una cuestión que será detallada más adelante, pero cruzar las montañas empinadas que rodean la isla, sería un martirio y posiblemente correrían más peligro allí.
Lo que le quedaba era sacarlas de la ciudad y enviarlas a las cavernas que se alojaban en el noreste de la isla, un lugar con un poblado pequeño dentro donde un amigo se había mudado recientemente. Al día siguiente a primeras horas sería el control, por lo que habría guardias vigilando los alrededores de Hinan. La ciudad misma contaba con murallas, así que, si querían irse, tenían que hacerlo temprano.
Los tres estaban ya en las afueras de la ciudad esa noche. Agarraban con fuerza la mano de su padre, los tres estaban acompañados de la esposa de aquel amigo de Shiroi, ella se encargaría de llevarlas en el tren.
Estando ya en la estación casi tan antigua como las primeras vías principales, Tsuki observó aquella galería, apenas iluminada por los focos cálidos, algunos parpadeaban. A su derecha tenía las bancas pegadas a la pared, el estado de ambas era deplorable en ese entonces, la pintura ya era casi inexistente y el revoque ya dejaba ver los ladrillos que formaban parte de la pared.
Recuerda que, más allá de la vejez del lugar, hubo un enfrentamiento feroz en esa estación. Donde Aza, el único hermano que le quedaba su padre, murió. Fue la primera vez que vio una muerte provocada por esta guerra.
A diferencia de su hermana que estaba temblando y temerosa de que alguien más los viera, Tsuki miraba las partes de la pared dañadas por aquel combate. Por esas fracciones de minutos, en su mente, las historias de su padre cobraban vida, la injusticia de esta cruel guerra no debía ser sufrida por más años, no entendía por qué los clanes no se metían aún más en el conflicto, no entendía el porqué de este conflicto, para ella no existía justificación. Para ella, huir era abandonar a los que vivían y pisotear las injustas muertes de los caídos. Alguien con sus poderes, alguien con sus habilidades, alguien con su fuerza bruta, no puede huir jamás. Dirigió la mirada a su padre y hermana, quienes estaban a unos metros.
El tren ya llegó, la mujer abordó y luego Mika, Shiroi la ayudó a subir su maleta. Unas pocas personas bajaron del tren, en horas tan altas de la madrugada no estaban tan pendientes de su alrededor, cada una de ellas añoraba estar en la cama. El albino entonces volteó su izquierda... y Tsuki ya no estaba.
Ella corrió con todas sus energías hacia el bosque que conocía como la palma de su mano, donde paso a mitad de su niñez, conocía perfectamente el camino de vuelta a Hinan. Sentía los pies tan ligeros que no se detendría hasta llegar, ver las murallas.
El sol ya casi salía, escuchó muy distorsionada la voz de su padre llamándola, aún lejano. Saltó los arbustos que yacían en los laterales de la ruta de Hinan y paró en seco, los vehículos tácticos ya venían a Hinan, pero se detuvieron abruptamente al verla. La puerta del vehículo se abrió y de ahí salió un hombre, no muy viejo, pero tampoco era joven, tenía tez trigueña, barbas y cabellos bien prolijos y grisáceas de tantas canas. Profundos ojos negros que la miraban atentamente, por su uniforme supo que era un general, se acercó y preguntó:
—¿Qué haces fuera de la ciudadela a estas horas? —su voz hizo que tragara saliva, pues era firme y aunque no parecía enojado, debía elegir sus palabras con cuidado.
—Yo... —tartamudeo, se aclaró la garganta e improvisó— estaba entrenando lejos... —no fue su mejor excusa.
—¿Por qué lejos y por qué a esta hora? —se cruzó de brazos. Dos hombres más bajaron de los vehículos, eran tenientes, se veían confundidos por su presencia.
—Soy inestable —en cuanto a la hora, tardó unos segundos, pero respondió—. Entreno a estas horas para acostumbrarme al horario... militar...
—¿Sola? —ella asintió.
—Quiero sorprender a mi padre, demostrarle que puedo manejarme —miro a otro lado, fue lo único sincero que dijo.
—Bien, como ya sabes, esta mañana inscribiremos a muchos jóvenes, estamos yendo temprano ya que aun debemos hablar con nuestros capitanes y tenientes de la región, pero ya que te encontramos podemos llevarte de regreso —Se volteó y caminó hacia el auto haciéndole una seña a Tsuki para que lo siga, ella obedeció—. Es más seguro —Le indicó que suba primero
Subió al auto quedando en el medio, pues ya había otro hombre allí, también era otro general, se miraba sorprendido de verla. Era rubio, barbudo, más robusto. Ella lo conocía, General de Vanguardia James Bradley. Oriundo de Hinan y una celebridad allí, el orgullo del pueblo. El otro hombre subió, ahora que lo recuerda, él era el General en jefe Selim Özdemir.
Existían tres generales en Rujarquia. El primero era Bradley, luego estaba el General de Élite Gunther, quién aun no es presentado, y por encima de ellos, Özdemir. Bradley era quien daba las órdenes a los tenientes y soldados de la vanguardia, soldados comunes, sin ninguna habilidad especial. Gunther se encargaba de la Élite, personas también comunes y otras con poderes, como los clanes, todos estaban donde estaban por la fuerza, agilidad e inteligencia que demostraron en su entrenamiento y combate.
Son la parte más fuerte y fundamental del ejército Rujarco. Luego Özdemir, se encarga de las estrategias, provisiones, organizar y verificar el armamento, conoce cada puñado de hombres y mujeres en su ejército, su excelente memoria le ha otorgado a Rujarquia la resistencia necesaria, ascendió a ese puesto hace unos pocos años. Pese al posible cisma con el rey, el General aún se reúne con este y discute todas las posibilidades. El rey toma las decisiones desde la locura, como el servicio militar obligatorio que iba a ser desde los 15 años, y Özdemir suaviza las decisiones, fue por él que ahora cada niño será instruido desde los 15 hasta que lleguen a los 18 y deban cumplir con su obligación.
Sentía el ambiente tenso estando dentro del vehículo, el General no es estúpido, estaba claro que debió tener otros motivos para encontrarse allí, pero solo es una niña. Miró a la chica, estaba nerviosa, paralizada y con ambas manos sobre las rodillas. Para intentar calmarla un poco preguntó:
—¿Qué tan inestable eres? He oído que muchos niños hieren a los que están a su alrededor —la pregunta hizo que un recuerdo cruzara la mente de Tsuki. Cuando sus poderes despertaron por primera vez, su padre fue quien la entrenó. Aquella práctica terminó con una profunda cicatriz en la pierna de Shiroi.
—Herí a mi padre con unas espinas de hielo que salieron del suelo —miró sus manos—. Pero, fue sin querer...
—Lo entiendo, sé que no quieres hacer daño —esbozó una sonrisa—. Está bien que entrenes tus habilidades, tengo fe en que obtendrás el control algún día —La miró—. Pero no vuelvas a entrenar sola, es muy peligroso hasta para ti —ella apartó la mirada y sonrió.
—Sí, señor.
Bradley estaba bastante callado, pero escuchó cada palabra de ambos. Conoce al padre de Tsuki, crecieron juntos, él fue quien le advirtió que se llevara lejos a sus hijas, antes de todo esto, por eso estaba tan sorprendido de que Tsuki siguiera aquí. Sabía que era mentira, pero no podía delatarse exponiéndola.
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Shiroi llegó a Hinan cuando el sol ya estaba iluminando la muralla, vio las marcas de los vehículos y rogó porque no fuese tarde, los guardias de la entrada se miraron entre ellos y le abrieron la puerta pequeña, eran compañeros del albino y no se atrevían a preguntar el por qué su hija estaba con los generales y no con su hermana.
Camino hasta la Plaza Everest donde se daría el reclutamiento, solo echaría un vistazo y si no está ahí, suspirará de alivio e irá a buscarla a casa. La idea de que está en su casa le daba esperanzas, pero el mal presentimiento que sentía crecía cada vez más.
Llegó a la plaza, se detuvo y levantó la mirada.
Presente.
En su ceremonia de graduación, Tsuki tenía la mirada perdida en el suelo, pensando en aquel día. Sus compañeros escuchaban atentamente las palabras del director del instituto, un largo y tedioso discurso de superación.
Entre el público, Shiroi ya estaba con su esposa y su hijo pequeño. Khan, el hermano menor de Tsuki, vio a su hermana entre los jóvenes y sonrió extendiendo sus manos hacia ella, esperando que levante la mirada y lo vea.
—Mamá, Tsuki está ahí —dijo el niño y miró a su madre, quien solo sonrió para mirar a su hijo.
—Sí, pero parece que aún no se despierta del todo —volvió a mirar a su hija—. ¿En qué estará pensando? —Preguntó a su esposo, al no recibir respuesta lo mira de reojo.
Shiroi estaba con la misma mirada pérdida, solo que él miraba a su hija, no el suelo. Cuando llegó a la plaza ese día, sintió que el peso de las montañas Okibo le caía sobre el cuerpo, una lágrima se deslizó por su mejilla, pues ahí estaba su hija al lado del General Özdemir, mientras Bradley daba unas palabras:
—Debido al decreto Real, necesitamos que los niños cerca de cumplir los 15 años y los que ya cumplieron la edad se inscriban en esta lista —señaló la hoja en la mesa—, tenemos registro de todos los niños de esta ciudad, por lo que si alguno falta nos encargaremos de buscarlo exhaustivamente y si no está, los padres recibirán una sanción grave —se apartó para que el público vea a la joven—. Ella fue la primera en anotarse —Shiroi quedó anonadado—. Sigan su ejemplo, dejen que sus hijos se inscriban y estén preparados para servir a Rujarquia.
Bradley divisó a su amigo entre la gente, suspiró, no podrá acercase a hablar con él al menos por un mes, por lo menos, Mika ya no está.
El tiempo pasó tan rápido, que no cree que ya sea la graduación de su hija, queda poco tiempo para que su nueva vida empiece. Tampoco podrá verla mucho, en ese tiempo iniciará otra campaña, no estará presente.
De vuelta con Tsuki, su amiga notó lo pensativa que estaba, le tocó el hombro y ella finalmente reaccionó.
—¿En qué estás pensando? —preguntó. Su amiga tenía la misma edad, era de tez morena, cabello negro y rizado que en ese momento estaba bien recogido, debió ser un trabajo duro. Sus ojos de iris amarillentos eran muy inusuales, pues no es un color que se vea muy seguido. Se llamaba Anahí Solé.
—En nada, creo que solo estaba divagando —responde, pero su rostro sin ánimos dice lo contrario.
—Entiendo —dice y la deja, nunca tiene la intención de presionar.
Se recostó en el hombro de Anahí, ambas irían al mismo sitio de entrenamiento. Solo que no sabía que la estaba preocupando tanto.
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