Chapter 1
Viernes 18 de Febrero de 1890 - 10:11 Pm
El corazón latía con fuerza, la adrenalina inundaba cada fibra de su ser mientras esperaba el momento exacto para actuar. El sonido del coche llegando, la luz que se filtraba por la alcoba al abrirse la puerta, todo estaba sincronizado. "¡Ya!" pensó, y se apresuró a caminar hacia la ventana. Ajustó su mochila y miró afuera, donde la oscuridad se mezclaba con nubes amenazantes. Los altos pinos rodeaban la casa, y solo un camino de tierra conducía a la calle. Debía saltar, enfrentar los dos metros de altura.
Se aferró al borde de la alcoba, giró y se sujetó de la barandilla con las manos. Su cuerpo colgaba, mirando hacia abajo. No era una gran altura, pero aun así, mentalizándose, se soltó y cayó. Un quejido escapó al sentir el impacto en sus pies. Se había torcido el tobillo izquierdo, pero no podía detenerse. Sacó una navaja de su mochila y pinchó dos de las llantas del coche antes de adentrarse entre los árboles.
Caminaba apresuradamente, sus pisadas resonando en la húmeda tierra. Guiándose entre los troncos de los pinos, llegó a la calle. Los postes de luz eran la única tenue iluminación. No podía esperar a que un coche pasara, así que continuó caminando.
Su garganta comenzó a doler, el pecho agitado. Las lágrimas brotaban, y las limpiaba con su chamarra.— ¿Tenía la culpa?—, murmuró con voz rota. El cielo tronaba, y las primeras gotas de lluvia cayeron. Abrió su paraguas y siguió caminando entre los pinos.
Finalmente, se detuvo. No por el dolor en su pie, sino por la tormenta interna. Levantó el rostro, las lágrimas y las gotas de lluvia confundiéndose en su mejilla. El nudo en su garganta era asfixiante. Cerró los ojos con fuerza, dejando que las lágrimas fluyeran.
El llanto y los gritos sofocantes salieron, liberando la tensión acumulada. Cayó de rodillas, sintiendo su corazón latir desbocado. Tomó bocanadas de aire, con las manos en el suelo. Estaba solo, en medio de la tormenta, con un dolor que parecía insuperable.
A las 22:30 horas, siguió caminando por un sendero de piedras. Llegó a una casa con un frondoso árbol en el porche. Dejó su paraguas y mochila, sin importarle mojarse. Entró al pequeño jardín y tocó la puerta. El sonido de la puerta abriéndose fue como un alivio. —Lo logré—, susurró, antes de desmayarse en brazos que se sentían seguros...