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DEIA
Mira a su alrededor, las mismas paredes pintadas de un color indeterminado que un día osó llamarse blanco. Las mismas puertas verdes, una detrás de otra, albergando una rutina monótona y constante. Las mismas personas que no ven más allá de sus pies, iluminadas por una pantalla que los mantiene absortos, pegados a la vida ficticia de las redes, pero apagadas por dentro. Todo igual, en un lugar con distinto nombre.
"Aquí podrás empezar una nueva vida" Le dijo su psiquiatra, ¿cómo se empieza una nueva vida en un lugar exactamente igual al anterior? ¿quién le asegura que no volverá a pasar algo parecido? ¿qué no volverá a ser el blanco de una estúpida niña pija?. Además, ella no pidió una vida nueva, aunque tampoco podía ser peor que la anterior.
Siempre le decían lo mismo, que no había sido culpa suya, pero la única expulsada fue ella, la que no le había puesto la mano encima, la que no le había tocado ni un pelo. No es que sintiera compasión por Paola, ni mucho menos, aunque la gente tiende a santificar a las personas cuando tienen una desgracia, como si todas las maldades que hubiese hecho antes hubiesen prescrito porque "pobrecita, ya tiene suficiente con lo que le ha pasado". Pero ella sabía que Paola merecía cada golpe, cada patada, cada herida, solo deseó que alguien le diese su merecido y así lo hicieron.
Todos los que la rodeaban, aquellos que tantas veces antes habían hecho caso omiso de cada una de las maldades de Paola, aquellos que en ocasiones le habían acompañado con sus risas volviéndose cómplices, se abalanzaron sobre ella golpeándola de todas las maneras posibles. Mientras Deia permanecía inmóvil en medio del pasillo petrificada ante tal grotesca escena, incapaz de hacer un solo movimiento o de articular una sola palabra. Hizo falta medio claustro de profesores para poder pararlos a todos pero fue demasiado tarde, cuando la ambulancia llegó no pudieron hacer nada para que despertase. Diagnóstico: Estado de coma con pocas probabilidades de despertar, conectada a una máquina hasta Dios sabe cuando. Puede parecer cruel, pero al menos en ese estado no destrozará la vida de nadie más, irónico ¿no? la última vida que fastidiaron sus maldades, fue la suya propia. A todo aquel implicado que le preguntaron dijo lo mismo, que habían sentido como aquella chica les llamaba, les decía que diesen su merecido a Paola, seguido de una ira incontenible hacia ella, la necesidad de hacerle sufrir.
En resumen, muchos implicados y pocas respuestas, decidieron que la raíz del problema era Deianira y que expulsarla de por vida del instituto (y casi de la ciudad) acabaría con todos los problemas, el dilema del tren, salvar a más personas sacrificando la vida de una sola.
- Por mucho que sigas mirando fijamente ese cartel, esa seguirá siendo la clase seis.-Deia mira a su izquierda y ve una brillante y larga cabellera naranja, a la que acompañan unos enormes ojos verde esmeralda, una naricilla salpicada de pecas en una piel blanca como la nieve y una sonrisa de oreja a oreja, con una mezcla de burla y simpatía.
- Lo sé, pero no es tan fácil decidirse a entrar. - Responde Deia con una mueca que hace entender que no se siente del todo cómoda ni con la broma, ni cn la compañía.
- No estarás pensando en hacer pellas el primer día de clase ¿no? Eres la chica nueva que han trasladado a mitad de curso pero nadie sabe verdaderamente el por qué ¿verdad? Deberías andarte con cuidado, hay muchos rumores rondando por ahí sobre ti, la gente, ya sabes - Resopla la chica de la cabellera naranja concierta desgana - Me llamo Nyari por cierto, encantada - Dice con otra amplia sonrisa mientras le tiende la mano a Deia a modo de saludo.
Genial, justo lo que necesitaba Deia, que nada más pisar el instituto en su primer día todos anden cuchicheando sobre ella ¿Y si vuelve a ocurrir lo mismo? Ningún instituto volvería a hacer la excepción de admitir a alguien a mitad de curso y empezarían a considerarla problemática. Deia intenta apartar por todos los medios esos pensamientos de su cabeza, mira la mano extendida de Nyari y vuelve a dirigir la mirada al cartel que indica el nombre y número del aula.
-No se me ocurriría perderme mi primer día de clase y huir como una cobarde -Dice Deia seria mientras sujeta el picaporte dispuesta a entrar en la clase, pero la mano de Nyari se lo impide.
-Apoyo totalmente tu decisión, pero en ese horario pone que tienes clase de física con el profesor Sebastian y eso es en la clase 16, alguien debió de olvidar pulsar la tecla del uno -Ríe Nyari con total complicidad, como si el desprecio y el desdén de Deia no hicieran mella en ella - Anda ven, te acompaño - Tira de la mano de Deia haciendo que esta pierda levemente el equilibrio - Al fin y al cabo, esa también es mi clase, y tú con ese carácter dudo que consigas hacer amigos que te ayuden a establecerte.
El pequeño trayecto entre una clase y otra se le hace eterno a Deia, ya que Nyari no calla ni un solo segundo, hablando mil cosas del instituto y de los profesores, de las cuales Deia no presta atención ni a una décima parte. De todas las personas que podrían acercarse a ella en los pasillos tenía que tocarle la pequeña zanahoria incapaz de callar ni un segundo. Su increíble energía y positivismo le agota, pero en cierto modo agradece que haya aparecido porque, en caso contrario habría entrado en sabe Dios que clase siendo el hazmerreir en su primer día.
-Listo, hemos llegado, aunque parece que un poco tarde, pero no hay problemas, el profesor Sebastian no es de esos estrictos con las normas, tú entra como si nada -Dice Nyari mientras abre la puerta sin ni siquiera llamar a esta antes. - Buenos días profesor Sebastian - Exclama Nyari mientras corre hacia su mesa, compartida con una chica morena vestida con ropa ancha y con una evidente expresión de cansancio en su rostro.
Deia observa la clase mirando de un lado a otro en busca de algún sitio libre, pero antes de que pueda encontrar alguno escucha la voz del profesor dirigiéndose hacia ella.
-No me suena tu cara, debes ser esa chica que han permitido que cambie de instituto en mitad de curso, has tenido suerte, espero que nosotros podamos decir lo mismo teniendote aqui - Suelta una carcajada, aunque es evidente que la broma solo le ha hecho gracia a él ya que el resto de la clase sigue inmersa en sus propias conversaciones - ¿Y tu nombre es?
-Me llamo Deianira, aunque todos me llaman Deia.
-Muy bien Deianira, yo soy el profesor Sebastian, aunque nuestra relaciones públicas -Su mirada se dirige a Nyari que le dedica una sonrisa de afirmación- ya te habrá informado de esto, puedes sentarte en aquella mesa del fondo junto a Deimos -Señala una mesa ya ocupada por un chico de pelo negro y ojos entre amarillos y verdes, que le dedica un saludo guiñandole el ojo - No la lleves por el mal camino Deimos, con uno como tú tenemos mas que suficiente.
-Tranquilo profesor, la llevaré por el maravilloso camino de la física -Contesta el chico con tono pícaro.
Deia toma asiento y la clase da comienzo, pero a pesar de que las separan un par de mesas puede escuchar a la chica de al lado de Nyari recriminarle a esta - ¿Esa no es la chica que echaron del instituto porque dejó en coma a otra? te he dicho mil veces que seas un poco más selectiva a la hora de acercarte a las personas Nyari, no puedes confiar en todo el mundo - Mira de reojo a Deia que le responde con una mirada desafiante haciendo que la chica morena baje la vista sintiendose descubierta.
-Por dios Rhea, tu tampoco eras una fiesta el día que te conocí y aún así miranos, aqui estamos - Ríe Nyari, es como si nada ni nadie pudiese perturbar esa paz y alegría permanente que desprende su persona.
-Ya, pero no todo el mundo es bueno, ya lo sabes...-Murmura la chica dando por finalizada la conversación.
El chico que está sentado a su lado pone el libro en medio de ambos para luego centrarse en un cuaderno lleno de garabatos.
-No hagas caso a lo que dice el profesor, es solo que las ciencias no son lo mío, por mas que lo intento todo lo que tenga números o palabras extrañamente científicas se me hace incomprensible, es por eso que estoy repitiendo curso -Es innegable que tiene una sonrisa preciosa y unos ojos que harían suspirar a cualquiera, pero no es para nada su tipo - Ojalá el arte se considerara un poco más importante en los estudios.
Vuelve a concentrar su mirada en el cuaderno de garabatos, y es entonces cuando Deia se da cuenta que son dibujos, y bastante buenos además, pero él ya ha dado por zanjada la conversación y está pendiente a lo suyo asi que Deia decide prestar atención a lo que explica el profesor.