LA DISCOTECA TIME

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Summary

Ramón Lozano nunca se perdía de ninguna fiesta. A pesar de ser pobre y de tener una familia a la que mantener, gastaba todo su dinero en bebidas y disfrutar. Por cosas del destino, un día salva un perro callejero y en agradecimiento, el perro le cumple su mayor deseo: irse de fiesta sin tener que preocuparse de nada. ¿Podrá Ramón disfrutar de una fiesta infinita?

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La discoteca time

Ramón Lozano nunca se perdía de ninguna de las fiestas que celebraba el colmado de la esquina de su casa todos los viernes, sábados y domingos por la noche. De hecho, donde dijeran “fiesta” ahí estaba él. Era pobre, y aunque no ganaba mucho como conserje de una oficina, para disgusto de su mujer, gastaba casi todo su dinero en cerveza y comida chatarra. Y quizá por eso es que lo han despedido de trabajos anteriores; por andar de fiesta en horario laboral. ¡Ramón era imparable! Según él porque la vida era corta y había quedisfrutarla. El trabajo y cuidar de los niños quitaba tiempo precioso para gozar.

Un buen día que Ramón iba a su casa de su trabajo, vio cómo unos jóvenes maltrataban un pobre perro callejero pateándole y lanzándole piedras en la acera de la calle. Él iba a pasar de largo, pero los lamentos del pobre animalito, le hicieron dar media vuelta para espantar a los abusadores. A la primera llamada de atención de Ramón, los chicos se fueron corriendo mientras se reían en dirección opuesta. El pobre perro se levantó como pudo y no solo lo miró agradecido, sino que también se lo dijo articulando palabras.

¡Ramón casi se muere ahí mismo de la impresión!

Incluso miró a todos lados para ver si otras personas estaban escuchando lo mismo que él, pero la poca gente que había le pasaba indiferente por el lado.

- Muchas gracias, ¡Me has salvado la vida! - Escuchó decir al perro, que lo miraba meneándole el rabo. Era color café,tenía pelo corto, sin brillo y tenía unos ojos color miel muy lindos - En agradecimiento, te daré algo especial. Sígueme.

El perro callejero empezó a trotar en dirección opuesta a la que Ramón venía. Este sin saber muy bien qué hacer, decidió seguir al perro que habla. En menos de 5 minutos se metieron en un callejón entre casas de concreto, zinc y madera hasta llegar a un lugar con muchos árboles en donde al final había una casa casi cayéndose de color azul, de madera, con ventanas muy mal hechas y muy estrecha. En la entrada había un papel pequeño del tamaño de una factura pegada a la puerta con las siglas V.I.P escritas en letra elegante.

- Aquí adentro está “La Discoteca Time” - Anunció el perro señalando con una pata la entrada. - Aquí podrás fiestar todo lo que quieras sin preocuparte por el tiempo.

Ramón puso una cara de incredulidad tan exagerada que incluso a él mismo le hubiese gustado vérsela. Miraba despectivamente la casucha.- La única condición- Continuó hablando el perro - es que no salgas de ahí bajo ningún concepto. Ese papel que ves ahí- agregó señalando con la pata más arriba hacia el papel pegado a la puerta destartalada - es el boleto para entrar, tienes que dárselo al guardia.

- ¿Qué rayos...? -Exclamó Ramón desconcertado mientras arrancaba el papel de la puerta y lo miraba. - ¿Aquí hay una discoteca? ¡Imposible!

- Yo hablo y soy real, ¿Qué te parece? - Argumentó el perro, moviendola cola. Ramón hubiese jurado que incluso le guiñó un ojo. Ramón miró la puerta, miró al perro y luego miró la puerta de nuevo. Estiró el brazo para empujarla. No estaba muy seguro de que lo pasaba, pero quería entrar a ver qué clase dediscoteca hay dentro de una casa vieja de madera de pueblo.

-Recuerda - Dijo el perro cuando Ramón empujó la puerta.- Una vez que entres, no debes salir.

- ¿Qué pasa si salgo?

- Aparte de que no podrás entrar de nuevo, nada.

- ¿Nada? - Repitió Ramón - ¿y eso es malo?

- Bastante.- Contestó enigmáticamente el perro.

Si nada iba a pasar, no había nada de qué preocuparse. Ramón se sintió convencido y ya que todo era tan irreal, pensó que quizá estaba en un sueño de esos en los que eres consciente de que estás soñando pero puedes tomar decisiones. Por eso terminó de empujar la puerta, la cual hizo un chirrido al abrirse. Dentro no se veía absolutamente nada a pesar de que las ventanas mal hechas deberían filtrar algo de luz, pero una música electrónica se podía oír a lo lejos. Ramón miró a donde estaba el perro para quejarse de que no veía nada y notó que no estaba ahí. Miró a todos lados hasta que resolvió que era mejor entrar a la casucha. El piso era mullido, como si hubiese una alfombra acolchadita y había un olor agradable a “nuevo” y “aire acondicionado”.

Al dar unos pasos divisó una puerta blanca muy bonita,iluminada por encima por una elegante lámpara. Justo al lado de la puerta, medio iluminado, había un hombre moreno y corpulento con lentes y ropas oscuras. A pesar de ser pequeña por fuera, a medida que caminaba se dio cuenta que la casucha era más profunda de lo que parecía y le tomó unos minutos llegar hasta el hombre.

- ¡Su ticket! - Le dijo fríamente y con voz imperativa e lguardia.

Automáticamente Ramón extendió la mano dejando las letras elegantes V.I.P a la vista del guardia que se movió lo mínimo para leer.

- Bien, entra.- Ordenó con la misma voz fría e imperativa mientras abría la puerta blanca de una manera elegante, sin darle la espalda a Ramón.

Al hacer esto, la música electrónica se hizo mucho más fuerte, y Ramón pudo mirar el interior luego de pasar por un corto pasillo que marcaba un camino con una alfombra roja hacia una cortina hecha de piedras preciosas colgantes. Haciendo la cortina a un lado con la mano se encontró con una inmensa sala, cuyo color predominante era rojo. El DJ estaba en una esquina a lo alto, entregado a su trabajo moviendo los discos, había unos cuantos globos rojos, verdes y amarillos regados en el piso y la típica bola de cristal que hay en todas las discotecas en el medio del techo que daba vueltas reflejando luces de colores que se proyectaban prácticamente a todas partes. Había muchas mujeres lindas bailando en ropa sexy de tela de colores chillones y brillantes, un bar de bebidas al fondo con un camarero de cara muy amigable y asientos elegantes de metal que de tan sólo mirarlos se sabe que seguramente cuestan una fortuna.

El lugar estaba lleno y todo era risas y conversaciones alegres por aquí y por allá. Unas chicas muy hermosas se le acercaron y lo sacaron del marco de la puerta y lo invitaron a bailar su merengue favorito, que justo ahora acababa de empezar. Un poco abrumado por la belleza y exclusividad del lugar Ramón no pudo evitar mirar a todos lados mientras bailaba.

Algo que llamó poderosamente su atención fue que vestía diferente de cuando entró. Cada cierto tiempo su ropa cambiaba de diseño y de estilo. Una vez se asustó porque vio todo de un tono rojizo y al llevarse la mano instintivamente a la cara se dio cuenta que la razón era porque le habían aparecido unos lentes de cristales rojos de diseñador. Otra cosa que notó es que se volvió tolerante al alcohol. Sin exagerar, calculó que bebió cada bebida existente en el mundo en el bar y no estaba ni siquiera mareado. ¡Encima de eso, nunca se cansaba de bailar ni tampoco sentía ganas de ir al baño! Pero lo mejor de todo eran las chicasque siempre sabían algún paso nuevo que enseñarle o cómo bailar de diferentes formas sus canciones favoritas que sólo se repetían a pedido de él. Las chicas le montaron coreografías varias veces con canciones que no conocía pero que le agradaron desde que las escuchó. Una de las canciones en especial que tenía un sonido pop electrónico decía algo así como:


¿Te gusta lo que ves?

Sólo gente genial viene aquí

Música y colores brillantes

Todos mueren por venir

Me gusta mucho tu estilo

¡pero a ti te gusta más el mío!


Sigue la canción,sigue mis movimientos

¡Si sales de aquí podrías parar en el infierno!

Ten cuidado y báilamelo así

Aunque esto no sea el cielo, ¡No querrás salir de aquí!

Por todo lo mencionado, a Ramón no se le hizo difícil acostumbrarse a estar en La Discoteca Time. ¡Todo ahí era fabuloso hasta el más mínimo detalle!

Sin embargo, de un momento a otro mientras gozaba de lo lindo bailando y con su millonésima bebida en la mano, él empezó a preguntarse cuánto tiempo llevaba en este lugar tan raro. El reloj de diseñador que le había aparecido no marcaba ninguna hora porque no tenía manecillas e incluso ahora que pensaba sobre el tiempo, se le hacía muy duro intentar ser consciente de él. ¿Cuánto tiempo habrá pasado? ¿Una hora? ¿5minutos? No, esa última opción era imposible, ya que cada canción duraba en promedio 4 minutos, si calculara todas las canciones que ha escuchado hasta ahora hacían...

- ...¡¿2 semanas?! - Se dijo a sí mismo en voz alta.

¡Pero si acaba de llegar! Unas chicas que estaban al lado de él, empezaron a moverse a ritmo de un reggaetón que a Ramón le gustaba mucho, pero ni verlas mover las caderas de la forma en que lo hacían lo alejó de sus pensamientos: Si hacía 2 semanas que estaba ahí, su familia quizá se pregunte dónde estaría él, aunque seguro no se preocuparían mucho, ya que es normal que se dé una “escapadita” para bailar y llegar tarde. Pero dos semanas fuera es romper su propio récord de 5 días - Y no fue en Navidad. Ramón razonó un poco y se propuso a sí mismo que cuando se cansara de bailar y de beber ya será hora de ir acasa.... Pasaron muchas canciones, más bebidas más pasos de bailes nuevos y nada de cansancio, así que pensó que luego de un par de canciones sería la hora de partir, aún cuando el perro le dijo que no debía salir, pero ya habían pasado muchas horas - que parecían minutos- desde que llegó y su conciencia no lo dejaba gozar en paz. Se sorprendió pensar en quenecesitabair al trabajo. Luego de 7 bachatas, dos meren-mambos y 5 reguetones y una salsa, decidió que era suficiente, a pesar de que no estaba ni cansado ni borracho y sinceramente no quería irse.

- Monchi, espera, ¡otra canción! - Le rogó sensualmente una morena parándose frente a él cuando su cerebro le había dado la orden al cuerpo de que se dirigiera a la puerta. - ¡Sólo una más!

Ramón respiró profundo. Se le hacía duro decirle a una mujer linda que no.

-Sólo una - aclaró mientras levantaba el dedo para indicar la cantidad. Y bailaron una canción electrónica que duraba unos 7minutos. La iluminación cambió a unos colores marrones, grises y verdes muy extraños durante esa canción. Al acabarse, Ramón tenía otra ropa diferente con la que había empezado a bailar y la morena ahora era pelirroja.

- ¡Oye Ramón! - le llamó el bar tender,sosteniendo una bebida de colores raros. Ven a probar mi nueva creación: ¡“ElMartilaMary“!

Ramón puso cara de qué rayos era eso al observar detenidamente lo espeso de la bebida.

- ¡Es Martini ligado con Tequila y Bloody Mary! -Explicó el Bar tender - ¡No te lo querrás perder! ¿ó sí? -Agregó con su voz amigable.

- ¡Ay ven papi vamos a probarla! -Le insistió la pelirroja abrazándose a uno de sus brazos. Ramón,que había ya bebido todas las bebidas disponibles varias veces, no se sentía muy interesado en el “Martila Mary”. Se soltó de la pelirroja excusándose de que tenía que irse.

- ¡RAMONCITO!¡QUÉDATE! - Rogaron las chicas del lugar a coro. Pero ya era suficiente.

- Lo siento, mujeres - Se excusó Ramón haciendo aun lado la cortina de cristales colgantes. ¡Santo cielo, hasta labendita cortina era genial y lo invitaba a quedarse! ¡Pero qué diseño! ¡Cómo brillan! ¿Serán diamantes reales? - Ya es momento de irme.

- ¿No te dijeron que no debías irte de aquí? -le preguntó con su voz amigable el bar tender mientras limpiaba una copa con un pañuelo blanco. Ramón le contestó que de todas formas quería irse. - En ese caso, toma esto antes de irte.

El bartender cogió una botella completamente negra, pequeña y de cuerpo redondo en donde rebosó un líquido parecido al refresco de cola pero sin gas en un vaso con hielo.

- Esta bebida se llamaIusta-Rum- Le dijo el bartender extendiéndole la bebida. - Es mi regalo de despedida.

- ¿“Iusta-Rum”? - Preguntó Ramón acercándose para cogerla.

- Sí.

- ¿Y qué significa?

-“Funeral” en latín. - Respondió el bartender con una voz no muy amigable y un tanto tenebrosa. Ramón se sintió incómodo con la repuesta y las ganas de probarla se le fueron al carajo. El bartender inmediatamente le sonrió y mientras le daba dos palmadas amistosas en el antebrazo, dijo que era una broma y que podía beber. Ramón asintió, sonriéndole forzadamente, y se bebió la bebida de un trago.

-¡Pero esto no sabe a nada! - Dijo mirando el vaso, y luego mirando al bartender que... ¡había desaparecido!

Ramón soltó unamala palabra a modo de exclamación cuando volteó y no encontró absolutamente a nadie. La Discoteca Time, estaba vacía y en silencio puso su vaso, en el mostrador, perplejo de lo rápido que se fue todo el mundo.

- Bueno, entonces la fiesta se acabó...- reflexionó en voz alta, dirigiéndose a la puerta.

Al ponerse la mano en el pantalón para limpiarse la humedad del vaso que había estado sosteniendo, se dio cuenta que tenía la misma ropa con la que entró a la casucha. Una sensación de nostalgia repentina lo invadió. Acababa de estar en la mejor fiesta de su vida y el estúpido sentido del deber, que solía aparecer en los momentos menos indicados - como ahora - lo había arruinado todo.

Haciéndose paso entre los globos verdes, rojos y amarrillos del piso que se elevaban un poco al pasarles por el lado, llegó a la puerta y la abrió.

Ramón se encontró a sí mismo en el medio de una calle que no sabía cuál era, hasta que miró hacia atrás y reconoció la casucha de madera donde estaba La Discoteca Time. Tenía la puerta abierta y todo adentro era perfectamente visible. No había piso, ni muebles ni nada que ver. En cambio a su alrededor estaba lleno de edificios lindos, casas y suelo asfaltado. A medida que caminaba entre los edificios y casas notaba en su interior esa sensación de Deja Vú. De que había estado antes ahí.

- ¡Pero yo sé donde estoy! - Exclamó al llegar a una calle de repente. -¡Aquí fue donde encontré al perro que habla! Eso quiere decir que a dos esquinas está mi casa.

Ramón Lozano se fue corriendo en dirección a su casa maravillándose lo mucho que había cambiado el barrio en el tiempo que sea que haya pasado en aquella discoteca extraña. ¡wow! ¡Incluso su casa la habían pintado y plantado árboles!

- ¡Consuelo! - Llamó Ramón a su esposa después de que intentó meter la llave y no logró abrir la puerta - ¡CONSUELO ÁBREME!

Pero Consuelo no salió, si no una mujer muy gorda de unos 50 años, morena y con rolos en la cabeza.

- Está usted equivocado señor, aquí no vive ninguna “Consuelo”

- ¿¡CÓMO QUE NO!?

- ¡Amigo cálmese! - Dijo un joven parecido a la señora saliendo de atrás. Seguramente su hijo - ¡Aquí no vive nadie que se llame Consuelo! Mire a vé si es en otra casa.

Y cerraron la puerta.

- ¿Cómo que “mire a vé si es en otra casa”? ¡esta es mi ca..!

- Te dije que no salieras - Le cortó una voz muy familiar. Ramón volteó a ver y bajó la mirada al suelo. Había un perro sarnoso, con rastros de pelo café en la cabeza y en una de las patas traseras. Tenía sangre seca en uno de los costados, dientes sarrosos color verde y amarrillo y tres rabos.Uno de sus ojos era lagañoso y parecía tener cataratas, pero el bueno era de un hermoso color miel.

- ¡Tú! - Exclamó Ramón muy enfadado al reconocer al perro. - ¿Qué pasó aquí? ¡Dijiste que si salía nada iba a pasar!

- ¡Pero si nada ha pasado! -Argumentó el perro sentándose y moviendo sus tres rabos serenamente- Sólo pasó el tiempo. Es algo muy normal que el tiempo pase ¿Sabes?

- ¿Tu me estas relajando?

- No, en serio. Hace 200 años que te fuiste. Sólo quedan los descendientes de tus hijos y de aquellas personas que conociste.

- ¡Debí dejar que te mataran! - Le gritó Ramón y se fue corriendo calle abajo. El perro se limitó a verlo alejarse.

No se había fijado muy bien antes, pero la ropa de la gente a su alrededor, aunque tenía cierto parecido a la que usaba la gente de antes de irse a la discoteca, tenían unos estilos y cortes que las hacían diferentes, y a pesarde no saber de modas, incluso observó que el material era distinto.

- ¡Detente! - Le ordenó el perro, apareciendo súbitamente enfrente de él, obligándolo a parar de correr de golpe.

- ¿Qué tu quieres? ¡Déjame tranquilo!

- Mira a la derecha, hacia arriba.

Ramón miró a la derecha, hacia arriba. Había una valla publicitaria con la cara de un señor de unos 40 años que decía”José Perfume, Síndico 2209“.Ramón abrió la boca sorprendido. Esa y otras vallas tenían la misma fecha al igual que su celular, que sacó para estar seguro de que esa era le fecha.

- Esto es mentira... - Dijo Ramón, cayendo en un estado de negación.

Paró a varias personas para preguntarle la fecha y al oir innumerables veces que era el 2209 se puso a llorar mientras miraba a su alrededor y no reconocía nada.

-¡Yo sólo quería divertirme!- Ramón sollozó y se limpió la nariz con la manga de su camisa - Si no tengo a nadie, ¿Qué será de mí ahora?

- ¿No es obvio? - Le contestó el perro. - Es 2209, no deberías estar vivo.

Ramón sintió un vuelco en el corazón y abrió los ojos, asustado.

- ¿Quién eres tú? - Le preguntó Ramón mientras veía el perro acercarse a él sin poder hacer nada.

- Soy Pekusio. El perro de “allá”

Pekusio se acercó a los pies de Ramón. Levantando una pata le orinó sangre en sus pies. Aterrado y asqueado Ramón se movió de una manera tan brusca para alejarse, que cayó al suelo.

- ¡AAGH! ¿QUÉ ME PASA?- gritó de dolor Ramón agarrándose las piernas. La sangre que le orinó Pekusio subía por su cuerpo consumiéndolo como agua que se evapora.

- Te voy a enseñar cómo es todo “allá“.- Le anunció Pekusio mientras se echaba en su barriga y ponía la cabeza encima de sus patas, contento, moviendo sus tres rabos sarnosos, viéndolo consumirse vivo y su alma bajando al infierno.