Prólogo
Silencio abrupto.
Descargó de responsabilidad, no soy dueño de Doraemon créditos a su respectivo creador Fujiko F. Fujio.
Música imágenes y personajes, nada de eso es de mi autoría créditos a sus respectivos autores, lo único que me pertenece es esta historia.
Advertencia, está historia tocara temas fuertes, se recomienda discreción .
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Había un silencio ensordecedor, dicho silencio estaba impuesto en un cuarto, aquel cuarto era completamente blanco, salvo por la cerámica color azul aperlado del suelo, dicho silencio era brevemente roto gracias a una máquina que en una secuencia repetitiva hacía sonar un pitido en determinado intervalo de tiempo.
Aquel cuarto era una habitación de hospital, fuera de dicho cuarto ocurría algo, y es que mientras dentro de este el silencio era casi absoluto difería mucho con lo que pasaba en los pasillos, múltiples personas iban y venían, corriendo, casi saltando de entre la multitud que impedía el paso, púes el pasillo estaba muy concurrido tal es el caso que era sofocante la sola idea de acercarse.
Justo detrás de la puerta tres siluetas se dieron a conocer, una de ellas era una bella mujer de lentes, cabello corto de color negros vestía una camisa manga larga de color rosa, una falda que le llegaba hasta las rodillas, en su cintura un overol de cocina estaba cuidadosamente amarrado.
La segunda silueta era de un hombre, cabello negro de complexión algo robusta, vestía un traje de color azul celeste, una corbata azul oscuro pantalones del mismo color que su traje y unos zapatos marrones.
La ultima silueta era la de un doctor, vestía con las romas típicas de uno, en sus manos traía consigo un archivo.
El trio parecía estar discutiendo, aquella platica era casi imposible de escuchar púes con los pasillos tan llenos de gente era normal que el ruido estuviera presente, la mujer tomaría por el cuello al doctor, su mirada anteriormente melancólica paso a una de completa ira y desesperación agito ferozmente al doctor de un lado a otro durante unos segundos, poco después fue detenida por su esposo quién la abrazo haciendo que esta última escondiera su rostro en su pecho, el doctor simplemente murmuro algo, aria una reverencia y se iría de ahí.
Los gritos desgarradores de la mujer eran amortiguados por el pecho de su esposo, quien en un pobre intento de tranquilizarla comenzaría a acariciar su cabello, una solitaria lagrima emano del ojo derecho del hombre, quién en esos momentos se encontraba haciendo un esfuerzo sobre humano para no romperse también.
De vuelta a la habitación, aquel silencio seguía estando presente, aunque brevemente, y esto no era debido a los aparatos que hacían ruido, más bien se debía a una persona, más específicamente a una niña, dicha niña tenía el cabello, negro atado en dos pequeñas coletas, su vestimenta consistía en una camisa sin mangas de color blanco, una falda de color rosa junto con unos zapatos amarillos y medias que le llegaban casi a las rodillas.
Aquella niña lloraba en silencio, su pobre y tierno corazón se encontraba destrozado, la imagen que tenía en frente hacia que estuviera así, sus pequeños ojos se encontraban inyectados en sangre, una clara señal de que aquel llanto no era uno que recién comenzaba, al contrario, parecía que llevaba varias horas así.
Al lado de la pequeña sollozante, otra figura se presentó, un ser pequeño algo rechoncho de color azul, cabeza grande tenía el vientre de color blanco, una nariz y cola (al menos en la punta) de color rojo, aquella figura se sentó en silencio, sus grandes ojos mirando directamente hacia el frente, al igual que la joven a su lado, este presentaba unos ojos rojos, con la diferencia que sus ojos no solo estaban rojizos, a su vez todo el brillo que una vez portaron había desaparecido casi por completo.
Parecía muerto en vida.
La puerta fue abierta, la mujer y el hombre de antes entraron en la habitación, cada uno tomo asiento en unas sillas que se encontraban en qué triste lugar, la mirada de la mujer mayor se condensó en una de mísera absoluta, un gemido lleno de tristeza abandono deliberadamente sus finos labios, más se obligó a si misma a taparse la boca, en un pobre intento de hacer el menor ruido posible
Aquel ser azul vería con tristeza a la pareja que se sentó a unos escasos metros de él, este bajaría la cabeza una mirada de culpa se formó en su gran rostro, sentía una inmensa vergüenza en su corazón.
El hombre mayor vio aquello, su mirada se tornó triste (más de lo que ya estaba), sabia cuáles eran los pensamientos que surcaban la mente de aquel gordo azul.
- no fue tu culpa - el señor diría, su mirada clavada en el antes mencionado -.
El azulado se estremecería, su expresión antes llena de vergüenza se tornó una de ira, por lo que sin mediar bien sus palabras o temperamento hablo.
- ¡¡porque lo dices como si fuese verdad!! - el ser rechoncho ladro, su tono estaba lleno de ira y locura - ¡¡esto es mi culpa, si hubiese sido más fuerte, si hubiese sido más rápido!! - aquel ser se comenzó a culpar, el sentimiento de hundimiento que comenzaba a crecer en su corazón iba expandiéndose a cada palabra que salía de su boca - ¡¡¡SI TAN SOLO NO LE HUBIERA ECHO CASO, POSIBLEMNTE NINGUNO DE NOSOTROS ESTARIA EN ESTA SITUACIÓN, MALDITA SEA!!! - el pequeño azul despotrico, respiro hondo varias veces, agitado -.
Nuevamente la habitación quedo en un silencio sepulcral, para este punto, la mujer mayor aria un esfuerzo sobre humano y por breves segundos, hablo.
- n-no es tu cul-culpa - de alguna inexplicable manera, la mujer logro articular aquellas palabras, que, aunque sonaran trabadas por su llanto, se las arregló para que fuese escuchadas - a él no le gus-gustaria que te culparas por lo suce-sucedido Doraemon - de nuevo necesito de todo su autocontrol para poder gesticular aquella oración.
El ahora conocido como Doraemon bajaría la cabeza, asintió a las palabras de la mujer madura, sabiendo en su corazón que dichas palabras eran completamente ciertas, pero no porque pensaba que estaba equivocado en sus palabras.
Más bien, sabía que las palabras de la mujer mayor, fácilmente podrían ser las palabras que él le dedicaría, si tan solo estuviera.
- Mamá, Papá - Doraemon sollozo, sus labios se curvaron hacia abajo, gruesas lagrimas comenzaron a descender de sus grandes ojos - lo siento, lo siento mucho yo no - no pudo completar su oración, el dolor que comenzaba a emerger nuevamente de su corazón volvió, con más fuerza que antes.
Ambos adultos le dieron una mirada llena de cariño al gato azulado.
- q-que les dijo el do-doctor - la pequeña niña quien antes lloraba a cantaros pregunto de repente -.
La mirada de la mujer mayor y el hombre de traje se tornaron melancólicas.
- el doctor dijo qué se mejorará, según el de alguna inexplicable manera sus heridas han estado sanando de manera lenta pero progresivamente - el señor del traje explico - pero - luego se calló, temiendo como se pondrían ambos jóvenes frente a el, al saber lo siguiente -.
- p-pero - la niña pregunto, esperando lo peor -.
- según el doctor, debido a sus múltiples heridas, tanto internas como externas, su cuerpo tomo como vía de escape del sufrimiento el auto inducirse en coma - termino de explicar -.
Las lágrimas regresaron con más fuerza a los tiernos ojos de la niña, la pequeña en un desesperado intento de apaciguar su tristeza apretaría con fuerza su falda, tal fue la fuerza ejercida que sus uñas traspasaron la tela y se perforaron en sus palmas, pequeñas gotas de sangre cayeron al piso.
- Shizuka, hija no hagas eso - la mujer de lentes regaño levemente si fuerzas a la niña -.
- señora Tamako, lo lamento, pero necesito esto, este dolor no es nada comparado al que él está sintiendo - la ahora conocida como Shizuka comento su verdad, el dolor que sentía en las palmas no era ni una tercera cuarta parte del dolor que sentía aquella persona -.
- mi niña, sabes que si el estuviera consiente te regañaría por hacer eso, ¿verdad? - el señor del traje comento -.
Shizuka bajaría la cabeza, dejaría de apretar los puños y asentiría a las palabras del adulto frente a ella.
La pequeña sabía cuanta verdad había en esas palabras.
- Doraemon, ¿tu como sigues? ¿te duele algo? - Tamako pregunto, preocupada -.
- no, Mamá ya estoy bien, mis heridas aun no cierran del todo, pero de a poco van mejorando - Doraemon rechazo la preocupación fácilmente -.
Y es que viendo al gato azulado, se podía notar como este tenía múltiples heridas, parecían heridas echas por objetos corta punzantes, múltiples vendajes cubrían sus brazos y parte de su cabeza, pero lo que más resaltaba era que en su estómago justo donde residía su bolsillo de la cuarta dimensión, se encontraba dicho bolsillo pero en una condición deplorable, y es que aquel bolsillo antes reluciente ahora estaba parcialmente quemado, su color blanco puro fue cambiando a uno gris cuál ceniza, pequeñas chispas salían ocasionalmente de él.
En su espalda múltiples laceraciones serian visibles de no ser por los vendajes que tenía puestos, alrededor de sus ojos se podía notar una coloración morada, señal clara de daño, además de eso un corte era visible en su ojo derecho, aquel corte por suerte no lo dejo tuerto, pero sí que dejaría una cicatriz.
- no lo comprendo - Shizuka hablo en voz baja - ¿Por qué el? De entre todos nosotros, ¿Por qué fue el único en sufrir? - la niña vería al gato azulado, como pidiendo una explicación -.
Doraemon solo vería hacia la dirección contraria, usando sus dientes se mordería fuertemente el labio, él quería, de verdad quería contar la verdad, mas no podía hacerlo, "el" le pidió, ordeno.
Rogo.
Qué sin importar lo que pasar, no contaría por el inmenso infierno por el que tuvieron que pasar, de antemano sabía que aquello no era algo que un niño podría soportar.
- no puedo decirte, Shizuka - Doraemon susurro -.
Aquella negativa fue la gota que derramo el vaso.
- ¡¿QUÉ CARAJOS SIGNIFICA ESO?! - la pequeña, ya sin poder contenerse rugió con todas sus fuerzas -.
Doraemon se estremeció ante aquel arrebato, los dos adultos verían con expresiones sorprendidas a la pequeña pelinegra.
- ¡¿SABÉS CÓMO ME SENTÍ DURANTE TODO ESTÉ TIEMPO?! - ella continuo - ¡¿ACASO SABÉS CUÁNTAS NOCHES LLORE POR USTEDES DOS?! FUERON SEIS MESES, ¡¿SEIS PUTOS MESES?! - la pequeña siguió con su arrebato, rápidamente se levantaría de donde estaba sentada y caminaría hasta estar frente al gato robótico - ¡¿NO ME VENGAS CON ESA MIERDA AHORA, DOREAMON?! -la pequeña vería al gato con una insana cantidad de odio - ¡¿QUIÉN FUE?! - ella exigió - ¡¿QUIÉN LOS SECUESTRO?! - la pequeña, quien en su arrebato tomaría del collar al gato, aria que este ultimo la mirara a los ojos - ¡¿QUIÉN LOS DAÑO?! - las lágrimas comenzaron a fluir de los ojos de la pequeña - di-dime qui-quien fue - pequeña, ya sin fuerzas soltaría el collar del gato, sus pequeñas piernas perdieron las pocas fuerzas que le quedaban por lo que se arrodillo en el frio suelo - snif, snif - la pequeña, ya sin poder contener sus lágrimas, dejo que estas fluyeran libremente cual cascada - p-por favor, Doraemon - Shizuka suplico, con sus últimas fuerzas -.
Doraemon bajaría la cabeza, apretó los puños con fuerza, estaba a punto de ceder, estaba a punto de revelar todo lo que ambos habían pasado, pero entonces recordó su promesa, no podía romperla, si lo hacía todo lo que vivieron no habría valido la pena.
- no puedo decirte - el gato azul hablo con firmeza -.
La pequeña no pudo contenerse más, rápidamente se levantaría del suelo y saldría corriendo fuera de la habitación, unos rastros de lágrimas adornaban el piso.
La habitación habría quedado en un silencio sepulcral, el ambiente dentro de la habitación se volvió incómodo y sofocante.
- enserio ¿no puedes decirnos quien fue? - Tamako Nobi preguntaría -.
- no, si lo hiciera solo los expondría a un gran peligro, todo lo que pasamos él y yo durante todo este tiempo es la prueba de ello, hay una razón para esto, y también - el gato azul pensaría las palabras que iba a decir a continuación - el me hizo prometerle, que no le contaría a nadie sobre la identidad del que nos hizo esto, puede que para ustedes esto suene estúpido pero créanme cuándo les digo, que la más mínima pisca de información que revele traerá graves consecuencias - Doraemon hablo, no dispuesto a revelar nada -.
- no puedes por la promesa que te hizo cumplir, o no quieres decirnos nada - el señor del traje pregunto un poco molesto -.
- ya vasta Nobisuke - Tamako regaño a su esposo -.
- pero, querida - el ahora conocido como Nobisuke protesto -.
- amor, no empecemos una discusión no ahora, no en este lugar - Tamako diría, su vista se posó en la figura acostada en la camilla frente a ella -.
Nobisuke asentiría, molesto ante la situación se sentía tan inútil.
- perdón, Papá - Doraemon se disculpa desdé lo más profundo de su corazón -.
- suspiro - no te preocupes, Doraemon, lamento haberte hablado así, es solo que, - el Nobi mayor trato de explicar el porqué de su arrebato, más dejo de intentarlo al ver la sonrisa comprensiva que le estaba dando el gato azul -.
- no te preocupes, Papá - el gato civeta hablo suavemente -.
- Doraemon, crees que él, se recuperara - Tamako pregunto, había angustia en su voz -.
- sí, yo sé que si - el afirmo con firmeza - mi sola presencia es prueba de ello, si el no llegara a despertar entonces yo no estaría aquí - Doraemon señalo su punto -.
Ambos padres afirmaron, sabiendo cuanta verdad había en esas palabras.
- lo único que podemos hacer es esperar a que se despierte por su cuenta, él es alguien muy duro, estoy seguro de que esto no lo detendrá - Doraemon diría -.
- sí, tienes razón - Nobisuke asintió estando de acuerdo con esas palabras -.
Tamako no diría nada, en cambio se levantaría de su asiento y caminaría hasta quedar a un lado de la cama, con lágrimas es sus bellos ojos, ella agacharía la cabeza y le daría un beso en la frente a la persona que estaba en cama.
- vuelve pronto con nosotros, mi niño - las lágrimas de la mujer cayeron en el rostro demacrado de la persona en la cama - Mamá está aquí, siempre lo estará, esperare a que despiertes - haciendo un esfuerzo sobre humano esbozo una sonrisa, aquella sonrisa era una que solo una madre es capaz de dar - así que no te rindas....... Nobita -.
El nombre de la persona que se encontraba postrada en cama fue dicho, dicha persona era un niño no mayor a once años, aquel chico estaba en un estado deplorable, su piel pálida llena de moretones y cortadas, el brazo izquierdo y la pierna derecha del niño estaba enyesadas, el labio partido, vestía una bata de hospital, pero si alguien se la quitara se podrían divisar múltiples cortes y perforaciones hechas con algún tipo de arma blanca, la cabeza del niño estaba vendada casi al completo.
El niño estaba en un estado muy delicado, y aun con esas sorprendentemente aun respiraba.
Doraemon veía lo que pasaba frente a él, una de sus rechonchas manos se posaría en su bolsillo de cuatro dimensiones, tenía ganas de sacar algún aparato para curar a su amigo, mas no podía, el bolsillo y muchos de sus inventos fueron destrozados, hasta el momento no sabía cuán grande fue su perdida.
Fuera de la habitación.
Shizuka se apoyó al otro lado de la puerta, nuevamente sus uñas perforaron su piel, esta vez con más fuerza que antes, las lágrimas seguían fluyendo de sus ojos, más la expresión que tenía en esos momentos difería mucho de su estado de ánimo habitual.
En sus ojos una anormal sed de sangre era visible, el odio que en su pequeño corazón antes bondadoso paso a ser uno lleno de malicia, mientras la sangre bajaba de sus manos dañadas, un solo pensamiento surcaba la mente de la niña.
Venganza.
Fin del capítulo.
Hola a todos, el aquí la tercera historia basada en este mundo, como han podido ver está a diferencia de las otras dos tendrá un tono más oscuro, puede que a algunos no les gusto y puedo entenderlo, pero aun así quisiera que le dieran una oportunidad, les aseguro que no se arrepentirán.
Así que ya se la saben, si les gusto el capítulo pueden votar, es totalmente gratis y si les gusta mi contenido pueden seguirme, nos vemos hasta la próxima :3








