Cuando dejas de buscar

Summary

Luffy regresa con los demás para ayudar a Momonosuke a salvar a Wano de la tiranía de Kaido tras rescatar a Sanji de las garras de Big Mom y el Germa 66 en Whole Cake Island. Lo que el espadachín no esperaba es que el cocinero volvería cambiado. Dibujo de la portada de @girudaze en X

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Capítulo 1 - Se acabó

“Se acabó.”

Esas dos sencillas palabras encerraban todo un mundo, uno que Roronoa Zoro era incapaz de asimilar en esos momentos en su cabeza, porque lo significaba todo, no para él.

¿O sí?

Se quedó callado, aun tratando de procesarlas y tuvo que hacer memoria de toda la conversación que había tenido con él hasta llegar a ese momento.

Era una noche cálida como todas las que había pasado desde que llegó a Wano junto a los demás, no con todos, ya que Luffy, Chopper, Brook y Nami fueron a buscar al cocinero porque iba a casarse con una de las hijas de Big Mom y decidió encargarse el propio capitán, el resto se adelantó para ayudar a Kinemon y Momonosuke junto a Trafalgar Law en su venganza contra Kaido.

Por supuesto las cosas se complicaron, como no podía ser de otra forma, entre ellas conoció a un extraño tipo al que decidieron ejecutar públicamente mientras estaba tratando de recuperar a Sushui, pues se la habían robado, junto a Hiyori (la hermana de Momonosuke) y Toko. Brook le dio la noticia y resultó ser el padre de la niña, por lo que acudieron rápidamente a la ciudad de las Flores sin lograr detener la ejecución, a punto estuvieron de matar también a la cría cuando se interpuso en el trayecto Zoro... y alguien más; el cocinero. Parecía otro ahora que vestía con un hakama de rayas blancas y amarillas con su cabello dorado largo recogido al estilo samurái.

Poco duró el reencuentro, todavía tenía que conseguir su espada que le tocó dejar en el templo por petición de Hiyori, hija de Kozuki Oden, quien le entregaría a cambio a Enma, una de las espadas de su padre, a Zoro no le quedó otra que aceptar y ya pudo reunirse con parte de los otros Mugiwaras y los Akazaya en Amigasa, donde estaba la casa del herrero Tenguyama Hitetsu el creador de las katanas de Kozuki Oden que los hospedó, vivía muy cerca del mar donde estaba anclado el Sunny.

Al caer la noche, Zoro pudo ver como Sanji salía del ruinoso lugar para sentarse a la orilla del acantilado donde había un frondoso árbol sakura. Todos dormían y el rubio seguía sin regresar, por lo que decidió ir a buscarlo. Lo encontró fumando con la vista puesta en el paisaje nocturno, el oscuro mar que reflejaba la luna y estrellas que había en el cielo que dejó de observar en cuanto se dio cuenta de la presencia del otro.

- Oh, marimo. – parpadeó sorprendido.

- ¿Qué haces aquí fuera? Todos se han ido a dormir.

- No tengo sueño y supongo que viene bien que alguien haga vigilancia. – se encogió de hombros – Ya me encargo yo.

- ¿Igual que de la botella? – la señaló con la cabeza.

- Así que era eso. – se rio – Has olido el sake y te ha faltado tiempo para ver si podías echar un trago.

- No es justo que te adueñes de una botella cuando antes me has restringido solo a una para cenar.

- Aunque haya escasez seguro que tú habrás encontrado la manera de saciar tu alcoholismo mientras estabas en Wano estas semanas. – se rio ante esa actitud infantil y le ofreció un trago en cuanto se sentó a su lado – Además, se la he robado yo a Ashura, trataba de esconderla así que he decidido quedármela yo.

- Sigues siendo un pirata. – respondió tras tomar al menos la mitad de la botella y devolvérsela.

- Nunca he dejado de serlo.

- ¿No debería llamarte ahora “Príncipe Cejillas”?

Su sonrisa se congeló al instante al escuchar ese maldito título, frunció ligeramente el ceño y dio un trago seguido de una larga calada a su cigarrillo mientras miraba de nuevo al frente.

- No vuelvas a llamarme así nunca. – su voz sonó firme, no era una petición.

- ... - Se sorprendió de su respuesta, no esperaba que fuese a ser tan tajante – Ya me contó Brook que no fue nada bien la reunión familiar.

- Con ellos me podía esperar cualquier cosa, intenté hacerlo de buenas maneras... no sé porque me molesté.

- ¿Por eso fuiste solo?

- ¿Cómo iba a llevarme a Nami y a Chopper a un lugar tan peligroso? – le regañó con la mirada – Tampoco podía llevarme a Brook y dejarlos en Zou desprotegidos si volvían los Piratas Bestia antes de que llegaseis vosotros. Bastante que se contentó Bege Capone con llevarme a mí solo y los dejase escapar.

- Aun si hubiéramos estado todos, estoy seguro de que hubieses buscado la manera de irte sin involucrarnos.

- ¿Qué es lo que te enfada realmente? ¿Qué me largase yo solo y Luffy y los demás tuvieran que venir a buscarme o el hecho de que haya regresado? Seguro que te encantó la idea de perderme de vista por fin.

- ...Eres un auténtico imbécil. – gruñó en voz baja, evidentemente muy cabreado.

Apoyó la mano en el suelo para levantarse, pero Sanji le retuvo aferrándolo por su muñeca. Zoro se mantuvo callado sin dejar de arrugar el entrecejo por la mierda de respuesta que le había dado el otro. Ambos se tenían aprecio aunque no lo dijesen en voz alta, se insultaban y peleaban a todas horas, esa era la relación que tenían al igual que sabían que siempre tenían la espalda cubierta en un combate. La mayoría pensaba que se odiaban y era todo lo contrario, era el nakama en el que más podía confiar.

- Vale, perdona. – se disculpó el rubio con sinceridad lanzando un largo suspiro – Me he pasado de la raya.

- ¿A qué ha venido eso? – se cruzó de brazos todavía molesto - ¿Ver tanta espiral familiar te ha frito el cerebro?

- Qué... Qué idiota... - se rio ante su ocurrencia para luego negar con la cabeza – Supongo que la visita a Whole Cake Island me ha afectado más de lo que creía, eso es todo.

- Puedes contármelo.

- ¿Eh? – arqueó la ceja - ¿Quién eres tú realmente?

- El tipo que va a matarte como sigas haciendo el idiota.

- Es la primera vez que me dices que te cuente algo mío, ¿cómo no va a sorprenderme?

- A mí también me ha sorprendido no verte como un pervertido acosando a Nami y Robin.

- ¡Yo no las acoso! – discutió - ¡halago su increíble belleza!

- No como siempre, - insistió Zoro – lo has hecho más... tranquilo.

- ... - Eso le sorprendió manteniéndose unos segundos en silencio para luego reír entre dientes – Vaya con el musgo, sabía que eras atento, pero no en esto.

- ¿Qué pasó en Whole Cake Island?

Apuró el cigarro todo lo que pudo y exhaló el humo despacio para luego aplastar la colilla en la suela de su zapato y lanzar el resto montaña abajo para apoyar sus brazos sobre sus piernas, mirando hacia la luna menguante.

- Si vistes la invitación de boda ya sabes de que va el asunto; mi familia quiso utilizarme para casarme con una de las hijas de Big Mom, Pudding Charlotte. Era preciosa, cabello castaño recogido en dos coletas onduladas, unos enormes ojos de largas pestañas, boquita de piñón y cuerpo perfecto, como una bonita muñeca dispuesta a casarse conmigo, feliz por ser yo el elegido.

- ¿Eso es lo que te pasa? ¿Te has enamorado en serio de ella y quieres volver a su lado?

- No. – ladeó una sonrisa triste – No tenía ninguna intención de casarme con ella, me parecía una falta de respeto negarme por terceros, por eso en parte también quise ir en persona. Lo que no esperaba es que mi familia fuese a amenazarme con que mataría al viejo y me reventarían las manos en caso de no hacerlo, además de que aparecieron Luffy y los demás y luego Big Mom amenazó con matarlos a ellos. Por eso terminé aceptando el matrimonio, pensaba que no tenía escapatoria alguna... - se llevó la mano al cabello por pura frustración.

- ... - Zoro se mantuvo callado, asombrado con todo lo que tuvo que pasar allí él solo.

- Pudding era un encanto, amable y tierna, deseosa de ser la esposa ideal para mi... - sonrió con sarcasmo – y le fui sincero, confié en ella, le mostré mi cara llena de golpes por mis hermanos y lloró por mi... fui... feliz por un momento por pensar que al menos tendría una buena compañera con quien pasar el resto de mis días, pero me equivoqué. Como agradecimiento por haberme aceptado le hice la cena y fui a su habitación a llevársela por sorpresa, la escuché hablar en secreto con mi hermana, a la cual había disparado y se reía de mí, se burlaba tan cruelmente, jamás había oído a una dama ser tan cruel.

- Era pura fachada.

- Te juro que pensaba que era sincera conmigo, tenía la completa intención de intentar hacerla feliz aunque odiase estar allí y ella... solo seguía las órdenes de su madre, su plan era matarme después de dar el “sí ,quiero” delante de todos junto a mi familia para adueñarse del ejército de Judge.

- Vaya con los Charlotte. – se cruzó de brazos, cabreado por cómo habían utilizado a su nakama.

- Me sentí tan traicionado... – reconoció con pesar, aferrándose la mano al pecho todavía soportando ese dolor – estaba dispuesto a sacrificarlo todo, a entregarme por completo y me aplastó el corazón sin dudarlo.

- Eso ya no importa, cocinero. – suspiró Zoro ante tanto drama – Has vuelto con nosotros, no tienes porque pensar en ella.

- No es solo ella, yo... - sus hombros se hundieron, reflejando su verdad – estoy cansado, cansado de ver que no valgo para esto.

- ¿No vales para qué?

- ... No valgo para que me quieran. – reconoció su miedo en voz alta – Busco un amor que por lo visto no está hecho para mí, por mucho que me entregue, que haga lo imposible, que entregue mi corazón en bandeja de plata termina pisoteado en el suelo. No me malinterpretes, me entrego porque quiero, pero después de ver que nadie me corresponde es... agotador. Por eso se acabó.

- ¿Qué?

- Se acabó. – repitió mirándole, totalmente derrotado.

Y en esos momentos se encontraba ahora Zoro, analizando toda la conversación que habían tenido y como había desembocado a esa decisión derrotista por parte del rubio, nunca había visto tanta tristeza en los ojos de nadie, ni en cada nakama que habían ido recogiendo hasta formar los Mugiwara y mira que los había visto llorar a cada uno de ellos.

- No hace falta que digas nada, marimo. – sonrió con circunstancia sacando del bolsillo interno de su hakama su paquete de cigarrillos para encenderse otro y darle una buena calada – Ahora quiero centrarme en la batalla que se viene contra Kaido, sin distracciones de ningún tipo, es lo mejor que puedo dar ahora a los Mugiwara.

- Tú y tu necesidad de compensación que nadie te ha pedido ni quiere... - frunció el ceño, incapaz de medir sus palabras – no se puede ser tan altruista y amable todo el tiempo porque debe ser jodidamente agotador ser el felpudo humano de toda la puta humanidad.

- No necesito que me insultes, Zoro.

- Claro que no, porque para machacarte ya estás tú mismo. – chasqueó la lengua y puso su mano en el hombro de Sanji que se había quedado sin habla – Mira, lo entiendo. Estás cansado, es normal que pienses así ahora, pero no puedes tirar la toalla. Eres el maldito Cocinero del amor, eres así y si una niñata se ríe de ti es que es una gilipollas que no te merece. ¿Te vas a rendir solo porque una te ha hecho burla? Eres mejor que eso.

- N-No es la única vez que me han rechazado, Zoro. – intentó defenderse – También Violet me usó en Dressrosa... No solo ella y no me importa, sigo siendo el Caballero del amor, siempre lo seré. Cuidaré y halagaré cada dama que me encuentre en el camino porque se merecen ser tratadas como las reinas que son, nada más, no voy a esperar un milagro.

- Dar amor incondicionalmente es imposible, cocinero. ¿Es que no lo entiendes? Porque para empezar eso no es amor, eres tan amable que eso no entra en tu cabeza, pero el amor es ser también posesivo.

- ¿Ahora eres un experto?

- No, pero tengo amor propio. Algo de lo que tú careces.

Por la reacción que tuvo Sanji ante esas palabras supo que había acertado de pleno, ese idiota era como una maldita fuente de amor, entregaba tanto que hasta daba el que debería darse a sí mismo. El ojo azul se apartó de nuevo para evitar su mirada, pero Zoro le sacudió el hombro para que le mirase de nuevo.

- Deja de buscar el amor en otras y céntrate en ti mismo. – le aconsejó suavizando la voz para que no se sintiese tan herido – Porque cuando descubras que mereces ser amado por quien eres, entonces y solo entonces, estarás listo para salir a buscarlo de nuevo y lo encontrarás.

- ... ¿Lo crees?

- Sí, si de verdad tienes intención de hacerlo. – le soltó para agarrar la botella y apurarla de un trago.

- Supongo... que sí puedo darme un tiempo. – sonrió más relajado apoyando completamente su espalda contra el árbol y rio entre dientes antes de mirar a su amigo – No sabía que eras tan intenso, marimo. Ni que dieses tan buenos consejos.

- No habías preguntado. – dejó la botella entre los dos.

- Eso es cierto. – la cogió y cuando fue a dar un trago se dio cuenta de su estado – Cabrón... te la has bebido entera.

- Es el pago por tan buen consejo. – soltó una buena carcajada.

- Sí, porque dar tú algo gratis... que locura es esa. – gruñó – Yo que quería ahogar mis penas en alcohol vas y me lo jodes.

- ¿Ves? Hasta eso haces mal. El alcohol es para divertirse, no para llorar. “A llorar a la llorería”.

- Pfff... ¿Qué? – soltó una buena risa - ¿Qué cojones es una “llorería”?

- ¿Es que ahora hay que explicártelo todo, Rizado? La “llorería” es donde se va a llorar.

- ¿De dónde has sacado eso?

- Es algo que se dice en mi isla natal, ¿no lo habías oído nunca?

- ¡Qué va! Dios, que rarito eres.

- No me hagas hablar de raritos. - se dibujó Zoro en su propia frente una espiral para luego señalarlo a él.

- ¡Dijo el de pelo musgoso!

- ¡No es musgo!

- ¡Pues un cactus!

- ¡Tampoco!

- Oh, qué lástima... porque estaba dispuesto a regarlo. – sacó del otro lado del árbol otra botella de sake con una sonrisa traviesa en los labios.

- ¡Serás...! – trató de cogerla, pero Sanji fue más rápido y lo esquivó - ¡Tenías dos desde el principio!

- Con una botella solo no iba a emborracharme. – la destapó y acercó su nariz – Mmm, huele tan bien~

- Hmpfh... - hinchó sus carrillos en un gracioso puchero molesto.

- Seguro que este sake estará más delicioso que el otro. – fue a darle un trago y antes de que llegase a sus labios se la ofreció – Toma, idiota.

- ¿Eh? ¿Me la das?

- Si me pones esa cara, ¿cómo te la voy a negar?

- Oh, ¿en serio? – la cogió con sorpresa.

- Yo tengo esto. – enseñó su cigarrillo con una amplia sonrisa – Cada uno con su vicio.

- Y aunque me lo ofrecieses rechazaría esa mierda. – respondió tras darle un buen trago, no supo si sería cierto o no, pero el sake le supo mejor que el anterior ante tan buen ambiente entre ambos.

- Tú sí que eres una mierda musgosa. – le echó el humo a la cara que le hizo toser y Sanji se partió de risa.

- Cof, cof, que asco te tengo...

- Pues anda que yo a ti... - continuó riéndose.

La absurda discusión, si es que podía llamarse así, se mantuvo durante buena parte de la noche, no era la primera vez que se pasaban una velada riñendo de esa manera, pero Zoro la sintió diferente, Sanji estaba relajado y disfrutaba molestarlo, sin embargo, no era como otras veces. Realmente parecían buenos amigos pasando un buen rato mostrándose tal cual eran después de que el rubio se hubiese sincerado.

De hecho, luego le contó con más detalle todo lo sucedido en Whole Cake Island, lo horrible que se sintió golpear a Luffy para que se fuese pensando que así podía ponerlo a salvo, lo mucho que le dolió saber que Pedro se había sacrificado pensando que la carga explosiva que llevaba encima sería suficiente para matar al idiota de caramelo con la lengua larga y Zoro vio que no solo buscaba siempre complacer a todo el mundo, sino que también se echaba una carga sobre la espalda que no le correspondía. Aunque pudo entenderlo mejor cuando Sanji también le habló de su infancia, no entró en mucho detalle de cuando estaba en el Germa 66 con su familia, pero estaba claro que nunca fue feliz salvo cuando estaba con su madre.

Se hizo un silencio entre ambos, Zoro recordó cuando él perdió a la suya también demasiado pronto y al verse solo decidió buscar la manera de hacerse fuerte y fue cuando iba desafiando Dojos hasta encontrar el que fue su hogar durante tantos años, el Dojo Shimotsuki.

Cuando vio que el silencio se alargaba tanto miró a su amigo que se había quedado dormido apoyado en el tronco del cerezo, el haber hablado tanto de si mismo debió de dejarlo agotado y despejado la mente lo suficiente como para poder conciliar un sueño reparador, porque dormía profundamente, sus labios entreabiertos y rostro tranquilo que el viento mecía suavemente el flequillo.

- No tenías sueño, ¿eh? – preguntó en voz baja, algo divertido por verle dormir tan a gusto, sabiendo que no obtendría respuesta.

Ya no quedaba sake, lo habían terminado cuando ambos brindaron en honor a Pedro por su sacrificio, así que él también se acomodó en su sitio y supuso que le tocaba hacer vigilancia. Justo cuando se movió, Sanji hizo lo mismo y se acomodó apoyando su cabeza en el hombro del espadachín sin llegar a despertarse con una ligera sonrisa en sus labios. Zoro lo observó con curiosidad, como en esa cabeza ocupaba tantas preocupaciones y como su corazón era capaz de soportar tanto dolor y rechazo por parte de tanta gente que sin embargo él devolvía con amabilidad. Suspiró y cerró los ojos por un momento, intentando imaginarse como debía sentirse y solo pudo sentir tristeza.