❄️Capítulo Único.❄️

Taberna “Cola de gato”.
Con el sol en pleno apogeo iluminando la ciudad al noreste de Teyvat, Mondstadt, dentro de una pequeña taberna llamada “Cola de gato”, un joven muchacho disfrutaba de una bebida bien fría recién servida junto a su pequeña compañera que, a diferencia de él, se deleitaba con un simple vaso de leche de coco.
Después de saborear otro amargo trago de la bebida burbujeante, el chico dejó la jarra sobre la barra y se dirigió a su compañera con evidente curiosidad.
—¿Estás segura de lo que escuchaste, Qiqi? —le preguntó antes de volver a tomar.
Su compañera de aspecto fúnebre asintió con la cabeza.

Sí, la leche de coco... es rica, aunque no tengo idea de a qué sabe —dijo, suavemente degustando la bebida—. Supongo que sabe a... leche de coco...
Él dejó la jarra una vez más.
—No me refería a eso —aclaró. A veces era difícil que ella pudiera entender lo que decía, por lo que era normal que tuviera que repetir las preguntas, o al menos, ser más específico al hablar—. Sino de donde proviene... —dijo sin creer lo que le contó.
—Yin —ella pronunció perezosamente el nombre del chico, el cual finalmente consiguió recordar luego de tantas interacciones entre ambos—. La “Cococabra” es real —explicó, sin mostrar ningún rastro de vida en su voz.
—No dudo que pueda existir, ¿pero de verdad crees que la leche provenga de ella? —preguntó, con un ligero rubor en las mejillas que fácilmente podría confundirse con un síntoma de la bebida entre sus manos.
Qiqi se quedó pensativa unos segundos y luego respondió.
—Supongo, por algo dicen que la leche de la bestia legendaria semi iluminada es la más sabrosa... creo que era algo así, no estoy segura —dijo con su voz plana tan característica.
Yin no quedó conforme con la respuesta, pero de todos modos no tendría sentido indagar más en el asunto con ella, por lo cual simplemente dejó pasar la conversación.
Dejando a un lado el tema, él le agradeció a la pequeña cantinera detrás de la barra por haberle preparado una bebida tan deliciosa, la señorita bufó molesta, marcando levemente el ceño fruncido mientras preparaba un cóctel con ingredientes bastantes “exóticos” para otro cliente.

—¡Se supone que debías terminar odiando la bebida, no alabarla! —dijo, suspirando de cansancio porque sus planes fueron frustrados por enésima vez ese día.
—Parece que tuviste una mañana difícil, Diona —declaró, satisfecho al dar el último sorbo de alcohol.
—Cada día, mi plan para erradicar la industria vitivinícola parece más lejano... —confesó, dejando caer sus orejas felinas con tristeza.
—Ya, ya, ya —dijo Yin palmeándole la cabeza, intentando animarla—, algún día lo lograras.
—¿Lograr qué? —preguntó Qiqi desconcertada, pesé a que Diona le confesó varias veces sus intenciones.
Yin se inclinó hacia ella, susurrando.
—No importa, tú solo dale ánimos —explicó.
—Oh. Está bien —dijo volteando hacia la niña de rasgos felinos—. Tú puedes —apoyó sin ánimo.
—¡No necesito su compasión! —exclamó Diona, chillando con un puchero. Yin sonrío nervioso y alejó la mano de ella tratando de calmarla, pero rápidamente su mano fue llevada de vuelta a la cabeza por la propia Diona—. ¡Nunca dije que dejaras de acariciarme! —se quejó con el ceño fruncido.
Yin siguió mimando a Diona, aunque el rasgo Tsundere de la gata evitaba que sus facciones le mostraran lo mucho que disfrutaba que le rascara detrás de sus orejas felinas, sin embargo, su cola gatuna se movía de un lado a otro emocionada, demostrando lo complacida que estaba.
Una vez consiguió que Diona se calmara, Yin se despidió de ella, y junto a Qiqi emprendieron su viaje de vuelta a Liyue. Después de todo, ya habían conseguido todo lo de la lista que les encargó el Dr. Baizhu. Al principio, la misión era únicamente de Qiqi, pero como Yin conocía bien los momentos amnésicos de ella ofreció ayudarla para evitar que olvidara los ingredientes de la lista, o peor aún, que pudiera perderse en el camino.
La taberna de Diona no estaba muy lejos de la entrada de Mondstadt, por lo que dejar la ciudad sería relativamente rápido, sin embargo, todo el viaje hasta Liyue era bastante largo. Antes de salir, Yin se armó de provisiones para asegurar que no les faltara nada durante el camino y finalmente decidió irse de la ciudad, despidiéndose de los amigos que se encontraba mientras se dirigía a la entrada, como Mona, Noelle, Fischl e inclusive Kaeya.
Tal y como lo imaginaba, durante el viaje, varios de los senderos hacia Liyue estuvieron repletos de enemigos, aunque no fueron difíciles de vencer para ambos portadores de visiones, hicieron que la travesía se alargará obligándolos a detenerse a descansar más seguido. Por fortuna, Yin previó esa situación y cargó dos carpas las cuales llevaba sin ninguna dificultad dentro de su mochila mágica.
El primer descanso llegó después de exterminar varias olas de hilichurls hasta que la noche se asomó. Seguir el viaje en plena oscuridad era arriesgado, ya que podrían llegar a ser emboscados por lo que Yin decidió asegurar una zona limpia de enemigos y armar las carpas ahí. Encendió una fogata frente a las dos tiendas y comenzó a preparar la comida en lo que Qiqi acercaba un tronco cortado para que pudieran sentarse. Terminaron de cenar y juntos entraron a la carpa de Qiqi. Ella no tardó en acostarse encima del saco de dormir, Yin no insistió en que lo usara correctamente metiéndose dentro de la cama, después de todo conocía lo mucho que Qiqi odiaba el calor.
La pequeña niña le pidió que hiciera lo de siempre para ayudarla a dormir. Con una cálida sonrisa, él asintió con la cabeza asegurándole que lo haría. Se acomodó a un lado de la carpa, alisando el bulto deforme del suelo, y sacó un pequeño libro de la mochila.
Leerle un cuento antes de dormir se había transformado en una rutina diaria cada vez que viajaban juntos. Era una historia inocente e infantil, lo suficiente para llamar la atención de Qiqi. Pese a que no lo demostraba físicamente, a ella le encantaba escucharlo relatar, la voz de Yin era demasiado relajante y confortable. Realmente no le importaban las historias, después de todo, al día siguiente nunca las recordaba, la única razón por la que quería que le contara una historia, era porque cada vez que lo escuchaba, un recuerdo nostálgico rondaba por su cabeza, como un sueño que no podía recordar ni distinguir, pero que sabía que alguna vez existió. Qiqi cerró los ojos ante los melodiosos cánticos y logró dormirse en las primeras páginas.
Yin sonrió de ternura cuando al alzar la mirada del libro, distinguió los ojos cerrados junto a la respiración relajada de la niña, volvió a guardarlo en la mochila y salió de la tienda siendo lo más sigiloso posible para evitar despertarla, escuchando su nombre salir en forma suave de los labios de Qiqi.
Apagó la fogata para evitar cualquier clase de accidente posible, y finalmente, luego de un breve estiramiento que relajó sus músculos acalambrados por tanta acción. Entró a su propia carpa y se tiró a dormir encima del saco al igual que Qiqi, pero con la diferencia en que él lo hizo porque su calor corporal era bastante elevado por naturaleza.
Dejando la mochila a un lado, agarró y extrajo del interior un listón en forma de moño de color negro y rojo con detalles en dorado. Lo admiró unos segundos con melancolía como si se tratara de una posesión muy, pero muy preciada. Se la acercó al rostro e inhaló la dulce y familiar fragancia que aún seguía muy impregnada en la tela.
Se movió sobre la cama, buscando una posición más cómoda. El cansancio había llegado, apretó el moño contra su pecho para sentirse acompañado y cerrando los ojos, se durmió pacíficamente en unos segundos.
A la mañana siguiente, guardaron todo y siguieron con su camino. Ese día lograron recorrer mucha más distancia que el día anterior, debido a que no se encontraron con muchos enemigos en el sendero. Luego de unas horas caminando y disfrutando del bello paisaje, finalmente dejaron Mondstadt atrás y entraron en Liyue, ahora solo quedaba ir hasta el Puerto donde estaba ubicada la farmacia del Dr. Baizhu, aún les quedaba un largo camino por viajar.

Puerta de Piedra.
La segunda parada fue en la Puerta de Piedra, un área en la Llanura Bishui, era la convergencia de varios caminos hacia distintos lugares, por lo que Yin y Qiqi tomarían el camino hacia el sur que dirigía al Puerto de Liyue. Pero antes, tenían que descansar. Esta vez no fue para dormir, sino para disfrutar de una agradable merienda de una cafetería ambulante que estaba instalada ahí. Yin pidió un suave café con leche y panqueques, mientras que Qiqi lo mismo de siempre, leche de coco.
Las órdenes estuvieron listas en menos de 10 minutos, y ambos pudieron gozar de una buena merienda. Con el apetito saciado y el estomagó completamente lleno, se pusieron en marcha una vez más, aprovechando que el camino estaba iluminado para ganar tiempo, caminando de noche sin peligro alguno.
La luz de la luna aclaraba todo a su alrededor, más de una vez se quedaron embobados viendo como la gran bola blanca se reflejaba a través del mar. Yin apreciaba estos pequeños momentos en los cuales simplemente disfrutaba de la naturaleza; las estrellas, el sonido de las olas, los árboles y el aire tan puro. A veces un simple relajo de su vida caótica nunca venia mal. Yin se sentía muy agradecido con Jean por casi obligarlo a tomarse unas semanas de vacaciones, después de todo, ser el mejor herrero de Mondstand no era tarea sencilla y podía ser sumamente desgastante.

Posada Wangshu.
La tercera parada la tomaron en la Posada Wangshu, un lugar dentro del Pantano Dihua, construido sobre un enorme pilar de piedra. Era la primera vez que Yin se quedaría en este sitio. Según tenía entendido, la mayoría de los clientes del lugar eran comerciantes ambulantes, por lo que la posada les proporcionaba un área para comerciar y establecer puestos de venta. Yin uso eso a su favor para comprar todo lo necesario y de paso reabasteció los suministros. La hostelería también contaba con un restaurante propio para que los huéspedes pudieran disfrutar de una comida 5 estrellas.
Subieron las escaleras y entraron al vestíbulo, donde Yin tuvo una breve conversación amistosa con la señorita de la entrada y pagó por una habitación con dos camas. El cuarto era grande, más que cualquier posada en la que había estado, todo parecía estar recién limpio, y las camas eran extremadamente cómodas, el precio era elevado, sí, pero accesible, haciendo aún más satisfactorio el lugar por lo que quedó muy a gusto, más tarde le daría una reseña de 4tro estrellas, si el lugar quería ganarse la quinta dependía de que la comida fuera buena.
Qiqi se acostó en la cama, lo que llamó la atención de Yin, quien se preocupó por ella y le preguntó si quería comer algo antes de dormir, pero ella negó con la cabeza y contestó que no tenía hambre. Yin estuvo de acuerdo y ofreció seguir con el cuento para ayudarla a dormir, cosa que Qiqi no dudo ni un segundo en asentir.
Tras un corto relato, la pequeña zombie abrazó su almohada con los ojos cerrados, haciendo sonreír a Yin que, sin perder el tiempo, salió de la habitación para explorar el lugar. Al subir las escaleras, llegó a la cima de la posada y se encontró con un enorme mirador. La vista era asombrosa, estaba más que seguro de que si fuera de día, sería capaz de distinguir a la distancia todo el camino hasta el monte Chingtsé y el Desfiladero Juenyun.
De golpe, una brisa muy agradable acarició su rostro, haciendo que su cabello bailara a la par con el viento. No es que fuera un prisionero o algo así, pero por un momento se sintió libre como si todo a su alrededor estuviera conectado en armonía con él. Fue entonces, cuando estaba completamente perplejo en el paisaje, que escuchó una voz detrás de él.
—¿Y-Yin? —preguntó insegura una voz femenina.
Sus ojos se expandieron y no dudó ni siquiera un milisegundo en darse la vuelta para verla.
—¿Ganyu? —preguntó, quedando boquiabierto.

Por más fantásticos, únicos y pacíficos que fueran los hermosos paisajes que había visto durante el camino hacia el puerto, ninguno podía compararse ni un poco ante la vista tan fascinante frente a él.
No era ni más ni menos que una mujer, pero no cualquier mujer, sino una con unos característicos cuernos similares a los de una cabra de un tono parduzcos, que evidenciaban su naturaleza mestiza; mitad humana y mitad Adeptus. Salvo por ese pequeño detalle parecía ser una chica común y corriente, pero para Yin era especial, después de todo era la única mujer que logró flechar su corazón.
Ella le enseñó una cálida sonrisa.
—Sabía que eras tú —dijo caminando hacia él.
Yin logró perderse en esos ojos púrpura por unos segundos, pero rápidamente recobró la compostura.
—¿En serio?, parecías estar en duda hace unos momentos —bromeó con una sonrisa tonta.
—Tu cabello me hizo dudar —admitió, acariciándole el pelo.
—Oh, es cierto, la última vez que nos vimos lo tenía más corto —dijo con torpeza, un poco nervioso por la cercanía entre ambos.
Ambos se acercaron al barandal de seguridad del mirador.
—¿Qué haces aquí? —preguntó Ganyu, inclinándose hacia adelante para apoyar los codos en la madera.
—Digamos que estoy en una misión durante mis vacaciones —explicó Yin.
Ganyu exageró en su sorpresa.
—¿Vacaciones?, ¿tú? —Rápidamente frunció el ceño y lo miró amenazante— ¿Quién eres tú y qué hiciste con Yin? —preguntó, antes de dejar y comenzar a reír.
—Vamos, tampoco es como si fuera un esclavo que se la pasa trabajando las 24 horas —dijo riendo con ella.
Ella le dio una mirada de sabelotodo.
—¿Es necesario que te recuerde el día que estuviste 4 días sin dormir forjando una espada para Aether? —preguntó sonriendo.
Yin colocó los ojos en blanco.
—Solo fue una vez —admitió—. Y, además, fueron 3 días y medio —corrigió.
—Sí lo que digas, solo sé que cuando te vi parecías más un zombi que una persona —dijo, chocando hombros—. Deberías tomarte vacaciones más seguido. No me sorprendería que te estés tomado un descanso únicamente porque te obligaron. —Yin desvió despacio la mirada de ella, revelando la verdad—. Espera, ¿es enserio? —preguntó con sorpresa.
—Digamos que algo así —bufó avergonzado—. De todas formas, no eres la indicada para hablar sobre darse un descanso. De hecho, ahora que lo pienso, es un milagro que estés en este sitio y no trabajando —dijo intrigado.
—Bueno... tal vez no eres el único al que obligaron a tener vacaciones —admitió con un leve rubor en las mejillas.
—Guau, eso es... inesperado.
—De igual forma, solo me quedan un par de días antes de volver —le informó acercándose disimuladamente a él.
—¡¿Te tomaste vacaciones y no pensaste en visitarme?! —exclamó fingiendo ofenderse—. Que mala eres, Ganyu. —dijo codeándole el brazo.
El rubor de Ganyu se intensificó un poco.
—A-a decir verdad, estaba de camino a verte —confesó girando la cabeza hacia el lado contrario de él para evitar que pudiera verla sonrojada.
La ternura de Ganyu lo puso nervioso.
—¿A-Ah sí? —preguntó Yin, tímidamente.
—S-sí —afirmó tartamudeando mientras se acomodaba un mechón de pelo celeste detrás de la oreja.
El comenzó a jugar nerviosamente con sus dedos.
—Bueno, puede que yo también aprovechará una misión para ir a verte —Ella parpadeó incrédula en lo que él tomaba valor—. Aprovechando que estamos de vacaciones y que debajo de nosotros hay un restaurante... ¿Quisieras tener una cita nocturna conmigo?
Las mejillas de Ganyu volvieron a tomar color.
—Yin... —pronunció llamándole la atención. Cuando se fijó en ella, vio que tenía una sonrisa afectuosa en los labios—. Me encantaría. —confesó tomándolo de la mano.
Yin se tapó parte de su rostro, intentando ocultar lo feliz que estaba, y siendo acompañado por Ganyu, bajó las escaleras para dirigirse al restaurante, él se esforzó en relajarse mentalmente para tratar que su mano no sudara, al menos no demasiado. Lo que él no tenía en cuenta, es que Ganyu estaba en la misma situación que él, salvo que ella se sentía muy aliviada porque estaba usando sus guantes.
Una vez llegaron, vieron a varias personas disfrutando de la comida sobre las mesas, Yin y Ganyu eligieron un lugar apartado del resto y tomaron asiento. En lo que esperaban a la mesera, ambos se pusieron al día con sus vidas, charlaron, bromearon e incluso discutieron, pero lo importante fue, que la pasaron bien, ambos adoraban la presencia del otro, a decir verdad, compartir esta clase de momentos juntos era algo que extrañaban mucho.

Luego de un rato, una mesera se acercó a ellos para tomar su orden, y Yin le pidió a Ganyu que escogiera la comida para ambos, tenía muchas ganas de probar algún manjar de Liyue, así que esperaba que pudiera sorprenderlo con un platillo característico de la región, ella estuvo de acuerdo e hizo el pedido.
Las comidas junto a las bebidas llegaron tras 20 minutos de espera. Yin se sorprendió por el aspecto tan apetitoso que tenía enfrente, según Ganyu, se trataba de un platillo clásico de la Posada Wangshu, llamado “Abulón vegetariano”, mientras que a ella le sirvieron un plato con un nombre muy peculiar, el cual se llamaba “Paz universal”, también de un aspecto bastante delicioso.
Pasaron una velada encantadora, como un respiro de aire fresco que ambos necesitaban, disfrutaron de la cena quedando muy satisfechos. Después terminar de comer el postre, Yin llamó a la mesera dispuesto a pagar por todo, pero Ganyu se negó rotundamente, aclarando que ella pagaría, él no estuvo de acuerdo con eso, después de todo, fue él quien la invitó a una cita, por lo que debido al desacuerdo se creó una disputa entre ambos para ver quién pagaría la cuenta.
Tras una larga discusión económica, acordaron pagar la mitad cada uno. Una vez la deuda estuvo saldada, Ganyu le ofreció la mano para que la acompañara a bajar la comida dando una vuelta por las diferentes tiendas de los comerciantes ambulantes, que seguían abiertas a pesar de la hora nocturna.
Visitaron distintas tiendas, Yin quedó impresionado por todos los materiales exclusivos que había de las distintas regiones, en su cabeza ya se había imaginado mil maneras de usarlos para forjar una gran cantidad de armas, pero rápidamente Ganyu lo devolvió a sus vacaciones al exponer en voz alta lo que Yin pensaba en su mente, ella lo conocía muy bien. Él se disculpó y se dejó llevar por Ganyu quien investigaba un tipo de tienda distinta.
Ropa, amuletos, jarrones, comida, joyas y hasta accesorio, había mucho para entretenerse, contemplar y probar, aunque para distraerse de todo lo demás, a Yin solo le bastaba seguir viendo la sonrisa alegre de Ganyu mientras observaba emocionada unos brazaletes coloridos de una tienda.
Sin importar cuánto tiempo la mirara, nunca lograba cansarse o aburrirse de ella. Todo en Ganyu era tan extraordinario y único como el primer día que la conoció. Mientras él estaba recordando el pasado, Ganyu agarró el brazalete de la mesa y se lo probó, colocándolo en el brazo por encima de la manga blanca con detalles azules.
—¿Qué tal me queda? —preguntó, exhibiéndose frente a él.
—Te queda bien. —opinó con simpleza, ganándose un puchero por parte de Ganyu.
—¿Solo bien? —dijo cruzada de brazos, inquisitiva.
Yin dejó escapar una leve risa.
—Puede que tal vez te quedé hermoso, pero no te lo diré —jugueteó con un choque de hombro—. No voy a ser él que te infle el ego, querida —bromeó.
—A veces eres imposible —dijo, agarrándose la frente, acompañando el humor.
—Sí, pero, aún así, siempre caes ante mi encanto natural. —Se regodeó haciendo una pose de modelo.
—Deberías estar agradecido, que caiga tan fácil hace que no seas en único tonto aquí presente. —cachondeó—, sino te sentirías muy solo siendo el único incrédulo de este sitió.
—Ja, ja, muy graciosa —dijo, golpeándola con la cadera.
Una vez complacidos de rondar en las particulares tiendas, decidieron volver hacia el mirador en la cima del hotel. Cuando estaban por llegar, Yin le dijo que se adelantará, debía usar el baño, más tarde la alcanzaría, ella no tuvo ninguna queja y declaró que lo estaría esperando. Yin vio de primera mano como ella se alejaba subiendo las escaleras, e inconscientemente sus ojos se fijaron en la parte baja de su cuerpo, contemplando entre los huecos de su vestido su trasero tan bien ejercitado; la forma en que Ganyu movía las caderas con delicadeza y elegancia, parecía hecho apropósito para llamarle la atención, Yin incluso podía jurar que estaba buscando provocarlo, pero lo dejó pasar con una sonrisa y se dirigió al sanitario de su cuarto compartido.
Tras terminar con sus necesidades básicas y verificar que Qiqi seguía muerta sobre la cama, fue en busca de aquella mujer que rondaba en sus más profundos deseos. Al llegar a la terraza, se quedó pasmado; Ganyu se encontraba en el centro del mirador disfrutando del viento, su cabello ondeaba libremente y su cola de caballo flotaba en el aire con sutileza, podía distinguir con claridad cómo su pelo color celeste se oscurecía en las puntas. La línea de su espalda desnuda, y la forma en que los omoplatos se marcaban sensualmente, lo hacían tener pensamientos impuros ante esa vista tan familiar.
Todo lo que vino después de apreciarla, lo hizo sin pensar. De un momento a otro, se encontró rodeándola con los brazos por detrás mientras apoyaba el mentón sobre su hombro. Al principio Ganyu se tensó por la sorpresa, pero se relajó de inmediato al identificar el calor de sus brazos. Yin cerró los ojos y respiró el dulce y suave aroma del perfume frutal impregnado en su pálida piel.
—Te extrañé... mucho —confesó finalmente, y unió los labios en su hombro ruborizado.
—Yo también te extrañé —reveló, sintiendo un ligero ardor en las mejillas.
Él levantó la cabeza.
—Lo siento por no poder visitarte últimamente, estuve realmente ocupado aprendiendo nuevas técnicas para mejorar mi forma de forjar herramientas —dijo apretando el abrazo.
—También deberías disculparme por lo mismo —respondió un tanto apenada por no saber darse un descanso.
—No hace falta que te disculpes, tu trabajo es muy importante comparado al mío, fui yo quien tenía que dejar un rato de trabajar y venir a verte —expresó, disconforme con él mismo.
Ganyu apoyó las manos sobre las de él.
—¿Cuándo fue la última vez que nos vimos? —preguntó, acariciándole el dorso de las manos y sintiendo la calidez que transmitían.
—No estoy seguro, creo que un mes, casi dos —informó inseguro.
Ella reclinó la cabeza hacia la de él.
—Se siente como si hubiese sido mucho más —expuso, con una sonrisa llena de melancolía.
—Sí, sí que se sintió así —admitió, mirando el paisaje nocturno.
—Deberíamos volver... se está haciendo bastante tarde y por lo que tengo entendido mañana tienes que salir temprano hacia el puerto.
—Sí... debería —dijo separándose de ella con amargura—. ¿te acompaño hasta tu habitación?
—Seguro —dijo con una sonrisa alegre mientras lo tomaba de la mano para guiarlo al cuarto.
…
Yin no estaba seguro de cómo ocurrió, se suponía que, al llegar hasta la puerta, se despedirían con un beso y al de cerrar la puerta, cada uno se iría por su lado. Sin embargo, tras dejar oscura la habitación, él aún seguía ahí. Un fuerte golpe resonó en el pasillo vacío cuando la espalda de Ganyu chocó violentamente contra la puerta de madera, mientras sus labios se entrelazaban apasionadamente con los de él.

Se besaron con tanta necesidad y deseo como si estuvieran sedientos y el otro fuera la única botella de agua en medio de un desierto. Sus labios se movían en sincronía como si estuvieran tocando una orquesta llena de pasión. Pronto el beso escaló de nivel y se intensificó, las lenguas se asomaron para reencontrarse en un festival de amorío.

Ganyu no estaba segura de cómo inició esto exactamente, quizás fue ella la que dio el primer paso, o tal vez fue él el que dejó de contenerse, fuera cual fuera la respuesta, no tenía importancia, Ganyu apenas era capaz de pensar, el toque de sus labios sobre los de ella ocupó gran parte de su mente, y Yin, impulsado por el deseo, la sostuvo de las caderas y la fue guiando hacia la cama.
En el trayecto, se quitaron los zapatos apresuradamente, demasiado ocupados en el momento como para molestarse siquiera en dejarlos ordenados, por lo que cada par terminó separado al otro lado de la habitación.
Al tocar la madera de la cama, Ganyu empujó a Yin y lo sentó sobre el colchón, se arrodilló frente a él y comenzó a desabrocharle el cinto. Él podía escuchar su corazón palpitar ansioso, los dedos de los pies se curvaron desesperados, anticipando lo que estaba por venir. Una vez desabrochado, la Chilin le bajó un poco el pantalón y dejó que la gravedad hiciera el resto. El calor de la habitación los sofocaba, pero la sesión no mostró signos de detenerse o incluso perder su vigor.
Con el bulto oculto debajo de la tela, la ropa interior era lo único que le impedía apreciarlo por completo, por lo que Ganyu se deshizo de eso con rapidez exponiendo su miembro que saltó felizmente de la prisión textil muy contento de verla.
La mestiza no perdió el tiempo y sintiendo que se le hacía la boca agua, tragó saliva y entrelazó los dedos alrededor del falo recién despierto, solo hicieron falta un par de caricias para que la erección cobrara vida frente a ella. Los ojos de Ganyu se pusieron bizcos con un claro anhelo mientras crecía. Se relamió los labios, antojada por la vista frente a ella, y una sonrisa de ensueño se plasmó en su rostro mientras se inclinaba hacia delante.
—Tu pene... —murmuró, olisqueando el aire—. Tiene un fuerte aroma que me gusta —comentó antes de darle una lamida de la base hasta la punta.
Yin se estremeció al sentir un ligero toque de electricidad recorrer su espalda en respuesta a los movimientos de ella.
—Ganyu —pronunció con un suave suspiro de alivio.
Al darle algunos lentos empujones más, sintió que tenía más confianza de manejarlo al escuchar los gemidos ahogados de Yin a lo largo del camino.
—Sé que estamos de vacaciones, pero se suponía que no eran este tipo de vacaciones —bromeó, y degustó una vez más su sabor—. Fufu, que sea solo esta vez —dijo, dándole un beso en el glande, antes de comenzar a chupar tentativamente la cabeza de su pene, introduciendo lentamente más de su sabor en la boca.
Cerrando los labios justo alrededor de la punta, profundizó la felación hasta bajar a la mitad de la base, donde se encargó de lubricar con la lengua al mismo tiempo que succionaba con fervor, mucho fervor. En un intento desesperado por seguir escuchando los gruñidos de placer que escapaban su garganta, se encargó de acariciar el resto de su pene que estaba fuera de su boca.
—Sabes que eso es imposible —respondió él, ante la declaración de que solo sería una vez.
Las manos de Yin se aferraron a las sábanas, abrumado por encontrar cualquier tipo de apoyo mientras Ganyu se quedaba poco a poco sin margen de caricias. Él estaba experimentando un placer caliente y depravado. Ella sabía lo que hacía, después de tantas sesiones sexuales juntos, Ganyu lo dominaba muy bien, cada beso, cada movimiento y cada frotamiento, estaba finamente calculado para llevarlo al cielo y mantenerlo ahí todo lo que quisiera.
Él pensó que lo tendría todo controlado, pero nunca la había visto de esa forma tan depravada, tan corrompida, como si estuviera dejando salir un profundo deseo que se mantenía clavado en su necesidad, como una espina de la que no podía deshacerse hasta que sus cuerpos se encontraron de nuevo.
La forma en la que sus suaves labios succionaron, la forma en la que su cálida y húmeda lengua recorría cada parte de su miembro, todo en ella daba la sensación de que anhelaba esto desde hace mucho, y ese sentimiento solo empeoraba cuando sus miradas se reencontraban y sus ojos púrpuras suplicaban por más mientras Yin solo podía pensar:
«El rostro de Ganyu se ve tan sucio cuando me la chupa... Ah~ diablos.» se dijo así mismo perdido en el placer depravado.
Ganyu siguió hundiéndose en su regazo adentrándose en terrenos que ella nunca se había animado a entrar, pero que por el calor del momento estaba dispuesta a intentarlo. Tomó las manos de Yin y sin avergonzarse, las posó encima de sus cuernos con grabados rojos. Él necesitó unos momentos para comprender lo que le sugería, y cuando al fin lo entendió le dieron ganas de preguntar si de verdad estaba de acuerdo con eso, después de todo, sabia lo sensible que eran, pero no quería arruinar el momento por lo que se abstuvo de hablar, y simplemente siguió la corriente y rodeó los duros cuernos con las manos.
Ella bajó más la cabeza y pronto sintió la polla introducirse hasta su garganta, los reflejos nauseabundos aparecieron, pero los superó rápidamente para sorpresa de Yin, quien involuntariamente palpitó dentro de su boca. La sensación fue una locura para él, su pene estaba envuelto entre suaves paredes húmedas, calientes y muy pero muy apretadas que masajeaban sin cesar cada parte de su eje mientras palpitaba incesante, avisando lo aproximadamente cerca que estaba del éxtasis.
—Glurk~, Glurk~. —Ganyu solo podía dejar escapar la voz en forma de gorgoteos demasiados depravados mientras se movía lentamente.
La falta de fricción lo estaba volviendo loco, necesitaba de una estimulación continúa y rápida para alcanzar el clímax. Un suave empujón provocó un sorbo descuidado por parte de Ganyu, su lengua lo azotó con atención y él agarró los cuernos con firmeza, y antes de comenzar a marcar el ritmo, se preocupó por la seguridad de la Adeptus.
—Cualquier cosa, ya sea si te duele o te ahogas, golpéame los muslos como señal y me detendré —Con un claro brillo en los ojos y un fuerte sonrojo en las mejillas, Ganyu levantó el pulgar.
Con todo arreglado, Yin se preparó para convertir a Ganyu en una mamadora profesional. Manteniendo su cabeza firme, la levantó un poco, sólo para empujarla hacia abajo adentrándose en su garganta como si la estuviera cogiendo. Inmediatamente, las lágrimas brotaron de los ojos de Ganyu, y un gruñido contenido llenó el aire junto a una arcada ahogada. Luego de unas pocas embestidas, le dio un golpe en la parte posterior de la garganta. Allí la mantuvo quieta, con la nariz enterrada contra su pelvis, la sintió respirar lenta y profundamente.
Aliviado de que ella pudiera soportarlo, comenzó a ponerse serio. Empujó sin pausa, escuchando el ruido de la mordaza mientras sus pelotas golpeaban su barbilla a un ritmo brutal. Una y otra vez, le folló la garganta como si fuera una vagina mientras Ganyu babeaba sobre su pene.
Las arcadas de la mestiza no cesaban, masajeando continuamente su pene invasor cada vez que la llenaba. Los segundos pasaban en un abrir y cerrar de ojos mientras se concentraban en el placer. Uno que pronto se desbordó.
El sudor goteaba de ambos. Yin estaba llegando a su punto máximo a medida que su resistencia se agotaba. Pero para él, Ganyu se sentía como el paraíso. Su garganta era cálida y flexible, y lo apretaba constantemente casi ordeñándolo.
Él no lo sabía, pero ella realmente estaba disfrutándolo también, no había nada que la hiciera más feliz que ver que era capaz de complacerlo mientras ella también se divertía. El guiar la cabeza de Ganyu a lo largo de su polla, permitió que ella usara las manos para satisfacerse. La mestiza comenzó a tocarse un seno mientras la otra mano se deslizaba por debajo de su traje negro hacia su flor.
Era una visión tan lasciva: Ganyu estaba de rodillas con la polla en la garganta mientras se tocaba, sus ojos púrpuras y su cabello brillaban ante la luz de la luna que atravesaba la habitación mientras gemía alrededor de su pene de una manera que simplemente lo hacía mucho más caliente.
—Maldición~ —gimió mientras seguía empujando mientras sentía que llegaba al límite—. Ganyu, voy a eyacular, ¡por favor tómatelo todo! —suplicó comenzando a temblar.
Ella alejó la mano de su entrepierna, y sacándose los guantes ahuecó las bolas de Yin, sintiendo el calor de ellas en contraste con sus manos frías. Con gemidos cada vez más fuertes, los empujes disminuyeron y se volvieron descuidados, ella seguía chupando, atragantándose mientras lo hacía. Yin la cogió hasta el orgasmo, enterrando su pene en lo más profundo de la garganta magullada de Ganyu, en forma de estocadas pequeñas e intensas mientras ella lo miraba de manera muy erótica.
Chorros gruesos de semen tibio y salado cubrieron la lengua y llenaron la boca de Ganyu hasta el paladar, mientras Yin soplaba su carga. Ella siguió succionando directamente desde la punta hasta que él comenzó a caer flácido dentro de su boca. Finalmente, salió de sus labios y le dio un descanso a la garganta de Ganyu mientras un hilo de semen y saliva conectaba su polla con sus labios.
Esto dejó a Ganyu mirándolo con las mejillas sonrojadas por lo que acababa de ocurrir. Como último gesto degenerado y fuera de sí, abrió la boca y sacó la lengua mostrándole toda la carga que había lanzado, para luego dejarla caer por su garganta.
—¡Cielos... mira esa cantidad~! —dijo con picardía, plantando un dulce beso en su miembro caído—. Estoy segura de que, si se lo haces a otra persona que no sea yo, esa persona te va a odiar —bromeó.
…
En un instante, la ropa cayó al suelo, amontonada y desechada. Ganyu yacía en la cama, su pequeño cuerpo presionado contra el colchón por el torso trabajado de Yin. Sus manos apretaron las sábanas mientras él golpeaba su apretada feminidad. Sus labios se estiraron más allá de los límites para acomodar toda la longitud. Tal vez era grande, pero a su cuerpo no le importaba. Se aflojaba y se ajustaba dándole la bienvenida más profundamente con cada embestida hasta que su pene comenzó a follar su cuello uterino.
Con cada golpe sonaba un ruido sucio y húmedo. Ella estaba más que mojada y el colchón se empapaba cada vez más con su excitación. Su cuerpo reconoció a Yin como su amante, por lo que se lubricaba lo necesario para su placer sexual. Los instintos primarios que la poseían sabían que tenía que ganarse la carga, por eso se esforzaba tanto.
Apretando y pulsando, succionando más profundamente y ordeñando su miembro erecto. Ella lo quería, lo necesitaba. Ganyu gemía, lloraba y hasta chillaba ante la cogida despiadada a la que era sometida, ebria del intenso almizcle, el olor a polla y sexo duro que flotaba dentro de la habitación.
Lo que anhelaba, lo que tanto soñó, por primera vez no era “hacer el amor”, no. Luego de pasar tantas noches solitarias, Yin le dio justo lo que tanto deseaba: una cogida cruda, animal, sucia y absolutamente encantadora.
Ella se apretó fuerte y se corrió por primera vez. salpicando las sabanas con sus fluidos. Cuando terminó, su cuerpo se relajó al igual que el agarre. Yin redujo la velocidad, y la inocente Ganyu pensó que todo se había acabado. Pero se llevó una sorpresa cuando la puso en posición como perrito y reanudo las embestidas, acariciando con maestría sus cuernos sensibles. Su mente estaba absolutamente destrozada por la sobreestimulación. Los únicos sonidos que hacía eran bocanadas de aire que salían de sus pulmones. Su lengua colgó y la baba le cayó por el mentón mientras sus ojos se ponían en blanco.
Ella quería seguir así, teniendo sexo duro y siendo llenada una y otra vez hasta que su pequeño útero estallara, tal vez sonaba algo demasiado fuerte, pero en ese momento apenas podía formular palabras y mucho menos pensar coherentemente.
Ganyu no se dio cuenta de lo rápido que pasó el tiempo. No recordaba cuantas veces la hizo cabalgar esa noche, ni cuantas veces la embistió una y otra vez. Solo podía recordar el calor y la visión del semen pegajoso y delicioso, goteando de su desesperado e hinchado coño. Ambos estaban contentos, pero no satisfechos por lo que siguieron. No recordaba cuantas veces Yin usó el semen como lubricante para otra ronda, y luego otra, y otra, y luego una más... hasta que Ganyu se olvidó de cómo se llamaba. Lo que ella sí recordaba con claridad era el nombre de su amante; ella dijo, gritó y gimió cada vocal una y otra vez en felicidad absoluta.
Todo lo que tenia que ver con su trabajo y sus deberes como secretaria se borró por completo de su cabeza. A Ganyu no le importaba lo sucio y travieso que fuera esto. Lo único que le importaba era seguir a su lado todo el tiempo que pudiera.
Una vez terminaron agotados y cubiertos de sudor sobre las sábanas, Yin movió su cuerpo adolorido por todas las muestras de amor marcadas en su piel, y se sentó sobre el borde de la cama.
—Creo que exageramos un poco... —opinó riéndose incómodo, avergonzado, pero a la vez aliviado de haber dejado que todo su estrés desapareciera.
Tumbada boca abajo, Ganyu giró la cabeza hacia él con un puchero.
—¿Solo un poco? —preguntó con el ceño fruncido, pero sin ninguna pizca de verdadero enojo—. Para serte sincera, apenas siento las piernas —confesó completamente agotada.
inclinándose hacia ella, Yin le dio un beso amoroso en la mejilla.
—Lo siento por eso, no pude controlarme. Te veías realmente hermosa —declaró mirándola a los ojos con una cálida sonrisa.
—¿Veías? —dijo sorprendida—. ¿Ahora me veo mal? —preguntó riendo.
Las cejas de Yin se arquearon hacia arriba.
—Sabes que no quise decir eso —Volvió a plantar un beso en su rostro.
—Sí, lo sé —admitió sonrojada, antes de darle un par de palmadas a la cama—. ¿Por qué no te acuestas a mi lado? —preguntó con la voz cansada—. La cama se siente muy vacía sin ti. —El agotamiento poco a poco la estaba alcanzando, un simple cierre de ojos y Ganyu sería capaz de dormirse, pero quería que sucediera mientras sentía el calor de él una vez más.
—Sabes lo mucho que me encantaría acompañarte, pero tienes que disculparme, debo irme, si Qiqi se despierta y no estoy en la habitación posiblemente se muera del susto —murmuró, conectando sus frentes.
—Pero ella ya está muerta —dijo confundida.
—No lo decía en un sentido literal. —Yin se rio entre dientes.
Ganyu acompañó su ligera risa.
—Está bien, te dejaré ir por hoy, sin embargo, no seré tan amable la próxima vez —Le mostró la lengua como una niña pequeña.
Él sonrió con soberbia.
—Oh, entonces estás admitiendo que habrá otra vez —dijo confiado.
—Siempre la hay. —respondió con ingenio.
—Sí, es cierto —expresó, dándole un último beso en los labios antes de levantarse de la cama en busca de su ropa esparcida por la habitación.
Al momento en que Yin se inclinó para recoger su ropa interior, Ganyu dejó escapar un comentario malicioso.
—Para la próxima recuérdame nalguearte, ese trasero sí que es una bendición de Barbatos —. Bromeó con una sonrisa pícara.
Él respondió con una carcajada.
—Intentaré no olvidarlo —dijo, guiñando un ojo.
Cuando se terminó de cambiarse, iba a despedirse de ella antes de abandonar la habitación, pero se encontró con que Ganyu se había quedado dormida, por lo que antes de irse, se acercó a la cama y le plantó un beso de despedida en la frente, y procuró cerrar la puerta con mucho cuidado para no despertarla.
Al día siguiente, cuando la luz del sol atravesó las ventanas despertando a Yin, él se despabiló de inmediato y se metió en el baño más que nada para quitarse el olor a sexo de la piel, por suerte, Qiqi contaba con un sueño bastante pesado, lo que le dio tiempo a bañarse antes de que ella abriera los ojos.
Cuando salió del baño, se encontró con Qiqi, quien seguía en la cama, sentada y con el pelo completamente revuelto y desaliñado.
—Buenos días, Yin —saludó la zombi, con monotonía, mientras se refregaba los párpados.
—¿Dormiste bien? —preguntó él con una alegre sonrisa.
—Sí, la cama... es cómoda —expresó, saltando ligeramente sobre el colchón.
—Bien, ve al baño a prepararte, tenemos que irnos ahora si queremos llegar a tiempo —informó poniéndose la mochila en la espalda en lo que ella iba al sanitario.
Antes de entrar, Qiqi giró hacia Yin.
—Voy a bañarme, ¿podrías ayudarme de nuevo?
Yin dejó escapar una bocanada de aire de sus pulmones.
—Sí, tranquila, claro que te ayudaré, pero tienes que comenzar a aprender a lavarte el pelo sola —dijo buscando dentro de la mochila todo lo que fuera necesario para el aseo.
—No es que no sepa, es que siempre me olvido si me aplique o no el champú hasta que lo vacío por completo... —explicó con naturalidad.
Yin se palmeó la frente.
—Ay Qiqi... —dijo riéndose al imaginar la situación.
…
Una vez la zombi terminó de bañarse, se prepararon para volver a la aventura. Cuando Yin abrió la puerta del largo pasillo, fue sorprendido por la mestiza que estaba recargada contra la pared en frente de ellos. Al verlo salir de la habitación ella se abalanzó hacia él con una sonrisa juguetona.
—No esperabas irte sin mí, ¿cierto? —preguntó rodeándolo con los brazos.
—Por supuesto que no —dijo compartiendo el abrazo.
Qiqi la miró de abajo arriba y se quedó pasmada viendo sus cuernos. antes de señalarla con el dedo.
—¡La Cococabra! —exclamó con una pizca de emoción en su voz.
Ganyu ladeó la cabeza hacia un lado.
—La Coco--¿qué? —preguntó confundida.
Yin le tapó la boca a la niña.
—No le hagas caso, tiene problemas de memoria, probablemente se confundió con alguien más. —Sonrió avergonzado—. Si nos disculpas, puedes adelantarte, hay algo que tengo que hablar con ella antes de partir.
—Mmm, está bien, me adelantaré. Los esperó afuera —informó, y se alejó en dirección a las escaleras.
Una vez ella desapareció de sus vistas, él se enfocó en la niña.
—Qiqi, no creo que Ganyu sea la Cococabra. —dijo rascándose detrás de la cabeza.
—No, estoy segura que es ella, debemos pedirle que nos dé de probar su leche —comentó con determinación y un ligero brillo en los ojos.
Yin se convirtió en un desastre sonrojado ante la imagen de Ganyu lactando y ofreciéndole sus pechos.
—No creo que sea capaz de eso... todavía... —señaló avergonzado.
—¿Qué? ¿Por qué? —preguntó confundida sin enterarse de lo que sucedía.
—Lo entenderás cuando seas adulta —le informó, evitando decirle la verdad.
—Los zombis no crecemos —explicó.
—Vaya, cada día se aprende algo nuevo... —Yin sacudió la cabeza al darse cuenta que se estaba desviando del tema—. Como sea, no vayas a intentar nada raro con ella ¿entendido?
Qiqi lo miró en blanco.
—¿De quién estamos hablando? —preguntó levantando las cejas.
—De Ganyu.
—¿Quién es Ganyu? —Volvió a preguntar.
—La mujer que estuvo aquí hace unos minutos —le recordó.
—¿Qué mujer?
—...Olvídalo —suspiró tomándose el entrecejo—. Solo no la llames Cococabra, podrías asustarla o hacerla sentir mal.
—Ah, está bien.
Una vez salieron del hotel, Qiqi se olvidó todo lo que habló con Yin, por lo que volvió a sorprenderse de Ganyu y la llamó Cococabra antes de ser nuevamente silenciada por él, de nuevo. Con una nueva integrante en el equipo, comieron algo ligero, y el grupo se puso en marcha al puerto de Liyue. Esta vez viajaron mucho más lento y tranquilo, debido a la inclusión de Ganyu, quien los hizo detenerse varias veces para admirar y disfrutar el paisaje tan vivo y llamativo de los terrenos de Liyue, más que nada para pasar más tiempo junto a Yin.

Llanura Guili.
El cambio de ritmo produjo que la cuarta parada fuera más pronto de lo esperado, pasaron la Llanura Guili y se pararon frente a una mazmorra a la mitad del camino. Tomaron altura subiendo a una colina y observaron desde arriba que el lugar estaba lleno de enemigos, por lo que Yin comenzó a pensar un plan que acabará con todos corriendo el menor riesgo posible.
Una vez armada la idea, se las explicó a las dos chicas que viajaban con él, las cuales estuvieron de acuerdo. El plan básicamente consistía en que Ganyu se quedara detrás de ellos cubriéndoles las espaldas con el arco, mientras Qiqi y él iban al ataque de frente. Yin invocó su claymore en forma de martillo gigante y lo levantó en el aire, dando inició al plan.
Una limpieza más tarde, los tres descansaban dentro de la base exterminada enemiga mientras los cuerpos de los hilichurls adornaban el suelo con su sangre, el plan salió a la perfección.
La noche se acercaba por lo que Yin preparó dos carpas, una para Qiqi y la otra la compartiría junto con Ganyu, quien lo ayudó a alistar el campamento, armando la fogata con la cual prepararían la cena. Compartieron un momento cálido y amistoso entre los tres. Cuando terminaron de comer, los tres se fueron a un río cerca de donde estaban y Yin le dio a cada una; un cepillo de dientes que untaron con pasta de slime sabor menta, preparado por la mismísima Sacarosa, la alquimista principal de los Caballeros de Favonius.
Se lavaron la boca y se enjuagaron con el agua puro del río antes de volver a las carpas. Como era costumbre, Yin le leyó un cuento a Qiqi hasta que se quedó dormida, y después se dirigió a la tienda de campaña que compartía con Ganyu.
Al entrar, la encontró semidesnuda acostada provocativamente sobre la suave tela del saco de dormir. La lencería negra no dejaba mucho a la imaginación, los dibujos del encaje apenas tapaban lo indecente de su cuerpo atlético, la ropa interior era claramente distinta a la noche anterior, era simple y aburrida, aunque aun así era más que suficiente para encenderlo, este cambio de prenda se debía principalmente a que no esperaba encontrarse con él el día de anterior.
Ella lo invitó a la cama con una sonrisa inocente. No hicieron falta palabras, un mar de caricias iban y venían, y en un abrir y cerrar de ojos, él terminó entre sus piernas. Uniendo los labios en su piel febril, comenzó a plantar cortos besos por sus muslos de forma desordenada, cada beso que venía después del otro se acercaba poco a poco a su vulva oculta por las bragas.
Respirando agitada, Ganyu se mordió el labio ansiada mientras la piel se le erizaba, deseosa de que continuara y le hiciera probar un sinfín de sensaciones placenteras que la harían gemir y apretar las sabanas desesperada, quería que tocara cada nervio dentro de ella hasta hacerle perder la cabeza, obligándola a que su cerebro solo pudiera preocuparse por gritar su nombre.
Su cuerpo se tensó por completo en el momento que Yin lamió con la parte plana de la lengua una larga tira a través de su vulva, lo que provocó que un grito desenfrenado escapara de sus labios. El chico separó sus muslos y la miró, con la cabeza justo entre sus piernas. Una vez más, la provocó con la lengua, mirándola a la cara para evaluar sus reacciones. Observó con suma atención cómo ella se llevó la mano a la boca para amortiguar los sonidos involuntarios que salían de ella con cada golpe de su lengua.
Cuando se cansó de las burlas, con sumo cuidado, Yin corrió con los dientes las bragas húmedas hacia un lado, dejando a la vista su núcleo expuesto de un delicado y suave color rosado. Él definió su vagina con dos simples características; irresistible y completamente apetecible. Abriendo los delicados labios de su flor, la observó a los ojos y le dijo algo que la haría sonrojarse por completo.
—Mira lo bonita que eres. ¿Qué tal si te sientas sobre mi cara está noche? —susurró, con picardía, mientras sus manos abrían y cerraban sus labios empapados.
Ella solo pudo gemir y asintió dócilmente ante la pregunta. Yin besó su muslo suavemente y se levantó de sus piernas.
» Vamos, no puedo esperar para que te corras en mi cara. —dijo, haciendo que los pómulos de ella estallaran de rubor.
Después de convencerla de que no moriría, ella se sentó en su cara, Ganyu bajó su dulce y húmedo coño hasta sus labios resecos. Sólo inhalar el dulce aroma lo volvió loco, y empeoró cuando probó su vagina.
Los gemidos que escapaban de Yin, junto a los sonidos húmedos que hacía su coño sólo animaron más a Ganyu a acercarse a su clímax. Mientras él se deleitaba con su sabor, ella comenzó a jugar con sus sensibles pezones, sus sucios y armónicos gemidos atravesaron el cerebro de Yin, instándole a complacerla aún más.
—Yin, por favor, no pares —suplicó necesitada—, estoy, estoy tan cerca... —se quejó.
Lamió sus entrañas y giró alrededor de la abertura. Él chupó su clítoris y descubrió que eso provocaba la mayor reacción en ella. Hacía todo lo que podía para darle el mayor placer posible, hasta que al atacar sus puntos más sensibles sintió las piernas de Ganyu apretarse alrededor de su cabeza, sus gemidos se volvieron más fuertes y erráticos.
—¡Ah~ se siente tan bien!!~
Su interior se estrechó contra su lengua y se corrió incontrolablemente directo a su boca. Yin sorbió todos sus jugos de su coño, untando la mitad inferior de su cara con ese líquido caliente
Si Yin hubiese podido ver la cara de placer de Ganyu, podría haberse corrido en ese mismo momento; tenía los labios rosados e hinchados, los ojos llorosos y las mejillas rojas. Todo eso simplemente por comerle el coño.
El cunnilingus fue sorprendente para ambos, era la primera vez que Ganyu se sentía tan bien y llegó a correrse tanto, tal vez se debía a la falta de vergüenza por parte de ambos debido a la represión sexual de casi dos meses.
De todas formas, lo disfrutaron, aunque una cosa más llamó la atención de Yin; el clímax había terminado, sin embargo, Ganyu seguía temblando encima suyo sin demostrar señal de querer salir de ahí. Y no solo eso, sino que también sintió como gotas de agua habían mojado parte de su ropa mientras ella se corría.
—Me estás ahogando —le confesó sin aire, al sentir que la presión sobre su rostro aumentaba.
—¡Lo siento! —Ganyu se levantó de inmediato, y para sorpresa de él corrió hasta la esquina de la carpa.
—¿Ganyu?, ¿estás bien? —preguntó saliendo de la cama para asistirla.
—¡No te acerques! —Yin se sobresaltó, deteniéndose a mitad del camino.
Los ojos de él se abrieron del susto.
—¡¿Te lastimé?! —preguntó muy preocupado, e ignorando lo que dijo, se acercó al instante para ayudarla en lo que fuera.
Cuando giró a Ganyu sobre él, quedó completamente incrédulo, había fluidos lechosos que escapaban de sus bonitas y regordetas tetas, las cuales intentaba tapar con las manos.
—¡No me mires! —ordenó con los ojos llorosos—. Es muy vergonzoso —expuso sin mirarlo.
—¿Estás... lactando? —dijo gratamente sorprendido—. No me digas que estás...
—Claro que no —chilló avergonzada—. Solo sucede cuando me excito demasiado.
El orgullo de Yin como hombre se quebró al medio.
—Esto nunca te pasó antes... No me digas que nunca logre hacer que te sintieras bien —dijo con el ego herido.
—¡Nooo! —Negó sintiéndose mal de que creyera eso—. Siempre me lo haces muy rico, es solo que siempre tengo cuidado de no estimular demasiado mis pezones frente a ti.
—¿Por qué? —preguntó confundido.
—Porque si no sucede esto —señaló mostrando los senos un instante, para luego volverlos a ocultar—. Es solo que hoy perdí el control —dijo derramando lágrimas.
—Tranquila, está bien, Ganyu... —Movió la mano hacia su mejilla y acarició su suave y tersa piel para consolarla—. No tienes por qué llorar.
Ella hizo un triste tarareo y murmuró en su mano:
—¿Qué pasa si no te gusta lo que ves?
—Te amo tal como eres Ganyu... Y te amaré pase lo que pase.
Ganyu asintió débilmente, y movió las manos, revelando los senos ante él. Ahí estaban sus pezones derramando leche como lágrimas; inconscientemente, Yin se aferró a uno de ellos. Ella se tensó y dejó escapar un pequeño gemido.
» Lo siento, lo hice sin pensar —admitió avergonzado.
—E-Está bien —dijo desviando la mirada antes de volver a conectarla—. ¿N-no te molesta? —preguntó titubeando.
—Por supuesto que no —le aseguró.
—¿E-es raro? —preguntó insegura.
—A decir verdad, tal vez un poco, pero raro no quiere decir que sea malo, ni mucho menos —dijo con una pequeña sonrisa.
—¿No?
—No, y si no me crees mira esto —dijo señalando su entrepierna, se notaba que tenía una erección—. Verte así no me disgustó, de hecho, fue todo lo contrario —confesó antes de besarla.
Cuando Yin la conoció, ella parecía... no, más bien era inocente, y con el paso del tiempo dejó que él la corrompe, y ella estaba a gusto con esa decisión.
Acostando a Ganyu en el saco, le dio delicados besos por todo su rostro. Ella comenzó a llorar.
» ¿Eh? —pronunció confundido—. ¿Qué sucede? —preguntó haciéndola su prioridad y no sus necesidades sexuales.
—Eres... realmente dulce —expresó. Ella se secó las lágrimas—. Eres tan... gentil...
Sus palabras lo hicieron sonreír mientras besaba el resto de sus lágrimas.
—Voy a continuar, ¿sí?
Ella asintió levemente, Yin acercó los dedos a hasta su clítoris y frotó en pequeños círculos rápidos. Ganyu dejó escapar un gemido gutural y levantó las caderas hacia u mano.
» Voy a meter dos dedos —le susurró al oído. Ella reaccionó enredando los dedos en su cabello y lo acercó a ella.
Cuando sintió los dedos dentro de su núcleo, inspiró, su rostro brillaba en un tono rosado. Su cuerpo estaba relajado. Yin curvó los dedos hacia arriba y los sacó antes de volver a colocarlos, lo que provocó que Ganyu arqueara la espalda y lanzara un gemido al aire.
Los gemidos se hicieron más frecuentes mientras Yin acariciaba su pecho con la mano desocupada.
—Yin, por favor, más rápido. —Chilló, sus piernas temblaban por su toque.
Besándole la mejilla, aceleró y con otro dedo jugó con su clítoris. Sus fuertes, pero suaves gemidos fueron como una melodía que no se cansaba de escuchar, gemía su nombre como si no hubiera un mañana.
La espalda de Ganyu se arqueó una vez más y fue entonces que usando los labios, rodeó uno de sus pezones y succionó suavemente, sintiendo un sabor particular, era ligeramente dulce, pero no lo suficiente para ser empalagoso, era lo justo y necesario, la cantidad perfecta de dulzor junto al espesor correcto. En resumen, era la mejor leche que probó en toda su vida.
La succión junto al dedeo la envió al límite, sus piernas apretaron la mano de Yin y su cabeza se echó hacia atrás. Fue hermoso presenciar su fuerte orgasmo con los ojos cerrados y la cara enrojecida mientras saliva bajaba por su mentón.
—Yin~... —Ella lo miró con una expresión que hizo que se enamorara de ella nuevamente.
Él quitó los dedos de su interior y los chupó antes de besar a Ganyu, quien aún seguía muy sensible. Él continuó lamiendo sus pezones, como una forma de demostrarle que estaba completamente a gusto con esa nueva característica de ella y que no tenía nada de qué preocuparse.
Queriendo escalar la acción, Ganyu metió la mano dentro de su ropa interior y acarició su miembro con sus finos y delicados dedos. Los gruñidos de Yin atravesaron el beso mientras ella se alejaba para escucharlos.
—Ganyu... —pronunció relajado.
—¿Podemos continuar? —preguntó ella, con el corazón latiendo a mil.
—Seguro, pero cambiemos de posición, tengo una idea —declaró con emoción.
…
Ambas manos acunaron el peso de sus hinchados pechos, los pulgares se movieron sobre la punta de sus pezones. Ganyu se sacudió violentamente y una mano se posó contra una de las muñecas de él mientras la masajeaba.
—¿Estás seguro de esto? —preguntó con su hermoso rostro ruborizado que combinaba con el color rubí de sus cuernos.
Yin no pudo evitar decir que sí, con la voz tensa mientras la excitación inundaba el pensamiento racional. Apretar los dedos hizo que Ganyu se sonrojara más, un jadeo entrecortado salió de su garganta mientras sus ojos violetas se posaron en su regazo. No había forma de ocultar ante ella la tela tensa y la humedad visible de su ropa interior.
Yin gruñó con afecto, tarareaba suavemente mientras una pequeña mano agarraba su pene a través de la ropa.
—Es mi culpa que esté así, supongo que es mi responsabilidad cuidar de ti. —declaró Ganyu, con las mejillas cubiertas de color.
Abandonando el miembro, ella tiró de su ropa y sostuvo con la mano el pene de Yin. Los pezones de Ganyu estaban puntiagudos e hinchados, era obvio lo encendida que estaba por la situación.
Ella acunó la parte posterior de su cabeza con su mano libre mientras él se sumergió en su deber y presionó la parte plana de la lengua contra su pequeño botón. La dulzura de la leche inundó su paladar, comenzaba a acostumbrarse a ese sabor del que nunca se cansaría. Ganyu empezó a acariciarlo, arrastrando hacia arriba y hacia abajo en un patrón suave que envió sacudidas por su columna hasta dejarlo dócil.
—Eres como un bebé grandote —se burló afectuosamente, recibiendo un ceño fruncido por parte de él—. Pero eres mí bebe grandote. —Se río.
Su pulgar presionó el glande, lo que hizo que Yin se estremeciera mientras un placer se encendía a través de sus muslos. Su otra mano lo acercó más y más hacia su pecho mientras lo dejaba saborearla. Su otro pecho goteaba entre sus dedos que no pudieron evitar apretarlo, lo que provocó un grito ahogado por parte de Ganyu.
Apretando la base de su pene, le dio un par de caricias mientras le daba la bienvenida al movimiento inconsciente de las caderas de Yin contra su agarre.
Una brillante sonrisa de perversión tarareó con afecto:
—Eso es, muy bien, sigue así...
Yin tragó un bocado de leche y liberó el pezón con un jadeo húmedo antes de pasar al otro pecho para comenzar de nuevo. Ella se río amorosamente entre dientes, y pasó los dedos por su cabello, aceptando el desarrollo de la situación. Ganyu movió los muslos para ponerlo más cómodo, permitiéndole recostarse confortablemente sobre su regazo mientras continuaba acariciando su polla.
Las caricias se volvieron provocativas, lo suficiente como para hacerlo suplicar, pero no como para dejarlo correrse. La lengua de Yin recorrió el pezón en sus labios, dejando que un poco de líquido se derramara por su barbilla mientras jadeaba en busca de aire. Él balanceó las caderas en la curva de su palma y gimió contra su piel sensible.
—Ya casi estás, puedo sentirte palpitar. —Ronroneó, sonriendo dulcemente, con un rubor rosado aún en sus suaves rasgos.
Ella apretó suavemente la cabeza de la polla de Yin que goteaba líquido preseminal sin parar y aceleró las caricias. Mientras él aún sentía líquido goteando en su boca, el placer recorrió sus venas y muslos mientras respiraba con dificultad. El agarre entrenado de la arquera siguió bombeando hasta que, con un fuerte gruñido y apretando la mandíbula, él disparó largas hebras de semen al aire que terminaron ensuciando sus tetas y parte de su propio estómago.
—Buen chico —dijo antes de lamer la semilla entre sus dedos, un espectáculo que Yin nunca se aburría de contemplar.
—Deja de tratarme como un niño —dijo en un puchero.
—Literalmente acabó de amamantarte, lo mínimo que tengo que hacer, es tratarte así —bromeó dándole un beso en los labios.
—Como sea —bufó molesto, saliendo de su regazo. Él observó su propio cuerpo cubierto con su esencia—. Creo que tengo pañuelos en la mochila —se dijo a sí mismo.
—Olvídate de eso —Ganyu gateó hacia él y empujo su torso para que se acostara en la cama.
Sacando la lengua, ella comenzó a limpiar su estómago sensualmente. De solo mirarla, su erección volvió a la vida haciendo que Ganyu se riera divertida.
…
En solo unos minutos, Ganyu se encontró respirando contra tus labios.
—Ah~♡... por favor... —Sus uñas se clavaron suavemente en la espalda de Yin mientras las manos de él recorrían sus caderas, deteniéndose para apretar su trasero.
Ganyu se retorció cuando él le mordió el lóbulo de la oreja.
—¿Por favor qué? —le preguntó al oído, tan cerca de ella que podía escuchar los pequeños y lindos gemidos que hacía mientras su respiración se aceleraba, desesperada por él a pesar de que apenas comenzaban.
—¡Deja de bromear! —Ella apartó la cabeza de él, dándole la oportunidad perfecta para chuparle la mandíbula.
—Solo seguiré si me lo pides —Se alejó, tomó su barbilla con la mano y la inclinó hacia arriba para que hicieran contacto, sus pupilas dilatadas lo miraron con desesperación y deseo.
—Tócame —dijo, con la cara sonrojada, pero aún manteniendo el contacto visual.
Sonriendo malicioso, Yin se inclinó y tomó uno de sus pechos con la boca, y su mano libre bajó hasta su coño para frotar su clítoris.
Ganyu jadeó, enroscó sus dedos en el cabello de Yin y sus caderas se alzaron para encontrarse con su mano más grande que la suya. Pequeños gemidos y ruidos salían de su boca, trató de amortiguarlos con la otra mano, pero salieron de todos modos. Un quejido entrecortado del nombre de su acompañante salió de ella cuando su toque se aceleró y su boca se dirigió hacia su otro seno. Yin siguió chupando y mordiendo un rato, hasta que quedó complacido, y retiró la boca y los dedos de ella.
—¿Quieres que te coja? —le preguntó, ahuecando su mandíbula suavemente. Ella asintió rápidamente, rompiendo el contacto visual—. Súplica. —La cara de Ganyu se sonrojó.
—P-por favor —murmuró, tartamudeando avergonzada, con una pizca de desesperación en su voz.
Él la giró e hizo que se inclinara hacia delante, dejándolo con su trasero sobresaliendo en primer plano.
—Vamos, sé que puedes hacerlo mejor que eso. —La animó, colocando las manos en sus caderas.
—¿Por qué me haces esto? —preguntó, con un puchero, ocultando el hecho de que estaba excitándose también.
—Es mi venganza por tratarme como un niño —explicó malicioso.
Sintiendo el calor de las manos sobre su cuerpo, Ganyu tragó saliva, estaba abrumada, desesperada, deseaba con locura que el continuara, pero sabía que no lo haría al menos que ella se rindiera, por lo que luego de pensar unos momentos, canalizó todas las sensaciones de necesidad hambrienta que la carcomían por dentro y finalmente explotó.
—¡Por favor, fóllame! Por favor, por favor, por favor, necesito tu pene, por favor fólla-- —Ella fue silenciada por dos dedos que se metieron dentro de su boca. En el momento en que ella iba a reclamar, sintió la polla llenarla por completo.
» ¡Ahh~❤! —Ganyu gimió contra los dedos antes de que sintiera sus entrañas siendo empujadas a un ritmo implacable.
Ella lo volvía loco con tan solo mirarlo. Las manos de Ganyu presionaron la almohada, las yemas de los dedos arañaron patéticamente mientras la embestían, con los dedos aún contra su lengua, su baba corría por su barbilla y la mano mientras gemidos y gemidos se le escapaban de la garganta.
Su trasero se sacudía cada vez que golpeaba sus caderas, agarrándolo, la mano de Yin dejó su boca y bajó hasta su cuello, donde generó una leve presión, que no la lastimaba, pero si lo sentía.
Su pene golpeó su punto dulce una y otra vez lo que hizo que comenzara a lagrimear por el placer. La mano de Yin volvió a moverse, esta vez desde su cuello hasta los cuernos, ella jadeó y se apretó fuertemente a su alrededor.
—¿Amas mi pene? —preguntó con orgullo.
—Ah~❤ Amo tu pene, realmente lo hago~ —admitió, avergonzada para satisfacción de él.
Yin tiró de su cuerno y lo acarició. La cara de Ganyu se puso más roja de lo que ya estaba. Yin besó su espalda y se retiró de su interior con un gruñido, antes de que ella pudiera decir algo, él giró su cuerpo de nuevo y sin que Ganyu se lo tuviera que pedir, volvió a ensartarse profundamente dentro de sus profundidades.
Ganyu estaba avergonzada de admitir que no podía evitar la forma en que su coño apretaba su longitud, succionándolo, haciéndolo sentir con total detalle la forma de sus paredes. Gimió libremente contra su oído mientras lo acercaba más a ella, envolviendo los brazos alrededor de su cuello.
—Mierda —murmuró Yin, la presión repentina que rodeó su polla lo tomó por sorpresa. Le acarició una teta y besó su cuello, succionando para buscar dejar su marca en ella—. Te adoro —confesó agitado.
Envolviendo sus piernas alrededor de su cintura, Ganyu acercó su cuerpo mientras murmuraba erráticamente su nombre una y otra vez, su voz aterciopelada y suave.
Yin sintió su coño apretando su pene y sus caderas cambiaron su velocidad por vigor. Sacó la longitud de ella y volvió a introducirla por completo, sintiendo su vagina dándole la bienvenida como si fuera suya.
—¿Lo sientes? —Él gimió contra su oído.
Ganyu lo sentía con suma precisión, sentía la punta de su pene en forma de hongo arrastrando sus paredes, besando la entrada de su útero, llenándola tan perfectamente que no lo quería dejar ir.
» Ese es mi pene revolviendo tu interior —siseó.
—¡¡Ahh~❤!! ¡Eres tan áspero! —gimió borracha de placer.
—Te gusta que sea así, ¿no?
—¡Sí, me encanta!, ¡se siente tan bien!
Ella maulló su nombre y se quedó quieta mientras la golpeaba, dejándolo a él y a su gran polla hacerle lo que quisieran.
—Voy a correrme —informó Yin. Le quitó la mano de la teta y separó las piernas mestizas que estaban envueltas en su cuerpo—. Voy a eyacular dentro de tu bonito coño, ¿de acuerdo, señorita Ganyu?
No era como si ella quisiera otra opción.
Antes de que pudiera quejarse sobre la falta de calidez que la invadía, Yin le agarró las rodillas y empujó sus piernas dobladas contra su pecho, permitiéndole un acceso más profundo a su vagina; era la posición perfecta para reproducirse. Ganyu supo lo que vendría, tan pronto vio el destello en su mirada.
—Voy a llenar este hermoso coño de Qilin con mi semen —gimió con rudeza, viendo la expresión de ella fundirse en la de una perra en celo—. Voy a hacerte caminar por todo Liyue con mis semillas plantadas dentro de ti, voy a hacerte tener hijos aún más mestizos.
—¡Sí~❤, sí~❤️!
Él sonrió satisfecho por la forma en que los ojos de Ganyu se pusieron en blanco y fueron hacia la parte posterior de su cabeza, con la lengua afuera mientras luchaba por respirar entre los empujones que él estaba dando. Con la mano recorrió debajo de sus muslos, hundiéndola bien en su carne mientras admiraba la forma en que estaba hecha.
—Maldición —maldijo, sintiendo como la carga se acumulaba en sus bolas. Ganyu arañó la cama, su propio orgasmo se acercaba a ella como un maremoto—. Voy a nutrir tu coño y te haré mi pequeña y hermosa zorra-esposa, Ganyu.
Su ultimátum explícito fue lo que la hizo gritar suavemente mientras aprovechaba el éxtasis lo mejor que podía bajo la presión que sostenía mientras Yin cogía su agujero, y su savia formaba una crema espesa en su polla.
Tan pronto como sintió que el líquido empapaba su longitud, no pudo contenerse e hizo un desastre cuando sus cálidas semillas se vertieron dentro del coño apretado de Ganyu.
—¡Voy a llenarte por completo! —gruñó, disminuyendo el ritmo de las embestidas hasta que finalmente se detuvo. Mantuvo la polla enterrada cautiva en sus pliegues, soltó sus muslos y respiró pesadamente siguiendo el patrón de su inhalación. Ganyu era un desastre jadeante que solo logró murmurar sus más bajos secretos:
—S-se sintió tan bien... me encanta el sexo. Mph~♡ uf... Me encanta...
Yin admiró su bonita cara cubierta de gotas de sudor, su cabello desordenado y pegajoso en su rostro, sus ojos borrosos estaban perdidos en la nada, su pecho bajaba y subía agitado. Cuando ella pudo estabilizar un poco su cabeza, se negó tímidamente a mirarlo, aún no era capaz de procesar todo lo que ocurrió, incluso después de dejar descaradamente que engendrara su coño.
Sin embargo, en el momento en que un poco de la mezcla de ambos escapó de su interior, Yin logró reunir todo lo que quedaba de fuerzas para levantar su cuerpo ligeramente, lo que la sorprendió.
Ganyu jadeó suavemente cuando se inclinó hacia él, con su polla todavía enterrada profundamente dentro de ella, sin dejar que nada del semen saliera de su vagina. Ella envolvió sus brazos detrás de su cuello y ocultó su rostro en su pecho. Yin tomó su mentón y la obligó a mirarlo, le sonrió amorosamente y con cariño, y acercó sus labios a los de ella para darle un suave beso.
—Te amo, cabrita —confesó con una sonrisa repleta de felicidad.
El rostro de Ganyu explotó de color, pero hizo un gran esfuerzo por no apartar la mirada y le devolvió el beso con más ansías.
—Yo te amo más. —respondió con felicidad.
—¿Otra ronda? —le preguntó emocionado.
—Qiqi se va a despertar —dijo preocupada al haber olvidado su existencia.
—Tiene el sueño pesado, no se levantaría ni, aunque hubiese un terremoto —explicó conociéndola.
—¿Pero y si lo hace?
—Lo olvidará el día siguiente, así que, ¿qué importa? —dijo con simpleza
—No lo sé, no creo que... —Con una sola embestida ella se estremeció y su coño se apretó, posesivamente como si lo mordiera—. Olvida lo que dije, ¡y no dejes de cogerme! —ordenó, uniendo sus labios apasionadamente.
Fue una noche repleta de amor, pasión y sexo, sobre todo sexo.
…
La mañana siguiente, apenas pudieron abrir los ojos temprano, nuevamente despertaron con dolor en las extremidades, Yin, quien era el que menos adolorido se sentía, cargó a Ganyu y la llevó hasta la corriente del río donde se bañaron juntos antes de que Qiqi se levantara.
Después de asearse, volvieron al campamento temporal. La carpa de Qiqi se abrió y los saludó a ambos, se veía bastante adormecida, pero se espabiló de inmediato cuando recordó algo para sorpresa de todos.
—Yin, Yin —lo llamó, con los ojos extrañamente llenos de vida.
—¿Qué sucede? —preguntó arqueando una ceja.
—¿Y?, ¿a qué sabe la leche de Cococabra? —Al escucharla, ambos se pusieron completamente rojos.
—¿D-de qué hablas Qiqi? —titubeó. La duda de si los había escuchado se le plantó en la cabeza.
—¿Eh? ¿Qué probar su leche no era la razón por la que hiciste que durmiera en tu carpa? —preguntó la no-muerta, confundida.
Ganyu no pudo evitar reírse por lo bajo, pese a lo avergonzaba que estaba le causó gracia al recordar lo sucedido.
—¡Claro que no! —explicó Yin con vergüenza.
—¿Pero la probaste? ¿A qué sabía? ¡¿Es cierto que es la más rica de todas?! —indagó con astucia.
—Está bien —dijo exhalando—. Sí la probé, y es cierto, es la más sabrosa de todas —confesó con una sonrisa confiada, haciendo que Ganyu se ruborizara como un tomate.
—¡¿De verdad?! —exclamó a su manera muerta y puso toda su atención sobre la famosa “Cococabra”—. ¿Puedo probarla yo también? —preguntó entusiasmada.
Yin posó la mano encima de la cabeza de la niña y le dio unas cuantas caricias.
—Cuando seas grande Qiqi, cuando seas grande —repitió antes de tomar la mano de Ganyu, entrelazando sus dedos.
Qiqi ladeó la cabeza
—Los zombis no crece--

Farmacia Bubu, Liyue
Luego de que el grupo llegará al destino, Yin le entregó todo lo de la lista al Dr.Baizhu, quien le agradeció mucho por su trabajo, pero sobre todo por cuidar bien a Qiqi. Tras despedirse de la pequeña niña, Yin y Ganyu decidieron tener otra cita, pero está vez en el famoso restaurante donde trabajaba Xiangling. Más tarde, al anochecer siguieron dándose amor en un campamento que hicieron fuera del pueblo.
Fin del One-Shot.