Prologo
Una noche de fuego y muerte.
Una lluvia de sangre y putrefacción del alma.
Un instinto animal que soporta la agresión para salvar a su pueblo. Escapando de las sombras que le convierten en su presa.
Una brillante luz que fue apagada a la fuerza a cambio de tristeza y miedo sobre quienes esperan la salvación. Perdiendo su guía a través del laberinto que lleva a la libertad.
Una voz silenciada que resuena aun en los que escuchan agonizantes los esfuerzos de escapar de las trampas.
Una cruel esperanza arraigada en el sentimiento de aquellos que luchan y esperan la calidez de sus seres queridos.
La muerte que espera al final de la travesía.
¿Qué podría haber hecho para evitar los acontecimientos que me atormentarán por el resto de mi larga existencia?
La respuesta: Nada.
Aun si me quemara en las lavas hirvientes del infierno, metieran mi cuerpo en las ollas de desesperanza y torturaran mi alma por cada acción reprimida en aquel momento, no harían la diferencia. Era la única manera, o eso creo, en que pudieron suceder las cosas.
En aquella oscuridad que resplandecía en colores infernales; caminé sobre cuerpos que se amontonaban y se hacían cenizas que se esparcían sobre aquel suelo de piedra por la cristalina lluvia, demostraban que algo aparte de ellos había perecido, que a diferencia de las vibrantes y acaloradas incandescencia del fuego y la transparencia de los sucesos que se desencadenaron, muy dentro de esa persona solo existía una friolenta visión de turbulentas aguas carmesí bañando su existencia con un inmenso agujero lleno de un hedor insoportable.
Aquella persona me perdonó, no sé cómo y no sé porque, mis hombros pesaban antes de esto y aun así no quería despegarme de ese sentimiento que me acercaba a aquel ser. No merecía nada de lo que se me ofrecía y aun entonces no merezco nada de lo que se me presenta, si he de sufrir lo haré, para que aquellos que no pude salvar descansen en paz.
Si me preguntan,los rasguños de defensa de quienes lucharon aun prevalecen en mi piel; veo en medio del abismo espectral cubierta de cortinas saladas tambaleantes con el columpiar del viento, rodeado a su vez de neblinas densas que no te permiten caminar; escucho las voces de aquellos enmudecidos por gargantas desgarradas, palabras borradas y testimonios perdidos.
Por último y lo que jamás he de olvidar, aquel cuerpo errante corriendo bajo el aleteo de las alas del calvario para salvar su bien más preciado; aquella esperanza que parecía no romperse ante la adversidad, dando cara ante el peligro que se le presentaba pero que en últimas instancias me mostró lo que más temía expresar, me sucumbió desde lo más profundo, poniendo al descubierto mis debilidades y mis inquietudes.
***
La luna se ocultaba tras las montañas, tiñendo el cielo de rojo sangre. En el palacio imperial, el emperador celebraba su última victoria en la guerra, rodeado de sus generales, cortesanos y esclavos. Entre ellos, no podía compartir el júbilo. Era su hermano menor, el príncipe Alexandru Skender, un príncipe querido y respetado por su hermano, eso ante los ojos del mundo pero entre noshabía perdido todo: mi libertad, mi dignidad. Solo quedaba una sed de venganza, que alimenta la voluntad de vivir. Pero cada día que pasa, siento que se aleja más de mi antiguo yo, que me convierto en una bestia sin alma, al servicio del emperador tirano.
Una alborotada noche de fiesta imperial, mientras se divertían los invitados, nobles de la más alta categoría aquellos quienes no quieren perderse la oportunidad entablar relaciones con el emperador, se reían enérgicamente, con una máscara de mentiras, de una burla tangible detrás de sus pupilas.Odio fervientemente el ambiente que me envuelve, nauseabundo, tener que lidiar con este aberrante lugar tan vulgar hizo que mis ganas de escapar se incrementaran pero estos pensamientos fueron interrumpidos por un sirviente que sigilosamente se había acercado para comunicar algo a mi oído.
El emperador había ordenado mi presencia, nada podía ser peor, caminar como una marioneta, hacer una reverencia, besar su mano, obedecer, humillarse; nada tiene sentido, un esclavo del sistema. Miradas curiosas, celosos sin razón, si supieran de lo que muchos quisieran escapar, que el simple hecho de permanecer de pie es aberrante en muchos sentidos que mientras ellos sienten la necesidad de arrastrarse a sus pies otros quisieran colocarse bajo el sol abrasador a esperar una dolorosa muerte fugaz.
El mundo estaba dividido en dos: el imperio y los rebeldes. Técnicamente los reinos que no se postran ante el emperador y que aun se resisten a la subyugación son sometidos a unas guerras de poder de manera cruel y despiadada, luchando por su libertad y justicia. La influencia que está tomando el imperio con el pasar de los siglos se ha vuelto de odio y temor para los enemigos. Los esclavos de guerras y personales de los nobles son usados como armas para luchar en el frente y como un simple juguete de tortura, de diversión sin piedad.
El sufrimiento de muchos, olvidado en las sonrisas de los presentes, una obediencia mezquina, de quienes no van al campo de batalla, pestes que no serian capaces de recibir un solo disparo por un familiar, no sienten nada, no voltean a ver a quien llora, a quien padece solo inclinan su cuello ante el fuerte por miedo ¿Para que hacerlo? Si así están bien, pavoneándose frente espejos de avaricia.
Un protocolo que se repite hasta el cansancio, el querer huir de estas garras que me enferman el alma, dejar de hundirme en esta oscuridad en la cual naci, crecí y me desenvuelvo como la sombra de mi hermano. Ser visto como algo claro, como una luz que no es posible en nuestro mundo es algo que anhelo con un ferviente deseo no solo por mí, sino por quienes creen y luchan si es posible, ser libres, dejar de ser las sombras del imperio.