1.
Hace demasiado calor... Creo que me voy a morir...
Un joven de cabello rojizo estaba sentado en una de las últimas bancas del salón, fingiendo prestar atención aunque estaba disociando y pensando en que el calor era insoportable.
— Keith
Oyó su nombre cómo algo lejano, dirigió su mirada a la persona que lo había pronunciado y casi de inmediato sonrió.
— hola
Musito mientras continuaba sonriendo a la par que recostaba su cabeza sobre la mesa. El pelinegro frente a él se mantenía inmóvil y sin expresión alguna, después de unos segundos éste movió su mano sacudiendo una hoja de actividades con la intención de qué el pelirrojo la tomará.
Por un rato aparentemente largo que en realidad apenas y pasó un par de segundos ambos se mantuvieron en silencio y sin hacer ni un sólo movimiento.
— ¿no la vas a agarrar?
Cuestionó el pelinegro haciendo una expresión de irritación y chasqueando la lengua, optan por dejar la hoja sobre la cabeza ajena para seguir repartiendo más hojas por el salón.
— que flojo eres.
El resto de la clase pasó normal, al parecer, el pelirrojo se quedó dormido con la hoja sobre la cabeza.
La clase había terminado y era hora de salir al receso, todo era tan tranquilo y silencioso pero no duró mucho, alguien le había dado un golpe en la cabeza al pelirrojo.
— ¿En serio no hiciste nada?
Era nuevamente el pelinegro que volvía a sostener la hoja que anteriormente estaba en la cabeza ajena.
Keith se encontraba puchereando debido al fuerte que golpe que lo había despertado.
— estaba soñando con mi abuelita..
Musito mientras continuaba haciendo pucheros.
— tu abuela sigue viva, pendejo.
Finalizó el pelinegro mientras le entrega la mochila al pelirrojo para salir del salón.
— cierto, me dijo que te invitara a comer.
Habló el pelirrojo mientras se ponía la mochila siguiendo al de cabello negro.
— ¿Cuando?
Cuestionó el pelinegro mientras caminaban por los pasillos de la escuela.
— ay eso sí no sé.. también dijo que llevarás la soda
Habló el pelirrojo a la par que dirigía su mirada a los carteles escolares en el pasillo.
— eso lo dijiste tú..
Murmuró el de cabello negro mirando de reojo a Keith, el tipo estaba a punto de chocar con una puerta abierta pero no tenía intención de avisarle.
Volvió su mirada al frente y lo primero que escuchó fue el golpe seguido de un gran quejido por parte del pelirrojo.
— ¡Verga!
Exclamó el pelirrojo a la par que caía al suelo, su nariz ahora sangraba.
— ¿A quién se le ocurre poner puertas?