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Luego de escaparse de una típica cena familiar en diciembre, después de recibir una no muy agradable noticia, Ayaka llega al frío y para nada acogedor parque el cuál está situado a solo unas manzanas de la enorme mansión de sus abuelos maternos. Allí ve a un hermoso niño de su edad. Al principio intentó ignóralo, pero al ver que, por más que el joven estaba casi morado por el tremendo frío que los abrazaba, quiso saber por qué el chico seguía mirando su balón de voley rodar por los aires una y otra vez. La mirada, casi enamorada, que el chico le entregaba al balón, le hizo sentir curiosidad luego de muchos años de desinterés. Entonces se acercó.
"¿Es realmente divertido ver ese balón rodar por los aires?"
El chico se sobresalto y, normalmente correría, pero cómo la chica mencionó algo que ama, él sonrió y asintió efucivo.
"¡Si! Realmente no me canso de tocar este balón"
"Supongo que esa es la razón de su apariencia desgastada"
Ah, realmente debe ser agradable tener algo que adorar. Pensó Ayaka mientras se giraba al escuchar su nombre. Se volvió para mirar al chico que, una vez más, lanzaba su balón por los aires. Se sacó su enorme bufanda y sin permiso se la coloco en el cuello al chico, el cual quedó quieto, casi congelado en su lugar.
"¿Eh?"
"Ah, consideralo un regalo adelantado de navidad"
"Pero no nos conocemos..no puedo aceptarlo"
Ayaka se quedó callada, observándolo. Luego se encogió de hombros y retrocedió unos pasos cuando escucho su nombre una vez más, pero ahora mucho más cerca.
"Entonces tirala."
"¡¿Qué?!"
"..O quedatela, no importa, pero te la regalo. Me da frío de solo verte"
El chico ladeó la cabeza y Ayaka volvió a encogerse de hombros.
"Y ve a tu casa pronto. Te resfriaras"
Dijo por último y se giró para luego empezar a correr en dirección a la casa de sus abuelos, dejando a un hermoso chico de cabello negro azabache totalmente confundido.
Ayaka creyó que nunca volvería a encontrarse con ese chico. Creyó que su encuentro fue solo algo que no cortaba ni pegaba en su vida. Hasta se olvidó de esa corta, inocente y casi tonta interacción.
Hasta que unos años después lo vio y su corazón empezó a latir como nunca antes.
Y ahí surge la pregunta:
¿Era el destino o el amor?
No lo sabía.
Y lo que tampoco sabía era que su vida daría un giro de 180°, gracias al chico de cabello negro azabache, ah, y a un rubio con lentes y cara de pocos amigos.
Dizzy.♡