Ill choose to burn down... rather than fade away
Ha sido un secreto a voces que el heredero medio de el segundo imperio alemán no había muerto, había escapado de casa a Berlín. Tambien había sido un secreto a voces que en realidad nadie en el alto mando hizo un esfuerzo por encontrarlo, ni siquiera sus hermanos. De otro modo no habría tenido un destino tan tragico, el pobre chico a que todos apodaban “Belladonne.”
Para Enoch no era nada menos que la vida de sus sueños: finalmente lograba ser la estrella que tanto había añorado, con brumosas multitudes de gente que le alababa, lejos de su controladora familia. Libre albedrio la vida de estrella que merecía, nada mas que exito en el anonimato pintaba su futuro en el mundo de las obras, se pagaba lo suficiente para mantenerse y conocía fantasticas personas, ¿En serio había permitido que la aristocracia le robase tal experiencia durante toda su vida?
Fuera de el cabaret, la ciudad era un cresciente tumulto de caos y desesperación, la crisis economica abundaba sin una buena estabilidad postguerra y una administración digna, de lo que alguna vez había sido un prometedor paisaje de crecimiento no quedaban ni las cenizas; con la llegada de el führer y “Su lucha” el partido obrero socialista se levantaba en las calles con mucha más fuerza que nunca en la decada de 1930, con reformas preparadas para arrasar en cuanto el politico tuviera la banda presidencial en su poder.
Lo más recientemente que había sabido de su familia era que su hermano menor había tomado lugar como representante de nación lado a lado con el peculiar partido politico, lejos de estar feliz por el maldijo su influencia o, al menos no haber comunicado su reciente vida cuando apenas unos meses después ordas de militares comenzaron a arrasar con los lugares que amaba, con la gente que era ahora su familia en la llamada “erradicación” obligandole a el y a quienes quedaron a cambiar de establecimientos repetidas veces, a cambiar sus nombres, sus rostros, hasta que una fatidica noche...
—“Mein gott, ¡Por favor!, soy un Bismark, puedo probarlo si me deja ir!, O al menos dejadlos ir en mi lugar... ,DEJADLOS IR, POR EL AMOR DE DIOS!...”
Entre desesperados ruegos aquella belladona fue junto a quienes lograron llegar tan lejos como el, capturado despues de años de esconder sus rostros del regimen. Mientras que muchas de las mujeres, las señoritas de vida galante habían logrado revindicar su condena y ser colocadas en campos de trabajos forzados, el fue acusado de organizar y encubrir al resto y por tanto enviado a un campo de concentración.
[ Para el señorito de piel palida y sangre azul, cuyos labios amoratados tiemblan al distinguir desde lejos el aire mortal que comienza a invadir. Para aquel que mientras intenta acallar sus sollozos de terror mantiene la respiración por todo el tiempo que puede, hasta que sus ojos comienzan a lagrimear, mientras en cuclillas, como el niño atemorizado que siempre ha sido espera que todo acabe pronto, que la muerte sea como cuando te cargaban a tu habitación durante una reunion familiar: espera que aún puedas oír las risas desde la otra habitación.]