Capítulo 1: La niña perdida.

En el patio extenso de la enorme mansión perteneciente al importante linaje de los Roswaal, una familia reconocida por estar conformada por los hechiceros más poderosos de Lugunica, una mujer de baja estatura vestida con un lindo traje de sirvienta, colgaba en el tendedero la ropa que había terminado de lavar con sus propias manos, esperando que el sol del mediodía saliera pronto para que pudiera secarla.

La joven mujer estuvo toda la mañana haciendo los quehaceres de la residencia; desde ordenar las habitaciones, limpiar los baños, regar las plantas, cortar el césped y muchas tareas más. Estaba acostumbrada a pasar la mayoría de los días así, era algo que se había vuelto cotidiano desde hace mucho tiempo atrás, pero a ella no le gustaba recordar su pasado.
Sin embargo, no todo recaía en sus hombros, también contaba con compañeros que la ayudaban, como su hermana gemela, la cual en silencio siempre se encargaba de retocar todas sus tareas sin que se diera cuenta, debido a que, a pesar de todos los años que trabajó en la mansión, no importa cuántas veces limpiará los baños, regara las plantas o cortara el césped, nunca lo hacía bien, por lo que su hermana menor corregía continuamente sus errores.
La maid se secó el sudor de la frente con el brazo, dejando que su cabellera rosada fluyera con el movimiento.
—Eso es todo —se dijo a sí misma con un poco de orgullo en su voz, colgando la última sábana.
«Espero que Rem y el cabeza hueca hayan terminado con sus tareas», pensó mientras contemplaba el hermoso y vivo paisaje detrás de la mansión. Agarrando la canasta donde antes estaba la ropa mojada, se dirigió a la residencia para guardarla. Una vez puso todo en su lugar, sacó su reloj de bolsillo y lo observó, era hora de merendar.
Cuando entró a la cocina y revisó los estantes donde estaban los ingredientes, se llevó una gran sorpresa al ver que se habían quedado sin muchas provisiones, por lo que se dio un golpe mental por no haberlo verificado la noche anterior. Sin más que hacer, debía solucionar el altercado ella misma para facilitar que su hermana, Rem, pudiera preparar sus deliciosos platillos para todos.
Que el dueño de la mansión, el Sr. Roswaal, no se encontrara presente hasta el fin de semana no era una excusa para que fueran poco saludables y se alimentaran a base de papas, que era lo único de lo que sí estaban abastecidos.
Ella no iba a quedarse de brazos esperando que un pedazo de carne cayera del cielo por arte de magia, por lo que esta situación solo podía solucionarla de una forma: viajando al pueblo cerca de la mansión en busca ingredientes. Este contratiempo haría que comieran un poco más tarde de lo esperado, pero mejor tarde que comer porquería.
Saliendo por el frente de la mansión, preparó un carro con el cual facilitar la tarea de trasladar los ingredientes en barriles, y volvió adentro en busca de dos cosas muy importantes: primero, el dinero del jarrón de Roswall destinado a los gastos de la mansión, y segundo, fue en busca de un esclavo que se encargaría de meter todo lo que compraran dentro de la carreta.
Subió las escaleras hasta el tercer piso, solo para que el monedero donde traía las monedas de oro cayera de sus manos en un ruido sordo contra el suelo. La pobre sirvienta quedó boquiabierta cuando notó el pésimo estado del pasillo, no habían limpiado absolutamente nada.
Se dio otra bofetada mental por haber confiado en que él se levantaría temprano, sabía que tenía que haberlo despertado ella misma con un balde de agua fría llena de cubos de hielo. Respirando hondo e intentando calmarse se encaminó hasta la habitación de él en la anteúltima puerta al fondo del corredor.
En su cabeza, sobre analizaba las mil y una formas en que lo regañaría, se aseguraría de darle un torbellino de insultos y menosprecio por ser un mal agradecido ante la enorme empatía del Sr. Roswaal de dejarlo vivir en la mansión. Levantarse tarde e incumplir con sus responsabilidades era como morder la misma mano que le daba de comer.
Preparada con un largo monólogo en la cabeza sobre como era un cretino, se acercó hasta la puerta de madera refinada y sujetó el pomo con fuerza, resistiendo las ganas de matar a alguien. Pero antes de que pudiese siquiera entreabrir la puerta, un repentino e inesperado gimoteo femenino desde dentro la sobresaltó, erizándole la piel mientras escuchaba los latidos de su propio corazón, golpeando contra su pecho.
—Ah~❤ N-no tan fuerte, v-van a escucharnos —dijo una voz femenina detrás de la puerta, pero la sirvienta no fue capaz de escuchar sus palabras con nitidez.
Agudizando el oído, la criada comenzó a escuchar con más claridad pequeños golpeteos continuos de carne, chocando entre sí como si estuvieran aplaudiendo.
—Tranquila, Ram esta muy ocupada afuera, no va a poder oírnos —respondió una voz masculina.
Apretando los dientes, casi gruñendo, la pequeña maid llamada Ram, no perdió ni un segundo más y no dudó en patear la puerta, abriéndola de golpe y con un ruido estruendoso que alertó a los dos jóvenes dentro de la habitación.
Un grito poco masculino escapó del hombre tras la puerta. Frente a ella, la escena fue tal y como se la imaginó al escuchar los gemidos desde fuera, solo que, con un ángulo distinto, ya que desde la entrada solo fue capaz de distinguir su espalda y parte de su trasero. Ella lo juzgó con el ceño totalmente fruncido y el rostro oscurecido de enojo, lo atrapó infraganti con las manos sobre la masa, o mejor dicho, con las manos sobre su hermana.

—¡Hermana! —exclamó Rem, sorprendida, y tras separarse de la unión entre ambos, se ocultó debajo del cuerpo de su amante.
Con el cuerpo encima de la hermana de Ram, el chico giró la cabeza hacia la entrada muy lentamente, como si una parte de él se negara a aceptar que acababa de ser descubierto, mientras la otra parte no quería mirarla para evitar que él volcán estallara, pero sabía que tarde o temprano explotaría de cualquier forma.
—P-puedo explicarlo —se excusó completamente pálido, como si estuviera frente a un demonio recién salido del infierno.
Ram fue seca y cortante.
—No quiero escucharte —dijo con ojos muertos—. No solo no hiciste ninguna de las tareas que te correspondía, sino que también tienes el atrevimiento de volver a profanar a mi hermana con tu sangre sucia, te llamaría rata rastrera, pero compararte con ellas sería insultarlas gravemente, Basu-Yin. —completó mirándolo desde arriba como si no fuera más que un insecto.

Yin tembló ante su mirada llena de despreció, y un fuerte rubor le cubrió las mejillas, pero lo ocultó rápidamente, abrazando a la joven debajo de él.
—¡Rem, otra vez Ram está siendo mala conmigo! —exclamó con tristeza, refregándose en sus pechos, consiguiendo palmaditas confortadoras en la cabeza por parte de la peliazul.
—¡No te aproveches de la situación, desgraciado! —exclamó la hermana mayor, caminando hacia ellos.
—Ya hermana, no le eches la culpa a Yin —reclamó Rem, frunciendo la nariz.
Ram cruzó los brazos con desaprobación enfrente de ella.
—Rem, tú eres tan culpable como él —dijo decepcionada, ganándose un puchero triste de tu parte.
De un momento a otro, Yin —completamente desnudo.— terminó en el suelo mientras Ram lo arrastraba a la salida. Al presenciar esa situación Rem se preocupó, y envolviéndose el cuerpo con las sábanas cubiertas de manchas húmedas de dudosa procedencia saltó de la cama para intentar detener a Ram y hacerla entrar en razón.
—¡Hermana, detente! —exigió avergonzada—. Sé que estás molesta, pero--
Ram volteó la cabeza mirándola de reojo.
—Alto ahí Rem, no des un solo paso más, al menos que quieras que reporte tu comportamiento indecente al Sr. Roswaal —amenazó.
La hermana menor se llevó la mano a la boca con demasiado dramatismo.
—No te atreverías —dijo sorprendida por la amenaza.
Ram movió la cabeza hacia atrás, acomodándose el flequillo hasta que volvió a tapar su ojo izquierdo.
—Pruébame —pronunció, entrecerrando los ojos de manera desafiante.
Rem quedó impactada al darse cuenta que su hermana estaba hablando en serio, o al menos eso le decía su instinto de gemela.
Terminada la conversación entre ambas hermanas, la pelirrosada siguió arrastrando al chico a la salida mientras él no dejaba de quejarse.
—¡Espera, Ram! —pidió inútilmente, pero Ram no se detuvo—. Si vas a matarme, ¡al menos deja que Rem sea lo último que vea! —suplicó—. ¡¡¡Rem!!! —exclamó estirando la mano hacia la doncella azulada en señal de ayuda.
—¡¡¡Yin!!! —gritó, copiando el gesto, tratando de alcanzarlo.
«¡Qué dramáticos!» pensó Ram con una vena palpitante en la frente antes de aclarar.
—Necesito que me ayudes a hacer las compras, y me acompañaras te guste o no —informó de manera autoritaria, tratando de calmar los nervios de Rem, lo que consiguió, maso menos. Antes de salir de la habitación se detuvo en seco y añadió—: Por cierto, Rem, como castigo por no haber ejercido correctamente tu trabajo como sirvienta el día de hoy, te quedaras limpiando lo que este tonto no hizo mientras estamos afuera, ¿quedó claro? —preguntó con poco entusiasmo.
Su hermana se inclinó hacia delante cabizbaja.
—Sí, Ram, está bien —dijo derrotada.
Al ver que la situación terminó relativamente bien, la doncella rosada sonrió victoriosa.
—Nos vemos dentro de un rato —saludó Ram, atravesando la puerta.
—¡Hermana, espera! —Rem la detuvo mientras corría hacia ella.
—¿Qué pasó? —preguntó, confundida.
—Quiero despedirme —confesó, agachándose hacia Yin—. Tengan un buen viaje —les deseó, antes de inclinarse a él para permitir que probara una vez más sus dulces labios afrutados en un suave beso—. Te amo —compartió con una gran sonrisa.
Él acompañó el gesto y dijo:
—Yo te amo mucho más, mi pequeña oni.
Sonrojada, Rem se levantó del suelo y se despidió de ambos antes de ponerse a trabajar, había mucho por hacer sobre todo teniendo en cuenta de que tenía que arreglar todos los errores que hizo su hermana a lo largo de la mañana.
...
Una vez Ram y Yin llegaron a las escaleras, él decidió hablar luego de que algo lo estuviera molestando desde hacía un rato.
—Mi castigo no es ir desnudo al pueblo, ¿o sí? —preguntó nervioso ante la idea de ser el nuevo hazmerreir del lugar.
—¿Y tener que lidiar con personas a las que se les queman los ojos por verte? No gracias. —bromeó para desagrado de Yin—. Tienes una muda de ropa colgada afuera, tu castigo es ir y volver con la ropa mojada —dijo con una sonrisa casi satisfecha.
—Supongo que me lo merezco —respondió con torpeza—. Eres cruel, pero justa. No puedo quejarme —dijo mientras se liberaba de las garras de su captora antes de notar que ella estaba mirándolo atenta—. Por cierto, Ram, ¿podrías dejar de verme? esg vergonzoso —expresó, tapándose la entrepierna con las manos.
—Es solo que no puedo creer que sea tan pequeño, ¿en verdad logras satisfacer a mi hermana con esa cosita? —indagó señalando sus partes nobles.
—¡Oye! Eso es ofensivo y para que sepas, esto no es ni un cuarto de mi tamaño completo —se excusó, bufando.
—Como sea —dijo con desinterés, volteando la mirada—. Baja rápido, Basu-Yin, mientras más tarde lleguemos a Irlam, más tarde comeremos —habló, tomando la delantera mientras bajaba las escaleras—. Vamos, tortuga anciana —dijo fastidiada al verlo estático.
Él reaccionó rápidamente y comenzó a seguirla, teniendo cautela en asegurarse de que ella no pudiera contemplar lo que sus crueles palabras provocaron “levantar” en él.
—Sí, sí, ya te escuché —respondió, ocultando la erección detrás de sus manos.
...
Luego de que Yin se colocará la ropa —aún húmeda— del tender, Ram lo guío hasta el exterior de la mansión donde había preparado todo para irse. Inevitablemente, él exhaló agobiado al entender que su trabajo no sería únicamente llevar el carro hasta el pueblo, sino también trasladar a Ram, quien sin perder ni un minuto, se había sentado encima del carrito, esperando a que la llevara.
Yin trató de disculparse para evitar tan pesada carga, pero solo consiguió que ella lo ignorara y le diera otra mirada soberbia con mucho desagrado, haciéndolo temblar mientras una sonrisa tonta se formaba involuntariamente entre sus labios.
Una vez abandonaron el gigantesco complejo de la mansión del Sr. Roswaal, se pusieron en marcha en dirección al pueblo. Ram viajaba de lo más tranquila, admirando y disfrutando de la fauna silvestre alrededor de la senda. Por el otro lado, no habían pasado ni 10 minutos andando y Yin ya estaba agotado, los músculos del cuerpo le dolían y el sol que pasaba a través de los huecos entre las hojas de los árboles le golpeaba la espalda, sofocándolo, pero no podía hacer nada más que resistir, al menos si no quería hacer enojar a Ram.
—¿Se puede saber porque comenzaron tan temprano? —indagó Ram para su sorpresa.
—¿Qué cosa? —preguntó, alzando la ceja.
—Sabes a lo que me refiero —dijo en un tono que hacía referencia a que era obvio.
—¿Eh? —pronunció confundido, aunque solo bastó de unos segundos para comprender a que se refería—. Oh... Ya sabes, yo... me desperté y me encontré con que Rem me estaba chupa--
Ram lo interrumpió.
—No hacen falta los detalles. —aclaró sin ganas de escuchar las acciones indebidas de su hermana menor.
—Bueno, en resumen, no pude resistirme a sus encantos, y lo que era un simple regalo de los buenos días, lo convertí en un obsequió de mediodía —explicó con un poco de vergüenza.
—Te ves demasiado rojo, sin embargo, no parecías estar avergonzado cuando te expusiste desnudo frente a mí —confesó con asco—. Sabía que eras un depravado.
El sonrojo de Yin empeoró.
—¡No es lo que crees! —exclamó demasiado alterado—. Simplemente me estoy muriendo de calor y me duelen los brazos porque estas--
—Ni se te ocurra decir que peso mucho —le advirtió, preparando un hechizo de viento para lanzárselo.
—¡El carro! ¡El carro es bastante pesado! —se corrigió—. tú podrías llevarlo mejor, eres mucho más fuerte que yo —confesó con esperanza en que le hiciera el relevo.
—Pff, por supuesto que sí, pero si lo hiciera te dejaría sin castigo, además verte esforzarte por dar un solo paso es bastante gracioso. —admitió con una sonrisa divertida.
Él suspiró de cansancio.
—Debí suponer que te divertía mi sufrimiento —compartió abatido.
El resto del viaje lo pasaron en silencio, más que nada porque a Yin se le dificultaba hablar y prestar atención a la conversación mientras sobrepasaba los baches y las deformidades del camino, momento en que Ram aprovechaba para hacer un comentario burlón o reírse por la incompetencia del pobre y débil chico.
Era un verdadero martirio convivir con Ram sin que Rem estuviera presente, Yin no estaba seguro cuando fue el momento justo donde la relación entre ambos cambió tanto, antes por lo menos podían conversar tranquilamente, pero de un momento a otro la tensión siempre estaba en el aire.
Una vez que empezaron a ver a sus alrededores un área verde con grandes praderas, completamente llena de casas pequeñas, entendieron que habían llegado al pueblo Irlam, solo les quedaba adentrarse hasta el centro de la aldea donde solían estar los negocios principales y de mejor calidad. Cuando llegaron, aparcaron la carreta a un lado y Ram ordenó que Yin atará la rueda por cuestiones de seguridad, no es como si hubiera robos en el pueblo, pero mejor prevenir que curar.

Luego de asegurar la carreta, fueron a explorar las tiendas de comercio. Recorrieron diferentes puestos debido a que Ram se encargaba de verificar y comprobar que los ingredientes fueran de primera calidad, por lo que estuvieron un tiempo paseando hasta que encontraron lo que buscaban.
Como era habitual, Ram ordenó un barril entero de cada ingrediente para que les duraran casi todo el mes. Con 8 barriles frente a ellos, era hora de trasladarlo hasta la carreta, la cual se encontraba bastante lejos por lo mucho que caminaron. Como si nada, Ram levantó 4 barriles sobre los hombros, ganando la atención de varias personas, quienes quedaron boquiabiertos por tremenda demostración de fuerza. Por el otro lado... Yin era capaz de cargar 1 sola y con muchísimo esfuerzo. Al ver esta situación, Ram decidió que, como parte del castigo, él hiciera un ida y vuelta 4 veces mientras ella se quedaba cuidando los demás barriles.
Yin se quejó, pues sería mucho más rápido si lo hiciera ella solo 2 veces, ella estuvo de acuerdo, pero le saco la carta de que este era sanción por haber profanado a su hermana con sus sucias y debiluchas manos. Yin no pudo hacer nada más que aceptarlo y comenzó a mover el primer barril.
Luego de repetir el mismo proceso cuatro veces más, sin dirigirle una sola palabra, Ram volvió a levantar los demás barriles sin ningún esfuerzo y comenzó a caminar. Él se sintió aliviado sabiendo que el tormento al fin había terminado y podía descansar un poco los brazos que le ardían de agotamiento.
Cargada la carreta, Yin se agachó para desatar el nudo que había hecho en la rueda mientras Ram acomodaba los barriles asegurándose de que no tuvieran ningún inconveniente en el camino. Cuando finalmente prepararon todo, Ram iba a ser benevolente por primera vez y le diría a Yin que sabiendo lo inútiles que eran sus músculos ella se encargaría de trasladar la carreta de vuelta a la mansión, pero al abrir la boca para hablar, un gritó viniendo a lo lejos la interrumpió.
—¡Subaru, Subaru! —exclamó una mujer mientras corría hacia ellos.
Deteniéndose delante de los dos, la señora flexionó un poco las rodillas y se sostuvo las piernas mientras tomaba aire con brusquedad. Al levantar la cabeza, pudieron notar que tenía los ojos cansados. El sudor de su frente junto a la respiración agitada mostraba que había estado trotando desde hacía tiempo.
» Tú, no eres Subaru —dijo sorprendida al haberlo confundido.
—No, soy Yin —se presentó orgullosamente mientras se señalaba a si mismo con el pulgar.
Con un aplauso, la mujer juntó las manos y se inclinó hacia él.
—Por favor, ¿podría ayudarme? —preguntó desesperada.
Ram bufó molesta por lo seguido que ocurría esto.
—No pueden esperar a que Balse les arregle siempre todos los problemas —dijo cruzada de brazos.

—¡Ram! —La reprendió por la descortesía de su parte antes de dirigirse a la mujer—. Claro, dime, ¿en qué puedo ayudarte? —dijo, sonriendo amistosamente.
—¡Mi hija, desapareció! —explicó con tristeza—. Estaba comprando lo necesario para la cena de hoy y al darme la vuelta mi hija ya no estaba. —confesó—. Estuve preguntando en cada negocio y a cada persona que pasaba si habían visto a una niña rubia de ojos claros y dos personas coincidieron en que vieron a una niña con las mismas características dirigirse hacia el bosque mientras jugaba con un hombre—dijo alterada—. ¡Creo que secuestraron a mi bebé! —exclamó con un sinfín de lágrimas bajando por sus mejillas.
Ram frunció más el ceño.
—Si tanto le preocupa su hija, ¿Por qué no se mete al bosque tú misma? —indagó molesta de que la mujer simplemente llorara, esperando a que alguien más resolviera su problema por culpa de ser una madre descuidada.
—¡Ram! —exclamó, agarrándola de los hombros para alejarla de la conversación antes de dirigirse a la mujer—. Discúlpenos, un segundo, porfavor. —La madre llorona asintió, y él fue a hablar con la sirvienta mayor lejos de la mujer—. ¡No puedes ser tan insensible!
Ram le apartó las manos de sus hombros.
—No soy insensible, soy lógica, si ella está preocupada a mares por su hija, ¿porque no va a buscarla? —preguntó impaciente.
—El bosque es peligroso y ella no parece que sepa pelear —dijo, señalándola groseramente, a lo que Ram lo reprendió diciéndole que era de mala educación señalar.
—¿Y? Su hija esta en peligro, si de verdad le importa iría de cualquier forma —le aseguró.
—No tiene caso hacerlo si muere en el camino —confrontó Yin.
—Y no se le ocurre mejor idea que buscar la ayuda de Barusu, aprovechándose de que el muy idiota nunca dice que no —comentó, añadiendo—: Básicamente prefiere arriesgar la vida de otros antes que la suya para solucionar un problema que ella misma generó. —dijo, zapateando molesta.
—Puede que tengas algo de razón, pero voy a ayudarla de todas formas, no por ella, sino por la niña que se encuentra en problemas —explicó con una firme convicción en los ojos.
Ram resopló por su actitud tan caprichosa.
—A veces eres un tonto sin remedio —dijo exasperada, llevándose la palma a la cara.
—Encárgate de llevar todo a la mansión, te alcanzaré más tarde —le ordenó mientras revisaba tener todo lo necesario para combatir en caso de ser necesario.
—No digas tontearías, te acompañaré, eres más débil que una hormiga, pendejo, no durarías nada si te topas con un enemigo —comentó en un tono burlón, y Yin suspiró.
—Me tienes muy poca fe, te aseguro que soy mucho más fuerte de lo que parezco —dijo con una confianza recién encontrada.
—Sísí, lo que digas, hormiga, te voy a escoltar, sin embargo... —Para confusión de Yin, Ram se dirigió hacia la mujer—. Está bien, te ayudaremos, ¡pero!, vendrás con nosotros —dijo sonriendo con malicia.
La mujer pestañeó confundida.
—¿E-eh? —pronunció con torpeza.
—No sabemos cómo se ve tu hija, así que te necesitamos en caso de tener que identificar su cadav—
Al saber lo que estaba apunto de decir, Yin le tapó la boca con la mano de inmediato.
—¡Su cara! ¡En caso de que tengamos que identificar su cara! —corrigió, con el sudor bajando por su frente
La mujer los vio insegura, pero reuniendo valor, se atrevió a aceptar.
—Ah... supongo que tienen razón, solo espero no ser una carga. No sé pelear ni tampoco usar magia, pero daré mi mejor esfuerzo —dijo con la mirada cargada de ilusión antes de dirigirse a la entrada del bosque.
Viendo que la mujer se alejaba, Ram envió una mirada de odio puro hacia Yin, el entendió que era momento de soltarla, y alejó la mano de su boca.
—La próxima vez que me intoxiques con la mano con la que te masturbas, te mataré —amenazó siguiendo a la mujer.
—Oye, yo no... —Lo pensó mejor—. Olvídalo. —dijo detrás de ella.
Cuando llegaron al puente que conectaba el pueblo con el bosque, Yin verificó que las piedras mágicas estuvieran en su lugar, asegurándose de que la barrera contra las “mabestias” siguiera activa, impidiendo que cualquier “bestia demonio” pudiera ingresar a la aldea.
Una vez comprobó que funcionaran, se lo informó a las chicas. Ram fue la primera en dar un paso hacia delante, y siendo seguida por los demás se adentró el bosque. En el costado del camino, las altas y frondosas hierbas obstruían el paso, ralentizando la caminata, por lo que la pequeña criada no tuvo otra opción que cortar la mala hierba mientras avanzaban a un paso interrumpido.
Aunque cada vez seguían acercándose más y más al corazón del bosque, aún no encontraban un solo rastro de la niña, pero lo más raro, era que aún no se topaban con ninguna bestia. Al presenciar esta situación tan anormal, Ram se puso en alerta más que nunca, lista para levantar la guardia en cualquier momento de ser necesario.
Detuvieron el paso para investigar la zona, a estas alturas cualquier cosa que encontraran era de ayuda. Sin embargo, la falta de enemigos seguía preocupando gravemente a los sirvientes de Roswaal, que seguían buscando alguna pista de pisada o marca de rasguños en los arboles y detrás de los arbustos.
¿Sientes algo cerca? —le preguntó Ram mientras exploraba los alrededores.
Yin cerró los ojos y trató de sentir enemigos en las inmediaciones con su sexto sentido, sin embargo, no sintió nada.
—No estoy seguro, pero sorprendentemente creo que no hay nada peligroso en nuestro alrededor —reveló de espalda a Ram.
—Eres un radar con patas, se supone que deberías saber si hay enemigos cerca —declaro fastidiada.
—Lo siento —dijo en un tono sarcástico—, pero mi sensor de enemigos solo funciona en caso de que alguien me quiera hacer daño, mientras no tengan esa intención no podré sentirlos —explicó, aclarándole su habilidad.
Acercándose sigilosamente a él, Ram cargó un brazo hacia atrás y le propició un fuerte puñetazo en el brazo, tomándolo por sorpresa.
—¡Aaay! —Yin gritó de dolor, y rápidamente se frotó donde había recibido el golpe—. ¡¿Qué diablos fue eso?! —exclamó confundido.
—Que chafa, tu detector esta averiado —comentó con frustración.
—¡Claro que no! —exclamó adolorido—. Cuando dije que me quisieran hacer daño, me refería a enemigos que literalmente quisieran matarme —explicó molesto de que aprovechara la situación para golpearlo.
—Hubieras sido más específico, solo comprobaba que estuvieses funcionando —declaró con menosprecio, provocando un temblor en él.
—¿Por qué te refieres a mi como si fuera un objeto? —preguntó sonrojado—. ¡Eso es muy cruel hasta para ti! —señaló con el ceño temblante.
—No pareciera que de verdad te molestara. —opinó, levantando una ceja al verlo agitado y con un gran sonrojo en sus mejillas.
—¡Lo hace! —dijo, regulando la respiración para parecer normal
—Como sea, tú solo sigue buscando, Basuyin. —Ram volvió al trabajo de seguir investigando.
—No hace falta que lo digas —pronunció fastidiado.
Ambos continuaron buscando, hasta que escucharon la voz de la mujer no muy lejos de ellos.
—¡Encontré algo! —reveló, exclamando entre los arbustos, ella levantó un objeto redondo en el aire para que ubicaran su posición entre las hierbas.
Ram giró la cabeza hacia Yin.
—Guau, sorprendentemente ella demostró ser más útil que tú —declaró con malicia.
—Cállate —expresó Yin antes de acercarse a la mujer—. ¿Qué encontraste? —le preguntó amistosamente.
De pronto, la mujer comenzó a llorar desaforadamente, generando una gran confusión en Yin.
—Tarado, la asustas —declaró Ram, dándole otro puñetazo.
—¡Oyeee! ¡No le hice nada! —aclaró, frotándose el brazo.
—Le mostraste tu cara —dijo con una sonrisa burlona—. eso es suficiente para espantar una población entera.
Yin pensó en mostrarle un poco de igualdad de género, pero pronto se calmó cuando escuchó que la madre desolada se esforzaba por hablar.
—E-es su brazalete... —reveló la mujer—. ella nunca lo dejaría caer, es muy importante para ella —explicó, moqueando.
Ram ladeó la cabeza, no había nada que destacar del brazalete.
—¿En serio? Parece un brazalete común y corriente —opinó intrigada, y Yin se inclinó hacia ella con disimulo.
—¡Ram! —la reprendió por ser insensible debido a que probablemente la mujer se refería a que el brazalete tenía un gran valor sentimental.
La madre solitaria, negó con la cabeza, llena de melancolía.
—Es el ultimo regalo que le hizo su padre antes de morir —explicó con tristeza.
Para sorpresa de Yin, se percató de un ligero cambio en la mirada de Ram, tal vez arrepentimiento, ella conocía muy bien lo que era perder a un padre.
—No hay tiempo que perder, hay que encontrarla antes de que sea demasiado tarde —declaró la sirvienta, poniéndose en marcha en la dirección donde encontraron el brazalete, y los otros dos no tardaron en acompañarla.
...
Los tres siguieron adentrándose por el bosque hasta que de pronto, el camino fue cubierto por una densa niebla que cegó todo el panorama, y para empeorar la situación, el sol desaparecía a medida que avanzaban debido al crecimiento exponencial de los arboles más adelante, altos e imponentes como torres. Fue entonces cuando escucharon una voz aguda a lo lejos, lo que hizo que aumentaran el ritmo. Sino fuera gracias a los pequeños huecos de claridad entre las hojas de los árboles, hubieran estado en completa oscuridad. En el momento en el que la mujer pudo escuchar la voz con más nitidez, se adelantó a los demás, sorprendiendo a ambos jóvenes. Ram sugirió que se detuviera, era demasiado peligroso que fuera al frente, pero la mujer, cegada por la esperanza, no escuchó la advertencia y siguió corriendo hacia la voz.
—¡Es ella! —Informó angustiada—. ¡Puedo escucharla!
Ram y Yin fueron detrás de ella mientras a lo lejos del camino comenzaban a distinguir un poco de claridad. La sirvienta de cabello rosa, se sintió aliviada al saber que finalmente estaban por cruzar el bosque. Pero justo en ese momento, en un simple pestañeo, Yin alcanzó a la progenitora de la niña perdida para sorpresa de Ram. Tomándola del brazo, frenó en seco y la arrojó a un lado del sendero, haciéndola gritar de sorpresa mientras rodaba por la hierba. La maniobra dejó atónita a Ram, pero antes de que pudiera detenerse a analizar lo que sucedió, Yin la envolvió entre sus brazos y se lanzó con ella fuera del camino, poniendo su propio cuerpo para amortiguarle la caída.
Terminada la acción, con el ceño completamente fruncido, la criada se preparó para maldecir todo el árbol genealógico del chico mientras estaba encima de él, pero antes de que pudiese siquiera pensar en abrir la boca, una mano le cubrió rápidamente los labios. De inmediato, Ram recordó la advertencia que le había hecho sobre lo que le haría la próxima vez que se atreviera a silenciarla, por lo que se molestó mucho, y se alistó para morderle la mano, asegurándose de que no olvidara lo que significaba desobedecerla.
Pero en unos segundos, cualquier idea de lastimarlo desapareció de su mente en un instante cuando sintió que su mano temblaba sobre ella. No hacía falta que lo viera a la cara para darse cuenta de que estaba asustado, el solo hecho de que él se estuviera aferrando al abrazo lo dejaba en evidencia. Ella comprendió la situación al instante, alguien o más bien “algo”, se había percatado de sus presencias. Ram, que había estado tensa por la repentina muestra de afecto tan estrecha, se relajó y palmeó suavemente la mano delante de su boca para darle a entender que era consciente de las circunstancias. Al separar la mano de ella, Yin no dudo ni un segundo en disculparse mientras Ram se sentaba frente a él, pero ella negó con la cabeza.
—Tranquilo, lo dejaré pasar esta vez, hay cosas más importantes de las cuales debemos preocuparnos ahora –comentó en voz baja, añadiendo-: ¿Cuántos son?
—Uno solo —Rem abrió los ojos y su quijada cayó.
—¡¿Uno?! —preguntó, deseando haber escuchado mal.
Para sus lamentos, él asintió.
—Su sed de sangre es... monstruosa. Jamás había presenciado algo de tal magnitud. —reconoció con nerviosismo—. Creo que ahora entiendo porque no nos encontramos con ninguna mabestia en todo el camino, esa cosa debe haberlos espantados —explicó, mirándola a los ojos.
—¿Crees que la niña este...? —Hizo un gesto de muerte con las manos.
—Si lo que dijo ella es cierto, es probable que siga con vida y se encuentre más adelante —opinó con la vista en el final del camino—. Aunque... me pregunto si estará junto a la bestia —dijo inseguro.
—Si fuera el caso, dudo que aún respire —declaró con un golpe de realidad.
—No lo sabremos hasta averiguarlo —dijo, esperanzado en que la niña se encontrara con vida.
A unos cuantos metros de distancia de ellos, la madre de la niña perdida, lanzó un par de quejidos adoloridos mientras intentaba levantarse del suelo.
—¡¿Por qué hiciste eso?! —exclamó enojada, viendo los cortes superficiales que había recibido al girar por los arbustos.
Ram y Yin le sisearon enseguida para que se callara, y la mujer se llevó las manos a la boca sin saber realmente porque lo hacía, pero Ram prosiguió a explicar —en voz baja— lo que sucedía.
Luego de ponerla al corriente, tomaron la decisión de seguir por otro camino cubierto por más plantas para evitar ser vistos. Avanzaron, esquivando los arbustos y las ramas para hacer el menor ruido posible hasta llegar a la luz. A diferencia de lo que Ram creía; no se trataba de la salida del bosque, sino de una planicie redonda que se encontraba en el corazón del bosque.
Estando entre los arbustos, distinguieron dos enormes rocas apiladas entre sí en forma de cueva. A simple vista no parecía haber moros en la costa, sin embargo, lo que sea que Yin había sentido, era muy probable que estuviera ahí dentro. Mientras planeaban lo que debían hacer a continuación, escucharon de nuevo una voz resonando en el interior de la cueva. Esta vez pudieron identificar con claridad que se trataba de una niña pequeña.
—¡Rápido! —dijo la niña, riendo mientras sus palabras salían en forma de eco.
—¡Espera! —exclamó una voz grave y masculina.
Tras unos segundos, una pequeña niña con una hermosa y llamativa cabellera dorada salió dando pequeños saltitos entusiastas de la oscura cueva. La mujer que los acompañaba, no pudo evitar llorar de alivió al ver que su hija se encontraba —a primera vista— sana y salva, ella se levantó ligeramente para ir a buscarla, pero Yin le agarró la muñeca, deteniéndola enseguida mientras le pedía seriamente que esperara. Había algo que no olía bien de la situación.
¿Por qué la niña se encontraba tan feliz luego de ser secuestrada?
Luego de hacerse esa pregunta, Yin contempló como la mujer se llevaba de nuevo las manos a la boca, solo que esta vez fue un gesto de sorpresa cuando vio al hombre que salió detrás de la niña.
—E-es i-imposible —pronunció desconcertada
—¿Qué sucede?, ¿lo conoces? —le preguntó Ram.
—E-Es mi esposo, pero es imposible, él murió hace mucho tiempo —explicó con tristeza—. Y-yo vi su cadáver —dijo mientras sus ojos comenzaban a cristalizarse.
Ram levantó una ceja, y señaló al “fantasma”.
—¿En serio? Pues él me parece muy vivo ahora mismo —expuso en un tono plano.
—Lo digo enserio, él falleció, no sé quién sea él, pero ese impostor no es mi precioso esposo —completó entre lagrimas mientras el pecho se le encogía.
Llevando la mano debajo de su barbilla, Yin comenzó a murmurar.
—Se supone que no viven en esta zona... sin embargo...
Verlo tan pensativo llamó la atención de Ram.
—¿Qué tanto piensas? —le preguntó curiosa, antes se sobresaltarse cuando Yin se golpeó la palma con el puño.
—¡Eso explicaría porque sigue con vida! —exclamó en voz baja llegando a una conclusión—. No hay duda alguna, esa cosa tiene que ser, ¡un cambiaforma! —destacó, apuntando con el índice al impostor.
Ram frunció las cejas.
—¿Cambiaforma? ¿Qué es eso? —dijo, observando al hombre que parecía estar en medio de una larga charla con la niña.
—Felix me habló sobre ellos, son criaturas amorfas con una habilidad mágica que los hace poder cambiar de forma a una que este sentimentalmente conectada a sus presas a partir de sus recuerdos. Esas cosas se alimentan de las emociones negativas mientras poco a poco absorben la energía vital de sus víctimas —explicó con una mirada de odio en los ojos.
—No veo que la niña este mostrando emociones negativas —opinó Ram.
—Los cambiaformas son escorias, disfrutan jugar con sus presas haciendo que sus emociones positivas alcancen el punto más alto, para radicalmente obligarlos a experimentar los mayores horrores posibles de un momento a otro, es como si comieran todo un banquete de un solo bocado —destacó, apretando el puño con impotencia.
Al escucharlo, la mujer se asustó.
—¡¿Mi niña esta en peligro?! ¡Debemos salvarla! —dijo casi suplicante.
Mirandola, Ram entrecerró los ojos.
—¿No querrás decir, “deben”? —preguntó, arqueando la ceja.
La mujer se sintió avergonzada al reconocer que no podía hacer mucho, pero aún así se llenó de valor.
—Lo siento, sé que soy completamente inútil para esto, y puede que incluso llegue a ser una carga, pero haré lo que sea para salvar a mi hija, incluso si debo sacrificar mi vida entregándome a esa cosa. Con tal de que mi bebé pueda vivir, no importa lo que me pase. —Su mirada indicaba una profunda seguridad, enardecida por su instinto maternal.
Yin sonrió ante esta muestra de amor.
—A eso llamó determinación. —compartió con una sonrisa dibujada entre los labios antes de calmarla—. Pero tranquila, no hace falta un sacrificio —admitió, añadiendo—: Verán, pese a que son capaces de cambiar de forma, su habilidad se restringe únicamente a los recuerdos de un ser vivo a la vez que este en su visión, por lo que no puede tomar la forma de algo que ninguno de nosotros conozca —explicó con sabiduría.
Ram levantó la mano en forma de broma como si estuviera en medio de clases.
—Hay algo que todavía no tengo en claro, ¿también puede copiar las habilidades de los seres en los que cambia? —preguntó curiosa de este nuevo y desagradable ser.
—Se supone que sí... aunque según Crush tienen muchas restricciones —confesó—. Por ejemplo, si alguno de nosotros conociera a alguien capaz de destruir un reino entero con un solo ataque, probablemente excedería sus capacidades de transformación, por lo que intentaría replicar el mismo ataque pero no seria para nada efectivo.
—¡¿Y como sabremos cuales replica y cuales no?! —indagó Ram alterada, creyendo que toda la información no había servido para nada.
—No lo sé —dijo con torpeza, levantando los hombros—. No hay tanta información sobre ellos, pero lo averiguaremos esa restricción en unos momentos —comentó haciendo alusión a que combatirían—. De todas formas, no he presenciado a personas muy fuertes, por lo que por mi parte no habrá nada que sacar de mi cerebro —aclaró con orgullo.
Rem revoloteó los ojos, poniéndolos en blanco.
—Para tu mala suerte yo sí. El Sr. Roswaal es un muy buen ejemplo —dijo, cruzando los brazos mientras Yin se llevaba las manos a la cabeza.
—¡Ah mierda, es cierto! —exclamó derrotado antes de volver a animarse—. No importa, haré que enfoque su habilidad solo en mí, no puede copiar los recuerdos de más de uno a la vez —declaró antes de hacer un plan—. Ire adelante, Rem estarás atrás y tú... —Aún ninguno de los dos conocía el nombre de la mujer
—Akari —compartió, esperando las indicaciones.
—Akari, tienes que estar lista, una vez rescatemos a la mocosa, tendrás que correr con ella sin mirar hacia atrás, no te detengas ni un segundo hasta salir del bosque. —La mujer asintió con la cabeza, y él se enfocó devuelta en su compañera de trabajo—. Ram, se que va a sonar complicado, pero debemos alargar el combate lo más que podamos —confesó, esperando una respuesta que no tardó en llegar.
—¿Por qué haríamos algo como eso? Es estúpido —dijo sin pelos en la lengua.

—Para asegurarnos de que salgan del bosque sanas y salvas. —explicó, antes de profundizar la situación—. Si mi teoría es correcta, una vez matemos al cambiaforma es demasiado probable que las mabestias vuelvan a aparecer y estaremos muy lejos de ellas para protegerlas —dijo con seriedad.
Ram se revoloteó el cabello con las manos.
—¡Dios, no se ni porque te seguí hasta aquí! —exclamó fastidiada—. Creo que el menor de nuestros problemas va a ser su seguridad, ¿de verdad crees que tenemos oportunidad si somos rodeados por los perros sarnosos? —preguntó desconfiando plenamente las habilidades de él—. Sí de verdad piensas que sí, déjame decirte que eres muy estúpido o estás muy mal de la cabeza.
Yin no estuvo de acuerdo con su declaración.
—Te dije que no me subestimaras, he entrenado muy duro con Felix y el Sr. Wilhelm, —Flexionando el brazo, colocó la mano sobre el bíceps—. te aseguro que ahora soy super fuerte —dijo con mucha confianza sobre si mismo.
Suspirando, Ram negó con la cabeza sin poder creer su actitud tan creída, ¿en que momento se volvió tan presumido?
—Si entraran a un concurso de arrogancia injustificada, no sé quien lo ganaría, si Barusu o tú —pronunció indiferente.
—No soy arrogante, solo digo que--
Akari lo interrumpió, levantando la voz.
—¡¿Pueden dejar de pelear y ponernos manos a la obra?! ¡Mi niña sigue en peligro! —exclamó un poco harta de sus idas y vueltas.
Rascándose la cabeza, Yin se disculpó por el contratiempo.
—Cierto, cierto, la misión. Lo siento, perdí en enfoque —Yin cerró los ojos concentrado.
Extendiendo la mano hacia adelante, esta comenzó a brillar invocando una vara de luz que fue manifestándose en la palma de su mano mientras poco a poco se amoldó hasta tomar la forma de un arco de luz.
» Empezaremos con un ataque sorpresa. Ram, cuando sienta que ambas abandonaron el bosque, pasaras al frente y lo enfrentaras tú —explicó con una sonrisa.
La criada mayor de Roswall chasqueó la lengua con un mal sabor de boca.
—Sabia que solo eras un cobarde inútil —expresó decepcionada.
—¡Es para asegurarnos de que muera! Soy fuerte, pero aun así no sería capaz de asesinarlo con mis habilidades —se excusó.
—¿Y que te hace creer que yo puedo hacerlo?! Por si te olvidaste ya no conservo mi cuerno, idiota —le recordó, frunciendo la frente.
—Solo confía en mi, tengo un plan, pero solo puedo ejecutarlo si me das tiempo —aclaró para tranquilizarla.
—¡Bien!, pero que conste que si morimos, no te dejaré en paz en en el más allá —bromeó con amargura.
Acercándose a ella, le colocó la mano en la cabeza de forma confortadora.
—No seas tonta, no vas a morir, este fue mi plan después de todo. Si algo sale mal solo corre y déjame atrás, haré todo el tiempo posible para que puedas escapar —Sus palabras fueron duras sin ninguna pizca de consuelo.
—¿Qué? —pronunció anonadada.
—Después puedes decirle a Rem que me fui con otra mujer o algo así, para que me odie y evitar que sufra por mí —dijo suavemente. Invocando una flecha de luz, la cargó en el arco y tiró la cuerda hacia atrás.
Ram se quedó pasmada unos segundos, analizando las palabras de Yin, no creía que fuera tan inconsciente como para arriesgar su vida y su propia felicidad con tal de salvarla a ella y a un par de extrañas.
—Espera, ¿estas brome--
Antes de que pudiera terminar la pregunta, Él la interrumpió muy enérgico.
—¡Acabemos con esto! —Apuntando a la cabeza del impostor, Yin disparó una flecha con dirección a su frente—. Cuando se los ordené, cierren los ojos —les exigió a las mujeres.
Para sorpresa de Ram y Akari, lo que parecía ser un tiro certero, se convirtió en una triste intención de golpearlo en el momento en que sin nisiquiera pestañear, el “hombre” detuvo la flecha con la mano desnuda justo en frente de su rostro.
—¿Papi? —preguntó la nena confundida sin comprender lo que sucedía.
El “cambiaformas” observó atentamente a su alrededor, buscando localizar de donde provenía el ataque, pero antes de que pudiera encontrarlo, tres flechas más fueron hacia él, las cuales logró esquivar por milímetros. Rompiendo la ramas esparcidas bajo sus pies, Yin salió de los arbustos corriendo en línea recta contra él.
La niña asustada, se ocultó detrás de su “padre”, quien miraba al muchacho frente a él con mucho interés, tanto que era casi como si pudiera verle el alma a través de sus ojos. El hombre comenzó a recitar unas palabras en un lenguaje desconocido, extrañando a la niña detrás de él. En lo que preparaba un nuevo hechizo para cambiar de forma, Yin se llevó las manos cerca de la cara y extendiendo los dedos hacia sus ojos, ordenó:
—¡Cierren los ojos si no quieren morir!
A consecuencias de sus palabras, la niña cerró los ojos al mismo tiempo que las dos mujeres detrás de los arbustos. Una vez Yin procuró que la infante tuviera los ojos cerrado miró fijamente a aquel hombre de ojos vacíos.
—Taiyoken —exclamó, activando un hechizo de luz.
De pronto, Yin fue rodeado por una luz resplandeciente que iluminó la zona en forma de destellos que cegaron al monstruo por completo, sus gritos agonizantes de dolor resonaron por el bosque, se llevó las manos a los ojos y cayó en el suelo rodando de un lado a otro por la desesperación.
La niña abrió los ojos preocupada por los gritos de su padre, pero de un momento a otro, se encontró siendo llevada por el chico, quien la cargaba entre sus brazos. La niña no tardó en forzar su garganta mientras estiraba la mano hacia su falso padre.
—¡Papá, papá, ayúdame! ¡No quiero que me alejen de ti de nuevo, papá! —Lloró agobiada, zapateando mientras trataba de librarse del agarre.
Una vez llegaron a los arbustos Yin entregó la niña a su madre. Ella no pudo evitar abrazarla completamente aliviada de que se encontrara bien.
—¡Anna! —dijo entre lagrimas de alivio.
—¿M-Mamá? —pronunció confundida antes de volver a llorar—. ¡Mamá, es papá, está vivo! —dijo emocionada—. ¡Él está vivo!, ¡ahora podremos volver a ser una familia como antes! —dijo esperanzada, lo que rompió el corazón de su madre.
—Hija... él no es...
Interrumpiendo a la pobre madre, Ram reprendió a Yin a los gritos.
—¡Basuyin! ¡¿Qué no pudiste haberlo asesinado mientras estaba cegado en vez de huir con la niña?! —preguntó, cuestionando su decisión.
Él se llevó las manos a la cabeza por no considerar esa idea.
—¡Maldición, es cierto, pude haberlo hecho! —exclamó sintiéndose un completo idiota.
—¡La inteligencia te persigue, pero sin duda eres mucho más rápido, cabeza dura! —lo insultó sin pena alguna.

La cosa con la apariencia del padre de la niña, comenzaba a desaturdirse mientras recuperaba la visión.
—¡Como sea, ya es tarde, apeguémonos al plan! —declaró, con la espina de su torpeza aún clavada en su piel. Yin giró la cabeza y les habló a las dos campesinas del pueblo—. Rápido, tienen que irse antes de que recobre los sentidos.
Akari asintió rápidamente con la cabeza y agarró a su hija entre los brazos.
—¿Eh? ¡No, mamá! ¡Papá está en peligro ese señor malvado quiere hacerle daño! —dijo la niña, señalando al joven Yin.
Al escucharla, algo se movió dentro de Yin.
«¡¿Señor?! ¡¿A quién llamas señor?! ¡Ni que pareciera tan viejo!» Pensó, enojado con la chiquilla.
—Hija, tenemos que volver a casa —le explicó Akari.
—No podemos, no sin papá. Mami hay que salvarlo, quiero que papá este con nosotras de nuevo —dijo en un puchero antes de comenzar a lagrimear.
La madre acomodó a su hija entre su pecho y dejó que llorará desconsolada para desahogarse.
—Yin, Ram —pronunció suavemente—. Porfavor denle su merecido a ese bastardo por jugar con el corazón de una pobre niña —les pidió mientras las lagrimas también abandonaban sus ojos.
—Ten por seguro que lo haremos —aseguró Ram con el pulgar arriba.
Akari besó la frente de su pequeña hija.
—Lo siento, mi amor, pero papi no puede acompañarnos —comentó, y procedió a correr por donde habían llegado.
—¡No, mamá! —gritó la niña—. ¡Hay que salvarlo! ¡Papi, Papi! —pidió por él mientras lloraba histérica, sin mostrar señales de detenerse pronto.
Yin admiró la escena con una profunda tristeza que su rostro no trasmitió.
«Me pregunto qué tan profunda habrá sido su relación para llorar de esa forma...» pensó con un poco de envidia mientras recordaba su pasado.
«Madre alcohólica, padre abusador... Estoy más que seguro que ni siquiera lloraron cuando desaparecí. Una parte de mí hubiese deseado haber tenido una relación parecida, lo suficientemente fuerte para que me hiciera llorar al extrañarlos cuando llegué a este mundo, sin embargo, lo único que pude sentir fue una gran liberación.» reconoció con un rastró de amargura, y miró al monstruo con un profundo odio. «Sin embargo, a esa niña, se le cayó el universo con la muerte de su padre. Apuesto que a pesar de poder ver los recuerdos de los demás, un monstruo como tú no comprende nada de esto, por eso... ¿Qué te da derecho de jugar con los corazones de otros?»
Yin cerró la mano llenó de furia.
—Ram, cambio de planes, en vez de correr de él, voy a encargarme de hacerlo sufrir hasta que ellas salgan del bosque —explicó preparando el arco.
La doncella rosada, pestañeó confundida.
—¿Eh? —No tuvo tiempo de detenerlo.
Saliendo de los arbustos, estiró el arco y creó otra flecha de luz mientas lo apuntaba hacia el monstruo de forma amenazante.
—¿Qué esperas para cambiar de forma, fenómeno? —La flecha salió disparada, pero el cambiaforma lo esquivó sin dificultad.
Yin no estaba seguro de como lograba evitar cada uno de los ataques, por lo que quiso experimentar. Disparando 8 flechas hacia los pies del enemigo, resquebrajó el suelo y separó la tierra.
» Ram apunta tu habilidad a las flechas para crear una cortina de humo. —ordenó sin vacilar.
—¡De inmediato! —Las manos de Ram se cubrieron de un viento visible mientras preparaba su magia—. ¡Fura! —exclamó, disparando una barrera de viento con una velocidad muy elevada hacia el suelo, creando una pantalla de humo.
Alegre de que el plan funcionara, Yin preparó el arco, esta vez, lo estiró mucho más.
—Bien, veamos si ahora logra esquivar mis flechas —dijo mostrando una leve sonrisa confiada.
Lanzando una ráfaga de 8 flechas una tras otra hacia el humo, ambos escucharon un pequeño quejido de dolor.
«¡Le di!» Celebró mentalmente con emoción, y continúo disparando flecha tras flecha.
Mientras creía que la situación estaba completamente controlada, su sensor de peligro se activó de repente, por lo que instintivamente retrocedió un paso y se inclinó hacia atrás apoyando las rodillas en el piso, pudiendo esquivar con solo unos segundos de anticipación; una enorme bola metálica con púas que salió del humo muy velozmente en dirección a su cabeza.
Ram abrió los ojos al reconocer el arma atacante.
—¡¿Morning Star?! —preguntó boquiabierta. «¡No me digas que esa cosa tomó la forma de...!»
Mirándolo con rabia, Yin frunció la nariz.
—Tsk... Debí imaginarlo... Esto es caer demasiado bajo, incluso para ti. —escupió con enfado.
El humo se disperso, y frente a ellos, ya no había un hombre, sino que ahora había una pequeña doncella de cabello azul que ambos conocían muy bien: Rem, la hermana menor de Ram y la novia de Yin. Ella lo miró a los ojos con la mirada completamente vacía.
—Yin... que tal si... —pronunció suavemente. Una enorme y maliciosa sonrisa apareció entre sus labios, levantó la maza en el aire y la hizo girar a tal velocidad que la bola de hierro se volvió imperceptible ante la vista—. ¿Jugamos a las atrapadas? —preguntó, lanzándole la maza con fuerza.

Gracias a su sexto sentido, Yin consiguió esquivarlo sin mayor problema.
—Para serte sincero, prefiero cuando eres tú quien juega a atrapar mis bolas. —bromeó para romper la tensión.
Un repentino aullido de dolor escapó de Yin cuando una ráfaga de viento en forma de látigo chocó contra su espalda. Girando la cabeza, se encontró con la mirada de desagrado puro de Ram entre los arbustos.
—Eres desagradable —expresó con desprecio.
—Lo siento, me deje llevar por la situación —dijo, rascándose la cabeza.
Sin dejarlos seguir con la conversación, un nuevo ataque fue enviado hacia él, pero pudo evadirlo a tiempo, haciendo que la bola siguiera su recorrido y acabara atravesando dos árboles en el camino.

—Fiuuu... Estuvo cerca —admitió aliviado de que esos troncos no fueran su cabeza.
—¿Necesitas ayuda? —preguntó Rem, mostrando el rostro a través del hueco de un arbusto.
—Todavía no, si entras ahora, puede que desperdiciemos nuestra única oportunidad de matarlo —explicó con calma—. Además —Esquivo otra arremetida de la maza—. Dudo mucho que hayan salido del bosque todavía. —estimó que aún faltaba un poco más de tiempo para que estuvieran a salvo.
—Si tú lo dices, solo llámame cuando me necesites y salvaré tu estúpido —y lindo— trasero —dijo, susurrando lo último.
—¡Tenme un poco más de confianza o al menos esfuérzate por mentir sobre ello! —declaró, resoplando.
—Deja de hablar y concéntrate en la pelea si no quieres que la Rem falsa te arranque la cabeza —sermoneó.
—¡Está bien, discutiremos luego tu falta de fe más tarde! —dijo centrándose en el combate.
—¡Esperemos que aún puedas respirar para entonces! —vociferó en un vago intentó de animarlo.
Yin pasó un rato esquivando y respondiendo a los ataques que le llegaban por todas partes sin descanso alguno. El cansancio poco a poco le pasaba factura, sus movimientos se volvían toscos y su agilidad se ralentizaba, entorpeciendo que pudiera eludir las embestidas de manera efectiva, lo que terminó en que una de las acometidas acabara cortándolo con las púas al rozar su brazo superficialmente.
«¡Maldición!» gritó internamente aguantando el dolor para evitar asustar a Ram. Retomando la concentración, volvió a disparar una flecha, y al igual que él, ella recibió una herida, pero más profunda, atravesándole el muslo izquierdo.
Un aullido fuerte escapó de los labios de la imitadora, y marcando el ceño fruncido, observó desquiciada al chico. Yin le sonrió con soberbia.
—¿Qué sucede? ¿Te gustó eso, hijo de puta? —preguntó sonriendo—. Te doy una buena noticia, tengo más de donde salió eso —exclamó altanero.
Buscando inmovilizar la mano donde llevaba el “lucero del alba, tiró otra flecha que se le clavó en el hombro derecho. Pero para su mala fortuna, eso solo consiguió provocarla más, incentivando a que siguiera peleando con más intensidad. De pronto, mientras la falsa Rem gruñía de la impotencia, Ram y Yin presenciaron como comenzaba a salir humo de entre sus dientes, al mismo tiempo, sus ojos brillaron de un fuerte color rosa. Ambos se quedaron anonadados, sabiendo lo que vendría.

—¡No me jodas! —exclamó Ram sobresaltada.
—De verdad pensé que no sería capaz de copiar eso, lo subestime —se sinceró para sus lamentos.

Un fluorescente cuerno rosado empezó a manifestarse de la frente del cambiaforma, mientras era rodeada de un aura electrizante del mismo color. Yin no esperó a que terminara su transformación y le disparó flechas sin parar, pero estas solo se rompían debido a aura mortífera de Rem. Una vez terminó de invocar su cuerno, ella mostró una sonrisa enloquecida, hambrienta de sangre con un solo objetivo en mente... Yin.
—Ay... pobre de aquel que la presione para cogérsela sin hablarle bonito... —murmuró admirando la forma desatada de Rem—. Esperen, si ese soy yo.
—¡¿Qué estas murmurando, idiota?! —le recriminó la hermana mayor de su novia.
—¡Nada! —mintió, evitando otra posible catástrofe.
Junto a una risa desquiciada, una nueva lluvia de ataques inicio por parte del cambiaforma, esta vez eran muchos más rápidos, descontrolados y feroces, por lo que Yin no tuvo más opción que emplear todas sus fuerzas en defenderse y dejar por completo la idea de contraatacar.
Los minutos agónicos pasaban y Yin esquivaba sin parar, estaba seguro que faltaba muy poco para que la mujer y su hija abandonaran el bosque. No fue hasta después de un rato agobiante que decidió finalmente llegó la hora de terminar la pelea. Tras avisarle a Ram, ella tomó el relevo, llamó la atención de Rem evitando que siguiera enfocada en él, y lo suplantó golpeando al cambiaforma con un hechizo de viento que generó múltiples cortes en su piel. Ram consiguió lo que buscaba, ganarse su atención.
Ahora que ella era quien dictaba las normas del combate, Yin volvió a esconderse entre los arbustos y preparó lo que le daría a Ram la ventaja absoluta en el combate: una nueva magia que aprendió con Felix que consistía en emitir una potenciación a un aliado, a cambio de que él estuviera completamente quieto canalizando el prana a su alrededor para transmitirlo, mejorando y fortaleciendo las capacidades físicas y mágicas del potenciado.
El plan fue un éxito, con su magia mejorada, Ram lanzó un super Ur Fura, creando una tormenta de viento que rodeó a la falsa Rem, el viento furioso la golpeó, generando múltiples heridas profundas por todo su cuerpo. Por la fuerza del tornado, terminó siendo arrojada en el aire y cuando el viento cesó, se estrelló duramente contra el suelo. Pese a las variadas y numerosas laceraciones internas que recibió, el cambiaforma seguía con vida, pero entonces, Yin la remató con una última flecha que destruyó el cuerno y le atravesó la frente de lado a lado.
Un chillido quejumbroso e incómodo salió de la criatura mientras cambiaba de cuerpo por última vez, volviendo a su forma original; una apariencia sin forma, babosa y desagradable. Aliviados de que finalmente lograron su cometido, Yin cayó de espaldas al suelo completamente agotado.
—Estoy exhausto –dijo con un profundo suspiró.
Ram observó como la luz de sus manos que había aparecido debido a la magia de Yin iba desapareciendo.
—No sabía que aprendiste magia de apoyo —reconoció con sorpresa.
—Sí, es en lo que estuve enfocándome este ultimo tiempo —admitió mientras respiraba con más tranquilidad.
—Pensé que serías tan tonto como Balse e intentarías aprender a ser un maestro espadachín, pero veo que me equivoqué —lo halagó fríamente como solo ella sabia hacerlo.
—Ni en mis sueños más profundos podría ser capaz de alcanzar al Sr. Wilhelm, y ni hablemos de siquiera llegar a las suelas de Reinhard, no podría ponerme en sus zapatos incluso si me dieran un millón de años —comentó riendo mientras pensaba lo inalcanzables que eran.
—Me sorprende que aún reconociendo eso te quedaras a entrenar con él —dijo, arrodillándose con elegancia en frente de él.
—Bueno, aunque este tan lejos puedo ser capaz de aprender una que otra cosa del anciano. Por ejemplo, si no fuera por él, no hubiese podido ser capaz de esquivar todos los ataques de una Rem debilitada —confesó, llevándose los brazos detrás de la cabeza.
—¿Debilitada? —le preguntó Ram, mirando el cada ver del cambiaforma.
—Eres su hermana, debería ser fácil para ti saber que esa copia barata apenas era capaz de usar como mucho la mitad de las capacidades de Rem —presumió conocerla mejor que ella.
—Para serte sincera, hace mucho que no veo a mi hermana utilizando todo su poder. —explicó con nimiedad —. Por cierto, ¿por qué decidiste aprender magia de apoyo en vez de ofensiva? —preguntó con sumo interés.
Yin sonrió por esa cuestión.
—Porque soy un inútil —declaró con franqueza, haciendo que Rem abriera los ojos con sorpresa.
—Me alegra saber que al menos tú si tienes los pies sobre la tierra y no vives en una fantasía como “otro”, creyéndote el protagonista de un mundo que gira a tu alrededor —habló con molestia, refiriéndose a Subaru.
Yin exhaló aire de sus pulmones, pesadamente.
—Para serte sincero, esperaba que me contradijeras diciéndome algo como: No, no eres un inútil, o mínimamente darme un halago, pero veo que fue mucho pedir —dijo decepcionado. Ram le contestó que era un iluso por pensar eso—. En fin, contestando a tu pregunta... por más que aprendiera magia ofensiva, jamás sería muy efectiva, al menos no en un corto periodo de tiempo —explicó lo que había analizado con anterioridad—. Es por eso que, si de verdad queria protegerlas a ti y a Rem, lo mejor que puedo hacer es brindarles todo mi apoyo, potenciándolas lo más que pueda hasta hacerlas casi invencibles —compartió con el puño en alto.
—¿Protegerme? ¿Un flacucho como tú?, ya quisieras —dijo vanidosa—. Además, Rem es más que capaz de cuidarse sola, aunque admito que estaría muy feliz de escuchar tus absurdas palabras cursis —dijo, mirando hacia otro lado para ocultar la pequeña sonrisa que se había formado entre sus labios.
Luego del breve intercambio de palabras entre ambos, Yin se enfocó en el cielo, el sol había bajado bastante, se acercaba el atardecer. Fue entonces, cuando cerró los ojos, que un aullido resonó y retumbó a la distancia.
—¡Mabestias! —declaró Ram, levantándose del suelo en alerta.
—¡¿Tan rápido?! —exclamó Yin con sorpresa—. Hay que irnos —Retrayendo las piernas hacia su pecho, él se puso de pie de un salto.

—¡Vamos! —ordenó Rem poniéndose en marcha. Mientras corrían, Ram no pudo evitar recordar algo—. Maldición, si esta situación no fuera ya suficientemente mala, para colmo tu sucio aroma los atraerá directo hacia nosotros —dijo quejumbrosa.
—¡¿Aroma?! ¡Para que sepas, me bañe anoche! —aclaró antes de recordar lo que sucedió está mañana al despertar—. Ooh, hablas de eso... Espera, ¿huelo a sexo? —le preguntó dubitativo.
Una vena palpitó en la frente de Ram.
—¡Eso no idiota! ¡Me refiero a tu aroma a la bruja! —comentó descontenta de que su acompañante fuera un incienso andante que atrae monstruos.
—Ahh, ese aroma, tiene sentido. —dijo, pensando en un plan—. ¿Debería tirarme al piso y embarrarme de lodo? A lo mejor así se me quita.
—Pese a lo mucho que me gustaría verte revolcarte en la tierra como un sucio cerdo. —Sus palabras provocaron un leve sonrojo en él—, no hagamos experimentos en medio de una persecución.
—Tienes razón, no hay que distraernos, no sabemos lo que podemos encontrarnos.
Tras estar corriendo un largo rato por donde vinieron, agitada, Rem comenzó a reprenderlo por ser demasiado gentil con los demás.
— Te dije que no teníamos que desviarnos para ayudar a una desconocida —regaño, respirando con dificultad.
—Ram, no creo que sea hora de discutir, cada vez están más cerca nuestro —informó un poco asustado.
—¿La próxima vez quisieras escucharme? Estoy harta que te tomes tan a la ligera mis palabras —admitió fastidiada.
—Ram. —pronunció Yin, pero simplemente fue ignorado mientras ella seguía hablando.
—Enserio, deberías aprender a limpiarte las orejas.
—Ram —repitió.
—No entiendo que vio mi hermana en—
Yin abrió los ojos, sintiendo una aguda sensación punzante en la cabeza, su sexto sentido se había activado.
—¡Ram, cuidado! —advirtió en un grito.
—¿Eh? —La sirvienta pestañeo con torpeza.
Una mabestia canina con el hocico abierto salió de entre los arbustos dispuesto a morderla. Deteniéndose de repente, Ram apenas tuvo tiempo te pensar, pero logró reaccionar y sin mucha dificultad, lo partió a la mitad con un ataque de viento.
» ¿Qué paso, Basuyin? ¿Te asustaste de un perrito? —preguntó con picardía.
—Deja de alarde--
Yin se quedó mudo, con las palabras atoradas en la garganta.
—¿Mmm? ¿Qué sucede? ¿Te comió la lengua el perro? —Ram siguió burlándose de él hasta que lo vio completamente pálido.
—Estamos rodeados –informo con brusquedad.
Afilando la mirada e invocando un “El Fura”, Ram liberó una explosión extrema de magia de viento que cortó todo a su alrededor en una gran área hasta que escucharon los chirridos de dolor de las bestias.
—Bien a lo que íbamos. —dijo Ram, frotándose las palmas de las manos, satisfecha.
—Creí que habíamos hablado sobre conversar en medio de una persecución —le recordó monótonamente.
—Podrías explicarme, ¿Qué es lo que vio mi hermana en—
—¡Cuidado! —exclamó mientras trataba de acercarse a ella.
Debido al descuido de Ram por no asegurarse de que su ataque golpeara a todos los objetivos, una mabestia completamente intacta de su magia, saltó desde el arbusto detrás de ella. Ram intentó darse vuelta rápidamente, pero era demasiado tarde para que pudiera esquivarlo. Todo paso en cámara lenta, los dientes del Wolgarm se acercaron listos para penetrar y desgarrarle la carne. Pero antes que pudieran impactar en su piel, la mano salvadora de Yin interceptó el mordisco y recibió la herida por ella. Impulsando el otro brazo hacia atrás, Yin le proporcionó un gran golpe en el hocico y logró desprender a la bestia. De inmediato, se sostuvo la herida que le ardía como si se estuviera quemando por dentro.
—¡Mierda! —Yin gimoteó de dolor mientras una marca maldita se esparcía por su cuerpo a partir de la herida.
Cumpliendo con la misión de infectar a su víctima y sabiendo el riesgo que conllevaba permanecer ahí por mucho tiempo, la mabestia dio media vuelta y comenzó a huir muy rápido. Al ver que trataba de escapar, Ram se descongeló al instante, y sin dudarlo ni un segundo más,, disparó un Fura en forma de ráfagas que llegaron a impactar contra la bestia, si bien no logró derribarlo, consiguió dañarlo lo suficiente para que no pudiera correr por mucho tiempo.
Asustada por la situación, no estaba segura de que hacer, si debía seguir a la bestia o asegurarse de que abandonaran del bosque con vida y buscar que alguien pudiera salvar a Yin. Pero el chico se encargó de hacerla reaccionar al decirle que debían salir de ahí lo antes posible.
El camino a la salida fue en completo silencio salvo por los siseos de dolor que escapaban de los labios de Yin, que corría con la mano sosteniendo la herida para intentar solventar el dolor. Ram se encargó de asesinar de un golpe a cualquier mabestia que se acercara si quiera un poco a ellos. Cuando finalmente lograron distinguir la entrada, la visión de Yin comenzó a nublarse y sus ojos fueron perdiendo claridad a medida que se acercaba a la salida. Estando a unos pasos del pueblo, Yin se desplomó en la tierra, escuchando por última vez a Ram gritar su nombre antes de quedar sumido en una profunda oscuridad.
Sosteniéndolo entre sus brazos, Ram lo cargó el resto del camino hasta que salieron del bosque. Ella se encontró con la Akari y su hija, quien parecía estar mucho más tranquila luego de que su madre la reconfortara, dejándola llorar en su hombro tras confesar que la persona de antes no era su padre. La sonrisa de alivio que se formó en la mujer al verlos desapareció por completo cuando notó el estado en que se encontraba el chico y el evidente rostro atormentado de Ram.
Sin perder ni un segundo, Akari se acercó a ellos tomada de las manos con su hija.
—¿Qué sucedió? ¡¿Yin está bien?! —preguntó preocupada.
—No, recibió una maldición, su vida corre peligro —simplificó Ram en un tono bastante alterado, lo que era bastante inusual en ella. Al escucharla, la mujer se llevó las manos a la boca mientras Ram proseguía—. Por favor, necesito su ayuda para salvarlo —suplicó con una clara amargura que hacía temblar su voz.
La mujer asintió.
—¡Por supuesto que te ayudaré!, solo dime que hacer —dijo entusiasta.
—Muchas gracias —agradeció inclinando la cabeza hacia delante de forma elegante—. al norte del pueblo, se encuentra la mansión del Sr. Roswaal, necesito que lo lleves hasta allí, mi gemela, Rem, probablemente esté en la entrada esperándonos, ella sabrá cómo cuidarlo mientras yo me adentro en el bosque —explicó.
—¿Volverás ahí? ¡¿Por qué?! —exclamó, indagando confundida.
—Hay solo dos formas de quitar la maldición, que un hechicero lo haga, o matando al Wolgarm que lo provocó —compartió con una cara larga.
—¡¿De verdad?! —Akari llevó la cabeza hacia atrás—. Justamente el único hechicero del pueblo se fue de vacaciones hace dos semanas.
—Y desafortunadamente el Sr. Roswaal no vuelve hasta dentro de una semana. Por eso está es la única manera de salvarlo —comentó, viendo la entrada al bosque con mucha determinación.
—Entiendo, el único problema es como lo trasladaremos —dijo, pensando en una idea.
En la distancia, Ram percibió una carroza atada con una cuerda, la cual era cargada por dos caballos que se encontraban disfrutando de un festín de una montaña de heno. La sirvienta corrió el vehículo, llamó la atención del señor mayor sentado sobre el carruaje de madera y le ofreció el resto de monedas que cargaba para emergencias. El hombre, sonriendo completamente satisfecho, dio visto bueno a esto y le dijo que no había problema. Luego de explicarle rápidamente hacia dónde ir, Ram se dirigió a la mujer detrás de ella y le pidió otro favor.
—Quiero que le den un mensaje a mi hermana...
...
Tras subir a Yin a la carroza con cuidado, Ram admiró unos momentos el rostro fruncido de Yin y le acarició la mejilla, haciendo que sus cejas se relajaran mientras dormía. En unos momentos, el señor se puso en marcha a la mansión mientras Akari y su hija se despedían de Ram con la mano en alto.
Girando sobre sus talones, cargada de coraje y mucha determinación, la joven sirvienta corrió hacia el bosque en busca de la mabestia herida. Al internarse dentro de la arboleda, Ram no tardó en ser rodeada por un grupo de rabiosos Wolgarm’s. Ella los miró con desprecio, y arrastrando el pie hacia un lado, acomodando su postura, lanzó su magia, y está vez, se aseguró de no dejar a ninguno con vida.

...
Fue un largo recorrido lleno de baches y tierra hundida, pero finalmente llegaron a la entrada de la mansión. Tal y como lo había anticipado Ram, Rem se encontraba en la puerta esperando a que llegaran, después de todo, la preocupación no la dejaba tranquila, el sol había desaparecido hace mucho y ellos dos aún no habían dado señales de volver.
Los ojos se le llenaron de vida al escuchar finalmente una carroza, pero toda emoción desapareció al instante cuando no la reconoció, al menos, hasta que escuchó su nombre salir de los labios de la mujer en la parte de atrás del vehículo.
—¡¿Eres Rem?! —preguntó Akari mientras el carro se acercaba a ella.
La pequeña maid pestañeó varias veces confundida.
—S-sí ese es mi nombre, ¿Quién es usted, señorita? —preguntó con gentileza.
¡Es Yin! —exclamó la señora—. ¡Está en peligro! —le notificó con tristeza.
Rem abrió los ojos al escuchar el nombre de su amado.
—¡¿En peligro?! ¡¿Dónde está?! —preguntó, cortando camino con la carroza.
—Aquí —explicó, mostrando que se encontraba durmiendo con la cabeza sobre sus piernas-.
—¡Yin! —exclamó asustada al ver su brazo infectado por una maldición que conocía muy bien—. ¡¿Qué le sucedió?! —preguntó sobresaltada de la inquietud.
—Te lo explicaré todo, pero primero debemos llevarlo a un lugar cómodo, Rem —dijo con decisión.
—Por supuesto, acérquenlo a la mansión, porfavor.
La mujer asintió, y Rem se alejó de ellos para abrir la puerta, permitiendo que pudieran pasar a los terrenos de Roswaal. Una vez dentro, ella se subió a la carroza con la mujer y su hija, y en el camino la madre le explicó todo lo que había sucedido desde que conoció a Yin. Una sonrisa se formó entre sus labios al escuchar lo amable y bondadoso que era la persona de la que se enamoró, aunque una parte de ella estaba molesta de que siempre se arriesgara para ayudar a los demás, en eso él era muy parecido a su primer amor, Subaru.
Cuando llegaron al frente de la mansión, Rem se encargó de bajar —sin ninguna clase de dificultad— a Yin con mucho cuidado y delicadeza, cargándolo entre sus brazos estilo nupcial.
—Muchas gracias por traerlo. —Rem Inclinó la cabeza, profundamente agradecida.
La formalidad y elegancia de Rem, incomodo a Akari, no estaba acostumbrada a recibir un trato tan formal.
—No, porfavor no hay de que agradecer, es lo menos que podía hacer por él. —dijo, sacudiendo las manos frente a ella con nerviosismo, ella observó a Yin con cierto rastro de tristeza—. Espero que se recupere pronto —pronunció deseando lo mejor para él.
—Sí, yo igual —dijo Rem. Se inclinó a Yin y frotó la frente cariñosamente con él—. Pobrecito, esta ardiendo —declaró sintiendo su temperatura corporal.
—Mientras lo dejas descansar, nosotras volveremos al pueblo a esperar que Ram salga del bosque, y cuando lo haga me asegurare de traerla de regreso —prometió determinada.
—Se los agradezco de verdad. —Volvió a hacer una elegante reverencia.
La verdad era que Rem estaba muy indecisa de lo que debía hacer, por un lado; estaba muy preocupada por el estado de Yin, pero por el otro, lo estaba por el estado debilitado en que se encontraba su hermana. Rem lamentaba todo lo que había ocurrido respecto al pasado, y en especial en esta situación, si tan solo Ram aún portara su cuerno, estaría más que segura de que sería más que capaz de salir ilesa del bosque, pero debido a que ya no lo poseía, podía encontrarse en un grave peligro. Por lo que tuvo la idea de dejar a Yin descansar tranquilamente en su cama e ir en busca de Ram, pero también era arriesgado dejarlo solo. No fue hasta que la mujer recordó el pedido de Ram, que Rem tomó finalmente una decisión.
—Mami. —Anna tironeó de la ropa de su madre para llamarle la atención—. El mensaje... –le recordó la niña.
—Ay es cierto, lo olvidaba —dijo Akari, golpeándose la frente—. Ram me dijo que te diera un mensaje —confesó, antes de decirlo tal y como se lo dijo la criada rosada—. Voy a salvarlo, lo prometo.
La gemela menor sonrió ante las palabras de su hermana, eso junto a los suaves lamentos de Yin le hicieron comprender cuál era su papel en la situación. Rem le dejaría el resto a ella, confiaría plenamente en las capacidades de su hermana mientras se encargaba de cuidar a su amorcito.
Luego de una cálida despedida, la carroza se puso en marcha. La niña no pudo evitar pensar en Yin, a pesar de que al principio estuvo furiosa con él por lastimar a su “papá“, pero luego de que su madre le contara la verdad, terminó entendiendo que era una buena persona que arriesgó su vida para protegerla. Un breve recuerdo sobre la bondad de su padre apareció en su mente, antes de que recordara aquel fatídico día en que se fue. Ella no quería que otra buena persona terminara muriendo igual que su papá.
—Mami, ¿el chico estará bien? —dijo con la voz temblorosa.
La madre la estrechó entre sus cálidos brazos acogedores.
—Sí, hija, lo estará —le aseguró esperanzada.
Mientras la carroza salía de la mansión gigante , Rem subió las escaleras con Yin en sus brazos y lo acostó sobre su cama. Después, buscó un paño y una cubeta en el armario del baño, llenó la cubeta de agua y volvió a la habitación. Sentándose a su lado con las rodillas en el suelo, se inclinó hacia él y le plantó un suave y amoroso beso en la frente.
—Tranquilo, vas a estar bien —susurró cálidamente, acariciándole la mejilla con la mano—. Mi hermana va a salvarte, lo prometió, y ella siempre cumple sus promesas —explicó con una sonrisa que ocultaba su preocupación. Mojó el paño en el agua, y lo estrujó con fuerza para secarlo antes de ponérselo en la frente.