Parte Única
(last words)
Las sombras bañaban su cuerpo, camuflando su presencia dentro de la oscuridad de la noche y facilitando la tarea de escabullirse sin que nadie fuese capaz de notarlo. Sentía la adrenalina correr por sus venas como un combustible que ardía en su interior, instándole a no detenerse, a seguir adelante a pesar del peligro, a avanzar sin mirar atrás.
Después de todo, no podía fallar en esa misión, o de lo contrario podrían despedirlo.
O peor, ser asesinado.
Trató de regular su respiración, pues se había agitado ante ese mero pensamiento intrusivo. Pegó su espalda a la pared, deslizándose para que las cámaras de seguridad del lugar no captaran su presencia y siguió avanzando, atravesando el largo pasillo de esa silenciosa mansión, repasando en su mente la ruta que ya se sabía de memoria.
Ciertamente, llegar hasta allí no había sido difícil. Burlar a los guardaespaldas y los otros guardias había sido pan comido. Allanar la propiedad sin encender ninguna alarma o alertar a los perros de vigilancia había sido tan sencillo que podría volver a hacerlo con los ojos cerrados.
No era difícil, conocía demasiado bien la zona.
Pero entrar en esa mansión y caminar a través de los pasillos que ya había conocido más de una vez, pero ahora en completa oscuridad, era distinto y le hacía sentir un nudo en el fondo del estómago.
Pronto, llegó frente a la puerta que estaba buscando y se permitió soltar silenciosamente el aire que no sabía estaba reteniendo en su pecho.
«Tú puedes, Panich, es solo otro trabajo usual, ¿no?»
Sin embargo, el ritmo acelerado de su corazón no parecía corroborar sus propios pensamientos. Apretó la mandíbula hasta que sintió sus dientes rechinar y, sin más preámbulo, abrió la puerta de aquella habitación con lentitud para evitar hacer cualquier ruido, ingresando con pasos tan ligeros que nunca podrían ser notados.
Ese era uno de sus mejores talentos, el cual había desarrollado luego de años de entrenamiento. Nadie, ni siquiera el más peligroso de los asesinos, podría sentir la presencia de sus pasos cuando él caminaba, haciéndolos incapaces de detectarlo y evitar sus ataques.
Él era como una presencia escurridiza e invisible.
Avanzó por la habitación, ignorando los adornos excéntricos y lujosos que adornaban cada centímetro de las paredes, pues su atención estaba fija sobre la silueta que descansaba suavemente en medio de la cama, tan tranquilo y ajeno a lo que pasaba a su alrededor.
Podía verlo allí, aún en la oscuridad. Él no necesitaba que las luces se encendieran para dibujar cada borde y curva de ese cuerpo, pues lo conocía de memoria.
Alejó ese estúpido pensamiento y se acercó con lentitud a la cama, tan lento y calculado como un depredador acechando a su presa, midiendo cómo saltar a atacarlo y destrozarlo.
Entonces, cuando estuvo a los pies de la cama, fue que pudo verlo con mejor precisión.
NuNew Chawarin.
O Kirin, como era conocido entre el bajo mundo y los departamentos de policía.
Estaba allí, en medio de la cama tamaño king, con el cuerpo acurrucado en un ovillo. Su pecho delgado subía y bajaba con lentitud, marcando un ritmo acompasado y tranquilo que demostraba que seguía profundamente dormido. Su flequillo, de cabello suave y esponjado, le caía por la frente con delicadeza, haciéndole lucir como el ser más inocente que hubiese pisado la tierra.
Pero no lo era, Zee Pruk lo sabía muy bien.
Lo analizó con detenimiento, viéndolo dormir pacíficamente. No había ninguna sábana cubriendo su cuerpo, a pesar del aire fresco que se colaba por la ventana. Además, vestía con una simple camiseta blanca que era tan grande que le cubría hasta la mitad del muslo. Pero nada más, no llevaba pantalones, dejando a la vista sus gruesos y pálidos muslos desnudos, tentando su corazón y su autocontrol.
«Concéntrate, Pruk, debes seguir adelante con el plan o…»
El pensamiento quedó inconcluso cuando Zee Pruk sintió su respiración atascarse en su garganta, pues NuNew –aún entre sueños– estiró su delgado cuerpo sobre el colchón, haciendo que la camiseta se levantara y dejara a la vista el encaje de su ropa interior.
Maldición.
El desgraciado estaba usando lencería para dormir.
Sintió su boca secarse y la sangre viajar al sur de su cuerpo en una reacción casi automática y precoz. Pero, a pesar de ello, Zee Pruk se obligó a ignorar aquel detalle, apartando la vista del encaje azul que se aferraba a la redondez de aquel culo voluminoso y perfecto.
No se iba a dejar engañar por esa vista tan vulnerable porque él sabía, él sabía mejor que nadie que…
Sin pensarlo más, rápidamente se trepó sobre el cuerpo delgado de NuNew, olvidando el plan de de ser precavido para que no notaran su presencia. Simplemente presionó con todo su peso el pecho del otro hombre para inmovilizarlo, antes de presionarle el filo de su navaja contra el cuello.
Los ojos de NuNew no tardaron en abrirse lentamente, mirándole con diversión.
El bastardo ni siquiera se molestó en actuar sorprendido por aquella inesperada emboscada, es más, parecía que había estado esperando exactamente eso e incluso le pestañeaba con cierto aire juguetón y despreocupado, como si no tuviese una navaja contra la yugular.
Zee Pruk no se dejó amedrentar por aquella mirada astuta y, en cambio, presionó la hoja afilada de su arma con más fuerza contra su piel, mirando cómo en seguida un hilillo de sangre brotaba del ligero rasguño y resbalaba por su clavícula, ensuciando la tela de su camiseta blanca.
Así, con Zee Pruk encima amenazando con quitarle la vida y NuNew completamente dominado y en desventaja, se miraron a los ojos a través de aquella pesada oscuridad.
Ojos negros sobre ojos marrones, sus miradas peligrosas diciendo todo lo que no se atrevían en voz alta.
—¿Tus últimas palabras? —gruñó Zee por lo bajo, como si no le importara el sentimiento raro en su pecho ante aquella situación—. Haz que valgan la pena.
NuNew soltó una pequeña risita nasal, burlándose de él, antes de alzar su delgada mano para sujetar con dulzura y ternura la mejilla de Zee Pruk. El pulgar del chico bajito no tardó en acariciarle la piel con cuidado, provocando que su respiración se atorara en su garganta por los nervios.
—Eres hermoso, Hia.
Zee Pruk sintió su corazón detenerse ante aquella frase inesperada y su mano tembló, sintiendo cómo casi se le deslizaba la navaja de los dedos.
Su corazón dudó.
Fueron apenas dos segundos de vacilación, pero fue suficiente para que NuNew tomara ventaja. Sin ningún tipo de aviso, sacó su otra mano que había estado escondida bajo la almohada todo ese tiempo y presionó su propia navaja contra la yugular de Zee, dejándolos a ambos en las mismas condiciones.
Un solo movimiento en falso y cualquiera de los dos podría acabar con la vida del otro.
Zee maldijo para sus adentros y se odió por haberse dejado afectar por ese estúpido apodo. Tragó saliva, sintiendo el filo acariciar su garganta desprotegida y pensó en una manera de cambiar aquella situación para volver a ganar ventaja, pero su mente volvió a distraerse cuando NuNew comenzó a reír en voz baja.
—Hia, es de mala educación entrar en casas ajenas sin ser invitado —dijo, aún entre risitas agudas.
La sonrisa que le regaló resultó escalofriante, a pesar de que lucía lindo e inofensivo con ese gloss rosado pintando sus labios y haciéndolos ver más gruesos, más jugosos y apetitosos.
Pero Zee sabía que no debía dejarse engañar por aquella bolita rosada y femenina llamada NuNew, pues sabía sobre todos los crímenes infames que había cometido y lo peligroso que era, maldición, ¡había leído su expediente! Entonces, ¿por qué su corazón se estremeció dentro de su pecho, provocándole un escalofrío? Porque estaba casi seguro de que no había sido precisamente por el peligro de tener un arma afilada amenazando con cortarle de tajo el cuello.
—Así que, ¿eres un asesino? Dime, ¿quién te contrató para acercarte a mí? —preguntó NuNew, mientras su mano libre viajaba hacia el sur para posarse sobre la espalda baja de Zee.
—No soy un asesino —gruñó Zee, tratando de disimular el escalofrío que recorrió su columna al sentir el toque frío de los esbeltos dedos de NuNew contra su piel cálida—. Soy un oficial de policía.
—Mhm, así que una misión en cubierto, ¿eh? —NuNew sonrió aún más, luciendo como una clase de zorro astuto.
Zee sintió su vientre tensarse.
«Carajo, ¿por qué debe ser tan atractivo? Estúpido, estúpido, estúpido…»
—¿Y era parte de la misión seducirme y abrirte de piernas para mí o eso fue improvisado? —rió NuNew, apretando su agarre sobre la navaja, casi clavándola contra su carne.
El rostro de Zee Pruk palideció, aunque no sabía si por el miedo a morir o por la bochornosa declaración que NuNew había hecho en voz alta.
—Nhu... —tosió Zee, pues se había atragantado con su saliva por los nervios.
Porque no estaba preparado para que le echaran en cara aquella vergonzosa realidad. Él, Zee Pruk Panich, un oficial de policía de alto rango, había dejado que el criminal al que investigaba se metiera entre sus sábanas más de una vez.
Pero ahora, mientras estaba sentado a horcajadas sobre el pecho delgado de NuNew, con aquella mano acariciando y apretando su cintura constantemente, fue difícil de ignorar lo que había hecho.
Se había acostado por voluntad propia con el criminal más buscado del país.
De hecho, lo hizo tantas veces que había perdido la cuenta y con tanta frecuencia que incluso habían forjado una especie de cercanía. Una cercanía tan profunda que NuNew había comenzado a llamarlo «Hia» como si se conociesen de toda la vida.
Carajo.
Debió matarlo en cuanto tuvo la oportunidad.
—Es mi deber. —Fue lo único que Zee Pruk se atrevió a decir, antes de intentar atacar.
Ya no le importaba morir, solamente quería deshacerse de este hombre de una vez por todas para así poder fingir que nada había pasado.
Sin embargo, NuNew fue más rápido.
A pesar de que NuNew poseía un cuerpo delgado y mucho más pequeño que el suyo, era casi tan fuerte como él y aunque Zee Pruk seguía siendo más grande y pesado, NuNew gozaba de una agilidad que le sobrepasaba por mucho.
Fue por eso que solo atinó a pestañear desorientado y confundido cuando fue presionado contra el colchón en un movimiento demasiado rápido para analizarlo, dejándole atrapado bajo el pequeño cuerpo del asesino.
Carajo.
—Hia, ¿en serio vas a deshacerte de mí? —susurró NuNew, fingiendo un puchero con sus carnosos labios.
Zee tragó saliva, pues de pronto sintió cómo NuNew empujaba su creciente erección cubierta de encaje contra su trasero, provocándolo por sobre la ropa.
—Es mi deber —repitió con terquedad, aunque su voz tembló.
NuNew rió ante su respuesta.
—Eso no fue lo que pregunté, Hia —ronroneó, rodando sus caderas contra las de Zee Pruk.
Tuvo que usar toda su fuerza de voluntad para no gemir al sentir la rígida erección de NuNew frotándose descaradamente contra la suya.
—Es mi deber —volvió a decir con voz ronca, pero la firmeza ya no fue la misma.
NuNew rodó los ojos, antes de acercar su rostro hacia el oído de Zee Pruk.
—¿Y qué debo hacer para que abandones ese deber y en su lugar me tomes a mí como tu único deber? —susurró, con sus labios cubiertos de gloss arrastrándose por la mandíbula del oficial con cierto aire de coquetería, dejando un rastro pegajoso en la piel erizada.
Zee soltó el aire dentro de sus pulmones de golpe, sintiendo su vientre temblar.
Era su deber, él debía atrapar a NuNew y cumplir con la misión, debía obedecer las órdenes de su superior y encerrar a ese criminal en una celda para que pagara por sus crímenes. Si, eso haría, él era más fuerte, ¿por qué todavía no había intentado liberarse? Un solo movimiento de su brazo y mandaría a volar a ese maldito mocoso lejos de...
—Besarme. —Su boca se adelantó a las órdenes de su cerebro, pidiendo por aquello que su moral no se permitía expresar.
—Awn, Hia, lo hubieses dicho antes.
Sus bocas no tardaron en colisionar una contra la otra en un beso hambriento, tan desordenado y desastroso que el gloss sabor cereza de NuNew terminó embarrado por todos lados, pero ninguno pareció preocuparse.
En cambio, Zee saboreó con la lengua los labios de NuNew, chupando y sintiendo el sabor artificial del gloss en su paladar y gimió, pues de verdad había estado deseando arruinar su lindo maquillaje desde que llegó. En seguida, sus manos viajaron al cuello de NuNew y se aferró con fuerza a él, clavándole sus cortas uñas en la piel pálida y sensible de la nuca para no dejarlo ir.
Aunque NuNew no parecía exactamente con ganas de apartarse.
De hecho, parecía bastante absorto en el beso, tanto que ya había comenzado a balancear sus caderas contra Zee Pruk, restregando la rígida longitud de su pene contra el trasero del oficial en un ritmo lento y provocativo, dejándole sentir lo duro que estaba y provocando que Zee Pruk se estremeciera.
—Nhu… —jadeó, apartándose del beso y sintiendo su cabeza ligera como si flotara.
—Shhh, Hia, déjame cuidar de ti solo por hoy, ¿si? —murmuró NuNew, bajando el húmedo toque de sus besos hacia su cuello.
Aquellas palabras del hombre más joven lo llenaron de calidez, pues normalmente él era el que cuidaba a NuNew (aunque NuNew no lo necesitara, porque era un maldito loco que podía defenderse bien) y no al revés, pero en ese momento realmente quería sentirse contenido.
No importaba el orgullo, él solo quería olvidarse de la rotunda decisión que había tomado al sucumbir a su deseo por NuNew y de las consecuencias que eso traería a su vida.
Como si NuNew le leyera la mente, volvió a besarlo con firmeza, hundiendo la lengua dentro de su boca y lamiendo cada rincón, provocando que Zee Pruk casi se ahogara porque, carajo, NuNew sabía muy bien cómo distraerlo.
Zee Pruk se aferró a él, envolviendo sus piernas alrededor de las caderas del hombre más joven, sintiendo sus erecciones rozarse por encima de la ropa y provocando que ambos gimieran contra los labios del otro ante la fricción.
Uh, ¿por qué todavía estaban tan malditamente vestidos?
Con un gruñido, empujó el pecho de NuNew para romper el beso, provocando que un chasquido fuerte y húmedo resonara en la oscuridad de la noche.
—¿Hia? ¿Ya te arrepentiste de…?
—Cierra la boca —resopló Zee Pruk, antes de tomar el borde de su musculosa negra para quitarla, dejando su amplio y marcado pecho al desnudo.
NuNew le miró con esos ojos redondos y marrones suyos brillando como si acabara de ver la cosa más hermosa del mundo, provocando que las mejillas de Zee Pruk se ruborizaran sin razón aparente.
Y él jamás se sonrojaba, ¡era un hombre serio de treinta y dos años, por dios! Él ya no debería estarse sonrojando como una colegiala por una simple mirada.
Pero NuNew mirándolo así, con sus ojos adorables llenos de lujuria, era simplemente demasiado. Zee sentía su piel arder allí donde NuNew lo miraba, llenando su cuerpo de escalofríos.
En un intento por huir de aquel sentimiento, Zee Pruk volvió a atraer a NuNew en un beso, chupando su lengua con avidez para sacarle aquellos gemidos agudos que tanto le gustaban. Esta vez fue él quien controló el beso, algo irritado por el desastre en el que NuNew lo había vuelto segundos antes con solo una mirada.
Porque ya era malo que lo desease incluso por encima de su moral y sus valores como agente de policía. Si su corazón comenzaba a latir de una manera que no debía por ese bonito criminal…
Estaría acabado.
Exasperado por sus propios pensamientos, se separó del beso con brusquedad, viendo la saliva resbalar por los labios hinchados y enrojecidos de NuNew, sintiendo el calor apoderarse de sus entrañas. Sin más, empujó el esbelto cuerpo de NuNew, dejándolo acostado de nuevo debajo de él, ganándose una mirada inquisitiva.
—¿Huh? ¿No sería yo quien…?
Pero Zee Pruk no lo dejó terminar su oración. Sin más, se acostó sobre su estómago, dejando su rostro a la altura de la entrepierna de NuNew y, sin siquiera devolverle la mirada al otro, le bajó las bragas de encaje solo lo suficiente para liberar su pesada erección. Su boca salivó inmediatamente ante el deseo de sentir el peso y la rigidez de aquella polla contra su lengua, así que abrió los labios y chupó, soltando un gemido ronco del puro éxtasis cuando sus labios se estiraron alrededor del grueso falo.
—¡H-hia!
Cerró los ojos, sintiendo una inexplicable ola de placer recorrer cada terminación de su cuerpo al escuchar los temblorosos gemidos de NuNew, sintiéndose tan poderoso de saber que él era quien provocaba aquellos gemidos.
De repente, absolutamente todo pasó a segundo plano, quedando en el fondo de su mente como una idea olvidada. Ya no pensó más en su deber, no pensó en que él era un oficial de policía y NuNew el criminal al que estaba cazando, no pensó en nada más que en la polla que llenaba sus labios, follando su boca tan profundo que la sentía tocar el fondo de su garganta hasta hacerla arder.
Eso estaba bien, a él le gustaba que NuNew lo redujera a un agujero húmedo al que follar a pesar de ser más pequeño, más joven y más débil que él.
Era… satisfactorio.
Gimió, bajo y ronco, sintiendo su propia erección comenzar a incomodarle dentro de su ropa interior, pero ni siquiera hizo amago de tocarse. Simplemente se concentró en chupar y lamer y sorber los fluidos de la gruesa erección de NuNew, deleitándose con el sabor de aquel hombre, sintiendo el olor de su jabón corporal picarle en la nariz.
Fresas. A NuNew le gustaba oler a fresas.
Era un olor delicado, así como toda la personalidad de NuNew lo era, pero definitivamente no había nada de delicado en la manera en que los dedos esbeltos de NuNew estaban aferrados a su cabello, obligándolo a tomar su polla más profundo, empujando sus caderas en un vaivén casi errático, provocando que la garganta de Zee Pruk se sintiera un poco irritada y le dieran nauseas, pero ni eso le detuvo.
Todo su cuerpo se sentía en llamas y de repente NuNew había comenzado a lloriquear con ese tono patético que usaba para pedir compasión, pero Zee no hizo caso de sus llorosos «Hia, Hia, Hia», en cambio, apretó cuidadosamente sus labios alrededor del grosor de NuNew y chupó hasta que sus mejillas se ahuecaron, sintiendolo crecer, hincharse y volverse más grande contra su lengua.
—¡Hia! —gritó NuNew, tirando de su cabello y obligándolo a apartarse de su erección con un “plop”.
Zee Pruk lo miró, probablemente con una expresión de idiota en la cara, todo mejillas sonrojadas y ojos vidriosos, mientras un rastro de saliva caía por su labio inferior y un par de lágrimas se deslizaban sobre su rostro por la asfixia.
—Oh, Hia, tú… —NuNew inhaló con fuerza, temblando como una hoja—. No quiero correrme así, ¿por favor?
Zee Pruk todavía no lograba comprender qué era lo que le gustaba tanto de este hombre. Era flacucho, pálido y con rasgos tan andróginos que si le ponía una peluca pensaría que se estaba follando a una mujer. Además, era un maldito raro obsesionado con el rosa, el maquillaje y la lencería de encaje, muy alejado a lo que sus estándares en hombres estaban enfocados.
A Zee le gustaban los hombres grandes, más fuertes que él para que pudiesen luchar por el control. Que pudiesen cubrir su cuerpo, a pesar de que él era alto y fornido, para dominarlo y dejarlo quieto.
Pero NuNew… La primera vez que lo conoció, no pudo creer que ese jovencito afeminado fuese el responsable de varios asesinatos y múltiples cargos. Casi había creído que la información en el expediente estaba equivocada, porque no había forma de que ese mocoso cachetón fuese el autor intelectual de las torturas más grotescas que habían sido ejecutadas contra algunos de los mejores agentes de su escuadrón.
Sin embargo, cuando se infiltró en su pandilla, lo entendió.
Y si, el mocoso podía ser un demente retorcido y bastante desquiciado, pero seguía sin cumplir los estándares físicos de Zee Pruk. Carajo, ¡la primera vez que Zee lo montó, NuNew acabó lloriqueando del placer hasta desmayarse!
En serio, ¿qué era lo que le atraía tanto?
—Mi dulce, Hia… —susurró NuNew, sacándole de sus pensamientos, mientras su pulgar le acariciaba el labio inferior para limpiar los fluidos que se habían escurrido por su piel—. ¿De verdad querías deshacerte de mí, mhm? Me sigo sintiendo un poco mal por eso.
—Yo…
—Shh, Hia, déjame demostrarte una bonita razón para no traicionarme —murmuró, antes de tirar de él, obligándolo a tumbarse sobre su cuerpo.
Zee gimió ronco al caer sobre el cuerpo blando de NuNew, rápidamente se acomodó entre sus delgadas piernas y buscó sus labios para un beso, pero NuNew negó y lo esquivó, con una mirada brillante en sus ojos de zorro.
¿Qué…?
La realización llegó a él, cuando sintió los labios carnosos de NuNew comenzar a besar su cuello en apenas pequeños roces húmedos, tan delicados como ligeros aleteos de mariposas. Besó su cuello, sus clavículas y parte de su mandíbula, cubriendo cada centímetro con lentitud, como si solo estuviese buscando mimarlo y adorarlo a pesar de que Zee Pruk podía sentir su dura erección presionando contra su vientre.
Era una posición rara, ya que era difícil para NuNew moverse cuando estaba debajo del cuerpo alto de Zee Pruk, pero eso no pareció ser suficiente para detenerlo. En cambio, sus dedos traviesos y gentiles comenzaron a pasearse sobre la espalda ancha del policía, acariciando toda la piel a su alcance con la misma adoración con la que se veneraba a un Dios.
Se sentía extraño.
De repente, Zee se sintió demasiado sobrecogido por las atenciones y la dulzura, completamente en contraste del deseo que todavía podía sentir corriendo por su torrente sanguíneo y que mantenía su erección erguida.
Pero entonces comprendió.
Comprendió por qué NuNew le gustaba tanto a pesar de ser lo opuesto a lo que usualmente le atraía en un hombre. Y es que, él era el primero en tratarlo así, como si estuviese dispuesto a mimarlo y cuidarlo del mundo, a pesar de su pequeña estatura y su falta de liderazgo.
Porque ninguno de los hombres grandes que a Zee le gustaron en el pasado se preocuparon lo suficiente por adorarlo y darle atenciones, creyéndolo lo suficientemente fuerte como para cuidarse él mismo. Pero entonces… Entonces este hombrecito con brillantina lo había mirado y había decidido acariciarlo y besarlo como si pudiese ver que a él también le gustaba que lo cuidasen.
Oh, ¿realmente había estado a punto de cumplir su misión?
—Nhu…
—¿Si, Hia? —murmuró, con los labios pegados a la garganta de Zee Pruk, mientras intentaba dejarle un bonito chupetón en su suave piel.
—¿Realmente esas iban a ser tus últimas palabras? —susurró, con el corazón latiendole con fuerza en el pecho.
NuNew detuvo los besos y las caricias, antes de separarse para poder mirarlo a los ojos.
Se veía bonito, con el cabello desordenado y el labial tan arruinado que tenía la barbilla manchada de rosado. Sus mejillas, abultadas y redondas, estaban cubiertas de un rubor natural que le hacía ver encantador, provocando cosas en el corazón débil del policía.
—Claro, Hia —afirmó, sonriéndole tan grande que sus ojos se volvieron pequeños—. Hia es hermoso, debía asegurarme de que lo supiera antes de que todo terminara, ¿no lo crees?
Zee sintió un nudo en la garganta, pero también pensó que podría derretirse allí sobre ese pequeño hombre tan dulce y no le importaría en lo absoluto.
—Pero, Nhu, ¿tú ya sabías? —preguntó, recordando la manera en que NuNew había parecido tan tranquilo ante la irrupción nocturna en su habitación.
—Desde siempre, Hia.
Zee Pruk no supo qué decir y simplemente agachó la cabeza, sintiéndose tonto.
Ese pequeño mocoso era tan…
—No importa, Hia, si me dices que ahora tu deber seré yo, lo olvidaré —dijo NuNew, sosteniéndole ambas mejillas con las manos, en un toque suave y delicado.
Zee Pruk no dijo nada, no se sentía capaz de volver a decir algo en ese momento, pero asintió, mirando directamente a los ojos redondos de NuNew.
Sin previo aviso, NuNew volvió a girarlos, siendo esta vez él quien quedara entre sus piernas y, sin decir una palabra más, comenzó a besar su pecho.
Bueno, de acuerdo, el momento cursi había pasado.
Ahogó un gemido al sentir los labios carnosos de NuNew chupar la piel sensible de sus clavículas con la suficiente fuerza como para que quedaran marcas. Lo sintió comenzar a lamer y chupar su piel con dedicación, como si estuviera en medio de la mejor misión de su vida, como si dejar marcas en la piel de su Hia fuese un acto sumamente importante.
Sintió cómo aquellos labios poco a poco fueron descendiendo lentamente, hasta que los besos bajaron justo sobre la protuberancia de su pezón. Su espalda se arqueó cuando NuNew comenzó a succionar con cuidado, pegándose a él como si su vida dependiera de ello, lamiendo y besando su pecho hasta que sintió aquel punto completamente sensible y endurecido por la fricción de su lengua y la humedad.
Maldición, NuNew de verdad que tenía una extraña fijación con su pecho.
Él solo atinaba a gemir, dejando que los labios y las manos de NuNew maltrataran sus pectorales como quisiera, sin poner resistencia. Le gustaba, le gustaba cómo NuNew parecía adorar ese atributo específico de su cuerpo, le hacía sentir deseado, muy deseado.
Estaba tan concentrado en eso, en la sensación de sentirse adorado, que no se dió cuenta en qué momento NuNew deslizó dos dedos dentro de su agujero para estirarlo, solo reaccionó cuando sintió aquellos esbeltos dedos golpear su sensible interior con fuerza, sacándole un bochornoso gemido.
Echó la cabeza para atrás, cerrando los ojos con fuerza mientras sentía cómo NuNew comenzaba a follarlo con sus dedos, todavía sin dejar de besar y chupar sus pezones y cualquier centímetro de piel a su alcance. De repente, fue como si viese estrellas tras sus párpados gracias al inmenso placer que llenaba su cuerpo de escalofríos, haciéndolo temblar como si una corriente eléctrica lo hubiese golpeado de pies a cabeza.
Oh, oh, estaba sintiendo tanto.
Y era… raro.
Porque, a decir verdad, esa era la primera vez que veía a NuNew tomando la iniciativa. Normalmente, él se montaría sobre el pequeño y bonito cuerpo de NuNew y haría todo el trabajo, reduciéndolo a un mar de lloriqueos y sollozos por la sobreestimulación, arruinandolo a él y a su maldito maquillaje de muñeco de porcelana. Y le gustaba, a ambos les gustaba la dinámica, porque NuNew era simplemente tan receptivo y dócil, con su mirada de redondos ojos inocentes siempre dispuestos a obedecer a su Hia.
Y Zee Pruk amaba saber que solo chupando esa polla podía controlar a uno de los criminales más buscados del país.
Pero ahora… NuNew le estaba mirando como si quisiese reducirlo a él a cenizas, en el mejor de los sentidos. Sus ojos marrones, normalmente teñidos de dulzura –dulzura solo para él, los demás no tenían tanta suerte–, estaban mirándole con un hambre que tenía a Zee Pruk temblando de anticipación.
Ansiaba ver y probar de qué era capaz ese mocoso.
Así que le miró con la cabeza completamente echada sobre la almohada, su boca abierta para dejar salir sus gemidos sin ningún tipo de restricción y las extremidades flojas sobre las sábanas, totalmente a su merced.
Y la vista que tenía desde esa posición era simplemente gloriosa.
NuNew estaba arrodillado entre sus piernas, con la camiseta blanca deslizándose por su hombro derecho de forma casi coqueta y las bragas de encaje a mitad de los muslos, dejando a la vista su polla completamente erguida contra su vientre. Pero la expresión en su rostro era lo que lo hacia verse mejor, pues tenía su regordete labio inferior atrapado entre sus dientes, mordiendolo con concentración mientras empujaba sus dedos más y más profundo dentro del agujero de Zee Pruk.
Zee Pruk sintió que podría correrse solo así, mirando al rostro de ese mocoso debilucho.
—Nhu… —gimió ronco, balanceando sus caderas al ritmo de los movimientos de NuNew para que aquellos dedos esbeltos fuesen más profundo.
—¿Si, Hia? —susurró NuNew, mirándole bajo sus pestañas largas y oscuras, mientras se inclinaba para poder dejarle un beso debajo del ombligo.
Zee se estremeció y sujetó con más fuerza las sábanas, sintiéndose tan excitado que dolía.
—Ya, ya estoy listo, solo… —Su frase no terminó, pues los dedos de NuNew golpearon de nuevo su interior, sacándole un gemido ruidoso.
—¿Seguro que Hia está listo para tomarme? —susurró NuNew, acariciando con sus labios la piel del muslo interno del policía—. Todavía te sientes…
—Dí una palabra más y te mato, mocoso insolente —gruñó Zee con las orejas rojas de la vergüenza, mientras alzaba uno de sus pies para empujar el pecho de NuNew sin usar mucha fuerza.
NuNew soltó una risita aguda y encantadora, pero al final se acomodó correctamente entre sus pieras, sus pequeñas manos sujetando con tanta fuerza sus muslos que podía sentir perfectamente cómo sus dedos se hundían en la carne hasta dejar marcas.
—Hia, si después de esto todavía quieres matarme, me dejaré —dijo NuNew, mientras la punta de su erección se presionaba tentativamente contra el agujero resbaladizo del policía.
—¿Qué…? ¿De qué…? —Zee Pruk le miró con el ceño fruncido, pero no pudo terminar de hablar pues sintió las caderas de NuNew empujar contra él.
—No me importaría morir después de tenerte debajo mío una última vez, Hia —jadeó en voz baja, antes de dejar un suave beso sobre su barbilla.
Zee Pruk sintió sus ojos llenarse de lágrimas, aunque no supo si eran provocadas por las palabras de NuNew o por el placer que ardió en él.
No se encontró la voz para responder a tal declaración por parte de NuNew, así que simplemente atinó a rodearle el cuello con los brazos, obligándolo a ocultarse contra su pecho mientras sentía la gruesa erección invadir su agujero lentamente, estirandolo hasta que se le dificultó respirar.
Hundió los dedos en la delgada espalda de NuNew y soltó un tembloroso suspiro, tratando de relajarse alrededor del grosor de la polla en su interior.
Era casi poética la manera en que sus cuerpos encajaban, como si Zee Pruk hubiese nacido para tomar a NuNew, sintiendolo profundo y pesado en su interior.
—Te sientes tan bien, Hia, tan perfecto —tarareó NuNew con la frente presionada contra el pecho de Zee Pruk, mientras sus caderas comenzaban a balancearse delicadamente, creando apenas fricción entre sus carnes.
Zee Pruk se aferró al delgado cuerpo sobre él con tanta fuerza que sintió que podría romperlo bajo sus fuertes brazos, pero no pasó. Lo único que sucedió fue que las caderas de NuNew comenzaron a moverse con más rapidez, hundiendo su polla dentro del agujero hinchado del policía con cada vez más fuerza, hasta que el chapoteo de sus pieles húmedas comenzó a elevarse por encima de sus gemidos y jadeos.
Zee Pruk gimió, cerrando los ojos con tanta fuerza que vió estrellas tras sus párpados, mientras sus músculos se contraían sensualmente con cada una de las embestidas que lograban tocar su próstata. Se sintió mareado, sintiendo el aire demasiado caliente mientras jadeaba para recuperar el aliento.
Sentía a NuNew por todas partes, con cada uno de sus sentidos.
Olía su suave aroma a fresas mezclado con el almizcle de su sudor corporal. Sentía sus manos recorriendo cada centímetro de su cuerpo, acariciando su piel con la yema de los dedos, pero también lo sentía dentro, golpeando su agujero sin piedad, hundiéndose tan profundo hasta que Zee Pruk creyó que lo rompería por la mitad. Pero también lo escuchaba gimiendo agudo, jadeando y gruñendo contra su pecho, de vez en cuando también susurrando palabras sensuales que le erizaban la piel. Y lo veía sobre él, incluso a través de su visión borrosa por las lágrimas de placer que rodaban por sus mejillas, lo veía tan hermoso como siempre, luciendo bonito y angelical como un inocente querubín a pesar de estar clavando su polla en él como si quisiese atravesarlo.
Pero también lo saboreaba, lo hacía con cada beso que NuNew le regalaba, todo bocas abiertas y lenguas humedas, rozandose, mordiendo y chupando, resultando en besos desastrosos que solo servían para ahogar sus gemidos en la boca del otro.
Y NuNew sabía a suaves algodones de azúcar, a fresas y a peligro.
Zee Pruk debía admitir que amaba la combinación.
—Nhu, Nhu… —jadeó, aflojando el agarre alrededor de los estrechos hombros del chico más bajo.
—¿Si, Hia? Pideme lo que quieras, bonito, te lo daré —susurró NuNew, bajando el ritmo de las embestidas hasta que solo fueron ligeros balanceos de cadera apenas perceptibles.
Zee Pruk se quedó paralizado en su lugar, sin saber cómo reaccionar.
Nadie, jamás, le había llamado bonito.
Él no creía serlo. Era un hombre de más de metro ochenta, equipado con musculos intimidantes y un rostro de rasgos afilados.
—¿Nhu…? —susurró, sintiéndose perdido, no sólo por el apodo sino también por el repentino cambio de ritmo.
Quiso removerse y empujar sus caderas contra las de NuNew para crear más fricción, pero NuNew no se lo permitió. Lo mantuvo quieto contra el colchón, mientras se movía con una lentitud casi abrumadora, enterrandose en su interior hasta el tope y permaneciendo así, totalmente clavado en él pero sin moverse.
—¿Mhmm? —tarareó el hombre más joven, mientras restregaba sus labios hinchados contra el duro pezón de Zee Pruk.
—Tú… ¿No te vas a mover? —gruñó, enterrando sus uñas cortas en la piel de la cadera de NuNew, mientras trataba de abrir más sus piernas para recibir algo.
—¿Por qué? ¿Hia quiere que me mueva? —susurró NuNew, apoyando su mejilla contra uno de los pectorales de Zee y mirando hacia arriba para captar su mirada con fingida inocencia.
Zee Pruk apretó los dientes y alzó las caderas, sintiendo cómo la punta de la polla de NuNew se presionaba directamente contra su próstata.
Oh.
—No… —respondió con terquedad, negándose rotundamente a rogar y pisotear su orgullo.
NuNew le sonrió astuto, como si fuese un gato a punto de hacer una travesura.
—Entonces no me moveré, me gusta la sensación de estar dentro de mi lindo Hia —murmuró, empujando de nuevo una embestida superficial para provocarlo.
Zee sintió un tic en el ojo y, tras darle una mirada asesina a NuNew, enganchó sus piernas con firmeza alrededor de las anchas caderas del criminal. Sonrió con sorna al ver la mirada desafiante de NuNew, antes de girar sus cuerpos sobre la cama con una rapidez abrumadora, logrando dejar a NuNew bajo su cuerpo sin haber perdido la conexión entre sus partes bajas ni por un segundo.
—Entonces Hia lo hará por su cuenta —murmuró, ondeando las caderas en un sensual movimiento circular, sintiendo la virilidad de NuNew tan profunda como nunca antes la había sentido.
Se sentía tan lleno.
Inhaló aire profundamente, antes de apoyar las manos sobre el pecho plano de NuNew y comenzar a impulsar sus caderas para ascender y descender por el grueso falo que se enterraba en su interior, abusando de su maltratado agujero en busca de su orgasmo.
No tuvo piedad. Saltó sobre la polla de NuNew con ímpetu, escuchando el chapoteo de su culo contra el regazo del criminal, mientras sentía la punta de aquella polla taladrar sus paredes húmedas y sensibles.
Se sentía tan bien. El arrastre de su agujero estirado contra el falo largo y erecto de NuNew, llegando más y más profundo hasta que lo sintió tocar su límite.
Pero ni eso lo detuvo.
Tampoco lo hicieron los suaves y débiles lloriqueos que NuNew comenzó a emitir, llamando su atención. El hombre más joven estaba debajo de él con los dedos aferrandose a las sabanas, los ojos fuertemente apretados y el rostro sonrojado, retorciendose bajo sus movimientos y sollozando patéticamente suaves «Hia, Hia, por favor, Hia».
Zee sonrió malicioso y pellizcó los bonitos pezones de NuNew por encima de la camiseta, escuchando con deleite el chillido que soltó sin dejar de rebotar sobre su erección. El sudor perló su cuerpo por el esfuerzo y su pecho rebotaba con cada salto, mientras que su boca parecía incapaz de dejar de emitir gemidos extasiados.
Estaba tan sensible y tan cerca de su orgasmo que sus movimientos se volvieron incluso más desordenados, tanto que en algún punto perdió el equilibrio y casi cayó de espaldas, sin embargo, logró apoyar sus manos en los muslos de NuNew a tiempo, su espalda quedando arqueada en una curva obscena que hacia resaltar el volúmen de sus pectorales marcados.
NuNew, aún a través de las lágrimas del placer, le miró hipnotizado.
—Hia, eres hermoso, podría morir bajo tus manos en este instante y lo haría feliz —gimió el hombre más joven, deslizando sus pequeñas manos por la cintura del policía hasta acariciar los abdominales marcados con dedos coquetos—. Morir cuando me tienes tan profundo que puedo verlo, ese sería mi maldito sueño.
Zee parpadeó sin entender la repentina verborrea sinsentido de NuNew, o eso hasta que bajó la mirada y lo vió.
Allí, justo bajo su ombligo, un pequeño bulto hacía sobresalir la piel de su vientre marcado y, cuando su agujero se apretó en un espasmo involuntario, supo que aquello era la polla de NuNew profundamente enterrada en él.
Un gemido salió de sus labios ante la realización, su cuerpo excitandose aún más (si es que eso era biológicamente posible) y sus caderas temblando ligeramente, sin querer moverse de su posición.
Sin embargo, NuNew si que se movió, tomando sus caderas para alzarlo un poco, antes de estrellar su polla directamente contra su agujero maltratado en una embestida descomunal que le hizo jadear con la boca tan abierta que incluso un poco de saliva se deslizó por la comisura de sus labios.
—¡Nhu! —gritó, sorprendido por la fuerza repentina del hombre más joven.
No tenía ni puta idea de que NuNew podía llegar a usar esa cantidad de fuerza.
NuNew gruñó y volvió a embestir una, dos, tres y tantas veces que Zee Pruk perdió la cuenta, reduciéndolo a un completo desastre de gemidos y lágrimas de placer.
Su cuerpo siguió rebotando sin parar sobre el cuerpo más pequeño y delgado de NuNew, mientras su mano se envolvía alrededor de su pesada erección para buscar su liberación casi desesperadamente.
—Que bonito se ve mi Hia completamente lleno de mi polla —tarareó NuNew casi sin aliento y Zee Pruk sintió que llegaba a su límite.
Echó la cabeza hacia atrás mientras apretaba sus párpados, sintiendo el semen manchar sus abdominales y parte del pecho de NuNew, mientras un grito ahogado quedaba atorado en su garganta.
Ni siquiera se molestó en seguir saltando sobre NuNew, se quedó allí sentado sobre su regazo, su culo tragando toda su polla mientras trataba de regular su agitada respiración. Pero no hizo falta nada más pues, en cuanto su interior se apretó alrededor de la palpitante erección de NuNew, este soltó un chillido y arqueó la espalda, dejando salir una abundante carga de semen dentro del estrecho agujero del policía.
Zee entrecerró los ojos ante la sensación cálida y suspiró, dejándose caer sobre el pecho de NuNew para rodearlo con sus fuertes brazos, provocando que la polla satisfecha del hombre más joven abandonara su interior y el semen ajeno se escurriera entre sus piernas.
—Hia, ya puedes…
—Voy a entregar mi placa —murmuró Zee, ocultando el rostro contra el delicado cuello de NuNew.
—¿Qué…?
—Voy a renunciar, Nhu.
El silencio reinó entre ellos, siendo la respiración agitada de NuNew lo único audible en la habitación.
Zee Pruk cerró los ojos, sin atreverse a levantar la mirada para descubrir qué expresión tenía en ese momento.
Tenía miedo de encontrar rechazo en su mirada.
Sin embargo, cualquier preocupación se disipó cuando sintió los esbeltos brazos de NuNew rodearle la cintura en un apretado abrazo, mientras un par de sollozos escapaban de sus labios enrojecidos.
—¿Hia renunciará por mí? —susurró, en medio de un suave hipido.
Zee Pruk suspiró y se alejó del cuello de NuNew para poder mirarlo a los ojos.
—No quiero escuchar tus últimas palabras pronto, Nhu —susurró, con un nudo en la garganta—. Ni tampoco quiero ser yo el causante de ellas.
NuNew le miró conmovido, sus grandes ojos marrones llenos de lágrimas y sus labios regordetes abultados en un puchero, luciendo completamente adorable, en total contraste con el NuNew de minutos antes.
—Hah, debo estar loco para renunciar por un mocoso llorón, ¿uh?
—¡Hia! ¡Tú así decidiste quererme!
Y Zee Pruk sonrió, porque NuNew tenía razón.
Lo había elegido a él y a su excéntrica personalidad por encima de todo, incluso de su deber.