Capítulo Piloto | El Diablo del Engaño | Chainsaw Man | Lector x CSM

Summary

Tn es enviado a una misión de asesinato, donde debe cazar a un demonio que logra acabar con Devil Hunters que va a su búsqueda, esté encuentra escondido en la parte más oscura de la ciudad de Seúl. Sin ninguna clase de datos, y sabiendo únicamente el nombre del objetivo, Tn va en su busca, ¿qué sucederá cuando lo encuentre?

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Capítulo piloto: Una caza en el distrito rojo.

El fuerte olor a impureza impregnaba las estrechas calles del barrio rojo de Seúl. La gente a mi alrededor miraba con atención los largos y transparentes escaparates, que tenían en plena exhibición a distintas clases de mujeres asiáticas; algunas eran gordas, otras delgadas, también altas y algunas bajas, pero todas tenían algo en común; usaban lencería que las personas normales catalogarían como “sexys”.

Las mujeres fingían sorprenderse cada vez que alguien mantenía su mirada en ellas por más de unos segundos y luego cambiaban el acto a uno más “provocativo”, guiñando un ojo o incluso lanzaban besos. Todo era un triste teatro para exponer una pequeña muestra del “producto” que podían alquilar, era desagradable.

Pasé a las mujerzuelas pasé por alto y seguí mi camino, después de todo, las ordenes que me dieron habían sido claras: “Busca a tu objetivo y asesínalo. ¡No te distraigas!“. Lo único que vino a mi mente en ese momento fue: Pff, distraerme, cómo sí eso fuera posible, que ridículos, ¿quién creen que soy?

Finalmente, llegué al burdel correcto. Gruesas cortinas tapaban el escaparate en el que alguna vez hubo una prostituta desesperada por atraer clientes. La luz roja sobresaliendo a los pies de la tela, era una señal para todos aquellos fuera del lugar, significaba algo así como: “Lo siento, ahora mismo me encuentro muy “ocupada”, posiblemente atragantándome con el micropene de un hombre casado, no molesten”.

*mi atención se aferró al escaparate en el que alguna vez hubo una prostituta intentando atraer clientes, estaba cubierto por una gruesa cortina, donde lo único que se distinguía, era la luz a los pies de la misma, eso era una clara señal que significaba: Lo siento, ahora mismo me encuentro muy “ocupada” con un micropene en la garganta, no molesten.

*Mi atención se aferró en las gruesas cortinas tapando el escaparate en el que alguna vez hubo una prostituta intentando atraer clientes, lo único que se distinguía, era la luz roja sobresaliendo a los pies de las cortinas, la cual era una señal para todos aquellos fuera del lugar: “Lo siento, ahora mismo me encuentro muy “ocupada” con un micropene en la garganta, no molesten.

Exhalé aire, para mi disgusto sabía lo que vendría. Ignoré la advertencia y antes de poder entrar una voz me recibió “muy bien” desde las sombras al costado del establecimiento.

¿No entiendes la indirecta o es que eres ciego? —me preguntó en un tono autoritario, pero titubeante un hombre vestido de negocios, probablemente se trataba ni más ni menos que del “gerente” del prostíbulo. La cantidad de gotas de sudor bajándole por la sien eran exageradas, parecía demasiado nervioso y asustado; como si ser proxeneta fuera su primer trabajo, o peor aún, como si hubiera visto a la muerte con sus propios ojos. De inmediato comprendí que se trataba de la segunda opción, pese a su actitud agresiva, más que una amenaza me estaba advirtiendo que no entrara ahí por nada en el mundo.

» ¡¿Qué no oíste lo que dije?! —exclamó temblando y enseguida buscó en el interior de la gabardina.

Antes de que hiciera alguna clase de estupidez, llevé el dedo índice frente a mis labios.

—Shh. —siseé sacando la placa de los Devils Hunters de mi pantalón.

Los ojos del hombre se abrieron como dos luceros, y con un leve asentimiento se alejó de la puerta para volver a las sombras.

Moví la perilla con suavidad y me adentré en el pasillo angosto sin hacer ninguna clase de sonido.

Gemidos forzados dignos de una actriz porno atravesaron las finas y blancas paredes del lugar. Con sigilo llegué hasta el vestíbulo donde estaba la entrada a la habitación sin ninguna puerta, pero cubierta por una ligera y translucida cortina fina, se podían distinguir dos siluetas humanas detrás; una estaba al nivel del piso y la otra muy posiblemente sentada sobre la cama.

Me importaba muy poco la reacción que tendrían, por lo que entré a la habitación sin avisar.

Un grito de sorpresa salió del gordo enano sobre la cama, se trataba ni más ni menos que de un famoso político mediocre doble moralista que decía estar en contra de la prostitución.

Puto hipócrita.

Su rostro de sorpresa cambió al analizarme, sus finas y feas cejas se fruncieron, sus labios partidos se afinaron y las aletas de su nariz se hincharon.

—¡¿Quién mierda eres?! —preguntó impaciente.

Ignoré su presencia y la de la prostituta que para ese momento había dejado de hacer su “trabajo” y se cubrió el cuerpo desnudo con los brazos, tratando de ocultar todo lo que podía.

—Demonio —pronuncie suavemente.

—¡¿Qué?! —respondió el gordito confundido.

—Demonio —repetí, esta vez mirándolo a los ojos.

—¿Estas enfermo de la cabeza o algo así? ¡¿Qué no ves que estaba ocupado a punto de cogerme a esta perra?! —exclamó tirando del cabello de la mujer. —Y a ti, ¿cuándo te dije que podías parar de mamarla?, para algo te pago ¿no? —dijo empujándole la cabeza hacia su micromiembro—. Sí... —pronunció exaltado—. Las putitas como tú, solo sirven para complacer hombres. —opinó para mi desagrado antes de mirarme—. ¿Y tú que mierda estas buscando? Consíguete a tu propia puta. —dijo con enfado, pero no le tomé importancia y seguí en busca del demonio sin escuchar lo que el mediocre me decía—. A menos... que tengas algún fetiche, en ese caso, puedes masturbarte mientras nos ves, eso me excitaría. —Una carcajada resonó en la habitación—. No, de hecho, ¿sabes qué?, si te arrodillas ahora mismo y actúas de esposo cornudo, te pagaré diez millones de Won, y si luego te tragas todo lo que salga del condón te lo aumentare a quince mill--

Con rapidez, interrumpí su monologo.

—Un demonio —señalé la cama—, justo debajo de ti.

—¿Q-Qué? —tartamudeó incrédulo.

Como si mis palabras fueran una especie de apagador, el cuerpo de la prostituta se desplomó, cayendo de la cama como una muñeca de trapo. El político se quedó congelado. Cuando se recompuso fue demasiado tarde, seis largas y puntiagudas patas de araña partieron la cama a la mitad desde abajo y arremetieron contra mí, estirándose como si fueran de goma. Logré evitar el ataque sin mucho esfuerzo brincando a un lado de la habitación.

Las peludas y desagradables patas se retrajeron, a pesar de que salieron a matarme tuvieron demasiado cuidado de no lastimar al imbécil que quedó sobre uno de los dos pedazos de la cama destruida.

Justo debajo de donde antes se encontraba la cama, había un gran agujero que desprendía el fétido olor a demonio. Tomé la espada envainada de mi espalda y me preparé para lo que sea que saliera de ahí.

En un momento, a la misma velocidad en la que se enciende y se apaga la luz, el demonio se paró en frente de mí. Era una especie de araña humanoide mutante llena de verrugas, sus seis u ocho ojos, uno más grande que el otro, me miraron fijamente, los largos colmillos de su boca dejaron caer un líquido verdoso, que oscureció la madera del suelo con solo tocarse.

Iba a vomitar, si hay algo que odio más en esta vida que los demonios, son los insectos, y sobre todos... las arañas.

Un sonido sordo carcomió la habitación cuando el político cayó de la cama, un enorme y molesto grito escapó de su garganta, y siguió chillando hasta que el demonio cubrió su boca y su cuerpo con telaraña salida de su... culo de araña, eso creo...

—Vaya, vaya, pero, miren que atrapó la araña. —se burló el demonio con su voz desafinada de anciana—. Si no es más que un simple y adorable Devil Hunter.

—Supongo que tú debes ser el demonio del papiloma humano. —dije con desinterés.

—Así es cariño, ¿no te gustaría pasar un buen rato conmigo? —compartió en un “tono sensual”.

Un escalofrió me recorrió la espalda.

—No, pero gracias por la oferta —respondí con indiferencia.

—Vamos~ no hay nada más placentero que saborear la dulce carnalidad entre el contacto íntimo antes de sentir como poco a poco tu cuerpo comienza a infectarse con bultos que deterioran la piel para luego explotar dejando un hermoso rastro carmesí en el cuerpo del amante. —Se vanaglorio de su propia enfermedad.

Imaginarme eso fue demasiado desagradable, definitivamente, ya no tenía nada que hablar con el demonio.

—Acabemos con esto. —dije desenvainando la jingum en mis manos.

El demonio me dio una mirada de desaprobación.

—No, no, no, no tan rápido, mariposa. —se burló—. Sí das un paso más, él muere. —dijo señalando con una pata al idiota entre los brazos de la antigua prostituta, la cual tenía los ojos muertos y unos hilos colgados en las extremidades. Era una simple marioneta para atraer hombres de los cuales alimentarse.

Miserables lágrimas caían como torrente de los ojos del miserable hombre, pidiendo ayuda a los gritos. El demonio sonrió y moviendo otra de las patas, la putimuñeca liberó la boca del ineficiente político mientras lo posicionaba delante del demonio.

—¡Por favor! —suplicó el triste hombre—, sálvame y te daré lo que quieras, dinero, mujeres, te lo daré todo, solo sálvame, te lo suplicó, tengo una esposa esperándome en casa! —lloriqueó.

El demonio se río en mis narices.

—Ohjojo~ Devil Hunter, ¿qué sucede con esa cara? —preguntó el insecto—. Pareces inseguro —dijo acercando una pata a la garganta del hipócrita.

Sostuve el mango de la espada con rabia, frustrado por la impotencia.

—¡No lo lastimes! —grité desesperado—. ¡Nadie merece morir y mucho menos un político corrupto que engaña a su mujer!

El demonio chirrió de la emoción.

—Ohjojo, los humanos son tan predecibles. —sonrió—, si quieres salvarlo, entonces haz un contrato conmi-

En tan solo un segundo, recuperé el silencio que tanto anhelaba al perforar la frente del demonio y por consecuencia, el pecho del político con mi espada transformada en lanza.

Los cuerpos hicieron un sonido sordo al caer contra el suelo

—Que estúpido, bajaste la guardia —dije con la mano extendida.

Para mí mala suerte, la sangre del político muerto, recorrió el suelo hasta llegar a la boca del demonio. Solté el suspiro más agobiado que pude.

» Que fastidió.

La regeneración del demonio se manifestó y su cabeza se regeneró.

—N-ni siquiera dudaste en matarlo —dijo con dificultad sacando la lanza clavada en su frente.

—Me estorbaba. —confesé.

—P-pero se s-supone que debías salvarlo —juzgó desilusionado.

—Mi misión es asesinarte, esto solo fue un daño colateral de mi trabajo... —admiré el cadáver con desagrado—. Además, sus gritos ya estaban comenzando a molestarme. —me sinceré—, Ahora hazme un favor y déjame matarte, tengo una tarea que debo completar.

Una leve risa salió de la araña hasta convertirse en una carcajeada.

—JAJAJA. ¿Matarme?, ¿tú?, y ¿cómo piensas hacerlo?, ya no tienes arma. —dijo escupiendo su veneno derritiendo la lanza—. Aunque debo aplaudirte, no sé cómo hiciste para transformar tu espada en eso, pero fue todo un espectáculo.

Sin prestarle mucha atención a lo que decía, metí la mano en el bolsillo izquierdo del pantalón.

—De todos modos, no la necesito para matarte, guardo algo capaz de parar cualquier ataque que me lances y en mi otro bolsillo algo capaz de atravesarte. —admití sosteniendo el objeto con la mano.

Todos los ojos del demonio se abrieron hasta casi salirse de sus cuencas como platos.

—En... ¿tu bolsillo?

—Así es, te recomiendo que corras, tal vez tengas alguna oportunidad de sobrevivir de esa forma —dije con arrogancia.

La araña se quedó estática, sus ojos fijos me decían que finalmente comprendía su posición entre la espada y la pared, no tenía a donde escapar por lo que no esperó más y abrió la boca en 4, arrojándome el líquido verdoso en dirección. Reaccione rápidamente y lance mi arma secreta al aire... una moneda de 100 wons, una común y corriente que logró repeler “mágicamente” el ataque al entrar en contacto con el veneno como si fuera una ventana.

El demonio quedó en blanco al mirar el objeto.

—¿Una moneda? ¡¿UNA MONEDA?! —gritó enfurecido.

Fue imposible no reírme levemente por su reacción.

—Te lo dije. —le recordé colocando la mano en el otro bolsillo. —Supongo que recuerdas lo que tengo en este bolsillo. —sonreí amigablemente.

—No... —pronunció asustado—. ¡No te dejaré atacar! —dijo rociándome con la telaraña. La detuve con otra moneda del bolsillo izquierdo. Una sonrisa se posó en mis labios—. Sabes, creo que ni siquiera será necesario usar mi arma especial contigo. —escupí arrogante, añadiendo—; veras las monedas no solo son defensivas, también son ofensivas, no lo suficiente para matarte, pero al menos, lo suficiente para perforarte —expliqué jugando con otra moneda.

La araña no esperó a mi contrataque y embistió contra mí, sus patas afiladas buscaron mí cabeza como cuchillas. Como sí todo estuviera en cámara lenta, apunté la moneda a una de las patas y la lance con el pulgar.

Al entrar en contacto con su piel llena de verrugas, dejo escapar un grito agónico y se alejó de un salto asustado cuando la pata se desprendió de su cuerpo.

—¡CAZADOR DE MIERDA! —exclamó rabioso mientras la sangre salpicaba, ensuciando el suelo. —¿Qué mierda sucede contigo? No eres para nada parecido a los Devil Hunters que me encontré hasta ahora

Lo había olvidado.

—Es cierto —dije con sorpresa—. Si no mal recuerdo, eres culpable de haber asesinado a varios grupos de Devil Hunters —declaré suspirando—. Que decepción, si murieron en las manos de una mierda como tú, no eran más que basura. —sonreí con malicia—. Lástima por ti, tu destino se decidió en el momento en el que te cruzaste conmigo —expliqué con picardía.

Otra moneda lanzada al aire y otra pata despegada de su cuerpo. Una vez más, la sangre cubrió el suelo.

—Pensé que habías dicho que te gustaba estar cubierto de sangre. —dije regodeándome de su sufrimiento.

—H-hijo de perra —me maldijo.

De vuelta, volví a apuntarle con una nueva moneda de 100 wons.

—Esto se está tornando aburrido —compartí con desinterés—. muere. —dije inexpresivo.

Con un lanzamiento perfecto, la moneda se dirigió directamente a su cabeza, pero el miserable demonio volvió a escupir el ácido deteniendo mi ataque de una muerte segura.

La araña temblaba.

—No puedo morir, no quiero morir, me niego a morir. —repitió una y otra vez—. Voy a matarte, voy a matarte, ¡VOY A MATARTE! —gritó con desesperación.

Su cuerpo empezó a convulsionar, sus ojos cambiaron de un negro profundo a un rojo carmesí y la sangre de las heridas abiertas se detuvieron por completo. No quería darle tiempo, así que procedí a tirarle otra moneda, pero simplemente reboto en su cuerpo.

—Genial —escupí con sarcasmo.

—No puedo morir, no quiero morir. —repitió nuevamente con abundante veneno escapando de su boca. —¡Voy a matagggte! —dijo con dificultad.

De manera inesperada, el demonio levantó la cabeza y escupió el veneno al aire haciendo que cayera sobre sí mismo por culpa de la gravedad.

Cuando hizo contacto con su desagradable piel, la sustancia corrosiva de su “saliva” comenzó a desintegrar lentamente su cuerpo, quemando y desgarrando su piel e incluso derritiendo sus huesos. El demonio se fue desasiendo mientras sus gritos histéricos se ahogaban en su garganta, supuse que quería terminar con la humillación y solo había estado soltado amenazas vacías como una forma de desahogarse antes de morir.

El demonio siguió agonizando y deshaciéndose hasta que solo quedó la piel peluda en el suelo. Fue una misión decepcionante y aburrida. Al menos eso pensé antes de ver que el cadáver del insecto comenzaba a inflarse como un globo.

Tiré tres monedas al aire y me protegí del enorme estallido que quemó toda la habitación. No quedó ni rastros del político, lo cual fue un alivió, no tendría que contarles a los jefes que maté a una persona “sin querer”, por lo que pude relajarme. Misión completada, tal vez no lo asesiné yo, pero de todas formas murió. ¿no? Respuesta corta: No.

Mis sentidos se activaron, algo estaba detrás de mí, al darme vuelta fui recibido con un puñetazo que logre contener gracias a otra moneda, aun así, el impacto del golpe me mandó a volar contra la pared, impedí el choque con el pie, rompiendo parte del muro, y aterrice correctamente en el suelo.

—Tienes que estar bromeando...

El demonio había sobrevivido, y no solo eso, sino que ahora era una puta maza de verrugas y esteroides con 6 brazos, como una clase de fisicoculturista-araña con verrugas. Era.... como si Spider-Man hubiese tenido sexo estando enfermo con Arnold Schwarzenegger y no lento, fue sexo de odio, algo andaba mal en la relación y pues... esa fue la una catarsis que encontraron sin violencia.

Sabía que no sería tan fácil... Eso me emociono. Finalmente tomé las armas de mi bolsillo derecho.

—¡¿Un par de llaves allen?! ¡¿Es enserio?! ¿Qué vas a hacer?, ¿desatornillas las puertas de mi casa para que se me caiga encima? —dijo carcajeándose de la risa.

—¿Llaves?, ¿de qué hablas? Son tonfas —expliqué confiado.

El demonio dejó de reír.

—¡¿Qué?!, p-pero hace un minuto eran... —pronunció con los seis ojos bien abiertos.

Tal y como dije, las llaves se convirtieron en dos tonfas dispuesto a dejar la defensiva, iría a todo o nada por su cabeza.

—Espero que al menos me diviertas —dije con soberbia, lo que hizo enojar al demonio.

—¡Deja de menospreciarme, insecto! —gritó furioso.

En lo que lloriqueaba, me impulsé hacia delante y sin dejarlo reaccionar, le golpeé el rostro con tanta fuerza que del empujón lo hice atravesar la pared, quedando en la calle.

Sin dejarlo reincorporarse volví a golpearlo, pero esta vez lo envié hacia el aire haciendo que chocará contra un tejado.

El demonio se recompuso y saltó hacia mí. Lo esquivé y el cayó sobre el pavimento, quebrándolo.

Apenas tuve tiempo a cubrirme cuando apareció frente a mí y me empujó hacia otro prostíbulo. La gente cerca de la zona se acercó al lugar para ver que ocurría y al presenciar al demonio empezaron a correr desquiciado alertando a todos para que dejaran el distrito rojo.

Cuando salí del prostíbulo, una asquerosa bola verde de ácido buscó derretirme, pero logré reaccionar a tiempo para esquivarlo. Luego aparecieron más y más, por lo que lancé varias monedas al aire y les di con las tonfas para que rebotaran hasta receptar cada ataque disparado.

En el momento en el que el demonio volvió a mi visión, me abalancé hacia él y con un tonfazo le rompí la mandíbula y lo mandé hacia otro establecimiento ilícito.

Estaba seguro que iban a reprenderme por lo que rompí, vandalismo en su máxima expresión, pero en ese momento era lo menos que me importaba. El demonio se levantó una vez más listo para otro round. La adrenalina corría por mis venas gritando de emoción.

Pasará lo que pasará, tenía que acabar esto lo antes posible, debía tener cuidado con no comprometer más nuestro alrededor. Me limpie el sudor de la frente y me preparé para defender cualquier ataque que hiciera.

De todas formas, no existía manera alguna de que volviera a provocar un caos peleando contra un solo demonio.

¿Cierto?

. . .

—¡Gran idiota!, ¡desapareciste todo un kilómetro a la redonda! —me gritó desquiciado uno de mis superiores.

Enfrenté la mesa larga donde todos los directores estaban sentados juzgándome.

—No todo exactamente... la casa de una viejita sigue de pie, y, es más, debería darme las gracias, ya no tendrá que aguantar a más vecinos que la molesten con la música alta. —bromeé riéndome de mi propio chiste.

—¡¿Crees que esto es gracioso?! —dijo con las aletas de la nariz hinchadas.

—Para serte sincero, sí. Para mantener mi trabajo, no —exprese metiendo las manos en los bolsillos.

El más anciano de los 5, Hyun-Su, tomó la delantera para hablar.

—Es la décima vez en esta última quincena, TN... —remarcó entrelazando los dedos encima de la mesa.

—¡¿Tienes alguna idea de cuánto nos cuesta arreglar tus cagadas?! —exclamó el bigotón, Seung, golpeando la mesa.

—Vamos, solo son un par de casas, miren el lado positivo, con la excepción de Jung-Hee Lee, nadie más resultó herido —dije indudable, sin darme cuenta que había hablado de más.

—¿Jung-Hee Lee? —preguntó el anciano—. ¡¿El político en contra de la prostitución?!

—Bastante irónico encontrarlo con una prostituta ¿no? —bromeé.

—¿Qué sucedió con él? —preguntó seriamente el jefe superior que estaba sentado en el medio de todos.

—Pasó a mejor vida —Mentir no servía de nada a esas alturas.

—¡Es el colmo! —gritó Seung antes de encarar a sus compañeros—. Nada de esto hubiera pasado si me hubieran hecho caso de desplegar a los cazadores más experimentados, les dije que este niño no traía nada bueno consigo.

Esa declaración hizo que una vena palpitara.

—Si de verdad crees que un grupito de jubilados hubiese podido ganarle a ese demonio, es que eres el más estúpido de los cinco —sentencie sin pelos en la lengua.

—¡¿Cómo me llamaste, mocoso?! —exclamó resentido.

—¡Cálmense! —ordenó el jefe de voz chillona, a día de hoy nunca recuerdo su nombre.

—Como sea —dije harto—. Sé que no me llamaron para esto, ¿qué es lo que quieren? Más les vale que sea importante porque abandone una partida de mi juego favorito con tal de venir. —Quería que dejaran de darle tantas vueltas al asunto.

—Serás transferido —me informó el anciano.

—¿Transferido? ¿A dónde? —No esperé que me deportaran del país tan rápido.

—Japón —confesó el jefe superior.

—¿Por qué?

—¡Para que seas domesticado! —explicó el más estúpido de los cinco.

—¿De verdad dejaran ir a su cazador más hábil? —interrogué.

—En lo único que eres hábil es para inflar tu egocentrismo —bromeó el estúpido.

—Silencio, Seung —lo mandó a callar el de la voz rara.

—Tal vez de esta forma, aprender a comportarte —dijo el anciano decrepito.

—En Japón serás supervisado por una cazadora de Demonios de Seguridad Pública de alto rango que sabrá cómo manejarte —dijo el jefe superior tanto en rango como en altura a los demás.

—Hablas como si fuera alguna especie de animal —declaré molesto.

—No está muy lejos de la realidad. —Volvió a burlarse el idiota.

—Deja de provocarlo —le ordenó la voz rara.

Finalmente, terminé resignando y acepté la propuesta, no sin antes aclararles alto.

—Si en lo que estoy afuera aparece incluso el mismísimo demonio pistola, no gasten el tiempo en llamarme porque no vendré. —aseguré yéndome hacia la salida—. De todas maneras, no le debo nada a esta nación.

Una taza de té estalló justo a mi lado. El culpable no fue otro más que el más estúpido del grupo.

—Por esa declaración, deberíamos ejecutarte —Le di una gran sonrisa llena de soberbia.

—¡Adelante!, inténtenlo, ¡los matare a todos! —amenacé—. No olviden que la única razón que estoy de lado de la humanidad, es por mí padre, no porque ustedes o los ciudadanos me importen, escorias —les recordé.

El idiota iba a contestarme, pero el anciano lo silenció.

—Déjalo en paz ir, ella sabrá cómo usarlo —dijo complaciente.

Antes de cerrar la puerta, los miré a todos.

—El ultimo que pensó que podría utilizarme está 6 metros bajo tierra.

[…]

—Bueno, y esa es la razón por la que me encuentro en este viaje a Japón —le digo a la chica sentada junto a mí.

—Señor... solo le pregunté la hora —me responde nerviosa.

—Ah, lo siento. Yo... no tengo reloj... ¿Y tú porque vas a Japón? —preguntó alegremente.

—V-voy a visitar a mi familia —confiesa titubeando.

[…]

Cuartel General de los Cazadores de Demonios de Tokyo

El sonido de un suave golpeteo resuena en la habitación.

—Adelante —dice la melodiosa voz de una mujer.

La puerta se abre y un hombre vestido con el uniforme clásico de los Devil Hunter entra al lugar, ganándose la atención de la pelirroja.

—Señorita Makima, acaban de informar que el cazador de intercambio está llegando a Japón —le informa con mucho respeto—. ¿Quiere que vaya a buscarlo?

La hermosa mujer niega con la cabeza y mueve sus hipnóticos ojos amarillos con extraños patrones rojos hacia él.

—No, gracias, Hayakawa —dice levantándose de la silla y alcanzando su abrigo negro del perchero a un lado de la ventana—. Yo misma iré a recibirlo. —le muestra una leve sonrisa que lo hace sonrojar.

—Señorita Makima, normalmente no haría algo tan trivial como eso, ¿se debe a que ese cazador es de su interés? —pregunta extrañado.

Ella solo se limitó sonreír

—A decir verdad, estoy ansiosa por conocer...

Al famosísimo ”Loki" del que tanto escuché hablar.