Capítulo 1
En una pequeña casa ubicada en la zona más recóndita de un profundo bosque de Inglaterra, existía una pequeña casa de dos pisos, donde una hermosa mujer de ondulados cabellos negros, gritaba ruidosa y dolorosamente.
Los gritos eran tan horrorosos, que los pocos animales que cruzaban por ahí, huían despavoridos, pensando que la criatura que estaba en la casa, debía ser la mas terrible de todas.
—¡Maldita seas!—grito una fría y furiosa voz.
En la sala de dicha casa, aquella preciosa mujer de escasos veinte años, yacía de rodillas sobre la alfombra, mirando con la misma frialdad a su perpetrador.
—Lárgate...de...mi casa...—masculló ella, escupiendo un poco de sangre.
El hombre sonrió con sorna.
—¿O qué? No es como que puedas hacer algo realmente, estas recién aliviada.—dijo despectivamente.
Y era verdad, hacía tan solo cuarenta minutos que había dado a luz a su primogénita, la cual lloraba resguardada tras las puertas encantadas de una de las habitaciones del segundo piso. En cuanto su madre escucho que los escudos protectores de la casa caían, había salido inmediatamente a enfrentar a su enemigo, todo para darle tiempo a su hija.
Tiempo para que alguien las ayudara.
—La gran Marina Grindelwald...—dijo el hombre rodeando a su victima, regodeándose en su debilidad.— Tan poderosa, fría y valiente...dejada por el amor de su vida...a punto de morir...—soltó una macabra carcajada.
—El gran y abandonado Tom Riddle.—dijo Marina con una sonrisa arrogante.— Tan solo y sin amor, tanto que tuvo que inventarse un ridículo apodo como lo es Lord Voldemort...ni siquiera un dementor querría besarte. Me recuerdas a un hechizo que le encantaba a mi padre...¿Cuál era?—hizo un gesto pensativo y fingió recordar.—¡Ah, sí!—sonrió burlona.— Riddikulus.
—¡Crucio!
Los gritos de la mujer volvieron a sonar por toda la casa, pero, arrogantemente jamás quito su sonrisa burlona, causando mayor furia en el hombre.
—Pide clemencia ahora, Marina Grindelwald, y prometo dejarte con vida. No seas como tu padre...pobre Gellert, tener que morir asesinado después de ser considerado el mago más poderoso del mundo. Y ahora su hija, la bruja más poderosa, correrá el mismo destino.
—Tommy, Tommy, Tommy...—jadeo sin quitar su tono altanero.—Te contare un secreto, tu no mataste a mi padre, mi padre decidió morir porque así eliminaría uno de tus Horrocrux, el guardapelo que tenía en su cuello.
—¡Crucio!
Un ruido en las afueras alerto a Lord Voldemort, quien dejo de torturar a la mujer y presto atención al ruido. Sin previo aviso, una pequeña bestia se lanzo a su cara, atacándolo. Era pequeño, no debía medir más de treinta centímetros, tenía seis patas, múltiples púas y varios dientes afilados. De marcas azules con anillos rojos. Igualmente apareció un enorme perro grande y negro se lanzo sobre el, atacándolo.
—Antonio...César...—murmuró Marina contemplando a las criaturas atacar a su enemigo.
—¡Mierda! ¡Esto no terminará así! ¡Mandaré a que acaben contigo!—aseguró Voldemort, conocedor de que no podría pelear contra una bestia como lo era el Grim.—¡Sectumsempra!
Inmediatamente en el cuerpo de Marina aparecieron miles de heridas como si un cuchillo invisible la hubiera atacado. La sangre broto, fluyendo de su cuerpo en grandes cantidades y Voldemort, satisfecho, sonrió.
Marina pronunció unas palabras en latín y haciendo acopio de su ultima reserva de magia, lanzó una estela de poder contra Voldemort, quien grito y se desintegro.
Lo había matado.
Ambas criaturas, el chupacabras Antonio, y el Grim César, se acercaron cansados a su dueña. En el pasado habían hecho un pacto de sangre, lo que significaba que en cuanto la vida de Marina terminará, la de ellos también culminaría. Los llantos de la recién nacida volvieron a resonar por la casa y el sonido de una aparición alerto a la mujer.
—¡¿Marina?! ¡Marina!
—¡Merlín, no!
Dos voces muy conocidas para Marina llegaron a sus oídos e inevitablemente sonrió. Fue tomada delicadamente entre los brazos de un pelirrojo de ojos azules. Se trataba de Fabian Prewett y Gideon Prewett, gemelos pelirrojos y los mejores amigos, hermanos del alma, de Marina. Ella sonrió con los ojos cristalizados, mirando a ambos hombres, quienes la contemplaban impotentes.
—Fab...Gid...—pronunció con dificultad.— Mi hija...en mi cuarto...
Gideon Prewett, quien era el que estaba de pie, rápidamente se dirigió al cuarto de su mejor amiga, donde después de derramar unas gotas de su sangre, la puerta se abrió. El cuarto de su amiga estaba desordenado, las sabanas revueltas, mojadas y manchadas de sangre, demostrando que hacía no mucho había ocurrido el parto.
El llanto lo guio hasta en medio de la gran cama, donde envuelta en una sabana y acostada entre unas almohadas, una preciosa bebé de desordenado cabello azabache y piel lechosa lloraba furiosamente. La cargo entre sus brazos con delicadeza y nerviosismo, saliendo rápidamente de ahí y yendo nuevamente donde su amiga, quien era abrazada por un lloroso Fabian.
Marina sonrió y extendió débilmente sus brazos. Ayudada por Fabian, acuno a su hija, quien rápidamente se tranquilizo ante su tacto y abrió sus ojos, revelando un maravilloso color azul celeste, casi tirando a lo blanco. Marina pensó que eran iguales al ojo derecho de su difunto padre, quien estaría orgulloso de ver que su nieta poseía dichos ojos.
—Se parece a James.—dijo acariciando el desordenado cabello de la niña.
—No me hablemos de ese imbécil ahora, Marina. Por Merlín.—dijo Fabian con furia.
—Prométanme que la cuidaran.—pidió con la voz cada vez mas débil.—Que será feliz y amada...que la apoyarán siempre...—rompió a llorar.— Y díganle que su madre la amo con toda su alma.
—Te lo prometemos, Marina.—dijo Gideon con la voz ronca.
—Cuidaremos de ella.—dijo Fabian en el mismo estado que su gemelo.
Los dos hombres abrazaron a la mujer. Sabían que era imposible tratar de evitar lo inevitable. Durante los siguientes diez minutos no dijeron nada y solamente escucharon a Marina susurrarle palabras de amor a su hija, quien veía fijamente a su madre y sonreía alegre.
—Los amo a los tres...—susurró ella.
Esas fueron las últimas palabras de Marina Grindelwald, y aquel 31 de octubre se celebro la caída de Lord Voldemort, el sacrificio de Marina Grindelwald y el nacimiento de la última Grindelwald.