Una vida a tu lado (DRARRY)

Summary

Draco jamás creyó encontrar el amor en aquel Gryffindor. Pero a veces, las cosas menos esperadas, suceden. Y para cuando se dio cuenta, ya había caído por esos hermosos ojos verdes y esa encantadora sonrisa. - ¿Es una promesa? - Lo es.

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Capitulo único.

El amor suele llegar de diversas maneras. A veces, lo encuentras en alguien que ha estado contigo desde la infancia, en alguien a quien ves solo una vez y sabes que es amor a primera vista, en alguien que te apoya a diario.


Para Draco fue diferente.


Su amor llegó en forma de un muchacho testarudo, un Gryffindor de pies a cabeza, quien le hacía pasar corajes y le respondía como nadie más.


Harry Potter. Su enemigo de escuela.


Aunque al principio se habían llevado mal y durante años discutían cada vez que se topaban en los pasillos del gran castillo. Fue a comienzos de sexto año, cuando Draco estaba tan ocupado y hundido en la miseria que le había sido destinada por su apellido y la lealtad de sus padres al señor oscuro, que todo cambió.


Al comienzo, Draco no se dio cuenta de que alguien lo seguía por Hogwarts. No hasta que comenzó a sentir una presencia, una incesante mirada en su espalda que jamás lo abandonaba. Pensó que se estaba volviendo loco.


Después entendió que la locura estaba en alguien más.


Potter no dejaba de perseguirlo, de ver cada uno de sus movimientos. Y eso solo enfureció a Draco. Como si no tuviera ya tantos problemas como para que un estúpido niñato que jugaba a ser héroe lo persiguiera.


Merlín, ¿Porque de repente Potter estaba tan obsesionado con él?


Todo finalmente colapso cuando habían tenido una pelea en el baño, un hechizo que Draco desconocía fue lanzado por el Gryffindor. Si no hubiera sido por Severus, probablemente estaría muerto.


Lo que tal vez sería mejor. O al menos, eso pensó al despertar en la enfermería.


Pero de haber perecido, jamás hubiera visto a Potter entrar dos días después a la enfermería, con el rostro lleno de culpa, la mirada apagada y la vergüenza cubriendo cada parte de su cuerpo.


Él se había disculpado, explicando entre tartamudeos que jamás pensó hacerle tal daño. Que no sabía lo que el hechizo hacia y aceptando que fue un idiota por jugar con magia desconocida para él.


Y por primera vez, después de meses, viendo a ese tonto Gryffindor bajar la cabeza y tartamudear nervioso, Draco sonrió.


Una sonrisa verdadera.


Los siguientes días, mientras se recuperaba del hechizo, Potter paso a ser Harry, sólo Harry. Visitando a Draco cada mañana y cada noche, llevándole comida y bocadillos del gran comedor, pasándole apuntes de las clases, estudiando juntos, hablando sobre cada tontería que habían hecho a lo largo de los años.


Y aunque a veces discutían de nuevo, Harry no dejaba de visitarlo. Incluso si solo era para recordarle que era un terco y testarudo Slytherin.


Algunas noches, Harry hablaba con Draco sobre la vida y lo corta que parecía. Lo importante que era para él proteger a aquellos que amaba. Y el deseo culposo que invadía su mente cada noche en la cama: tener una vida normal.


Al contrario de lo que la gente pensaba, Harry no quería un sin fin de aventuras, no deseaba ser el héroe que el mundo esperaba. Él solo...


Anhelaba encontrar la paz.


Enamorarse tan profundamente como sus padres, formar una familia con esa persona y tener una bella casa en algún pequeño pueblo. En donde pudiera criar y dedicar su vida a sus hijos y pareja. Un lugar donde la guerra no existiera. Un mundo en el que pudiera ser Harry, sólo Harry.


Para cuando Draco se dio cuenta, ya se encontraba deseando hacer lo que fuera para que aquel muchacho obtuviera su deseo. Él más que nadie lo merecía.


Porque en este mundo de mierda, de guerra, de perdición. Harry era una luz.


Una que brillaba tan fuertemente que te hacía olvidar todos los males, te hacía sentir seguro, feliz y con esperanza. Harry no quería salvar sólo a quienes estaban junto a él, no. Él no distinguía entre sangre, estatus social o económico, casas o colores. Harry quería que todos vivieran.


Y Draco quería que Harry sobreviviera.


Tal vez fue por eso, tal vez por aquellas días en la enfermería, tal vez porque había empezado a cultivar otro sentimiento por el Gryffindor, Draco lo cubrió en Malfoy Mannor y después escapó a su lado, dejando atrás una vida de abusos y apostando por un mañana en el que pudiera cumplir el deseo de Harry.


– Ganaremos está guerra, Harry. Usaré hasta mi último aliento para que tu sueño se haga realidad. – Había dicho Draco, junto a la playa, después de haber enterrado a Dobby.


– ¿Es una promesa?


– Lo es.


Esa noche, en aquella playa, el mar presenció su primer beso.



                        

Batalla de Hogwarts,

                                     Inicio.


Las luces relampagueaban por las ventanas del castillo. Cientos de mortifagos luchando por entrar. Alumnos subían y bajaban, corriendo de un lado a otro del castillo. El olor a guerra se aproximaba.


Draco sabía que esté era el momento. Hoy se definiría lo que pasaría con el mundo mágico. Esta noche, era todo o nada. Y pretendía que lo fuera todo.


Pero de morir, al menos se iría sabiendo que lucho junto a la persona que amaba. No por el mundo mágico, por Harry. Su vida por la de él.


– ¡Harry!


Grito al verlo subir las escaleras, él aún buscaba un horrocrux y Draco tenía que ir a ayudar a evacuar a los primeros años que aún no se iban. Pero no podía hacerlo hasta decirle a Harry dos palabras.


Cuando el Gryffindor volteó, corrió de regreso hacia él y se encontraron en medio de las escaleras. Viéndose durante algunos segundos, el mundo y la guerra parecieron no existir. Sólo eran ellos dos.


Sólo Harry y Draco.


Y entonces, sus labios se unieron. Como muchas veces antes. Como la noche en que se entregaron uno al otro.


Los labios de Harry eran suaves y dulces, un sabor que había vuelto a Draco adicto a sus besos. Cuando estaban así, uniéndose de esta forma, Draco sabía que esté chico era su perdición. Porque había llegado amar a Harry más que a su propia vida.


Harry era su destino, su lugar.


Y esperaba que también lo fuera para él.


– Te amo, Harry.


Draco susurró al separar sus labios, mirando fijamente al Gryffindor. Tratando de trasmitir cada parte de ese sentimiento.


– Te amo, Draco.


El chico respondió, una sonrisa extendiéndose por su rostro.


– Mantente con vida.


– También tú.


Con aquella promesa, ambos se separaron. Y corriendo en direcciones opuestas. Pero ambos corrían hacia la guerra.





                      

Batalla de Hogwarts,

                                    Final.


Draco corrió hacia Harry, al verlo acabar con Voldemort. Nunca había sentido tanto alivio, sólo se comparaba con verlo levantarse de los brazos de Hagrid anteriormente.


– ¡Harry!


Grito mientras seguía su camino hacia él. Sin embargo, antes de llegar, un Theodore Nott visiblemente enloquecido se había interpuesto él y su amado.


– No tan rápido.


Draco maldijo cuando detrás de Theodore, aparecieron dos mortifagos más. Y él ya no tenía su varita. Caminaron a su alrededor y Draco también se movió. Mirando con odio a quien había sido su compañero de casa.


– Voldemort está muerto. No necesitas seguir con esto, Theo. Podemos ser mejor que nuestros padres.


– Mis padres están muertos. Está guerra acabó con ellos. Y ahora, yo acabaré con el traidor. – Había dicho el Slytherin, lleno de odio en su voz. Alzó la varita y dijo un hechizo que Draco ya conocía bien.


No un Avada, no un Cruciatus. Un Sectumsempra.


Mientras el hechizo se dirigía a él, Draco se odio por haberle contado sobre la maldición a Theodore en sexto año.


Tal vez era su destino, morir de esa forma. Por ese hechizo.


Sólo lamentaba no poder hacer realidad el sueño de Harry.


– ¡Draco!


Un grito saco de su trance al rubio, al ser empujado de manera brusca por otro cuerpo. Ambos cayeron al suelo.


Y ahí fue cuando Draco le vio.


Sudoroso y sucio, cubierto de heridas, Harry estaba a su lado, en el piso.


Había recibido el mayor impacto del hechizo, pero Draco también se llevó lo suyo. Cuando intenso acercarse a él, un aullido salió de sus labios, al sentir una varilla enterrada en un lado de su torso.


– M-Mierda...


Draco se quejó, tocando la varilla que lo atravesaba. Mientras veía a Harry empezando a sangrar por la maldición.


Sin embargo, antes de poder ir a socorrer a su novio. Se dio cuenta de que Theodore aún venía hacia él. Tragándose el dolor y con demasiado esfuerzo, se levantó, tomando la varita de las manos de Harry y usándola para defenderlos de aquellos tres.


Los hechizos volaron.


Pero Theodore no fue una competencia digna, su frío cuerpo cayó al suelo junto con el de los otros dos mortifagos.


Fue entonces que Draco se dejó caer, sin fuerzas, al frío suelo. Está vez, junto a Harry.


Ambos se veían, se estaban desangrando rápidamente. El aire había empezado a escaparse de ellos. Las lágrimas recorrían su piel.


– T-Te amo...


Harry dijo con dificultad, con su mano rozando la de Draco.


– T-Te amo, H-Harry...


Draco respondió entrecortado.


Se miraron durante lo que fueron segundos, pero para ellos una eternidad. Una última mirada antes de cruzar a otro plano.


Harry fue el primero en cerrar los ojos y Draco no tardo en seguirlo. Pero en los últimos segundos de consciencia, él juraría que escucho la voz de Granger a lo lejos. Y pasos acercándose.


Pero estaba demasiado cansado para siquiera tomarle la suficiente atención. Sólo quería dormir.


Perecer junto a su amado.





13 de Mayo, San Mungo. Diez días desde la batalla de Hogwarts.



Lo primero que Draco recordaba al despertar, fue la radiante luz que cubría todo el cuarto y lastimaba sus ojos. Fue cuestión de segundos para que sus pupilas dejarán de arder ante la iluminación.


– ¿Que...?


Draco dijo con dificultad, su garganta estaba seca. Y su mirada paseo alrededor de la habitación. Todo era blanco y limpio, cuando movió un poco su brazo, se dio cuenta del suero que estaba conectado a su piel. Y pronto fue consiente de la bata que llevaba.


Un hospital.


Estaba en un hospital. Vivo, él estaba vivo. Y al moverse, el dolor en su cuerpo lo confirmó.


Una sonrisa se extendió por su rostro, no estaba muerto.


Pero entonces, la preocupación llegó a él. Si estaba aquí, en este lugar, donde quiera que fuera... ¿Donde estaba Harry?


– Harry, Harry.


Susurró, intento moverse, aún con el dolor en todo su cuerpo. Las alarmas en los monitores sonaron y la puerta se abrió, con una asustada medi-bruja viéndolo con sorpresa.


– Despertó... ¡Despertó, el señor Malfoy está despierto!


Grito corriendo por el pasillo, dejando la puerta abierta. Y a un Draco muy confundido.


Eso hasta que lo vio.


Entrando con una sonrisa, estaba Harry, su Harry. Completamente sano, sin una herida. Y con sus brillantes ojos verdes que hacían estremecer a Draco.


– Harry, estás bien.


Fue lo primero que salió de sus labios, cuando volvió a intentar pararse, el Gryffindor se acerco a él con preocupación y con las manos le hizo señas para que se volviera a recostar. Draco obedeció.


Y mientras Harry se posaba a un lado de su cama, observo con cierta duda que él no llevaba ropa de hospital.


– ¿Como es que...? – Y entonces sonrió, negando con la cabeza. – Por supuesto, San Potter siempre se recupera más rápido que los demás. Normal, sobreviviste a un Avada dos veces, cualquier otro hechizo solo te hace cosquillas.


Ante la burla, Harry había arrugado la nariz y cruzado los brazos, fingiendo indignación. Y aunque Draco quería seguir jugando, el ruido entró por la puerta en forma de una castaña y un pelirrojo.


Hermione Granger y Ron Weasley.


– ¡Malfoy, despertaste!


– Debo admitirlo, eres duro. Hurón. – Dijo Weasley.


– ¿Porque tanta sorpresa? – Había preguntado Draco.


– Llevas diez días inconsciente, incluso entraste en coma. Creíamos que no saldrías de la cirugía. La varilla que te atravesó te dejo el riñón destrozado, el otro tampoco estaba sirviendo bien.


– ¿Y como estoy vivo?


Granger desvío su mirada hacia Weasley, quién renuente se alzo un poco la camisa, mostrando una gran cicatriz.


Eso dejo boquiabierto a Draco.


– ¿Me donaste...?


– Un riñón, si. – Respondió el Weasley, rodando los ojos. – Pero no fue por ti, así que no te emociones.


El pelirrojo entonces miro a la castaña, con una emoción en sus ojos que Draco no pudo descifrar.


– Fue por Harry.


Esas fueron sus últimas palabras, antes de que por la puerta cruzará una muy alterada Narcissa Malfoy, quién sin pensarlo abrazo a Draco y le beso todo el rostro. Una madre feliz de que su hijo estuviese vivo.


El resto del día, la habitación fue recibiendo a más y más gente. Draco noto como Harry se quedó un poco alejado, en la esquina, sólo mirándolo.


Y a la noche, cuando todos se habían ido y Harry permaneció a su lado, Draco durmió en paz. Con su amado en la misma cama.


La guerra ahora solo sería un mal recuerdo lejano.


Su vida junto a Harry comenzaba hoy.


13 de junio, 1 mes y 10 días después de la batalla. Valle de Godric, residencia Potter-Malfoy.


El día que habían dado de alta a Draco fue todo un caos.


Recordaba que lo habían puesto en una silla de ruedas para que no hiciera esfuerzo, entonces Weasley lo llevo fuera del hospital y había demasiada gente alrededor.


Periodistas, reporteros, gente que solo estaba ahí porque querían verlo.


Según Granger, desde la batalla, todos los periódicos solo hablaban de ello. Incluso fuera del país. Por lo que, cuando la noticia de que había despertado se corrió, el hospital se llenó de reporteros.


Para Draco fue un fastidio total tener que pasar entre toda esa gente. Pero con Harry a su lado, sonriéndole, fue más soportable.


En verdad no entendía cómo Harry no parpadeaba ante los incontables flash de cámaras. Cuando estuvieran solos, sin duda le pediría que le enseñará.


– ¿Estás seguro, Malfoy? ¿De ir a vivir al valle de Godric? Aún estás recuperandote, tal vez deberías quedarte en tu mansión o si quieres, serás bienvenido en la madriguera. Estoy segura de que Molly te recibirá.


– Mamá estará encantada de hacerlo. Perdimos a gente querida en la guerra, ella estaría más que feliz de tenerte ahí. Podría ayudar.


Draco suspiro, no era la primera vez que ambos le habían preguntado aquello. Realmente no comprendía porque no entendían que quería estar a solas con su pareja.


– Estaremos bien, tranquilos. Va a cuidar de mi. – Él les respondió.


Granger y Weasley compartieron una mirada a la que Draco no le prestó mucha atención, puesto que habían llegado al auto y con cuidado subio a el. Aunque tuvo que detener la mano de Ron cuando esté iba a cerrar la puerta sin que Harry subiera.


– Hey, ten cuidado. – Había dicho Draco.


Después de aquel día, cuando finalmente llegaron a la casa en el valle de Godric, Draco se desconecto del mundo entero. Prefiriendo pasar todo el tiempo que pudiera con Harry.


Necesitaban conectar nuevamente, amarse y asesorarse. Agradecer por el tiempo que ahora se les daba.


Ambos habían sacrificado mucho en la guerra, pero eso terminó y finalmente podían dedicarse su vida al otro.


Y Draco no podía ser más feliz.


Comían todo lo que quisieran, hasta las malas comidas rápidas de los muggles. Bebían todo lo que sus estómagos fueran capaces de soportar, hasta llegar a estar ebrios y brincando por los sillones. Bailaban todos los vals que antes no habían podido. Reían por todo y nada.


Y por supuesto, el sexo también había estado presente todos los días.


Conocieron más sus cuerpos, sus almas, sus corazones.


Cada segundo que pasaban juntos, Draco solo podía agradecerle a Salazar por lo afortunado que era al tener el amor de Harry.


Cada mañana al despertar y ver a su pareja descansando en la cama que compartían, sólo lo hacía sentir más dichoso y preguntarse que había hecho bien para merecer tal regalo.


Una noche, mientras miraban las estrellas, Draco finalmente se había animado a proponerle matrimonio de forma oficial a Harry. Quién sonriente, asintió a más no poder.


Esa madrugada, después de hacer el amor, Draco no podía más que sentirse el hombre más afortunado del mundo.


La vida era buena.


Realmente buena.



13 de julio, 2 meses y 10 días después de la batalla.


Draco se encontraba cocinando lo último del desayuno. Había aprendido a hacerlo de manera muggle, aunque algunas pequeñas quemadas se llevó en el proceso. Y no sabía que tan bien sazón tenía, aunque Harry nunca se quejó.


– ¿En verdad no quieres algo más? Podría hacerte un omelette. – Pregunto Draco desde la cocina, al no obtener respuesta, volteo hacia el comedor.


Harry le miró y negó lentamente con la cabeza. A veces Draco no entendía porque su prometido prefería asentir y negar, en lugar de responder con palabras. Pero lo atribuía a que después de la guerra, Harry se había vuelto callado dado a algún daño en su garganta.


De igual manera, no importaba, Draco lo amaba y que ahora fuera silencioso no cambiaba nada.


Sentándose frente a él, Draco tomó un poco de jugo y bebió. Miro por unos segundos el plato de su amado y sonrió, Harry tampoco comía mucho. Una probable consecuencia de los años con los Dursley.


– ¿En verdad no quieres algo más para desayunar? Casi no tocas tu comida.


Harry negó y lo alentó a comer, Draco no se negó y con una sonrisa, casi devoró sus panqueques. Platicando con su prometido sobre los planes para la boda.


Draco quería casarse lo más pronto posible y Harry no parecía querer llevarle la contra, asintiendo a todo lo que Draco proponía.


– En verdad espero que mi madre no tenga problemas en que la boda sea afuera de la madriguera. Algo como que se ensuciará sus finos zapatos.


Harry sólo sonrió y negó con un poco de burla en su rostro.


– ¿Que? ¡Es cierto! Cuando la conozcas más, verás lo mucho que cuida de ellos. Ni siquiera yo podía tocar su calzado.


Harry rodó los ojos y permaneció en silencio, escuchándole.


– Estuve pensando, ambos queremos familia, tal vez no al principio de nuestro matrimonio. Pero algún día desearemos niños. Y creo que podríamos empezar a buscar un vientre de alquiler para ellos.


Al principio, Harry pareció sorprendido pero después volvió a sonreír y asintió. Por lo que Draco se acerco más y le robo un pequeño beso.


De pronto, unos golpes en la puerta resonaron hasta el comedor. Draco se levantó y fue a abrir, encontrándose directamente con Weasley, Granger, el señor Weasley y su madre, Narcissa.


– Estuvimos tratando de contactarte. – Su madre reprochó.


– Oh si, lo siento. Es solo que, recibíamos tantas cartas y llamadas que decidí cortar la comunicación. A Harry no le gusta la atención excesiva.


Su madre miro al resto, quienes intercambiaron miradas también. Pero Draco no prestó atención y se dio vuelta, dejándolos pasar y caminando hacia la estancia de la casa.


– Y con todo lo que tenemos que planear para la boda, Harry y yo hemos estado muy ocupados. Así que...


– Draco. – Weasley lo corto, llamándolo por primera vez por su nombre. – Es suficiente. Tienes que parar.


– ¿Que?


– Está mañana... – Granger dijo, acercándose a él y mirándolo con tristeza. – El mago forense finalmente libero su cuerpo. No puede permanecer más en congelamiento, lo vamos a enterrar junto a sus padres.


Draco arrugó el ceño, sin entender de que hablaban. Su mirada se dirigió hacia el comedor, en donde solo había un plato y un vaso, los suyos.


Lentamente se dio media vuelta, encontrándose con él...


Harry le sonreía con tristeza y alzaba los hombros, su cuerpo entero cubierto de heridas y sangre.


Y entonces lo entendió.


Él no había sobrevivido.


– No...


– Draco, se que lo amabas. Pero no es sano que estés aquí encerrado con una parte suya.


– ¿A que te refieres?


– Sabemos que lo ves, que en verdad puedes verlo. Y es porque Harry dejó una parte de su alma contigo, es un hechizo. Yo misma lo ayude a realizarlo.


– ¿Un horrocrux?


– No, Harry jamás jugaría con magia tan oscura. – Hermione le respondió. – Encontramos un hechizo antiguo, era usado en la primera guerra mundial muggle. Servía para que aquellos maridos que iban a la guerra y fallecían, pudieran volver para despedirse de sus esposas y finalmente partir al más allá.


Draco no podía despegar su mirada del fantasma de su prometido. Mirándolo con los ojos llenos de lágrimas.


Si tenía que ser sincero, una parte de él ya sabía que Harry no sobrevivió aquel día. Habían tantas señales que se obligaba a ignorar.


El hecho de que al despertar en el hospital, Harry tenía ropa normal y no estaba en una camilla también, como todos se dirigían a Draco cuando Harry también estaba en la habitación, la nula reacción de Harry a las cámaras y periodistas. El como Ron estuvo apunto de cerrar la puerta y también su insistencia a si estaba seguro de querer mudarse al valle de Godric solo.


La falta de apetito de Harry (y el hecho de que nunca lo vio comer), todas las cartas que estaban dirigidas a Draco solamente. Y lo más importante...


Harry no hablaba.


Porque los muertos no hablan.


Ya no tenía la capacidad para poder comunicarse con Draco porque solo su alma estaba anclada a él.


– No... Nosotros nos vamos a casar. – Draco susurró.


– ¡Está muerto! – Grito Ron.


– ¡No! – Respondió Draco. Ambos tenían los ojos llenos de lágrimas y la furia corriendo por sus venas.


– Cálmense ambos. – El señor Weasley dijo, caminando hacia Draco y apartando un poco a Hermione. Puso su mano en el hombro del rubio y le miró.– Escúchame, hijo. – Aunque Draco no era su sangre, el señor Weasley siempre actuaba como un padre. – Tienes que dejarlo ir.


– No...


– Si, Draco. Él merece poder continuar al otro mundo. Estar en paz finalmente.


– Pero lo amo tanto...


– Déjalo ir.


– No puedo...


– Si puedes. Y lo harás por el amor que se tuvieron mientras él estaba vivo. Harry tiene que seguir su camino, tiene que cruzar y reencontrarse con la gente que lo espera del otro lado. Con sus padres, con Sirius... Y con Fred.


La voz del señor Weasley se quebró ante ese último nombre. Draco sabía que uno de los gemelos había perecido en batalla. Y si perder a un hijo era doloroso, para él perder a Harry lo destrozaba por completo.


Cuando el señor Weasley lo soltó, Draco camino hacia Harry, viéndole con tanta tristeza. Sabía que era cierto. Tenía que dejarlo ir, no podía seguir atando a Harry egoístamente a un mundo al que ya no pertenecía.


– Lo siento tanto... No pude hacer realidad el deseo que tenías. Hubiera dado lo que fuera para que se cumpliera, debes saberlo. – Dijo Draco, entre sollozos.


Harry tan sólo sonrió y asintió, por supuesto que lo sabía.


– Pero viviré cada día amándote, recordando lo fuerte que eras y la forma que tenía de ver el mundo. Jamás te olvidaré, Harry.


Ante eso, aunque no podía hablar, en los labios del Gryffindor se formó un "Te amo" silencioso que hizo a Draco quebrarse en llanto pero lucho por sonreirle una última vez.


– Yo también te amo.


Ambos se acercaron hasta que sus labios se unieron y sus manos tocaron el rostro del contrario.


Un ultimo beso.


Al separarse, Harry le sonrió por última vez y se dio la vuelta, caminando hacia la puerta de cristal que daba al patio.


– Nos volveremos a ver, Harry. Es una promesa. Te buscaré en la otra vida.


Harry se volteo, mirándole y sonriendo, finalmente su voz volvió a él con la finalización del hechizo que lo ataba.


– Te estaré esperando, dragón.


Una sonrisa se extendió por el rostro empapado de lágrimas de Draco, al escuchar una rima vez la voz de su amado.


El Gryffindor siguió su camino, ante la luz del día, a cada paso que dio en el jardín, su cuerpo se fue convirtiendo en blancas mariposas hasta que Harry ya no estuvo más ahí.


Draco cayó de rodillas, finalmente pasando el luto de perder a la persona que amaba.




14 de Julio, valle de Godric. Funeral de Harry Potter.


Mientras el ataúd era enterrado, Draco observaba la lápida que sería colocada.


"Harry Potter, amado amigo y prometido."


Aunque para mundo siempre sería Harry Potter. Para Draco, era Harry Malfoy. Su esposo.


Porque incluso si no habían podido casarse, se amaban lo suficiente para considerarse como tal. Y sabía que si Harry estuviera vivo, sin duda habrían unido sus vidas sin titubear.


Para Draco el duelo iba a ser duro y jamás podría realmente superar la pérdida de Harry. Pero podía aprender a vivir con ello.


Draco viviría siempre con la forma que tenía Harry de ver el mundo. El Gryffindor pensaba en cada persona como alguien que necesitaba una segunda oportunidad de remediar las cosas. No veía la vida como una carrera, ni como un escenario para probarse mejor que otros.


Harry veía la vida como lo que era. Una gran aventura en la que no sabías lo que el futuro te deparaba.


Habrían días malos y días buenos. Pero lo que importaba, es lo que tú hicieras con ello. Algunas veces te errarías el camino y tendrías que volver al inicio. Pero mientras tuvieras esperanza y gente a quien amar, todo estaría bien.


Y Draco viviera con esa filosofía por el resto de sus días.


Recordando siempre al valiente y sonriente muchacho de hermosos ojos verdes y un brillo encantador.


Al Gryffindor que había robado su corazón.


Y que siempre lo tendría.


Draco sabía que pasarían años, muchos años, antes de que pudiera volver a ver a Harry.


Pero era paciente y la guerra había dejado mucho daño, así que tendría bastante trabajo y un largo camino que recorrer.


– Nos volveremos a encontrar, león.


Susurró Draco, una ráfaga de viento hizo que su sombrero volará y al voltear para alcanzarlo, juraría haber visto a Harry sonriéndole desde el otro lado del cementerio.


Y el aire parecía llevar su voz.


– Es una promesa.


FIN

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