Prólogo

El golpeteo de unos tacones contra el suelo provocaba eco por todo el edificio, cada segundo estaba más cerca de su destino. Causaba curiosidad en algunos muchachos que aún se mantenían despiertos, otros no se daban cuenta.
Eran pasadas la medianoche, mientras la ciudad Moon dormía, una hermosa psicóloga jugaba con un viejo paciente en el correccional de menores.
Los más curiosos abrían las puertas de sus habitaciones ligeramente y observaban a la mujer dirigirse a una habitación. La habitación que los demás internos más temían.
Abrió la puerta sin tocar y allí estaba sentado a la orilla de la cama, el joven de los ojos grises no parecía nada alegre por la visita. Alejo su vista de la ventana y la dirigió a quien estaba en el umbral de la puerta.
— ¿Qué quiere? —Cuestionó el muchacho con voz fuerte.
— ¿Después de tantos años y no dirás nada aún? —Preguntó ella con burla en su voz. Se había cansado de rogarle al muchacho por respuestas.
Jason movía con impaciencia una de sus piernas, la luz estaba apagada, pero la luna llena iluminaba el aposento lo suficiente para que la mujer pudiera ver en él indiferencia. Pese a sus provocaciones, nunca había salido una palabra de sus labios sobre el motivo de su estadía en aquel lugar. Su expediente estaba bien resguardado.
— Si no tiene nada que decir. Salga de aquí —Dijo él, claramente molesto. Apretaba sus puños con fuerza, aunque ella no lo notaba.
—Lo sabré todo de una manera u otra y lo sabes Jason.
La mujer se acercó al joven y tocó su rostro, mala idea. La mano del joven se posó sobre el cuello de la psicóloga sin mucha fuerza. Se contenía. Una clara amenaza, con su fuerza y su cuerpo, podría dejarla inconsciente con facilidad, pero él no quería hacerle daño, solo que lo dejase de molestar. Ella por su parte no quería admitir la derrota, así que lo provocaba constantemente sabiendo lo que podría ocurrirle
— ¡Largo! — Gritó cerca del oído de la mujer y la empujo lejos de su cuerpo. Alertó a los guardias y entonces la mujer se retiró antes de que pudieran notar su intromisión. No sería más que un joven problemático con pesadillas en la noche. Él no la delataría, de todos modos, quien le creería a un joven convicto de un correccional, no era lógico.
Sonreía porque pronto conocería la verdadera historia del joven, aun en contra de su voluntad. Debía asegurarse de que aquel hombre mereciera su libertad antes de que fuera tarde y dejasen libre a un delincuente.
Una vez en el pasillo se quitó los tacones y lo más sigilosa posible se escabullo entre las sombras del lugar. Jamás imagino lo que vería ni mucho menos lo que pasaría luego de algún tiempo.
¿Qué es lo peor que un muchacho de 17 años pudo hacer en su pasado?
¡Hola! Gracias por llegar hasta aquí, es un placer para mí, espero que puedas disfrutar de esta historia tanto como disfruto yo de escribirla, te invito a leer el primer capítulo que también está disponible ahora. 🥰








