La carta

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Summary

En esta aventura conoceremos a Nick Tuner, un detective privado, encargado de investigar un misterio que lleva oculto 40 años. Todo sucede a raíz de una carta que le llega a su oficina de manera anónima, desde ese momento se le invita a descubrir el misterio que esconde en su interior. Esa información, será algo que lo cambiará todo.

Genre
Mystery
Author
Edu_jc
Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
13+


Era un día soleado en la ciudad, llegué a mi oficina y recogí el correo. Entre publicidad y facturas había una carta dirigida a mí, la guardé en el bolsillo de mi gabardina. A continuación, me fui a degustar una hamburguesa que siempre compraba en Tony´s Burger & Pizza. Para mi gusto, eran las mejores de la ciudad y, además, estaba a dos pasos de mi oficina. Cuando llegué, entré, me acerqué a la zona de pedidos y un chico muy amable enseguida me dijo:

—Bienvenido a Tony´s Burger & Pizza, ¿qué desea?

—Querría la doble especial con queso —Le contesté.

—¿Algo más señor?

—No gracias, eso es todo.

—De acuerdo, enseguida tendrá su pedido, puede esperar ahí.

Me senté a esperar mi hamburguesa, saqué la carta del bolsillo y me quedé mirándola, observé el matasellos, examinando cada detalle, no sospechaba la aventura que supondría el abrirla. El tiempo pasó muy rápido, enseguida se escuchó: una doble especial con queso, era la mía, que ya estaba lista, me dirigí a por ella. Pagué, me fui al parque que había enfrente, me senté en un banco y enseguida estuve rodeado de pájaros, vieron mi hamburguesa, obvio, no dejaban de intentar comérsela. Mientras me la comía, abrí el sobre que contenía dos cartas, empecé con la primera que decía así:

Señor Tuner, en la siguiente carta le espera un misterio que espero que acepte investigar, si lo acepta, no siga leyendo y vaya directo a la segunda carta.

Eso me produjo cierta curiosidad, pensé en qué hacer y, como buen detective, no podía dejar pasar el investigar un misterio. Ya no podía aguantar más, estaba ansioso de ver qué sería y qué me depararía. Empecé a leer la segunda carta, era mi única pista del misterio que había decidido que aceptaría investigarlo. La carta, en sí, era todo un puzle con demasiadas piezas por encajar, o eso era al menos lo que parecía; eran

varios acertijos. Me propuse que lo resolvería, costase lo que costase. Siempre se me dieron bien los enigmas, me decidí a descifrar el primero de ellos. Eran una serie de imágenes que tenía que relacionar entre sí y al completarlo salían varias palabras con las que resolver un jeroglífico.

Lo adiviné fácil, era la dirección de unhospital ya abandonado. Me dirigí al coche para ir camino hacia él, una vez allí, aparqué y me dirigí hacia su interior. Allí encontré una silla en medio del pasillo y a una mujer mayor sentada en ella, me acerqué y me presenté:

—Buenos días, señora, me llamo Nick Tuner, soy detective privado y estoy investigando un misterio que me ha conducido hasta este sitio, ¿me puede decir que hace usted aquí?

—Sí, claro, mi nombre es Molly Rockwell y fui una de las enfermeras de este hospital, señor Tuner. Pertenecí al ala de maternidad y estoy aquí para contarle lo que pasó, tal día como hoy, hace cuarenta años. Ese día, nació un niño del que yo fui una de las enfermeras que atendieron en ese parto. Eran una pareja muy amable, él era un bebé precioso con unos bonitos ojos marrones, pero ese niño, recién nacido, no tenía ni idea del vuelco que iba a dar su vida.

—¿A qué se refiere con eso?

—Ahora lo entenderá. Días después de dar a luz, ella recibió el alta y, con su amabilidad de siempre, ellos se despidieron de todo el personal. Tu madre y yo, nos deseamos suerte en todo y nos despedimos. Ellos atravesaron la puerta y se dirigieron al coche. Al cabo de pocos metros del hospital se escuchó un gran estruendo; salimos todos a ver qué había sucedido. Y cuando llegamos, la escena nos sobrecogió. El coche había sufrido un grave accidente, enseguida fuimos a ayudarlos, mientras pedíamos a la gente que llamaran a la policía. Ya en el coche escuchamos al bebé que no paraba de llorar, parecía estar bien, pero hasta que no lo examináramos, no había manera de asegurarlo. Sin embargo, sus padres daban la impresión de que no habían corrido la misma suerte, aunque no podíamos abrir la puerta del conductor debido al golpe. Aun así, esa ventanilla estaba hecha añicos. El doctor Martin le tomó el pulso al padre y, por desgracia, había muerto.

Luego se acercó por la otra ventanilla para ver cómo estaba la madre y solo pudo certificar su muerte. En ese momento se oían las sirenas de la policía acompañadas por las de los bomberos que llegaron al lugar del accidente y acto seguido acordonaron la zona y empezaron a interrogar a todos los que estaban allí. Mientras tanto, los bomberos se pusieron manos a la obra para abrir la puerta del conductor, sacar los cuerpos y poner a salvo al bebé. Lo cogí en brazos, me lo llevé para hacerle pruebas y comprobar que no tuviera nada.

Según los testigos, un coche salió de la calle de enfrente a toda velocidad, impactando en el lateral del automóvil de los padres de la criatura, desplazándolo varios metros, hasta estrellarse contra el escaparate de una tienda al otro lado de la calle. Y el resto deberá descubrirlo usted, señor Tuner, con esta pista que le voy a dar y el segundo acertijo, le llevará a resolver el camino que le conducirá al lugar donde empieza dicho enigma. La pista en cuestión es la siguiente: si te gustan las hamburguesas, las mejores están en el novecientos cincuenta de Cors Street

—Me temo que está equivocada, señora Rockwell, porque las mejores hamburguesas están en Tony´s Burger & Pizza, y eso no es negociable.

Molly soltó una gran carcajada. —No se lo voy a negar, señor Tuner, porque no las he probado, entonces todo puede ser. Seguiré su recomendación, algún día iré y las degustaré, si usted me promete que también hará lo mismo con las que yo le he dicho.

—Se lo prometo, las probaré.

—De acuerdo, entonces, señor Tuner, tenemos trato.

Me despedí de la señora Rockwell sellando nuestro trato con un apretón de manos, dándole las gracias. Me fui a mi coche y una vez allí me puse a leer el segundo acertijo utilizando la pista que me proporcionó ella. Lo qué tenía que resolver, era un problema matemático, un poco más difícil que el primero, pero al final conseguí resolverlo. Me dio como solución un número, en concreto era el novecientos cincuenta y cuatro. Sin la pista que me dio la señora Rockwell, esto no hubiese significado nada. Enseguida esa cifra me hizo pensar en ella y en ese número, con el que todo cobraba sentido. Con las ideas claras, me dirigí a la ubicación que descubrí en el segundo acertijo gracias al indicio que me dio ella. Estaba cerca de mi siguiente destino, cuando pasé por delante del novecientos cincuenta de Cors Street y vi la hamburguesería que dijo la señora Rockwell, esbocé una pequeña sonrisa. Cuando llegué al novecientoscincuenta y cuatro de dicha calle vi a una mujer en la puerta, me dirigí hacia ella y me presenté.

—Encantado, señor Tuner, me llamo Alice Paterson. Pasemos dentro y sentémonos.

Acompañé a la señora Paterson al interior de la casa, recorrimos un largo pasillo hasta llegar a un salón donde me dijo:

—Siéntese, señor Tuner y hablemos.

Le hice caso, me senté y empecé a escuchar lo que me tenía que contar.

—Como usted sabrá, señor Tuner, todavía le queda bastante por descubrir de ese niño misterioso, de la carta y sus acertijos. Sabíamos que si le presentábamos algo que le atrajera lo suficiente, usted aceptaría el caso. Por eso las dos cartas, desafiándole a leer la segunda de ellas, aceptando así el caso. Y para probar su pericia le pusimos los acertijos, como imagino que lo estará pensando, sí, fui yo la que dejó la carta en el buzón de su oficina. Trabajo para las personas que le contrataron y mi misión era descubrírselo y darle la pista que toca ahora. Con respecto a lo que ya sabe, le diré, que el caso fue muy comentado y ocupó muchas horas en los medios de comunicación y poco más puedo contarle, ya que el resto debe descubrirlo usted.

—Le doy las gracias por todo lo que me ha explicado señora Paterson y sí, era evidente que mi mente de detective iba a querer pasar a la segunda carta para investigarlo. Reconozco que lo de los acertijos, me fascinó y quise saber más, obvio. Ahora tocaría la segunda pista, ¿no? —preguntó Tuner.

—Así es señor Tuner, vamos con ella: Lo nuevo, tarde o temprano se vuelve viejo, pero se puede transformar en algo nuevo otra vez. Con esta que le he dado y el acertijo sabrá cómo seguir. Ha sido un placer hablar con usted.

—Igualmente, señora Paterson —dije mientras me despedía de ella y me encaminaba a la salida.

Llegué al coche, saqué la carta y empecé a descifrar el acertijo número tres, esta vez era un puzle. Una vez completado, salieron dos casas: una vieja y otra nueva, pero iguales. En sus buzones había unos números y en las ventanas una dirección. La apunté y me dirigí hacia allí. Una vez llegué al punto exacto, cuál fue mi sorpresa, cuando miré y vi que no era una casa, era una oficina de correos. Entré dentro y vi al fondo que tenían casilleros de apartados de correos. Me dirigí hacia ellos y cuando llegué había dos que coincidían con los números que descubrí en los buzones de las casas del puzle. En uno había un trozo de papel con mi nombre que decía así:

Señor Tuner, levántelo y encontrará una llave que abre este casillero.

Así lo hice, la cogí y abrí. Lo único que había al fondo, era lo mismo, saque esta nueva nota que decía así:

Esta llave abre el casillero de su izquierda y ahí encontrará su siguiente destino.

Lo abrí y allí estaba la siguiente, que procedí a leer. Me tenía que dirigir a un lugar en concreto, donde tendrían sentido las palabras sobre una mansión antigua, pero también nueva. Me hablaba de una familia muy importante, todo ello encerraba el destino de una persona, pero en la nota no había más, solo decía que tendría que descubrirlo yo solo con las pistas que ya tenía. Y ellas me conducirán a descifrar el terceracertijo. Salí de la oficina de correos pensando en que cada vez se ponía más interesante el caso, me subí al coche y me dirigí al lugar del tercer acertijo. Cuando llegué, se trataba de una casa antigua, de esas de época, que, sin embargo, había conocido tiempos mejores. Pensé, esta debe ser la mansión vieja que me dijo la señora, pero al verla, no entendí dónde estaba la nueva. Me dirigí hacia la casa, en el pequeño jardín de delante había una señora cuidando de él, me acerqué y me presenté.

—Buenos días, me llamo Nick Tuner y soy detective privado, ¿podría hacerle unas preguntas?

A lo que la señora contestó de forma afirmativa y me dijo:

—Pasemos, tenemos cosas que hablar.

Mientras íbamos caminando por un pasillo largo, me fijé que por dentro estaba también bastante echada a perder. No entendía por qué ese afán en cuidar el jardín, pero, sin embargo, tenía la casa tan descuidada tanto por fuera como por dentro. Llegamos hasta una sala donde nos sentamos y lo primero que hizo fue presentarse.

—Mi nombre es Agnes Finley y trabajé muchos años para los dueños de esta casa. Puedes preguntarme lo que quieras. Hablamos durante horas, cuanto más le preguntaba, más preguntas me surgían. Después de varias horas, me dejó las cosas más claras. Entendí el porqué de la mansión nueva, ya que esta era la casa que habitaron ellos, pero antes de entrar a vivir la derruyeron, la levantaron de cero y cuando pasó aquel fatal accidente, la casa quedó abandonada. Y la razón por la que cuidan el jardín, no era otra que nostalgia. Ella venía a cuidarlo todos los días como una especie de homenaje a ellos, por lo bien que se portaron. Era como mantener viva su memoria por medio de aquel jardín. Me pareció un bonito detalle, pero seguía sin saber quién era esa persona enigmática sobre la que giraba el misterio. Lo que sí me dio fue la pista que me daba la solución del cuarto acertijo junto con la parte del puzle.

Y decía así: El viaje de su niñez que le salvó del abismo. Le dilas gracias, me despedí de ella y me dirigí al coche. Una vez en él me puse a descifrar el cuarto acertijo, en esta ocasión era un crucigrama en el que las palabras me daban otra dirección. Esta vez esa dirección me llevó a un edificio que albergaba un orfanato, que no sabía por qué, me resultaba familiar. Al llegar a la entrada, el director estaba apoyado en la puerta y antes de que yo le dijera nada, me dijo:

—Le estaba esperando señor Tuner, mi nombre es James Thompson y fui el director de este orfanato hasta que cerró.

Yo no salía de mi asombro, ¿cómo sabía que yo iba a ir? Y, sobre todo, ¿cómo sabía mi nombre? Aquello era muy sospechoso. Me indicó que le siguiera a su despacho y hablaríamos. Cuanto más penetraba en el orfanato, más me sonaba ese sitio. Esos pasillos, esas habitaciones, me resultaban muy familiares y seguía sin saber por qué. Llegamos al despacho y la sensación de déjà vu, fue brutal. Me senté y el director empezó a contarme la historia de ese chico misterioso que hacía tiempo que lo estaban buscando.

—Señor Tuner, la primera vez que vimos a ese pequeño, fue un día hace treinta y nueve años, cuando llamaron a la puerta y fuimos a ver quién era, no había nadie esperando, solo un capazo con un niño y una nota que decía:

No podemos cuidar de nuestro pequeño, tiene un año y deseamos con todo nuestro corazón que le puedan buscar un buen hogar, cuiden muy bien de él, muchas gracias.

—Y eso era todo lo que ponía. Desde ese día pasó a formar parte de nuestro orfanato y le acogimos como uno más. Pasaron los años y aquel pequeño, se convirtió en un niño bastante rebelde y cabezota, pero en el fondo se notaba su bondad y buen corazón. Siempre estaba dispuesto a ayudar a sus compañeros en todo lo que podía. Ese niño acabó siendo adoptado y le perdimos la pista cuando abandonó el orfanato, pero estamos a punto de encontrarlo, porque sabemos que usted lo encontrará pronto, señor Tuner. Y es todolo que le puedo contar de este misterio, ahora solo me queda darle el enigma que le ayudará con el último acertijo. Y es el siguiente: Los ricos y los famosos viven en mansiones, pero no todos los ricos y famosos saben que lo son, ni buscan su mansión.

Me quedé pensativo. A continuación, me despedí del director Thompson y me dirigí hacia el exterior del orfanato. Una vez que salí de allí, me encontré con una sensación muy, pero que muy extraña, y como no, una vez más tuve la pista que me daba la solución del quinto y último acertijo. Me metí en el coche dispuesto a descifrarlo, en esta ocasión era un jeroglífico, lógico, no podían acabarse sin ser el más difícil el que cerrase el círculo. Me costó bastante, pero conseguí descifrarlo. Cuando lo hice, era un mensaje en dos partes, en la primera decía:

Ahora él será rico y la mansión le espera.

Y en la segunda, descubrí que era una dirección y me puse en camino.

Llegué a una mansión señorial, muy impresionante, de esas que solo ves en la televisión, en los programas de así viven los millonarios. Llamé a la puerta, un mayordomo me abrió y me dijo:

—Bienvenido a casa, señor, hace mucho que le esperábamos. Mi nombre es Tom Parker y estoy a su servicio. Tome asiento, por favor.

Se fue un momento y me quedé pensativo: ¿por qué aquí también sabían de mi llegada? ¿Por qué esa bienvenida? Y al regresar me dijo: acompáñeme a la biblioteca, si es tan amable, señor. Le seguí hasta llegar a la impresionante biblioteca, aquello era el paraíso para cualquier aficionado a la lectura. Me indicó que tomara asiento y me explicó:

—La carta que ha estado leyendo, le falta un trozo señor —y acto seguido se lo entregó.

Le di las gracias y me dispuse a leerla. A cada palabra que leía, me iba sorprendiendo más y más, fui entendiendo el porqué de la primera señora, la mansión vieja, el orfanato y, por último, el porqué de la mansión nueva. Y al fin descubrí quién era ese niño, ese niño que ya se había convertido en todo un hombre, ese niño... ¡Era yo! No salía de mi asombro, estaba en shock y cuando terminé de leer la carta, descubrí cuál era el misterio, el misterio sobre quiénes eran mis verdaderos padres. Estaba intentando asimilar todo aquello. Llamé a Parker y vino enseguida.

—Dígame, señor, ¿qué desea?

—Estoy pensando en irme a casa y poder asimilar todo esto —dijo con claros síntomas de nerviosismo.

—Como quiera, señor, pero le veo muy nervioso. Es normal que esté alterado, demasiada información de golpe que procesar, no creo que sea bueno coger el coche ahora, debería quedarse señor.

—En algo sí tienes razón Parker, ha sido mucha información de golpe que tengo que procesar y sí, estoy bastante nervioso, pero debo descansar.

—Por eso no se preocupe, señor, tiene el cuarto preparado y todo listo para que pueda hacerlo. Solo dígame a qué hora quiere que le despierte, así lo haré y le llevaré el desayuno.

—Creo que aceptaré tu oferta, me vendrá bien, indícame dónde está mi habitación y me iré a descansar.

—De acuerdo, señor, sígame.

Después de como acabó el día anterior, no podía concentrarme, había sido un shock enterarme de que los que yo siempre consideré mis padres biológicos, en realidad no lo eran y era adoptado. Descubrir quiénes fueron mis verdaderos progenitores y cómo encajaban todas las piezas del puzle, pero, empecemos por el principio.

Parker me dejó unos expedientes sobre ellos y cosas que Molly no pudo decirme por qué hubiese descubierto el secreto demasiado pronto. Empecé a leerlos ávido de curiosidad. Ellos eran una de las familias más poderosas de Boston. Cuando yo nací, lo hice en el Saint Matthews, el hospital que visité y donde encontré a Molly, la enfermera que atendió mi parto. Me contó cómo la tragedia golpeó pronto a mi familia y a mí. Minutos después de abandonar el hospital, tuvimos un accidente, en el que mis padres fallecieron en el acto, no se pudo hacer nada por ellos.

Molly preguntó a uno de los policías que esperaba noticias sobre ellos

—¿Y qué pasará con su hijo recién nacido que os acabáis de llevar?

—¿Recién nacido?, no, aquí nadie lo ha traído.

Me quedé de piedra al oír eso y por unos segundos empecé a pensar, pobre criatura. ¿Dónde estará? ¿Tendrá mucho miedo, hambre y frío?—Agente, esta pareja tuvieron un bebé y lo sacamos del vehículo para hacerle pruebas, ver que estuviera todo perfecto y una vez comprobado que estaba bien, lo metimos en la cuna y pocos minutos después ha venido un compañero vuestro para llevarlo a Servicios Sociales.

—De acuerdo, señora, no se preocupe, daré el aviso, dígame toda la información que tenga de ese bebé.

También me estaba enterando de que mis abuelos estuvieron buscándome sin éxito, hasta que un día, de forma anónima, se pusieron en contacto con la mansión de mi familia para darles una información sobre mi paradero. En ella les contó todo lo que pasó: cómo acabé en el orfanato, fui adoptado y empezaron la búsqueda que les condujo a encontrarme. Aunque ellos ya no vivían, había instrucciones muy precisas de que, si después de muertos me localizaban, su mayordomo iniciara las pistas que dejaron para que resolviera el misterio, conociera el hospital donde nací, la casa de mis padres biológicos, el orfanato y, por último, la mansión donde me encuentro.

Fue aquí donde me fue revelado el secreto de quienes eran ellos. Lo siguiente que debería saber de lo que no me quiso contar el señor Thompson, el director del orfanato en aquella época. Ahora por fin me enteraba de mi historia en el orfanato en el que estuve poco tiempo con ellos, ya que a los cuatro años de estar en él, me adoptaron. Fue un matrimonio muy amable, mis padres adoptivos y aunque estuve poco tiempo, dejé un muy buen recuerdo y todos me apreciaban; de hecho, había una foto mía en la vitrina de los niños más queridos del orfanato. Que como era obvio, no podía estar cuando fuera yo. El señor Thompson se alegró de que me hubiese ido bien con ellos y que ahora me esperara un futuro más brillante todavía. Mientras cerraba el dosier de los informes de lo que me faltaba por conocer, vino Parker.

—Señor Tuner, vengo a decirle que según las órdenes de sus abuelos, nada más usted descubriera quien era, tendríamos que ir al despacho del albacea para firmar los documentos que le otorgaran el control de las cuentas de su familia y poder disponer de su herencia y tomar posesión de la mansión.

—De acuerdo Parker, voy a por el coche.

—No se preocupe, señor, aviso al chofer y nos vamos.

Una vez llegamos al despacho, nos hicieron pasar a la sala de reuniones. Donde minutos después apareció el albacea y me explicó que ellos dejaron un fondo que iba creciendo a medida que se le añadían parte de los beneficios de las empresas de la familia. Otro de donde se pagaba al servicio y los gastos de la casa y como único heredero me pertenecía toda su fortuna y su mansión, además de poder ostentar la presidencia de dichas empresas o dejar al frente a la persona que puso mi abuelo a dirigirlas. Yo solo debía ocuparme de disfrutar de los beneficios. Decidí que de momento era lo mejor, además de que ser detective privado es mi vida y no iba a dejar de serlo por mucho dinero que tuviera ahora, pero nunca se sabe. Le di las gracias alalbacea, firmé los papeles necesarios, me despedí de él y nos fuimos. Ya en el coche, empezamos a hablar y le dije a Parker:

—He decidido que me mudaré con efecto inmediato a la mansión. Hoy mismo haré la mudanza.

—Me alegra que se quede, señor, bienvenido.

—Gracias Parker, a partir de hoy, empieza mi nueva vida.