Twisted [Larry Stylinson]

Summary

El profesor Harry Styles es odiado y temido por todos sus alumnos. Estricto, reservado y despiadado, no tolera los errores y tiene poca paciencia con sus alumnos. Louis Tomlinson es un joven de veinte años que lucha por mantener a sus hermanas menores tras la muerte de sus padres. A punto de perder su beca, Louis está lo bastante desesperado como para acudir al profesor Styles. Todos dicen que Styles no tiene corazón. Todos dicen que es un bastardo despiadado. Louis descubre que todos tienen razón. Hace un trato con Styles, pero inesperadamente, el acuerdo se convierte en algo más. Algo que lo consume todo y es adictivo. Esta historia es una adaptación del libro "Just a Bit Twisted" de Alessandra Hazard.

Genre
Erotica
Author
Chels_
Status
Complete
Chapters
24
Rating
5.0 3 reviews
Age Rating
18+

: ̗̀➛ Chapter 1

La señora Williams iba a matarlo.

Louis miró su reloj e hizo una mueca. Ya era la una de la mañana; él le había prometido a la señora Williams que no volvería a casa después de la medianoche.

Preparándose, abrió la puerta tan silenciosamente como pudo. Phoebe era de sueño ligero. Louis cerró la puerta, estremeciéndose cuando crujió.

Maldita sea.

— ¿Señor Louis? —dijo la señora Williams, frotándose los ojos y sentándose en el sofá. Louis miró a las gemelas, pero ellas no parecían haber despertado. Se acercó a su niñera. No le tomó mucho tiempo, el apartamento era pequeño.

La señora Williams estaba frunciendo el ceño profundamente y con una mirada triste en su rostro.

— Lo siento —dijo Louis antes de que ella pudiera decir nada— Estoy realmente, realmente arrepentido. No pasará nuevamente, lo juro. No podía volver antes. Fue una noche tranquila, y no he conseguido muchas propinas. Yo no tenía suficiente dinero para pagarle por esta semana, así que terminé quedándome.

Los labios de la señora Williams estaban fruncidos. Ella suspiró.

— Señor Louis Tomlinson, entiendo su situación, es la única razón por la que sigo aquí, pero debe entender la mía, también. Tengo una familia, también, pero me paso hasta quince horas al día aquí, cuidando de dos enérgicas niñas de cuatro años. No me paga lo suficiente para eso.

— Voy a encontrar otro trabajo—dijo Louis rápidamente, tratando de sofocar el pánico creciente en su pecho—. Voy a encontrar un mejor trabajo y le pagaré más.

Ella suspiró de nuevo, sacudiendo la cabeza.

— Eso es lo que dijo el mes pasado, Louis—miró a las niñas— Admiro su dedicación, pero no puede seguir así. Sólo tiene veinte años. Se merece algo mejor. Ellas se merecen algo mejor, también. ¿Por qué no les encuentra una buena familia?

— No —dijo, su voz dura—. Ellas ya tienen una familia. Me tienen mí.

— Apenas le ven. Preguntan por usted todo el tiempo. Ellas le extrañan.

Louis miró hacia ellas. Phoebe y Daisy dormían enroscadas una hacia la otra, sus mejillas regordetas casi se tocaban. Se le formó un nudo en la garganta.

— Las extraño, también —él miró a la señora Williams— Por favor. Encontraré una solución. Realmente no volverá a suceder —Pescando su billetera del bolsillo trasero, le dio a ella todo el dinero que tenía— Aquí, tome esto.

Ella negó con la cabeza, pero aceptó el dinero.

— Piense en lo que le dije, Louis—dijo antes de tomar su bolso y salir.

Louis cerró la puerta y volvió a la cama. Se arrodilló junto a la cama, apoyó la barbilla en el colchón y se quedó viendo a las gemelas. Parecían pequeños angelitos.

Louis cerró sus ojos. Cielos, estaba tan cansado, pero dormir era la última cosa en su mente. No necesitó abrir la heladera para saber que se quedaron sin comestibles: sabía cuánto tiempo les llevó agotarse. Ellas no tendrían nada qué comer el día después de mañana.

La desesperación arañó su garganta. Luego vino el resentimiento y la ira. Louis se los quitó de encima.

Estar enojado con sus padres por tener numerosas deudas, morir y dejarlos sin un centavo era inútil. Él no podía permitirse el lujo de perder el tiempo. Necesitaba dinero. Ahora. ¿Pero cómo? Él ya tenía dos empleos.

— ¿Louis?

Louis abrió los ojos. Una de las niñas ya no dormía. Una oleada de pánico lo recorrió cuando se dio cuenta de que ya no podía distinguirlas. ¿Era Phoebe o Daisy?

— ¿Princesa? —graznó a través del nudo en su garganta.

La niña se sentó lentamente, con cuidado de no despertar a su hermana. Louis exhaló. Era Phoebe; ella era más madura y considerada que Daisy, quien era frecuentemente una pelota de energía sin dirección.

Phoebe se acercó a él y Louis la levantó en sus brazos.

— Hey, princesa —susurró, besándola en la sien y respirando su dulce aroma.

— Estás en casa—dijo Phoebe envolviendo sus pequeñas manos alrededor de su cuello—Te extrañé.

— Yo también —Louis murmuró, acariciando su espalda. Lo siento—. ¿Te divertiste mientras yo estaba fuera?

Phoebe asintió—: Jugamos mucho, pero el Halcón no nos dejó salir fuera.

— No llames a la señora Williams así —la reprendió a pesar de que tuvo que reprimir una sonrisa. — ¿Algo más?

— Un hombre grande vino después del desayuno. Él tenía una carta para ti, pero el Halcón no nos dejó que la tocáramos.

— Una carta, ¿eh? —Louis se puso de pie, sosteniendo a Phoebe junto a su pecho, y caminó hacia su escritorio—. Vamos a ver.

Agarró el sobre y volvió a la lámpara en la mesa de luz. Él entrecerró los ojos ante él y su estómago cayó cuando vio de quién era.

— ¿Qué es? —preguntó Phoebe.

Louis abrió el sobre, sacó el pedazo de papel en el interior y comenzó a leer.

“... calificaciones inaceptables...” “...en caso de no lograr mejorar...” “...la beca será revocada a menos que el estudiante logre...”

El papel se le cayó de los dedos al suelo y él no se dio cuenta.

— ¿Lou? ¿Algo malo pasó? Miró abajo a los ampliamente abiertos ojos azules de Phoebe y forzó una sonrisa.

— No, princesa. Todo está bien —enterró la cara en su pelo y cerró los ojos.

Cuando llovía, lo hacía a cántaros.