Capítulo 00
Todo comenzó con una vida corriente y sencilla. En una pequeña sala en las cercanías de Tokio, un hombre y una mujer estaban discutiendo sobre su hijo.
"¡No puede seguir así! ¡No habla con nadie y siempre está encerrado en su habitación! ¡Debes hablar con él!" insistió la madre.
El padre, sin embargo, no mostró preocupación. "No es mi culpa que él sea así - la culpa es de sus genes. ¡Debería ser más fuerte, como yo!", exclamó furiosa la madre se sentía atrapada. "¡Tus actitudes están alejando a tu hijo!", protestó ella, pero fue en vano.
"¿Y qué quieres que haga? ¡Él debería haber sido una niña!", se lamentó el padre con voz áspera. "¡Al menos habría sido más dulce y amigable que este niño taciturno!"
"¡Tú eres un monstruo!", gritó la madre, abrumada por su impotencia. "¡No deberías haber tenido hijos si no puedes aprender a amarlos!"
Los ojos del padre se clavaron en los de su esposa, y su voz se convirtió en un silbido sordo. "¿Crees que puedes decirme cómo debo criar a mi propio hijo?", gruñó, frotándose las sienes con expresión frustrada. "Tú no sabes nada de la vida real, ¡no eres más que una esposa tímida y obediente!".
El silbido del café se mezcló con el ambiente tensionado que reinaba en el apartamento. Los padres comenzaron a discutir sus distintas opiniones sobre el mejor enfoque para ayudar a su hijo.
"Debemos ser más estrictos con él", dijo el padre, cruzando los brazos. "¡Tal vez si le damos más reglas a seguir y un horario estricto, aprenderá a ser más social!"
La madre, sin embargo, estaba en desacuerdo. "¡No puedes forzar a un niño a ser algo que no es!", protestó. "¡Debemos mostrarle más amor y afecto, mostrarle que él es aceptado tal como es!".
Los ojos de ambos se encontraron, y la tensión se sintió tan intensa como si el mismo aire se hubiera convertido en cristal.
Mientras el padre sirve el café, su expresión se torna aún más oscura. "Lo que dices es absurdo", gruñe, mientras el líquido negro se vierte en una taza que no deja de temblar. "¡La única manera de que aprenda es con disciplina y autodisciplina! ¡Es la única manera de que se convierta en alguien exitoso!"
En medio de la discusión, unos pasos suaves y vacilantes se escuchan desde el pasillo. Kazuo, un niño tímido y rubio de cabello, comienza a deslizarse hacia el comedor, tratando de no hacer ruido.
Sus ojos se enfocan en la jarra de agua, mientras la pelea en la sala aumenta de volumen.
Al escuchar los ruidos que hacen sus pasos, sus padres se quedan en silencio al instante. Su mirada se enfoca en su hijo, cuyos ojos se mantienen al suelo en un intento por evitar el contacto visual.
La incomodidad y el silencio podían cortarse con un cuchillo, como si las palabras hubieran dejado de existir.
A pesar de su intenso deseo de ser invisible, el corazón de Kazuo latía con fuerza. Mientras escuchaba el agua golpeando el vaso, los latidos del corazón de Kazuo parecían acompasar su ritmo. El silencio del comedor comenzó a convertirse en una presión palpitar y ensordecedora que amenazaba con estallar en cualquier momento.
La madre de Kazuo esbozó una débil sonrisa hacia él, su voz era lo más cerca de una nota de ternura que había tenido en meses. "¿Qué te trae aquí tan temprano? ¿No estabas dormido, cariño?"
Los ojos de Kazuo se volvieron hacia su madre por un breve segundo, antes de volver su atención al vaso de agua.
"Es que tuve una pesadilla y me dió sed", murmuró Kazuo, todavía con la vista fija en el vaso de agua, en un intento por evitar el contacto visual.
Su padre miró a su esposa, sin decir nada pero sintiendo que algo no cuadraba. El silencio siguió extendiéndose mientras el agua dejaba de gotear y el silbido del café se quedó en el aire.
"¿Pesadillas? ¿Tienes pesadillas?", preguntó el padre con un tono burlón y duro, mirando a Kazuo con un desdén directo y penetrante. "Los hombres no tienen pesadillas, ¡son para los débiles!".
El momento se hizo incómodo.
Como los padres empezaron a discutir por segunda vez, sus voces comenzaron a subir de volumen.
"¡Tienes que dejar de decir cosas así a nuestro hijo!", dijo la madre con un tono de voz quejumbroso. "Estás echando a perder su autoestima".
"¡Pense que le estaba enseñando cómo ser un hombre!", protestó su padre, subiendo la voz para ser escuchado por encima de ella.
Sin decir una palabra, Kazuo se alejó lentamente hacia su habitación, sus pasos suaves y estremecidos como si intentara evitar que su presencia fuese percibida.
"Kazuo comienza su día sin ganas, abatido y angustiado. Cada paso que da es un recordatorio de su tristeza, cada mirada es un reflejo de su soledad y cada respiración es un recordatorio de su fatiga constante. El abrazo opresivo de la tristeza rodea a Kazuo, como una calabaza de vidrio...", decía la voz de un narrador, describiendo la vida diaria de Kazuo.
"Kazuo avanza por el mundo como un extranjero. Su silencio y timidez son su gran muro, deteniendo todo el amor y la amistad que podría florecer en su corazón. Solo él y su sombra andan juntos, se van quedando en un mundo falso, que no le da lugar a una persona tan solitaria. El Narrador continuó...
Kazuo recorre el pasillo del colegio, con la cabeza inclinada y los ojos bajos, intentando evitar la mirada de sus compañeros de clase. Mientras los otros niños ríen y juegan, él permanece en silencio, solitario y preocupado. ¿Qué palabras podría él decirles para que lo aceptaran? ¿Cómo podría encajar?
El mundo es un lugar difícil para Kazuo. Nadie comprende su tristeza, sus padres están siempre enfadados y sus compañeros de clase lo ignoran. Todos los días son una lucha para él, una lucha contra la soledad y la preocupación.
"Cada tarde, mientras Kazuo camina hacia su hogar vacío, se abate sobre él una tristeza profunda. Una tristeza que pesa como una carga en sus hombros, que hace que sus pasos sean pesados y lentos. Y cuando llega a su casa, el silencio es tan profundo como el océano, pero la tensión flota en el aire como nubes grises".
La voz del narrador se desvanece lentamente, como si el tiempo fuera a pasar y la tristeza que ha recubierto la vida de Kazuo fuera a cambiar, pero más allá de ese silencio, los años pasaron como una rápida ola, y Kazuo se convirtió en un hombre lleno de angustia y soledad.