Prologo
Es lo que podía sentir, la neblina cubría todo a su alrededor dejando una vista opaca, los copos que caían con elegancia y gracia se combinaban con la nieve en la superficie, mezclándose, dejando a su paso una capa suave; sin embargo, que es ese olor nauseabundo que se podría presenciar logrando afectar el hermoso paisaje de invierno.
Sin embargo, en vez de apreciar el paisaje me encontraba corriendo, mi respiración comenzaba a agitarse por el esfuerzo y el aire helado se juntaban en mis pulmones.
“Que todos estén bien” pensaba, corrí con todas mis fuerzas que pensé que en algún momento mis piernas se fracturarían, mientras recorría el bosque que tantas veces recorrí.
-Un.. poco ahh más- dije -Solo... un poco...-
A unos pasos se allá se lograba apreciar una pequeña casa, es mi hogar, donde pensaba que mis hermanos me estarían esperando y regañarían hasta la hora del almuerzo por no llegar la noche anterior.
Hasta que entonces todo se detuvo, contuve la respiración unos segundos y las piernas dejaron de corresponderme cayendo estrepitosamente en la suave nieve mientras que comenzaba a hiperventilar, mis ojos comenzaron a tornarse de un rojo y llenarse de lágrimas que algunas caían silenciosamente hasta perderse en el suelo, mi visión se volvió borrosa mientras trataba de enfocar la vista a los cuerpos tirados ya cubiertos por una pequeña capa de nieve blanca que contenían unos tonos de un color carmín.
Segundos fueron los que pasaron para que comenzara a correr nuevamente a ver el estado se los cuerpos fuera de la casa eran de mi hermana Nezuko y el pequeño Rokuta, no tenían pulso, tan solo tenía unos 3 años Rokuta y Nezuko unos 16 años.
Metido en mis pensamientos, ignorando el olor que no solo desprendía del cuerpo de mis hermanos sino que también del interior, con temor, dirigí la vista hacia adentro solo para observar como las paredes y el suelo estaban teñidas de carmín y los demás se hallaban tirados como simples muñecos, mi madre en una esquina y entre sus brazos contenía a la pequeña Hanako y cerca de la puerta mis últimos 2 hermanos Takeo y Shigeru, en ellos se podría ver que en las uñas de sus manos tenían astillas incrustadas en sus pequeños dedos, habían luchado, mis hermanos habían luchado para sobrevivir.
Las lágrimas que se detuvieron solo hacen algunos momentos, volviendo a salir, sin a ver nada que los impidiera, el olor comenzó a removerme el estómago, tapando mis labios con la mano evitando regresar lo que cené anoche, solté nuevamente en llanto, “¿Quién? ¿Por qué?” son las preguntas que rodeaban en la cabeza, respirando ese nauseabundo olor, “ya habían pasado varias horas”, cerré mis manos con fuerza hasta que se pusieron de color blanco, sin percatarme que salía un líquido carmesí.
No entendía que pasaba, el por qué no se activaron las trampas, con ese pequeño pensamiento, dirigí la mirada a las trampas y ver que a unos metros se encontraba un cuerpo robusto, peludo y a unos pasos una cabeza de oso; si no fue el, entonces “¿Quién fue?“.
De pronto un leve gemido logre escuchar, mi mirada regreso a ver hacia abajo, con algo de incertidumbre que con lentitud me agacho y acercando levemente la mano izquierda, siento la piel helada de Nekuzo que dejo salir un suspiro frustrado, cerrando sus ojos por un momento sentí como un leve movimiento cerca de mi cuerpo, abriendo de golpe los ojos nuevamente coloco la mano izquierda pero esta vez debajo de la nariz, espero unos segundos que podría decir que fueron minutos para mi hasta que sentí una corriente de aire tibia, fue leve la presencia pero fue lo suficiente para mí, una alegría inexplicable inundo mi corazón.
- ¡NEZUKO! -