¿Para eso son los amigos?
Xie Lian recordaba perfecto cuando lo trajeron ante él, fue cosa de suerte… Él, el príncipe heredero acababa de cumplir los 7 años y requeriría un paje de compañía y él, Feng Xin acababa de quedar huérfano…
La familia de Feng Xin no era de la nobleza pero su padre era un excelente militar al cual el emperador le tenía en estima, por lo que decidió encargarse de ese niño poniéndolo junto al propio.
Desde ese día, Xie Lian y Feng Xin, estaban destinados a volverse cercanos.
Feng Xin sobresalía en diplomacia a su muy corta edad, sabía obedecer y sabía los protocolos de la realeza, se esforzaba para no manchar la reputación de sus padres y el emperador y la emperatriz lo reconocían tratándolo prácticamente igual que a un hijo, tanto como la situación se los podía permitir.
Xie Lian miraba extraño a Feng Xin pues con frecuencia tenía el ceño arrugado, no como el resto de los niños del palacio, que andaban por ahí jugando sin preocuparse de nada.
- ¿Qué te preocupa Feng Xin? – preguntó Xie Lian mientras caminaban, escoltados por las nodrizas imperiales hacia los columpios.
- No me preocupa nada su Alteza…
- Entonces ¿Por qué tienes el rostro así? – Xie Lian hizo su mejor imitación del ceño fruncido de Feng Xin que no pudo contenerse y soltó una carcajada para luego abofetearse a sí mismo ante la cara de sorpresa de Xie Lian.
- ¿Por qué te golpeaste?
- Porque nadie debe burlarse de su Alteza – el pequeño cuerpo de Feng Xin se había inclinado hacia el Príncipe en señal de disculpa. Estaba claramente arrepentido, mientras las niñeras que los seguían habían detenido su paso cubriéndose la boca con las mangas en señal de sorpresa.
Nunca se había visto un niño tan pequeño y tan respetuoso, ellas sabían que incluso el pequeño Príncipe podía llegar a ser un poco caprichoso algunas veces, pero Feng Xin no solo conocía el protocolo sino que lo ejecutaba de forma magistral.
Xie Lian se acercó a Feng Xin y se corvó de lado para mirarlo con una sonrisa.
- Somos amigos, puedes reírte de mis chistes si son graciosos, no me enojaré… aunque… tampoco creas que me estaba burlando de ti, solo quería mostrarte, es todo.
- Yo no puedo ser amigo de su Alteza – Xie Lian lo miró confundido – No se ofenda Alteza, lo que quiero decir es que han designado como su paje de compañía y es un gran honor pero siempre será mi amo y yo su siervo – Feng Xin aun se mantenía en la misma posición de disculpa sin atreverse a levantar la mirada.
- Eso quiere decir que si digo algo ¿Lo respetarás?
- ¡Si, Alteza! – Feng Xin se inclinó aún más haciendo un ángulo recto perfecto con su pequeño cuerpo.
- Entonces… Yo digo que somos amigos, puedes levantarte Feng Xin.
Las nodrizas emitieron risitas ahogadas detrás de sus mangas mirando la tierna escena. Feng Xin se sonrojó un poco al haber provocado la risa de las mujeres adultas pero asintió formalmente frente a Xie Lian.
- Somos amigos, su Alteza – Feng Xin se volvió a inclinar, esta vez de manera más cordial, dando un saludo, mostrando el dorso de sus manos con los dedos extendidos y superpuestos frente a él.
Xie Lian se inclinó devolviendo el saludo pero con sus palmas juntas frente a su pecho
- Entonces vamos a apurarnos, quiero ir a los columpios…
Xie Lian tomó la muñeca de Feng Xin y ambos echaron a correr hacia el patio donde se había instalado el columpio para su Alteza. Las mujeres los siguieron con la vista y apuraron el paso lo más posible manteniendo siempre la elegancia que una corte debía mostrar.
Todo estuvo dicho después de eso. Aunque Feng Xin era un poco renuente, Xie Lian era demasiado afable y cordial, por lo que la verdadera amistad no tardó en florecer entre ellos. El príncipe siempre quiso tratar a Feng Xin como igual pero el ambiente real y la misma personalidad de Feng Xin nunca se lo permitieron en la magnitud que él hubiese deseado.
Cuando entraron en la adolescencia, juntos practicaban artes marciales y empezaron a recibir clases en el uso de las armas. Cuando probaron la espada de inmediato todos los maestros quedaron sorprendidos con la gracia y la facilidad que tenía el Príncipe heredero para mover el objeto tan pesado a su corta edad.
Feng Xin lo intentó pero no había quien no se viera opacado ante la habilidad nata de Xie Lian, por lo qué dejó de lado la espada y se inició en el uso del arco, viendo con grata sorpresa que su habilidad y su puntería con las flechas era sobresaliente.
Cerca de los 13 años, Xie Lian deseó hacerle un regalo a su madre e instó a Feng Xin a que lo ayudara a cazar perdices, a Feng Xin no le pareció buena idea, sobre todo por como debían desarrollarse los papeles según Xie Lian.
- Yo las asusto y tú les disparas una flecha.
- No Majestad ¿Y si por error le doy a usted? Prefiero morir.
- Vamos Feng Xin tus habilidades con el arco son impecables. Ayúdame a sorprender a madre, estoy seguro que le encantará saber que nosotros mismos atrapamos la cena – Los ojos de Xie Lian sonreían con un brillo especial.
Feng Xin trató de huir pero Xie Lian siempre fue más rápido y lo atrapó del brazo.
- Ayúdame esta vez y podrás tomar un favor personal de mí cuando lo necesites.
- Su Alteza… - Feng Xin se cubrió la cara.
- Feng Xin. Por favor, no me hagas ordenártelo, sabes que no me gusta…
- Está bien… Iremos, Dianxia…
Xie Lian no pudo ocultar su sonrisa victoriosa y ambos partieron al bosque que se encontraba aún dentro del palacio.
Cazaron 6 hermosas perdices, Feng Xin lucía bastante orgulloso de su logro, solo había desperdiciado un tiro y Xie Lian había celebrado cada tiro, lo cual lo hacía sentirse contento y caminar con una sonrisa en el rostro de regreso a la residencia principal del palacio.
- Feng Xing, enséñame a disparar… Desde que los maestros vieron mi habilidad con la espada nunca me han dejado probar otra cosa que no tenga empuñadura y filo.
- Dianxia es excelente con las espadas.
- Gracias pero quiero aprender el arco. Enséñame.
El orgullo pudo más que la prudencia y dejando las perdices de lado, Feng Xin le entregó el arco a Xie Lian y dando unas pocas indicaciones le pidió disparar hacia el tronco de un árbol.
Xie Lian disparó varias veces y todas las flechas quedaron en el tronco.
- Esto no tiene sentido Feng Xin. Probemos un blanco más específico…
- Tiene razón Alteza, ya sabe disparar, será mejor afinar su puntería. Deme un momento.
Feng Xin sacó el pequeño cuchillo que llevaba en la cintura y cortó hábilmente 5 granadas rojas y brillantes de uno de los árboles cercanos, luego recogió las perdices y caminó haciéndole una seña con la cabeza a Xie Lian para que lo siguiera.
Ambos colocaron las frutas en el borde de una pared que dividía las construcciones del jardín y se alejaron varios metros, después de que Feng Xin describiera las indicaciones para dar dirección a la flecha, Xie Lian disparó.
La primera vez dio en el blanco y ambos se emocionaron, la flecha atravesó la fruta haciendo que el jugo rojo brillante salpicara y la granada cayera al suelo. Xie Lian dio una mirada sonriente a Feng Xin y disparó de nuevo, otra vez acertó en el blanco y ambos saltaron emocionados.
- Su Alteza es hábil con el arco.
- Creo que solo es suerte… - Xie Lian cargó una tercera flecha, a punto de disparar un ruido se escuchó detrás de ellos, con la sorpresa, la flecha salió despedida y solo Dios supo la dirección, después de que voltearon asustados, ambos adolescentes escucharon cerámica romperse y voces de hombres gritar.
- Huya Alteza – Feng Xin le arrebató el arco a Xie Lian y se colgó el carcaj con flechas que estaba en el suelo.
- No Feng… - aunque hubiera querido, Xie Lian no habría logrado huir, el guoshi principal ya había saltado la pared con la flecha “perdida” en la mano.
- Tianzi Dianxia – dijo el goushi saludando con una inclinación bastante profunda – Feng Xin – el goushi se inclinó nuevamente pero un poco menos esta vez.
Se acercó a los dos adolescentes y mirándolos con gesto de desaprobación preguntó:
– ¿Quién fue?
- ¡Yo! – gritaron los dos al mismo tiempo.
El guoshi bufó suavemente y se sobó el puente de la nariz con sus dedos.
- Preguntaré nuevamente…
- ¡Fui yo! – gritó Fen Xing inclinándose al frente – Dianxia solo quiere protegerme porque fue una orden de él que yo cazara pero es mi culpa… es mi culpa no tener tanta pericia después de dos años entrenando.
Xie Lian se quedó helado, Feng Xin sabía mentir demasiado bien, aunque solo decía mentiras piadosas, pensaba rápido y de manera coherente, pensó que él nunca podría hacerlo tan bien.
- Síganme los dos…
Guoshi empezó a caminar hacia el edificio principal donde dejaron a Xie Lian. Feng Xin le entregó las perdices y se fue detrás del guoshi… su castigo aún le estaba esperando.
Mientras caminaban, Guoshi miró a Feng Xing de soslayo y sonrió.
- Quita esa cara, ¿Cómo puedes creer que me engañas? Sé bien que solo proteges al príncipe… aunque casi empalan al tercer goushi contra la pared, gracias a los Dioses solo rasgaron su túnica.
Feng Xin no dijo nada pero se relajó un poco al ver que el adulto contaba todo con un poco de diversión.
Después de asear el santuario y reparar la túnica del tercer guoshi, Feng Xin pudo regresar al palacio, al escuchar sus pasos Xie Lian salió a su encuentro.
- Lo lamento Feng Xin – Fueron sus primeras palabras.
- No hay problema Alteza.
- Gracias – Xie Lian se rascaba la mejilla mientras miraba hacia otro lado – Tú… ¿Ya comiste?
- No Alteza.
- ¡Que bien!... Oh, no es que me alegre que no te dieran de comer, es solo que… pedí que guardaran nuestras perdices para comerlas juntos.
- ¿De verdad Alteza?
- Si. ¿Vamos?
Feng Xin asintió y se encaminó a la cocina detrás de Xie Lian. Tenía hambre.