La primera vez
Me gustaría no poder recordar con tanta claridad la primera vez que te vi, pero en aquel entonces, incluso cuando creía que mi corazón pertenecía a otra persona, lograste captar mi atención.
Te mire como si te reconociera de alguna otra vida o algo así...
Solo sabía muy dentro mío que eras especial, incluso cuando jamás te dirigí la palabra por cuenta propia. De no haber sido porque tú me preguntaste mi nombre aquella tarde, hoy no estaría escribiendo esto.
Cuando me hablaste pude sentir claramente como mi corazón dio unos fuertes golpes bajo mi pecho, no es como si estuviera enamorada de ti en esos días, simplemente supongo que fue un producto de mi timidez o tal vez una predicción, una visión del futuro; quizá mi corazón sabía lo que estaba por ocurrir. Te respondí, y aunque por fuera me veía y escuchaba segura y convincente, por dentro de derretía un poco con tu mirada.
Y no es como si tú hubieras tenido una apariencia intimidante, por el contrario, lucias cálido, amable y tierno. Creo que me sonroje.
No te volví a ver en meses.
Te busqué por redes sociales unos días después de saber como te llamabas, y coincidentemente teniamos dos amistades en común, amistades que no tenían ninguna relevancia ya en mi vida actual, tan solo figuraban de esa manera en una red social en la cual tampoco interactuaba mucho.
Me volví una asquerosa stalker y te busqué en otras redes sociales.
Nunca debi haber hecho eso.
Estuve así algunas semanas hasta que te seguí en uno de tus perfiles, y como lo esperaba, no escribiste para preguntar quién era la nueva persona que te seguía, era obvio, a mis ojos eras guapo y suponía que alguien como yo, no iba a llamar tu atención. Aunque me equivoque, sí llegué a llamar tu atención, pero fue por un tonto descuido mio.
Tú tocabas el piano, y sin darme cuenta, di muchos corazones seguidos a tus videos, y me delaté.
Me escribiste y comenzamos una extraña conversación. Una donde me intentaba hacer la misteriosa y tu tratabas de adivinar quién era yo. Pronto solté todo y revelé mi identidad. Creo que quedé como una chica intensa.
No paso mucho tiempo para que me invitaras a tu casa, aunque mi timidez me llevó a negarme un par de veces y poner excusas tontas, finalmente en algún momento nos encontramos y salimos, sin ninguna intención romántica, claro.
Luego de escribirnos, cada vez que nos cruzabamos era un lindo intercambio de sonrisas y un cálido saludo. Descubrí lo dulce y tierno que eras, aunque sabía que había cosas de ti que no me gustarían, siempre pensé en que no existía nadie igual a ti sibre este mundo, y que el resto de hombres quedaban como unos nefastos a tu costado.
— Gracias por acompañarme. — nos estabamos ya despidiendo en aquella reja que siempre nos dividiría.
Sonreí con mucha felicidad.
— No, gracias a ti por pedirme acompañarte. — yo siempre tan modesta, me moría de ganas por abrazarlo.
Lo vi irse algo indeciso y sonriente, agite mi mado y pronto el desparecia con rapidez en mi panorama.
Para este entonces ya habiamos intercambiado números y nos mandabamos mensajes muy seguido.
Antes de aquella primera salida, yo había dejado de escribirle por unos meses, luego de haber prometido ver juntos una serie, no tengo la más mínima idea de por qué hice ello, creo que era una costumbre mía, hasta ahora.
"Sabes? Aquel día que nos despedimos en la reja, tuve unas fuertes ganas de besarte y abrazarte, no sé si esté bien que lo diga, pero solo quería decirlo y ya."
Me lo confeso tiempo después en mensaje, no puedo recordar cuanto exactamente.
Me sentí entonces especial, alguien como yo, tan ordinaria y simplona como mujer, había llamado la atención de alguien que alcanzaba con facilidad los estándares de cualquier chica, o al menos así pensaba yo. Entonces se me ocurrió pensar que yo podía gustarle.
Ahora todos esos mensajes en los que me daba señales de que le gustaba solo existirán en mi memoria, porque de ninguno hay prueba, se borraron de mí móvil, o bueno, más bien los borré yo misma. Un día me arme de valor y borre algo más de dos años de conversación.
Un día también desee no haberte saludado, haber dicho mi nombre o haber preguntado por el tuyo, probablemente seguiría siendo la misma persona tímida y amargada de siempre, pero ahora, cargo un gran peso sobre mí una historia que no puedo borrar y recuerdos que me hieren. No estaría escribiendo esto ahora mismo