Capítulo
Quién lo diría.
Quién diría que Sergio Pérez llegaría tan bajo.
Sintiéndose sucio en todos los aspectos posibles mientras que las manos arrugadas de aquel hombre que tanto odiaba le recorrían la piel
Lo odiaba con todas sus fuerzas.
Las lágrimas rodaban por sus mejillas sin cesar, rezándole a la virgen de Guadalupe que lo sacara de ésta.
De esta situación que había llegado bastante lejos.
Las manos del hombre bajaron desde sus hombros desnudos hasta sus caderas, las cuales estaban cubiertas únicamente con una lancería roja de estampados florales.
Helmut se reclinó hacia delante, recargando todo su peso personal en las caderas prominentes del mexicano, agachándose hasta pegar su pecho y en la espalda desnuda de Sergio.
Sergio se sostenía con todas sus fuerzas sobre aquel colchón viejo que lo había mantenido estos últimos dos meses.
Pensar en eso solo lo hacía llorar aún más, sus sollozos empezaron salírsele y comenzaron a ser audibles para el austriaco.
El hombre quitó sus manos del trasero del más joven y se recargó completamente en la espalda de Checo.
Pasando su boca por el cuello de éste y sus canos comenzando a masajear los pechos del mexicano. Soltando uno que otro jadeo mientras restregaba su entrepierna en el menor.
—Me encantan éstas tetas—. Soltó Marko. Haciendo que Sergio se sintiera aún peor que antes.
Él jamás pensó que llegaría a éste punto.
Su Omega se encontraba en completo silencio.
Mientras que el lobo de Helmut solo pedía a gritos entrar en Sergio y llenarlo con su semilla.
Siguió masajeando los pechos de Checo hasta que sintió cómo de las puntas de éstos comenzaban a brotar unas cuantas gotas de algún líquido.
Era leche.
—Mmh, me encantan demasiado—. Marko le susurró en el oído y en un rápido movimiento lo giró por completo, quedando acostado boca arriba, mirando directamente aquellos ojos que lo observaban llenos de lujuria; lo odiaba tanto.
Odiaba tener que llegar hasta éste punto, sin embargo, ya no podía seguir. No podía avanzar.
Helmut colocó ambas rodillas en ambos lados de las caderas de Sergio.
Sentándose sobre él y agachándose a besar los pechos de Checo. —Me encantan—. Comenzó a estimular el pecho izquierdo con sus dedos arrugados, y a succionar el izquierdo.
Sergio sentía cómo aquel hombre hacía succión en su pecho, sentía que a ese paso y con esa fuerza con la que el alfa lo hacía lo dejaría seco.
Sin leche.
Sin Su leche.
Sin la leche de Max, su pequeño hijo de apenas tres meses de nacido.
Sergio estaba acorralado al no tener de dónde mantenerse y comprar los pañales de su Max. Y ahora, aquel asqueroso hombre lo despojaría de lo único que puede otorgarle a su hijo.
Deseaba matarlo.
Lo mataría si fuera posible.
No obstante, aquel alfa era superior a él por mucho; a pesar de la edad, el alfa austriaco seguía siendo bastante fuerte.
Y Checo era solo un pequeño Omega desnutrido, sin fuerzas incapaz de otorgarle una vida digna a su pequeño hijo.
Sergio inició a llorar de nueva cuanta.
Max era la luz de sus ojos.
Aunque Sergio haya sido victima de un abuso. Él amaba con toda su alma al pequeño.
Su pequeño fruto.
Marko al drenar por completo un pecho siguió con el otro hasta dejarlo completamente vacío.
Levantó la mirada, observando cómo el pequeño omega bajo de él se retorcía y lloraba. —Tranquilo pequeño, yo te ayudaré—.
Sergio abrió los ojos y asintió, tratando de controlar su llanto.
Tratando de parecer animado para que su trato no se vea afectado.
De ahora en adelante tendría que ser así.
Sergio tendría que ser su omega aunque en realidad no quisiera.
Sintiéndose lleno de impotencia, atinó a besar a aquel alfa frente a él para fingir interés.
Fingiría estar interesado en él y así podría parle una vida digna a su pequeño.
Ese había sido el trato.
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Lo siento.
No sé lo que hice
💀









Espero la segunda parte