QUÉDATE CONMIGO

Summary

Poco antes de su cumpleaños número dieciocho, una chica encantadora sin embargo; un tanto torpe..., decidió hacer un viaje que acabaría en un naufragio dejándola varada en las arenas de una isla inhabitada. Desde aquel fatídico día, su vida quedaría en manos de ese pirata que tanto temía sin siquiera conocer, y todo a causa de los rumores que se esparcían como pólvora en su tierra natal. ══════════════════ 📌Los personajes usados en ésta obra le pertenecen a mi bello dios del manga Eiichiro Oda. El resto, son producto de mi imaginación.

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Complete
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30
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5.0 2 reviews
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18+

Hiken no Ace

Era una tarde muy fría, una de esas en la que un poco de calor que brindase una fogata no estaría nada mal, pero, ¿cómo hacerlo? Una torpe como ella no podría lograr tal cosa con un par de rocas o algunos palos secos.


Se encontraba sola, varada en aquella isla desde hacía varios días, dado que el barco donde viajaba fue destruido en un asalto en alta mar.


Se abrazaba a sí misma mientras sus dientes castañeteaban sin parar, debido a la crueldad del clima. Su ropa, o lo que quedaba de lo que antes fuera un vestido blanco, estaba sucio y desgarrado.


Se encontraba recostada de espaldas a una enorme roca, bajo las ramas de un árbol. Veía al cielo sin terminar de creer en su mala suerte.


¿Acaso moriría en ese lugar, sola, en medio de la nada? ¡No! Eso era algo a lo que se negaba total y rotundamente.


Se puso de pie, y se dirigió a la orilla de la playa. Si el naufragio la había llevado hasta esa isla, era lógico pensar que a lo mejor algo más pudo ser arrastrado en la cercanía. Con suerte encontraría cualquier cosa útil que le sirviera aunque fuese para tenderlo y evitar acostarse directamente en el suelo.


—¡Qué tonta! ¿Por qué no lo he pensado antes? —Se cuestionó con enfado.


Siguió buscando por largo rato hasta que cayó la noche, pero todo su esfuerzo fue infructuoso. No sólo estaba cansada sino también hambrienta.


Había gastado energías pese a ser consciente de tener el estómago vacío desde el día en que despertó en ese lugar solitario, donde sí, había vegetación y animales pero era una inútil para cazar, más aún para defenderse.


El lugar estaba lleno de criaturas salvajes y no podía sólo llegar y coger algo para comer. Los árboles eran gigantescos y no podía trepar, puesto que la mayoría de los animales eran celosos con los frutos del bosque. Apenas se las había arreglado para beber agua limpia un par de veces, pero eso no le saciaba el hambre.


Miró una fogata a lo lejos cuando casi llegaba al final de la playa, cosa que la alegró en gran manera aunque a su vez, la preocupó.


El primer sentimiento fue porque supo que no estaba sola y a lo mejor podría pedir ayuda. Lo segundo... bueno, fue por la misma razón de comprobar que no estaba sola y no sabía qué tipo de persona sería con quién ella se encontrase. Sin embargo, estaba decidida a arriesgar todo por el todo, de modo que se aventuró a acercarse para estudiar la situación y así tratar de tomar la decisión correcta.


Caminó a paso sigiloso y se ocultó detrás de una roca. Se asomó con suma cautela, pero en un abrir y cerrar de ojos, una bola de fuego le pasó casi rozando la cara.


—Sal de ahí o te juro que esta vez no fallaré a propósito. —Le advirtió esa voz.


Muy asustada y sin saber qué hacer, la pobre no pensó en más que huir, por lo que se dio la media vuelta y corrió justo por donde había llegado. A medida que avanzaba, podía ver su sombra frente a ella. ¿Pero qué estaba pasando?


¿El sol? Pero si ya era de noche y la luna estaba brillando en el bello cielo nocturno. Lo más loco de todo, era que su sombra debería situarse en sentido contrario.


Seguía corriendo sin detenerse, pero por más que intentó huir, ese sol, o como ella lo llamase..., saltó y se presentó ante ella. Oh, eso no era el sol, era un hombre prendido en fuego.


—¡Oh por todos los mares! —Exclamó vaciándole el agua de su botella, la cual cargaba atada a una cuerda en la cintura—. ¡Te quemas!


—Ja. Ja. Ja... Muy graciosa —habló el joven un tanto indignado al ver que ella le había vertido el líquido en la cara—. Eso no funcionará conmigo —dijo extrañado por la acción de su atacante.


—Ay no, mi agüita... —se quejó consternada al mirar su botella.


Con lo mucho que le había costado recoger esa cantidad. De hecho tuvo que esperar horas y horas para que cayera de gota en gota desde la hoja de un árbol.


—¿Pero qué le pasa?


—¡Sigues quemándote! —Gritó asustada.


No le quedó más remedio que agacharse a recoger arena y lanzársela al joven que se incendiaba.


—¿Que me quemo? —replicó atónito por la reacción de la muchacha—. Ah... —Suspiró antes de apagar sus llamas.


—¡La arena funcionó! —Celebró la joven, saltando—. ¡Te apagaste!


—¿Eh?


—¿Estás bien? —Le preguntó sonando muy inocente. Estaba muy feliz por haber sido de ayuda.


El muchacho se dio una palmada en la frente, no podía creer lo que acababa de sucederle.


—Tú no eres de la tripulación de Kurohige, ¿cierto? —Le cuestionó sonando aburrido.


No le parecía una amenaza, un poco tonta quizá, pero no peligrosa.


—¿Kurohihe? —Le preguntó de brazos cruzados, ladeando un poco la cara y enarcando una ceja—. ¿Hablas de Kurohige el pirata?


—Eto... —murmuró, muy arrepentido de haber perdido su tiempo pensando que era alguno de sus adversarios. Suspiró frotándose la nuca. La veía con ojos de aburrimiento—. Soy Ace. —Se presentó muy educado ofreciéndole la mano, mientras enmarcaba una gran sonrisa.


—Encantada, soy (Tn) —dijo al estrechar la formalidad ofrecida al tiempo que le regalaba una sonrisa amigable. A él le pareció sumamente linda y dulce. Repentinamente, ella dejó de sonreír y dio dos pasos en reversa—. Espera, Ace, ¿como en «Puño de fuego» Ace? —inquirió un poco alarmada.


—¿Habría algún problema si así lo fuera? —Le cuestionó sonriendo soberbio.


La muchacha tenía la intención de correr ya que le aterraban los piratas, y más aún, si se trataba del renombrado pirata frente a ella.


—Tú, no te quemabas... eres puño de fuego Ace —murmuró tratando de mover las piernas, pero su cuerpo no le respondió.


El hambre y la impresión le jugaron una mala broma y terminó en el suelo, desmayada.


Al despertar, se halló en un pequeño bote que Ace había encontrado abandonado, quizás le habría pertenecido a algún pescador o quién sabía. El navío era tan pequeño, que apenas tenía una angosta cabina debajo de la cubierta, donde a lo mejor cabían unas dos personas ya que había una cama unipersonal y el mal intento de un retrete.


(Tn) se sentó y miró a su alrededor, notó que había una caja de madera llena de frutas y también varias botellas con agua. Se sintió alarmada, ya que fue consciente de que Ace se la estaba llevando con él.


—Vaya, despertaste al fin —dijo sonriente, mirándola sobre su hombro izquierdo.


—¿Do-donde me llevas? ¿Vas a ma-ma-ma-atarme?


Ace rió.


—No tonta —se volteó para quedar frente a frente—. No tengo ningún asunto contigo.


—Menos mal —suspiró aliviada con los ojos cerrados, al tiempo que se llevaba la mano al pecho. Su tranquilidad se esfumó al recordar un pequeño detalle—. Pero... eres un pirata, ¿cómo puedo confiar en tu palabra?


Ace se carcajeó.


—No lo hagas sino quieres. Pero en realidad no tengo nada en tu contra, a menos que tengas por ahí algún tesoro escondido que pudiera interesarme. —Le sonrió soberbio y desafiante, pero el gesto se desvaneció una vez que la miró abrazarse las pantorrillas desde donde estaba sentada—. Yo... n-no me refería a ese tipo de te-tesoro. —Declaró sonrojado al rascarse la punta de la nariz.


(Tn) no sabía porqué, pero se sintió un poco más cómoda al ver la reacción tan nerviosa de Ace. Quizá aquello era un indicio de que en realidad él no tenía la intención de dañarla.


—¿P-Por qué me trajiste contigo?


—¿Habrías preferido que te dejara en esa Isla? —preguntó volviendo a sonreír.


—No —dijo al voltear hacia atrás—. Ya no veo la Isla. ¿Dormí mucho?


—Unas diez horas.


—¡¿Eeeeeh...?! —Exclamó.


Ese grito resonó por todo lo alto. Si hubiesen habido aves cerca, seguramente las habría espantado.


—Eres muy ruidosa, ¿sabes? Aunque también eres muy graciosa —dijo Ace con una suave expresión—. Come, debes estar muriendo de hambre —Señaló la caja llena de frutas, con un leve movimiento de cabeza—. Aún tengo carne de jabalí, y también hay tiras de carne seca. Todo está en esa caja a tu derecha.


—Car... ¿carne? —murmuró, casi babeando.


—Sí —respondió muy amable—. Deberías beber agua. Te ves deshidratada.


(Tn) no esperó porque aquel líquido le fuese ofrecido nuevamente, de modo que cogió la botella y comenzó a beber.


—Gracias —dijo entre jadeos.


—Trata de ahorrar lo más que puedas, aún quedan doce días para llegar a la siguiente isla.


—Gracias, por salvarme y compartir tu comida conmigo.


—Nah, no es nada. ¿De dónde eres?


—De... —se lo pensó por un momento—. De Water Seven.


—Tienes suerte, me dirijo hacia allá. —Se puso de pie y se alejó un poco para izar velas.


—¿De verdad? ¿Puedo viajar contigo?


—Bueno... ya estás viajando conmigo. —Le respondió rascándose la punta de la nariz.


—Sí, qué tonta soy —dijo sonriendo muy inocente.


—Es bueno tener con quién hablar cuando los viajes son tan largos.


—¿Viajes largos? ¿Cuánto nos tomará llegar a Water Seven?


—Unas doce semanas.


—¡¿Eeeeeh...?!


Casi deja sordo a Ace con ese grito, el cual se escuchó por todo el Grand Line, seguramente.


***


Habían pasado algunas horas en silencio, ya que Ace se había quedado dormido mientras estaba sentado comiendo una pierna de jabalí. Era de día. (Tn) se había dedicado a observarlo, le parecía algo loco verlo con esa enorme burbuja en la fosa nasal, la cual se hacia grande o pequeña conforme respiraba.


—¿A-Ace? —Le hablaba temerosa de que su alma hubiese abandonado su cuerpo, pero respiraba, y si respiraba..., no podía estar muerto, ¿cierto?


—Aun puedo comer... —balbuceó sin abrir los ojos.


—Gracias al cielo... —murmuró aliviada—. Está vivo —dijo al levantarse con la intención de acomodarlo sobre unas sogas. No podía permitirle seguir durmiendo sentado.


Pero... tenía miedo...


Bueno, ¿qué tan peligroso y despiadado podría ser el temido Portgas D. Ace si la había rescatado, llevado con él, y encima de todo dormía en su presencia sin preocupación de que ella fuese una enemiga?


Consideró que era momento de dejar a un lado su temor y acercarse, de modo que lo movió con cuidado para no despertarlo. Fue tan torpe que tropezó, provocando que Ace cayera sobre ella. Él continuaba dormido, lo único que cambiaba era que ahora abrazaba la pierna de carne.


¿Cómo podía seguir durmiendo como un tronco?


Le parecía increíble el verlo roncando pese a su fallo estrepitoso al intentar acomodarlo sobre las sogas. Casi rió al observar la burbuja en la fosa nasal.


Lo haló un poco de los hombros a manera de que quedara boca arriba, de todas formas ya estaba en su regazo. Consideraba que lo menos que podía hacer después de que él le hubiese demostrado tanta amabilidad, era ayudarlo a descansar, ¿o no?


—¡Ah...! —Suspiró Ace, enmarcando una blanca sonrisa de felicidad al estirarse perezosamente—. ¡Qué bien dormí! —Su gesto se desvaneció paulatinamente al sentir algo extraño—. ¿Eh...? —Su mano palpaba una cosa muy suave sobre la cual reposaba la cara—. ¿Eh? —Volvió a apretar.


Se acostó de lado y elevó la mirada. Notó a la sonrojada señorita que liberaba un chillido a causa de estar siendo manoseada. Él todavía la veía con una expresión de confusión, sin darse cuenta de que aún le seguía apretando el seno izquierdo.


—T-t-t-t-tú... ¡de-de-deja de tocarme! —Exclamó (Tn) al darle un golpe en la cabeza al pobre Ace, que apenas comenzaba a ser consciente de su acción.


No tenía idea de que le estaba manoseando el pecho a la mujer que le había prestado su regazo para que durmiera cómodo.


—Lo siento señorita. —Se puso de rodillas en la madera de la cubierta, y se inclinó totalmente a manera de disculpa. Bueno, con el golpe que ella le propició..., cualquiera habría pedido disculpas tan encarecidamente—. ¡Lo siento, lo siento, lo siento! —Exclamaba, bajando el rostro una y otra vez.


Pero a pesar de que Ace se disculpase desde el fondo del corazón, (Tn) se abrazaba de las pantorrillas. No podía controlar su vergüenza.


«Ay no...» Pensaba.


—Perdona, perdona, ¡perdóname! —Seguía rogándole—. Estaba tan cómodo que no me di cuenta de qué era la suavidad que palpaba.


—¡¿Su-su-suavidad?! —Replicó más roja que la sangre.


Ace la miró a los ojos, pese a sentirse avergonzado. No era la manera en la que quería describir la situación. Había sonado un poco raro.


—N-no quise deci...


—¡Pe-pe-pe-pervertido! —Le condenó al señalarlo.


—¡En verdad, en verdad, en verdad lo siento! —Exclamaba al volver a inclinar el rostro en múltiples ocasiones.


Ese, sería un viaje demasiado largo...

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