Capítulo 1: Sueños
Mi ventana al pasado.
Era invierno, cuando la nieve caía y cubría las huellas, donde luego se perdía gente; cuando la noche era amargamente fría, lo que causaba hipotermia; cuando el viento soplaba muy fuerte, que después se llevaba los gritos.
No había ni una sola alma en las calles de la ciudad, las personas cerraban sus negocios luego de las diez. A ella no le afectaba el invierno, el frio no era un problema, pero sí lo que tenía en sus manos. Estaba sentada a orillas de su cama, su esposo dormía plácidamente emitiendo un ronquido casi imperceptible. La mujer ya sentía un malestar en el cuerpo, paso todo el día preguntándose muchas cosas, que era lo que estaba bien o mal hacer.
Tenía el libreto abierto en la última página, leyendo la frase que le causaba escalofríos.
“Terminaron siendo los ángeles del futuro apocalipsis”
Al lado suyo tenía una carta que había recibido esa mañana. Era sobre el punto de encuentro, suspiró profundamente y derramando una lágrima se levantó de la cama y dejó el libreto en una caja debajo de su cama que tenía papeles que acompañaban al contenido del libreto. Abrió su armario con cuidado para no despertar a su marido y sacó de un cajón el uniforme militar.
Cuando termino de colocárselo guardo la carta en su bolsillo, se acercó a su esposo, le dio un beso en la mejilla y le tapo hasta el cuello con las sabanas, ya que a él sí le afectaba el frío. Salió de su habitación, con la caja en mano, y camino hacia la habitación de sus hijos, tomo el tiempo que necesitaba para verlos y despedirse. Bajó a la cocina y escribió una nota que dejó en la mesada. Se fue por la ventana, se fue alejando de la ciudad y luego hecho un vistazo atrás, donde solo veía la oscuridad.
Entonces Tsuki despertó, desde hace semanas tenía el mismo sueño, se sentía bastante real. Se levantó de la cama y efectivamente ya no estaba soñando, pues una vez “despertó” y el sueño volvía a repetirse. Con dificultad camino hasta su baño, encendió la luz y se miró en el espejo. Ella tenía el cabello negro largo, ondulado y descuidado; ojos achinados de color azul intenso y ojeras que señalaba lo poco que dormía. Su piel era tan clara que era muy fácil ver sus moretones, como el que tenía en la barbilla y en el cuello, incluso su mejilla ligeramente rojas por haberla apoyado sobre su mano al dormir.
Volvió a cambiar los vendajes de sus heridas, pensaba en las estrategias y movimientos para evitar que la vuelvan a lastimar, después de todo, era un entrenamiento. Uno estricto y fuerte que su padre planificó y recibe ayuda de uno de los amigos de Tsuki, quien era hermano mayor de su mejor amigo, si quería llegar lejos, debía resistir.
Tenía 15 años, ya estaba terminando el colegio de la ciudad. Este era un lugar donde la educación era mucho más adelantada que otras escuelas, con el fin de que los jóvenes a partir de 15 puedan anotarse en el servicio militar, su padre la anoto en un principio para llevársela al extranjero cuanto antes. Ella no fue obligada a inscribirse al ejercito una vez empezó su último año, al contrario se ofreció voluntariamente yendo en contra de la protección de sus padres. Solía escuchar las historias que su padre, Shiroi, le contaba, él era un hombre ajetreado, un soldado de élite.
Shiroi no le contó a su hija como realmente era la guerra, no quería que se asuste y entrará en pánico, estos días se arrepiente por ello. Cuando Tsuki tomó esa decisión tan apresurada, Shiroi no paraba de contarle la misma cosa de siempre:
—Cuando aún estabas en el vientre de tu madre, el rey nos convocó a todos los del reino en el palacio de Furui. Él dijo que los jóvenes serían becados para estudiar en el extranjero, ya que aquí en Rujarquia las únicas dos universidades ya estaban totalmente ocupadas y casi no había maestros. El pueblo se puso feliz, hasta que escucharon ese “pero”. El rey Einar continúo: Solo serán becados los hijos de los soldados. Yo había renunciado a estar en el ejército después de servir por tres años, por tu hermana y por las dos me volví a anotar. Yo no tengo opción, Tsuki, tu sí y debes pensar correctamente.
Shiroi trataba de descifrar la mente de su hija, es decir, cualquier niño querría abandonar esa idea después de saber cómo eran las cosas, su fascinación por la idea de ser soldada era extraña. Tenía la esperanza de que su opinión cambiara luego de estar unos días en la academia.
Por esas conversaciones, Tsuki no quería contarle nada de sus sueños a su padre, menos a su madre, quien ya estaba al borde del pánico por las lesiones de su hija.