Six hundred and one [Traducción]

Summary

🍒Prólogo🍒 Amó a alguien una vez. Hace siglos. Nunca pensó que pudiera ser capaz de algo así, pero esa persona a la que tanto apreciaba siempre tenía una forma de dejarle sin palabras y demostrarle que estaba equivocado. Era lo único que Dazai esperaba en su día a día, ver a Chuuya sonreír así de brillante. Vivir igual de brillante, como el sol sin límites de su interminable existencia oscura y sombría. Entonces, el destino le arrebató su sol. 🍒Nota del autor 🍒 esto va para mis amigos en el servidor discord!! habrá un vamp!chuuya fic que viene también, completamente sin relación con este. es sólo para que ambas multitudes puedan ser felices ^~^ por favor disfruten!!! × × × × 🍊Traducción con el permiso rolo_royce en ao3 , autor de esta obra. Si quieren podrían pasarse por su perfil de ao3 y si manejan el inglés leer alguna de sus obras✨🌻 🍊 Créditos al respectivo artista de la portada 🍊

Status
Complete
Chapters
7
Rating
n/a
Age Rating
18+

Chapter 1. 600, I had you

🍒Resumen🍒


Dazai convence a Chuuya para explorar un santuario abandonado, y así comienza su historia. Hace 600 años, en una noche como cualquier otra.



"¿Estás seguro de que quieres que saltemos por este acantilado?"

Chuuya miró por encima del borde, contemplando las aguas cristalinas que había debajo. La cala oculta a la que había sido arrastrado era ciertamente hermosa, apartada y casi de otro mundo por completo. Era como si hubieran atravesado un portal o una especie de puerta espiritual, entrando en un reino que no estaban destinados a descubrir y seguramente tampoco debían perturbar su paz.


Dazai soltó un suspiro dramático, haciendo caso omiso a las preocupaciones del otro.

"No es como que alguien vaya a encontrarnos. Estamos a horas de la aldea y todo el mundo está demasiado ocupado con sus tareas como para preocuparse por ir a buscarnos".


"Claro, haciendo tareas que tú también deberías de estar haciendo" le dijo al contrario con aire burlón.


"Pensar en lo que tengo que hacer y en lo que no tengo que hacer es demasiado filosófico para una babosa de cerebro pequeño como tú", respondió con voz cantarina y burlona. Esperaba el gruñido de chibis , preparándose para un empujón o para ser agarrado por el cuello de su kimono y ser sacudido como ropa recién lavada. Hoy resulta que el pelirrojo optaría por lo segundo.


Chuuya arrugó la parte delantera del kimono de Dazai con una mano, y con la otra le golpeó en la frente. "¿¡Ahhh!? ¿Qué te hace pensar que eres tan genio como para decirme esa mierda? Hemos tomado las mismas clases con el médico residente, ¿sabes? Si no mal recuerdo, saqué mejor nota que tú en clase de historia".


"¡Y yo saqué mejor nota que tú en matemáticas!", replicó alegremente.


"¿Por qué tú─”


"Ya, ya, Chuuya. ¿De verdad quieres perder nuestro tiempo libre discutiendo? Si ibas a gritarme todo el tiempo que estuviéramos aquí, habría disfrutado de esta cala escondida yo solo", se burló.


Dazai vio cómo los engranajes empezaban a girar en la mente del otro, sus ojos se clavaron en una larga y silenciosa mirada. Cada uno sabía lo que pensaba el otro. Al fin y al cabo, el hecho de haber crecido el uno al lado del otro había hecho que, con mutuo pesar, acabarán conociéndose bastante bien. Los dos sabían que había sido una de las semanas más calurosas del verano, y el agua de abajo parecía tan refrescante. Nadie les buscaría hasta que se pusiera el sol, así que tendrían al menos una o dos horas para disfrutar del agua antes de volver a casa.


Al final, tal y como el moreno había esperado, Chuuya le soltó y empezó a quitarse el kimono. "Para que lo sepas, tendremos que volver a subir aquí para recuperar nuestra ropa". Al decir "tendremos", anticipó que sólo sería él, porque Dazai encontraría alguna excusa para no tener que hacer la corta caminata.


"Por supuesto, por supuesto..." Observó cómo su amigo se despojó sólo de la capa exterior de ropa que llevaba puesta, sin pensárselo dos veces dió un paso hacia adelante y empujó a Chuuya por el borde del acantilado. El grito de su nombre que terminó con un fuerte chapoteo le hizo carcajearse , doblado casi por la mitad mientras sus hombros temblaban por la fuerza de su risa. Dazai se apresuró a quitarse también el kimono, junto con sus vendas, saltando tras dejar la ropa de ambos en un montón. La sensación de caer era algo a lo que podría volverse adicto, si siempre se sintiera así.


Si siempre le dejará sin aliento.


Igual que Chuuya.


Se estrelló contra el agua, todo el ruido de su entorno se silencio . Al abrir los ojos, pudo ver a través del agua azul verdosa , fijó su vista en las piernas de Chuuya las cuales se movían de un lado a otro para mantenerse a flote. Dazai se inclinó hacia delante y empezó a nadar hacia él. Estaba seguro de que había sido visto, porque Chuuya empezó a darle patadas a propósito cuando estaba más cerca.


"¿Qué haces?", ladró el mayor, mirando fijamente al otro adolescente. Como si Dazai pudiera oírle bajo el agua. Su voz era apagada en el mejor de los casos , pero una parte de él creía de todo corazón que el otro podía entender lo que intentaba decir. "Oye, ven aquí ya". Sintió que un par de brazos le rodeaban la cintura, empujando su cuerpo bajó el agua apenas unos segundos después de haber conseguido tomar aire . Después de todo, Chuuya se había anticipado al ataque.


Abajo, los dos luchaban entre sí, ambos tratando de evitar que el otro se elevará y, sin embargo, ambos también se mantenían abajo. Las burbujas se agolpaban en el espacio que los separaba mientras soltaban una mezcla de risitas y gritos, cuyas voces se perdían en el agua. Finalmente, volvieron a salir a la superficie. Se dirigieron al extremo menos profundo de la playa para poder estar de pie y sentarse sin dejar de disfrutar del agua.


"¿Sabes?", empezó Dazai, "resulta que sé dónde hay una entrada secreta a ese santuario abandonado que hay justo en la montaña del pueblo. Si luego no te apetece ser un gallina, te sugiero que vayamos a deshacer los sellos del ataúd que dejaron allí". Era una historia de fantasmas contada de generación en generación, transmitida en la aldea desde que Dazai tenía memoria. A todos los niños se les asustaba para que se portaran bien con la historia de una pobre alma vengativa que rondaba por los alrededores del santuario.


Era el cebo perfecto para la gente que siempre estaba dispuesta a demostrar su valor y su voluntad de acero.


Gente como Chuuya.


El pelirrojo miró al otro con desconfianza, mientras se paseaba en círculos para debatir la sugerencia. Sabía que probablemente era para sacarle de quicio─ ya tenían diecisiete años, demasiados para andar jugando a ver quién aguantaba más en un edificio que daba miedo. Y sin embargo... Bueno, ¿quién era él sino Chuuya "el más valiente de todos" Nakahara? Asintió con determinación y una sonrisa de suficiencia. "Me parece bien, pero no esperes que vaya a perseguirte si decides acordarse y huir de vuelta a casa".


"Por favor, serás tú el primero en huir".


"No, no será así. Serás tú".


"No."


"¿Sí?"


"Nop."


"Sí─”


"'No elevado a diez, ¡yo gano!". Dazai sonrió al otro, que soltó un gemido ante sus payasadas. Se sentó en una roca cubierta de algas, agradeciendo que fuera plana y fácil de mantener el equilibrio. "En cualquier caso, sé que Chuuya vendría corriendo a por mí de todos modos, aunque diga que no lo haría. Eso es porque Chuuya es mi perro leal que siempre vuelve con su amo", arrulló.


El "perro” en cuestión le lanzó un gran chorro de agua. "¡No soy un perro, maldita sea! Y no hay nada que temer. Los fantasmas ni siquiera son reales". Se tranquilizó con un resoplido, pero una pregunta aguijoneaba su cerebro. "No lo son, ¿verdad? Nunca ha habido pruebas de que existan. Siempre es alguien que vio algo extraño y difícil de explicar, pero eso sólo significaba que era difícil probar que fuera un fantasma o un espíritu o lo que sea".


Dazai dejó escapar un zumbido divertido mientras se encogía de hombros en señal de acuerdo. "Puede que el chibi tenga conocimientos en su pequeño cerebro, después de todo".


La respuesta fue instantánea y natural. "Algún día te mataré". Como ha dicho durante muchos días ya.


"Realmente desearía que cumplieras esas promesas vacías tuyas. Es muy aburrido esperar a que llegue el día". El más joven de los dos soltó un largo y dramático suspiro. Echó la cabeza hacia atrás para ver pasar las nubes. "¿Ne, Chuuya-kun?"


Un gruñido a medias fue la respuesta.


Miró hacia abajo para ver qué hacía el otro, por qué parecía estar prestando atención sólo parcialmente. Para su sorpresa, parecía que Chuuya estaba buscando algo entre los mini charcos de marea que les rodeaban.Bueno, mientras siga escuchando aunque sea un poco. Dazai continuó con su pensamiento, mirando de nuevo al cielo. "No es nada, de verdad. Sólo pensé que debía recordarte que tu gusto por la moda es chillón y horrendo a la vista. En serio, da vergüenza incluso estar a tu lado algunos días".,


El puñado de algas que le lanzaron a la cara como respuesta fue más que merecido.


[....]


En poco tiempo, el sol había desaparecido tras la cadena montañosa situada al oeste de su pequeña aldea. Casi tan pronto como desapareció, el dúo se escabulló para hacer la caminata de media hora hasta el santuario abandonado. Lo único que habían llevado eran un par de pequeñas lámparas de aceité , una caja de cerillas y -para diversión de Dazai- unos rosarios que supuestamente habían sido bendecidos por unos monjes viajeros que habían dejado algunas de sus herramientas como regalo. Chuuya juró que sólo era por precaución y que los había traído por si Dazai necesitaba tranquilizarse. Por supuesto, el otro simplemente prefirió no comentar la obvia mentira.


El castaño se quejaba y refunfuñaba a cada paso mientras luchaba contra la empinada cuesta que conducía al santuario. Ya casi no había escaleras, la naturaleza reclamaba poco a poco el camino que había sido pavimentado hacía generaciones. Por suerte, era Chuuya quien llevaba sus provisiones, disminuyendo la cantidad de cosas de las que el otro podía quejarse.


Al llegar por fin al tori*, justo antes del santuario, la pareja miró de izquierda a derecha y a su alrededor en busca de... algo. Nadie podía decirlo. Seguramente no habría señales de vida, ya que nadie había venido por el mismo camino que ellos. Incluso si las hubiera, no sería una persona y seguramente los fantasmas no existían. En realidad, lo único que cualquiera de ellos podía encontrar era un ambiente tranquilo y algunas telarañas. Quizá algún trozo de piedra rota o madera podrida en las paredes del santuario. Estaba claro que el lugar no había conocido el amor ni el cuidado desde que su último visitante dejó de pasar por allí.


Dazai fue el primero en moverse, pasando bajo el tori con aire de confianza. Después de todo, era un edificio abandonado, así que no habría nadie allí. Y la única persona que estaría allí estaba muerta y en un ataúd, lo que significaba que no era una amenaza. Miró por encima del hombro a la nueva sombra que había obtenido, sonriendo para sí mismo. "Chuuya-kun parece un niño asustado, escondiéndose así detrás de mí".


"Cállate", siseó en respuesta. Chuuya se limitaba a vigilar sus espaldas, asegurándose de que nadie intentara gastar les una broma por la espalda. A lo mejor había algún niño de mierda que se había enterado de su plan y quería intentar asustarlos. Levantó sus lámparas para que Dazai pudiera encenderlas con una cerilla, y luego caminó junto al otro esta vez mientras exploraban el interior del santuario. Todo era bastante corriente, polvoriento y de colores apagados. Cada paso hacía crujir las desgastadas tablas del suelo, y el ruido parecía diez veces más fuerte de lo normal debido al silencio. Hasta el momento, las habitaciones que habían explorado estaban vacías y carecían de ataúdes. "Espero que te des cuenta de que esto podría considerarse técnicamente un delito. Estamos irrumpiendo en una propiedad privada. Por algo pusieron muros alrededor de la base de este santuario".


"Sólo contaría si nos atrapan. A nadie le importará ¿verdad? Si se molestaran en regañarnos por estar aquí, se debían de haber esforzado más en mantener el santuario".


Chuuya se encogió de hombros, incapaz de discutir realmente ese punto. "Bueno, ¿y qué pasa con el ataúd? ¿No se supone que debemos dejar que los muertos descansen en paz o algo así?"


"Así es. Sólo quitaremos los sellos, no nos llevaremos el cuerpo. No me digas que tienes miedo de algo que ya ha muerto, chibi".


"Of─ ¡Claro que no! No vayas haciendo comentarios estúpidos como ése, podría creer que por fin has perdido la cabeza."


Dazai abrió de golpe una puerta cualquiera, volviéndose hacia su amigo con expresión neutra. "Tienes razón. Siempre has sido tan valiente y genial que me siento seguro cuando estoy contigo", dijo con sinceridad, aunque su tono era otro tipo de seriedad. Del tipo que te haría creer que sólo estaba ofreciendo sus condolencias después de decirle a un extraño que un ser querido ha fallecido.


Como si algo desagradable se hubiera filtrado a través de las tablas del suelo entre ellos y hubiera alcanzado a Chuuya, el pelirrojo se escabulló hacia atrás y miró con desconfianza al otro. Recorrió todo el camino hasta que su espalda quedó presionada contra una viga de soporte al otro lado del pasillo que estaban explorando. Extendió su lámpara como si su luz fuera a desterrar a cualquier demonio de la noche que decidiera poseer a su amigo. "Lárgate de aquí con esa mierda. ¿Quiénes sois? No he oído nada bueno de ti desde nuestra primera conversación".


Pasó un rato de silencio antes de que el castaño pusiera una cara sonriente e hiciera caso omiso de las preocupaciones del otro. "Te he engañado con eso, ¿verdad?". Dazai se volvió hacia la habitación en la que estaba a punto de entrar. "Chuuya no tienes sentido del humor. Vamos, el ataúd está aquí mismo". Se adentró a la habitación , dirigiéndose directamente hacia el sencillo ataúd que había sobre una larga mesa. Los pasos que se acercaban le indicaron que su amigo estaba detrás de él. Al acercarse a su objetivo, pasó las yemas de los dedos por los bordes de los diferentes sellos pegados en la parte superior y los lados del ataúd. "Dudo que funcionen. ¿Me estás diciendo que alguien escribe palabras con una caligrafía elegante en un papel y se vuelve lo suficientemente poderoso como para sellar el mal en sí mismo?".


"Bueno, seguramente pondremos a prueba esa teoría ahora". Chuuya se colocó a la derecha, con la mano también trazando los sellos. Tomó una esquina suelta de uno, lo agarró y lo pellizcó mientras retiraba la mano para despegarlo lentamente. "Espero que no pienses abrir esto. Seguro que huele a mierda". El precinto se desprendió casi limpiamente, dejando atrás una mancha de adhesivo. Era una menos y faltaban al menos siete más . "Todo esto ha estado bastante tranquilo, espero que te des cuenta".


Dazai se dedicó a quitar los sellos de su lado del ataúd, chocando juguetonamente el codo con el de Chuuya unas cuantas veces sólo para molestar. "Nunca prometí que fuera entretenido. En realidad, sólo quería hacerle perder el tiempo a Chuuya y arriesgarme a meterle en problemas", dijo en tono burlón. "Además, sabía que no podría dormir esta noche. Necesitaba hacer algo divertido antes de que te fueras a la cama".


"Si dices que no puedes dormir, entonces será mejor que no sea yo quien te lleve de vuelta a tu casa cuando hayamos bajado a pie hasta el pueblo".


Después de quitar el último sello, los dos dieron un paso atrás.


Esperando.


Observando.


No parecía ocurrir nada, lo que hizo que los hombros de ambos se desinflaran por la decepción. Se miraron el uno al otro, luego al ataúd y de nuevo el uno al otro. Dazai se encogió de hombros y Chuuya hizo lo mismo. Ambos se dieron la vuelta para marcharse, pero se detuvieron a medio camino cuando oyeron que llamaban a la puerta desde demasiado cerca. Al instante, Chuuya extendió un brazo para empujar ligeramente a Dazai detrás de sí, guiándolos a ambos un paso hacia atrás. El dúo se quedó quieto.


Esperando.


Observando.


Entonces, la tapa del ataúd voló hacia un lado, atrayendo sus ojos hacia donde aterrizó. En esa fracción de segundo en la que su atención fue robada, el muerto había resucitado. Una persona cuyo cuerpo y cabello parecían estar en perfecto estado y sin un solo rasguño, magulladura u otra lesión. Habían estado sentados, girando lentamente la cabeza para mirar a los dos responsables de despertarlos de su sueño eterno. Se pusieron en pie con suavidad, ahora a una altura imponente y dominando a sus sorprendentes visitantes. No desviaron la mirada ni una sola vez. La persona, si es que podía considerarse así, dedicó una escalofriante sonrisa de labios cerrados a los dos jóvenes que estaban frente a él. "Ah, qué sangre tan joven tengo aquí delante", dijo, con la voz áspera por décadas de falta de uso. "Decidme, ¿cómo os llamáis?".


No pronunciaron ni una palabra. Dazai y Chuuya se limitaron a mirar fijamente a la persona, con las lamparas en alto para poder contemplar su rostro. Un rostro que no debería parecer tan normal. Una persona que no debería estar viva. Los ojos de Dazai estaban muy abiertos por la sorpresa, la mandíbula de Chuuya estaba casi en el suelo por el shock.


"Así que serás así, ya veo". La persona suspiró, levantó el pie y lo llevó por encima del borde del ataúd, con el otro pie haciendo lo mismo. En lugar de caer de bruces sobre la madera, la persona simplemente flotó en el lugar. Descendió lentamente y aterrizó sin esfuerzo y sin problemas. Mientras descendía , Chuuya había hecho retroceder a Dazai unos pasos más. La persona se llevó las manos a la espalda y miró a los adolescentes que tenía delante. "Me entretiene el hecho de que ninguno de vosotros haya salido corriendo y gritando para que alguien os salve. A juzgar por el estado de este santuario", miró hacia arriba y alrededor de la habitación, "tendría que suponer que no ha pasado mucho tiempo desde que me sellaron". La persona volvió a mirar a sus visitantes, con la misma sonrisa inquietante en la cara. "¿Quieren adivinar por qué me mantuvieron en ese ataúd?".


Silencio.


Chuuya miró fijamente a la cosa que tenían delante, tratando de pensar en una forma en que pudieran dejar atrás a algo que podía levitar y probablemente moverse mucho más rápido que ellos. A pesar de todas las discusiones que habían tenido antes de salir de la aldea, odiaba que su amigo tuviera razón al decir que los rosarios no servirían de nada. Eran más para su tranquilidad que para otra cosa. Le entraron ganas de tomar al contrario y salir corriendo, pero tenía que mantener la calma. Sutilmente, buscó la mano de Dazai, entrelazando sus dedos y preparándose para una apertura.


"Hm. Supongo que no", musitó la persona. "Supongo que no hace falta que os lo explique , ya que estarán muerto para cuando termine el festín". Finalmente, la persona esbozó una amplia sonrisa que mostraba todos sus dientes amarillentos y enfermizos. Y lo que era más importante, un par de colmillos. La persona se deleitó con la forma en que sus dos visitantes parecían erizarse al notarlos. "Verás, no soy del todo un espíritu. Tampoco soy un mortal poseído. Provengo de un antepasado moribundo─”


"─vampiros", susurró Dazai en voz baja.


"Correcto. Como uno de los últimos vampiros de sangre pura que quedaban, era poderoso más allá de lo que puedas imaginar. Hicieron falta dos ejércitos enteros de hombres sólo para someterme. La única razón por la que pudieron hacerlo al final fue porque habían ido a por la única debilidad que tenía". La expresión del vampiro se tornó aún más oscura de lo que ya era. "Aquellos hombres habían encontrado mi hogar, habían secuestrado a mi amada y la habían llevado al campo de batalla para obligarme a rendirme. No tuve más remedio que cesar mi contraataque. Mirando hacia atrás, fue una decisión tan tonta. Yo, un ser inmortal, dejándome capturar y encerrar durante años y años. Mi amor estaba destinado a morir sin importar la razón, pero yo los dejé morir sin estar a su lado". El vampiro se quedó callado, mirando a un lado con expresión solemne. Como si estuviera imaginando la soledad que su amante debió sentir entonces.


Chuuya aprovechó este momento , con ambas manos y armándose de fuerza. Golpeó con la lámpara a la cara del vampiro y volvió a girar el brazo para golpear con la linterna en el otro lado de la cara. Luego giró sobre sus talones y tiró de Dazai mientras corría hacia la salida. Al principio tropezaron, pero enseguida recuperaron el equilibrio y consiguieron salir al pasillo.


Enfurecido, el vampiro los persiguió, llegando hacía ellos con facilidad a pesar de que sus poderes estaban debilitados tras años sin sangre que beber. Alcanzaron a la víctima más cercana, rodeando con una mano el cuello de Dazai y tirando de él hacia atrás para hacerle perder el equilibrio.


"Chuuya─”


"¡Dazai!" El pelirrojo había mirado hacia atrás en cuanto sintió resistencia, el color se le fue de la cara al ver a su amigo atrapado en las manos de su perseguidor. Era demasiado tarde para que pudiera hacer nada, el vampiro ya tenía el cuello de Daza


"Fuera... de aquí... Chuuya...", jadeó, con el rostro contraído por el dolor. Soltó la mano del otro, intentando débilmente darle una patada para que se moviera. Si lo único que podía hacer era asegurarse de que Chuuya lograba salir con vida, lo haría. De todas formas, el único culpable de que acabaran en este lío era él mismo.Perdóname cuando me entierres, chibi, pensó, con la vista borrosa y la cabeza ligera como una pluma por la pérdida de sangre.


“¿Te has vuelto loco?". Intentó acercarse para hacer algo. Tirar de Dazai para que volviera en sí, meterle un puñetazo en los ojos a ese hijo de puta─ sólo algo para salvar a su amigo. Pero le estaban pateando de nuevo y sabía que no debía ser fácil ni siquiera hacer eso. Sin decir nada más, Chuuya retrocedió y echó a correr, desapareciendo por la esquina del pasillo. No había escatimado ni una mirada más en dirección a Dazai, temeroso de que se quedara congelado donde estaba si lo hacía.


El vampiro soltó el cuello de Dazai, la sangre goteando de su labio mientras se carcajeaba ante la escena que se había desarrollado entre ellos. "Demasiado para la osadía que uno había mostrado cuando decidió abofetearme tontamente con el farol. Ahora ha huido con el rabo entre las piernas. Lástima". Dio la vuelta a Dazai y le agarró por el cuello una vez más, sosteniéndolo para que no se pusiera de pie mientras le apretaban las vías respiratorias. "Supongo que primero tendré que acabar contigo antes de ir a buscarle".


La piel de Dazai había empezado a palidecer, un sudor frío le invadía. Apenas se daba cuenta de lo que decía el otro, aferrándose a lo que le quedaba de consciencia. Unas cuantas cosas se le habían pasado por la cabeza en los pocos segundos que le parecieron eternos. En su vida había bastantes arrepentimientos, pero no tantos que pudieran considerarse importantes. Tal vez le hubiera gustado dedicarse a la literatura, o tal vez le hubiera gustado decirle una cosa genuina a Chuuya y decirla en serio. Quizá le hubiera gustado hacerle sonreír más.


Discutir menos.


Darle aunque fuera una pizca de la felicidad que él le había proporcionado.


Ah, bueno... Esta será una disculpa lo suficientemente buena, ¿verdad? Por todas las cosas que no hizo lo suficientemente bien, al menos él saldrá aquí. Eso es suficiente.


Entre la falta de aire que llegaba a sus pulmones y la sangre que le habían robado, Dazai apenas podía seguir consciente. Dejó de forcejear y todo su cuerpo quedó inerte. Lo último que oyó fue el débil ruido de unos pasos atronadores que se acercaban rápidamente.


Chuuya había aparecido por detrás del vampiro, corriendo hacia ellos con una estaca improvisada en las manos. Esprintó tan rápido como pudo, agradecido de que su atacante hubiera estado demasiado distraído con Dazai como para notar su llegada hasta el final. Antes de que el vampiro pudiera apartarse o bloquearle, Chuuya llegó justo detrás de él y le clavó la madera mellada en el pecho, justo donde supuso que estaba su corazón. Hasta ahí llegó su planificación, pues no tenía más ideas sobre qué hacer ahora que el enemigo estaba frente a él.


El atacante dejó caer el cuerpo de Dazai al suelo, sin molestarse en depositarlo con suavidad. "Quizá me equivoqué contigo, humano. Sigues siendo tan audaz como hace unos momentos. Y sigues siendo igual de estúpido". Ahora agarraron a Chuuya por el cuello, sus largas uñas clavándose en su carne, sosteniéndolo igual que hicieron con Dazai. "¿De verdad creías que moriría tan fácilmente?".


Agarró la muñeca del atacante con toda la fuerza que pudo reunir. Incapaz de comprobar cómo estaba su amigo, sólo esperaba que el otro estuviera bien. Chuuya consiguió ahogar una respuesta a pesar de que sentía como si las uñas del otro pudieran perforarle las cuerdas vocales si aprietan lo suficiente. "Debes de ser bastante débil, ¿verdad? Así que, aunque no murieras de inmediato probablemente no haya ninguna posibilidad de que salgas con vida." A este paso, si no podía escapar y poner a salvo a Dazai, tampoco sobreviviría a la noche.


Dejando escapar un gruñido ante las palabras de Chuuya, el vampiro lo arrojó contra la viga de soporte más cercana y echó el brazo hacia atrás antes de atacar al pelirrojo con un rugido de ira. Lo que había dicho era cierto, lo que sólo lo hacía aún más exasperante. Mientras el humano caía al suelo con un aullido de dolor, levantó un pie para descargar una dura patada en el estómago de Chuuya. "Debería haberlos matado a los dos cuando tuve la oportunidad. Pensé que podría acabar con tu amiguito allí y recuperar suficiente poder para masacrar cualquier aldea cercana". Con cada nuevo humano drenado por completo de su suministro, podría obtener mucha más fuerza. El vampiro tosió sangre, la irritación era evidente en su expresión. Se arrodilló junto a Chuuya y enterró sus garras en la carne de su pecho, arrastrándolas lentamente una y otra vez hasta que se derrumbó sobre sí mismo y se desplomó


Tres cuerpos yacían prácticamente sin vida aquella noche.


Uno se convirtió en polvo antes de que llegara la mañana.


[....]


Lo que nunca te dicen sobre volver del borde de la muerte es que todo parece tan irreal en esos primeros minutos. Es imposible haber sobrevivido a lo que casi te mata y, sin embargo, aquí estás.


Eso fue lo que pasó por la mente de Dazai mientras se forzaba a abrir los ojos, intentando parpadear a pesar de lo pesados que sentía los párpados. Tenía frío. Cuando los recuerdos de la noche anterior empezaron a filtrarse de nuevo en su mente, jadeó y se impulsó para incorporarse. "Chuuya─" Miró a su alrededor en busca de alguna señal del otro, sin molestarse en comprobar si tenía alguna herida. Le dolía un hematoma en el cuello, pero supuso que era por la mordedura. Fue fácil reconocer a su amigo, reconocería ese pelo rojo fuego en cualquier parte. Apresuradamente, se puso a cuatro patas y recorrió a gatas la corta distancia que le separaba del otro─


─y entonces lo vio.


Un charco de sangre seca bajo el cuerpo inerte del pelirrojo, con los ojos entornados y sin señales de vida. La herida abierta en el pecho, con la carne tan desgarrada como su ropa. Dazai podía ver incluso trozos de hueso. Sin embargo, apartó rápidamente la mirada, como si fuera a vomitar al verlo. Cuando se recuperó , giró lentamente la cabeza para volver a mirar a Chuuya.


Su mano temblorosa se extendió y sostuvo con delicadeza la mejilla del otro, odiando la falta de calor que normalmente irradiaba de él. "No", susurró, el único que podía oírlo era él mismo. Sus manos empezaron a temblar más a medida que la realidad empezaba a asentarse. "No, no, no─ Chuuya, por favor". Dazai rodeó al otro con sus brazos y lo estrechó contra sí. Le avergonzaría estar dando una muestra de afecto tan descarada si el otro fuera capaz de burlarse de él por ello.


Si fuera capaz de devolverle el abrazo.


"Así no", suplicó. "No puedes dejarme así. Por favor, Chuuya, di que esto es sólo una broma. No tiene gracia, pero te perdonaría. Sólo di algo─ se movió. Pégame como siempre has hecho".


Sus divagaciones cayeron en oídos sordos mientras miraba con los ojos muy abiertos el suelo que tenía delante, sin apartar la vista de la sangre que manchaba la madera noble. Estrechó a su amigo en un abrazo lo bastante fuerte como para asfixiarlo si sólo pudiera respirar. Dazai permaneció así el tiempo que tardó en salir el sol. Allí sentado, murmurando interminables súplicas y lamentos para intentar traer de vuelta al contrario de un final que se negaba a creer. El corazón le dolía tanto en el pecho que creía que iba a desprenderse de su caja torácica y aplastarse bajo su propio pie. No tenía sentido que latiera cuando la única persona por la que hacía latir se había ido.


Dazai estaba demasiado ensimismado en sus pensamientos para darse cuenta de que, efectivamente, su corazón había dejado de latir por completo.


No fue hasta que la luz del sol entró por las rendijas de los biombos shoji* que se dio cuenta de que la piel le ardía por el calor. Dio un respingo, retrocediendo inmediatamente y arrastrando el cuerpo de Chuuya con él, con la cabeza dándole vueltas para buscar lo que le había alcanzado. Dazai se dio cuenta de las marcas de quemaduras en su piel, y el miedo cayó sobre sus hombros con más fuerza que cualquier otro peso que hubiera conocido.


Tan pesado como el peso de la culpa que rápidamente se había instalado allí. Fue entonces cuando recordó las palabras del vampiro.


Lo habían dejado allí para que muriera sin mí a su lado.


Chuuya había vuelto para salvarle, pero había acabó sufriendo tanto dolor mientras se desangraba allí mismo, donde Dazai le había encontrado. Y puede que ni siquiera supiera si a la persona que estaba salvando le quedaba pulso. A pesar de eso, él todavía…


Aún así, dio su vida por Dazai.


Una risita débil y quebrada salió del castaño. "Siempre fuiste tan valiente", susurró, con la voz entrecortada al final. "Lo siento, chibi. Yo también debería haber hecho algo mejor para mantenerte a salvo". Escondió la cara contra aquel pelo rojo fuego que había llegado a admirar con los años. Sus brazos rodearon imposiblemente con más fuerza al chico al que se había encariñado demasiado.


"Lo siento", susurró de nuevo, sintiendo algo húmedo rodar por su mejilla. Era lo único que podía decir, aunque sabía que nunca le perdonarían.


Ni Chuuya, ni su familia.


Ni él mismo.


Dazai sintió que más lágrimas se deslizaban lentamente por sus ojos, incluso después de que se le acabaran las disculpas. No podía pensar en otra cosa que en la pena y el luto, en el resentimiento que hervía lentamente y en un extraño entumecimiento que le invadía. La maldición que le habían echado aquella noche era peor que cualquier historia de fantasmas. Sólo la culpa y la inmortalidad lo mantendrían vivo ahora.