Capítulo 1 William
¿Aún están ahí?- preguntó Harry por tercera vez.
<< Otra vez>> pensó Will.
—Si, aún están ahí— Respondió Jake— ¡¿Quieres ir a saludarlos?!
—No, solo estoy chequeando— argumentó Harry, como si intentara de alguna forma resolver una ecuación matemática.
Will mostró un destello en sus labios que algunos pasarían por una sonrisa. Una desganada y apenas perceptible. Aunque el mismo no sabría decir, si aquella endeble sonrisa había sido producto del miedo que habitaba en su interior o fue la respuesta del muchacho, que durante un instante, alivió el constante presentimiento de que algo estaba a punto de suceder.
<<Hasta los condenados sonríen en su muerte>> pensó con pesar. Aunque aún no estaba seguro de que tan cierta sería aquella frase, a juzgar por las caras que veía. A su alrededor todo se desmoronaba. Los olores de la podredumbre atestaban la estancia. El aire era denso, cargado de humedad, de ruina, de vómito rancio, de orina, de heces, de vísceras, de sangre, de muerte. Era un hedor constante, que no desaparecía. No importaba que tanto se hubiese acostumbrado a ellos. Estos se inmiscuían por sus fosas nasales hasta provocarle arcadas.
Los pocos que quedaban se aconglomeraban temerosos alrededor de una menguante luz, que proporcionaban unas rústicas lámparas manuales.
<< Esto es todo, aquí termina todo>> se dijo a si mismo. Apoyó su espalda a la pared y se dejó caer al suelo. ¿Cuánto tiempo podrían aguantar en aquel lugar?. Solo era cuestión de tiempo que aquellas cosas lograrán encontrar una nueva entrada, una nueva brecha en las paredes descascaradas, o un nuevo recoveco por el que entrar.
Habían llegado, aquel lugar hacía dos lunas atrás. Pero por en ese entonces eran más 30 personas.
—¿ Alguien ha vuelto a comprobar si hay recepción ¿— preguntó una mujer al fondo de la estancia, su voz sonaba débil y apagada, como un tenue murmullo subido de tono.
<< Lisa, se llama Liza>> Desde el último suceso no había parado de memorizar nombres, fechas, hechos. Había revivido viejos recuerdos y recontado en su mente viejas historias. En cierta, forma temía perder la cordura, y hacía lo posible por alejar su mente de los constantes presagios que pesaban sobre ella. Ya por este entonces, conocía a cada uno de los presentes, sabía sus nombres y parte de su historia. Estaba Liza, una treintañera, de cabello rubio y mirada perdida. Que sostenía sobre sus piernas la cabeza de su esposo mientras le murmuraba palabras de aliento. El cual yacía con el torso envuelto en mantas ensangrentadas, que débilmente mantenían la sangre dentro de él. Por otro lado estaba Jake, que se encontraba junto a las puertas con una barra de metal en las manos. También estaba Laura, Roll y sus dos hijos adolescentes. Que se aferraban unos a otros con ojos vidriosos. Estaban Egg y Malla, una pareja entrada en el ocaso de sus vidas, con cabellos blancos y respiración entrecortada que contra todo pronóstico habían logrado sobrevivir. Al igual que Maggy, una joven postrada sobre una silla de ruedas. Luego estaban los hispanos Alfredo y Sebastián. Los únicos que se habían aventurado más allá de la torre de la colina en busca de ayuda. Pero no pasó mucho tiempo hasta que se vieron obligados a regresar. Esto había ocurrido antes del segundo ataque, cuando aún no era tan peligroso salir fuera.
—¿ Por qué regresaron?— le había preguntado una vez Jake a Sebastián, enfrente de William.
—Si quieres, puedes… ir por… tu mismo. Pero …yo no… noo.. pienso volver a …— Le respondió en un inglés entrecortado, ayudándose con las manos. Dejando claro que no volvería a salir. Willian pudo ver cómo el miedo anidaba en sus ojos.
Lo cierto era que desde que habían vuelto, ni Alfredo ni Sebastián eran los mismos que habían partido. Alfredo no cruzaba palabra alguna y Sebastián a duras penas murmuraba alguna que otra oración. Solo permanecían en una esquina de la estancia enzarzados en la tarea de mantener la luz de las lámparas.
—Siempre luz… Siempre tener.. haber … Luz— Murmuraba Sebastián en ocaciones cuando le intentaban entablar una conversación. En algunas otras, simplemente no respondía. Solo se cernía a mantener la carga en el dinamo, con los ojos clavados en la luz.
Cerca de Laura y Roll, estaba Margaret, una chica de aspecto joven y grácil. La cual sollozaba mientras se mecía inquieta sobre sus piernas. Sosteniendo una camisa naranja de cuadros entre sus manos en la que ahogaba sus lágrimas. Y Harry, que deambulaba con la mirada atenta y era algo que escapa a la comprensión de William. Aquel muchacho se comportaba como si nada estuviese pasando. Como si supiese algo que él no sabía.
—¿Alguien a intentado llamar?— Volvió a preguntar Liza, al no tener respuesta— Por favor, por favor, Koby se está muriendo— afirmó con la voz entrecortada, como quien intenta no llorar.
—No hay conexión Liza— dijo Roll, con el celular en la mano— Revisé hace 20 minutos.
—Por favor, revisa de nuevo.
—Lo volveré a hacer en una hora. Lo prometo.
—No, hazlo ahora,¡ Koby se muere, es que no lo ves! ¡Es que no pueden verlo! — dijo mirando a todos—¡Mi marido se muere!.
—Lisa, querida— intervino, Malla la anciana de cabello blanco, acercándose a ella— Tienes que mantener la calma, Koby estará bien. Pronto alguien vendrá por nosotros. Se que es difícil, pero él estará bien. Solo se fuerte.
Liza rompió en lágrimas.
Algunos se acercaron a ella, otros simplemente continuaron con la mirada perdida.
—¿Alguien va a decirle que su marido está muerto?— Le murmuró Jake a William— Hace horas que dejó de moverse.
William no respondió.
Jake tenía razón, y Willian lo sabía. Todos lo sabían, todos podían verlo. El rostro de Kobi estaba pálido y los ronroneos que había emitido con cada aliento, con cada estertor habían quedado mudos, en un cuerpo sin vida. Pero Liza parecía ser la única que no se daba cuenta. Tenía los ojos rojos, hinchados. Las lágrimas corrían por sus mejillas y caían sobre la frente de su esposo. A quién con sus manos bañadas en su sangre, no dejaba de abrazar.
William pensó varias veces en acercarse a ella, y terminar con aquella enfermiza situación. Pero era una mujer que había perdido a su hijo hacía solo una noche y que se aferraba con todas sus fuerzas a lo único que le quedaba en este mundo. Hacerle ver la triste realidad. Era algo que no podía siquiera considerar.
—Nunca debimos haber venido— se lamentó Egg— Nunca debimos haber embarcado en ese maldito barco.
—Lo que pasó en el barco — preguntó Maggy , temerosa de la posible respuesta que obtendría— ¿ Po… Podría pasarnos aquí?
—No, no lo creó, han pasado días desde que abandonamos el Tritón — Respondió William.
—¿Qué lleva a las personas a comportarse así?¿ Es algún tipo de rabia?— Siguió Maggy
—No— respondió Roll —La rabia no afecta de esa forma, no en humanos, tal vez…
—Fue la niebla— le interrumpió Egg— Fue la maldita niebla, estoy.. seguro. Se lo… Se lo dije a Malla — La voz le temblaba, mientras intentaba hablar—Esa niebla no era natural, no en el pacífico, no en esta época del año.
—La niebla comenzó en la mañana, pero los motores del Tritón no se detuvieron hasta bien entrada la noche, ¿cierto?— Replicó Harry— Pero Mill ya había enfermado.
—¿Mill Hackins?— preguntó Roll— ¿Habitación B543?
Harry asintió.
—Los conozco— confirmó Roll, a la vez que se giraba hacia su esposa Laura— ¿Recuerdas a los Hackins?
—Si, creó…—Hizo una pausa— Su esposa y el agendaron el mismo día que nosotros. No puedo recordar el nombre de la mujer.
—Kiara era su nombre— continuó Roll— Lo sé, porque el día que agendé el viaje, a nosotros nos había tocado la habitación B543. Pero por la condición de Mill, a nosotros nos pasaron a la B550 y a los Hackins le cedieron la B543 que estaba cerca de la enfermería. Mill no fue el primero en enfermar. Porque Mill ya estaba enfermo. Tenia cáncer en etapa terminal.
— La gente comenzó a enfermar cuando llegó la niebla. Estoy seguro— insistió Egg— Había… Había una pareja que cenaba con nosotros todas las noches. Malla y yo los cono… conocimos el primer día que abordamos el barco. Eran de nuestra edad, viejos como nosotros. La mañana en qué comenzó la niebl… niebla. Olga y Matthew se retiraron a su habitación, por qué Matthew se sentía indispuesto. Esa misma noche teníamos una reserva en el Gurmett. Pero ellos no estaban, Malla insistió en que los fuera a buscar. Y así lo… Lo hice. Cuando subí a su camarote en el tercer piso. Fue la primera vez que vi las cintas amarillas y un miembro de la tripulación custodiaba la puerta. Cuando le pregunté que estaba pasando. Me dijo que había habido un problema con el camarote y que Matthew y Olga habían contraído algún tipo de fiebre. Nada más. Que el… El doctor ya estaba con ellos y que pronto estarían bien. Pero que por mi seguridad evitara… Evitara acercarme, ya que podría ser la malaria, pero que aún no sabían con certeza. Uno de los doctores.. llegó en ese momento, me hizo algunas pregun.. preguntas y me tomó la temperatura. Me dijo que estaba bien. Que no había nada de que preocuparse. Que Matthew y Olga, pronto estarían bien. Y.. así .. así .. lo pensé. Baje al restaurante, y un rato después todos comenzaron a enfermar. ¡Por Dios! Podíamos oler el vómito donde quiera que estuviéramos.
—¿Cómo podemos saber que no estás infestado?— Preguntó Maggie, intentando alejarse de Egg. Incluso Liza hizo ademán de apartarse de Malla, mientras cubría a su esposo Kobi con sus manos. Como si intentara protegerlo de ella.
— Si estuvieran infestados, nosotros también lo estaríamos— replicó Will— Y si estuviéramos infestados, ya estaríamos muertos, Maggy.
— ¿Entonces que es? ¿Un patógeno?¿Un virus?
William había oído aquellas preguntas tantas veces, que había perdido la cuenta. Algunos decían que se trataba de algún tipo de hongo alucinógeno que había crecido en los conductos de ventilación del Tritón y que a través de estos, había esparcido sus esporas, infestando a la tripulación. Lo mismo decían sobre el moho, ya que algunos creían que podía haber sido algún tipo de moho tóxico, que pudiera haber causado la locura. En cambio otros hablaban de una histeria colectiva extrema, que se había generado tras la enfermedad que azotó el Tritón, llevando a las personas a comportarse de esa manera. Hasta habían llegado hablar sobre una especie de arma biológica. Otros simplemente pensaban que se trataba de un virus o alguna especie de patógeno que había infestado la sangre de los marineros cuando estos habían atracado en Tailandia. Ya que esta tierra era conocida por muchos por ser un lugar exótico plagado de excesos, drogas, sexo y comidas exóticas.
—Todo está a la venta, si lo puedes pagar— Le había dicho un marinero de rostro curtido el día en que tocaron puerto tailandés.
Pero lo cierto era que ninguna de estas hipótesis, lograba explicar lo sucedido en el Crucero Tritón del Mar. La niebla apareció la mañana del sexto día de travesía, desde que habían zarpado de Tailandia con destino a Indonesia.
—Mira esto, ni siquiera puedo verme las manos— le había dicho Jake a Will, aquella mañana. Mientras extendía sus manos hacia delante a lo que William no tardó en hacer lo mismo. Y bromear sobre ello.
En un principio la niebla no era más que una delgada capa blanca que se cernía sobre ellos como una cortina de lluvia, pero conforme avanzó el día se fue tornando tan densa que al llegar la noche, costaba ver algo a unos pocos pasos. La niebla cortaba y disfuminaba la visión por completo, como aquel que intenta ver más allá de una pared blanquecina. Y conforme a ella, los motores del Tritón fueron reduciendo su velocidad hasta quedar varados por completo.
Esa misma noche Jake y Willian habían quedado con Samantha y Ellie, dos chicas a las que habían conocido hacía apenas unos días. Aunque llevaban ya por aquel entonces más de dos semanas de crucero, nunca antes se habían visto, ya que la inmensidad del mismo resultaba en ocaciones agobiante. En el, viajaban más de tres mil huéspedes y alrededor de mil miembros de la tripulación.
Esa noche Jake y Williams, se encontraron con ellas sobre las 8:30 en el Crustáceo Bar, a la hora pactada. Sam tenía 28 años mientras que Ellie tenía 26 años. Sam era de cabello oscuro y mejillas rosadas. Mientras Ellie era de cabello ondulado claro y piel bronceada. Ambas eran de origen gallego, pero llevaban años viviendo en Madrid.
—La capital de España— Le había dicho Sam esa noche, aunque Will ya lo sabía, pretendió no saberlo. Desde joven había aprendido que a nadie le gustan los sabelotodo.
Lo que Will, nunca imagino fue que esa sería la noche en la que todo cambiaría.
Absorto en sus pensamientos, William dio un paso atrás, o creyó hacerlo. No estaba seguro. Ya no estaba seguro de nada. Y fue en ese momento que lo sintió.
Bajo sus botas una espesa sustancia rogaba por su atención. Dónde un afluente de sangre corría entre los restos de escombros, proveniente del cuerpo sin vida de una joven.
Como un río que atraviesa las montañas. La sangre había manado de su cuerpo, lenta y sedosa como el beso de una amante. Esparciéndose sobre la gruesa capa de moho que afloraba en el suelo y las paredes.
—Jane, se llamaba Jane, era la chica más dulce que podrías conocer— le había dicho una señora con lágrimas en los ojos. Cuyo nombre no recordaba, pero eso ya no importaba, aquella mujer también había muerto.
<< La sangre>> pensó, al mirar bajo sus botas, haciendo ademán de sacudirlas. <<¿Cómo ha llegado…?>>
—¡ Tengo que salir de aquí ¡— gritó, Margaret, corriendo hacia la puerta. Pero no llegó a dar ni tres pasos, cuando Roll, se echó sobre ella, derribándola al suelo.
La tensión lleno el aire y algunos corrieron hacia ella intentando acallar sus gritos, otros le rogaban que guardara silencio, mientras otros la maldecían.
William no supo cuando sucedió. Pero el sonido de la piedra impactando el hueso le resultó inconfundible.
En un momento de desesperación Roll había apedreado a Margaret con tanta fuerza, que los ojos de la chica se llenaron de sangre por completo a la vez que sus gritos desaparecieron.
—Mierda. —Exclamó Jake llevándose las manos a la cabeza.
La habitación enmudeció por completo, mientras Roll aún sostenía el pedazo de escombro ensangrentado entre sus manos.
—¿Está… Está viva? —Preguntó Malla con una voz taciturna cargada de nerviosismo.
—Yo… Yo yo no.. no… quería… —Argumentaba Roll. Cuando un atroz rugido hizo vibrar la inmensa puerta desde el otro lado.
<<Nos han encontrado>>.
La estancia enmudeció por completo, si esas cosas lograban entrar sería el final para todos.
Entonces un segundo estruendo vino desde el fondo de la habitación, desde donde se conectaba a un pasillo sin salida aparente.
Todos se miraron entre sí, demasiado temerosos para actuar.
—Están buscando una forma de entrar. —Le murmuró Jake a Will.
—Deberíamos esperar. —Añadió Harry —Tal vez se vayan.
—Deberíamos callarnos. Eso lo único que deberíamos hacer. —Replicó el anciano Egg con el ceño fruncido. —Van… Van a conseguir que nos maten a todos.
Un tercer estruendo resonó desde el fondo una vez más, seguido por el sonido del metal arrastrándose sobre el metal.
<<La alcantarilla… Están dentro.>> El terror manó desde lo profundo de Will, quién aún sentía que no podía ser real lo que estaba sucediendo.
Finalmente Will tomó el hacha ensangrentada que yacía junto el. La cual lo había acompañado desde los sucesos a bordo del Tritón y tanto Jake como Harry asintieron mirando a Will. Sabían que era lo que vendría a continuación.
—Necesito una de las lámparas. —Exclamó Will, acercándose a Alfredo y Sebastián.
—Yo… Yo iré. —Afirmo Sebastián. A lo que Alfredo no tardó en sujetarlo de la mano, impidiéndole levantarse. — Yo iré. —Repitió liberándose del agarre de su compañero. —Mantén la luz… Siempre tiene que haber… Luz.
—Si todo sale mal. Prepárense para abrir la puerta y correr. —Dijo Will al resto en un tono apenas perceptible.
—Allá fuera estaremos muertos. Mírame Will, estoy en una maldita silla de ruedas. ¿Qué esperas que haga?.
—No Maggy, aquí adentro estarás muerta, allá fuera tendrás una oportunidad.
—Yo te llevaré Maggy. —Dijo Malla. A lo que Egg no tardó en lanzar un bufido. Y en parte era comprensible. Eran dos ancianos al borde de un acantilado como para ahora también tener que cargar con una inválida.
—Roll, tú abrirás la puerta. —Murmuró Jake a Roll, el cual aún llevaba entre sus manos la piedra con la que le había quitado la vida a Margaret.
—Yo lo ayudaré —Afirmó Laura, la esposa de Roll, la cual se encontraba junto a él.
William, Jake, Harry y Sebastián comenzaron a caminar hacia el pasillo del fondo. Intentando hacer el menor ruido posible. Algo que se convertía en una tarea titánica pues la cantidad de escombros y piedras sueltas que pululaban por el suelo
de emergencias que habia tomado en el Tritón. Y se puso en pie.
Habían encontrado la alcantarilla trasera del pasillo, la misma mañana en la que habían llegado huyendo de lo que sucedió en la playa. Pero no fue hasta después del segundo ataque. Cuando Lucas el hermano de Margaret junto a Jim y Tyler habían descendido por ella, en busca de un lugar segur
o.
Y habían pasado dos días desde entonces, fuera lo que fuera que hubiera abierto la alcantarilla, no había sido Lucas, Jim o Tyler. Había sido algo más.