Conocerte Fué Como Tragar Mariposas

Summary

El príncipe heredero Aragorn tiene concertado un matrimonio con Arwen, pero luego de encontrarse con el hijo de Lord Thranduil, Legolas, su destino quedará incierto mientras más se acercan, enamorandose cada vez más.

Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo 1

Si las personas no supieran por el boca a boca de todo el que tuviera lengua, que pronto acontecería una boda, pensarían lord Elrond estaba preparando el funeral de su propia hija, si sólo juzgaban por la actitud recelosa del mismo. La doncella Arwen era probablemente la más hermosa de todo el reino de Inglaterra, y si alguien se atrevía decir lo contrario tenía la tarea imposible de nombrar una muchacha que la superara en belleza.


Como si no fuera suficiente, se sabía podía debatir con los hombres más estudiosos y sus modales finos tampoco dejaban nada que desear. Sin mencionar era un familiar lejano del actual rey de Inglaterra, y nieta de la respetada dama Galadriel. Era natural se considerara la futura esposa ideal del nieto del actual rey, ahora que había alcanzado la mayoría de edad y podía tomar esposa.


Elrohir y Elladan se tomaban los preparativos de forma más llevadera. Era su hermana más joven y querían tuviera una boda de ensueño, en especial debido a la reciente muerte de su madre, pensando eso la haría recuperar la sonrisa que ahora tan rara vez se veía, e incluso invitaron a quedarse hasta el día especial a los familiares más cercanos de Arwen.


Sabiendo el carácter que debía tener Elrond actualmente con dicha ceremonia en camino, y la ausencia que aún se sentía por la muerte de Celebrían, incluso Thranduill decidió arribar junto a su hijo. Después de todo, estaban igualmente invitados a la boda junto a muchos otros Lores y nobles importantes, y la Casa de Rivendel era mucho más cercana al palacio.


Legolas no visitaba el lugar en meses, desde el  funeral de Celebrían, y paseó su mirada por todos lados una vez bajó del carruaje, notando incluso las flores favoritas de la dama fallecida parecían haber perdido parte de su color, como si sintiera el impacto que había provocado la pérdida.


Entendía la posición de Arwen, compartían haber perdido a su madre, aunque Legolas poco recordaba de la suya propia a esas alturas, y Arwen se negara a hablar sobre la tragedia.


Los mayordomos los alcanzaron para llevar el equipaje, y en cuanto Thranduill quiso decirle a su hijo que no se separara hasta saludar a Elrond ni se le ocurriera volver a escalar los muros, Legolas ya había desaparecido llevándose nada más que una capa verde.


—Va a estar bien, mi lord, fué en la dirección del pabellón de la doncella Arwen– Replicó Haldir, aunque eso sólo calmó un poco la expresión severa de Thranduill y sus hombros seguían iguald de tensos. Todos sabían si fuera por el padre de Legolas, se quedarían en la Mansión del Bosque Verde y si su hijo daba un paso fuera de aquel lugar sería con soldados alrededor de cada punto cardinal siguiendolo.


Sólo por solidaridad a Arwen, y pensando sería un buen momento para que se abriera con alguien cercano que la comprendiera, Thranduill respiró hondo y decidió no enviar a nadie vigilar a su hijo.


Legolas finalmente supo adivinó dónde estaba su amiga en cuanto la vió sentada a la sombra del pabellón sobre un largo sillón mullido, con un libro cerrado en mano y una carta en otra que leía ensimismada.


Se acercó inadvertidamente con pisadas ligeras, y para cuando Arwen pudo darse cuenta de su presencia, Legolas ya estaba curioseando unas palabras de la carta.


—¿De quién es-?


—¡Legolas!– Arwen dobló rápidamente la carta, y la guardó dentro del libro– Ya no es divertido aparezcas así.


—No es alguien con quien debas hablar, ¿Cierto? ¿Quién es?– Legolas insistió saber, suavemente, y su voz tuvo un volumen más bajo.


Arwen esbozó una amable sonrisa, e invitó a su amigo sentarse con ella.


—¿Conoces al príncipe Aragorn?– Preguntó de pronto.


—He oído algo– Respondió Legolas, relajando los hombros. Tenía mucha curiosidad por el príncipe de discreta presencia, según muchos Aragorn era alguien que prefería evitar las pomposas tradiciones y eventos sociales a menos que fueran estrictamente necesarias– ¿Qué clase de persona es?


—No estoy segura, aún no lo he visto– Arwen suspiró– Y mi padre no se refiere muy bien de él.


—Para él todos son insuficientes para su querida hija pequeña, incluso si forma parte de la línea directa del trono– Rió con los labios juntos Legolas, y miró el rostro inexpresivo de su amiga– Haldir dijo entrenó con él hace años, mencionó era hábil e inteligente, también amigable.


—Está exagerando para hacerme sentir mejor.


—Si no te agrada, lord Elrond no te obligará a casarte con él, ¿cierto?


En lugar de la respuesta afirmativa que esperó, hubo un largo silencio que hizo preocupar a Legolas. Fijó sus ojos en el libro donde sobresalía una esquina de la carta, y el exagerado malhumor de Elrond, empezando a tener un presentimiento. Parecía no era tan secreta la persona de la carta como parecía.


Sin mirarlo al rostro, Arwen apretó el libro y se levantó elegantemente.


—Legolas, necesito un favor.


—Escucho.


—Yo...– Vacilante, Arwen finalmente mostró la carta cuidadosamente doblada– Quisiera ver a esta persona, es muy importante para mí. Por favor, distrae a los demás. Prometo te contaré todo en cuanto regrese.


Legolas dudó, aunque preguntó:


—¿Es muy lejos?


—No, con media hora será suficiente– Explicó Arwen, y añadió con voz profunda:– Te lo pido, por favor, Legolas.


El largo cabello claro del mencionado se sacudió mientras miraba alrededor, las sirvientas estaban muy lejos atentas a las flores, nadie más estaba cerca, incluso la dama de compañía de Arwen se distraía dando instrucciones sobre cómo le gustaba a su doncella que arreglaran el jardín alrededor del pabellón. Si bien le preocupó si en verdad Arwen planeaba regresar, decidió darle el beneficio de la duda si eso le traía algo de alegría aunque fuera un rato.


Con la respuesta positiva, Arwen sonrió eufórica, y abrazó a su amigo, agradeciéndole enternecida, volviendo a repetir iba a explicarle todo en un rato.


Mientras Arwen buscaba su capa y caballo, Legolas buscó al jefe de mayordomo y pidió le enviara a Elrohir y Elladan una carta citandolos para “recuperar los meses sin verse con un duelo de arquería”, avisando empezaran a calentar sin él porque tardaría. Sabía los gemelos no podrían negarse a esa actividad y se distraerían al menos una hora.


Sólo faltaba distraer a su padre y Elrond, sobre todo al segundo que no tardaría en llamar a su hija para tomar todos el té, o en escuchar si su hija cruzó las puertas de los muros.


Ambos estaban seguramente tomando el té en la terraza al ala oeste, y Legolas trepó el muro lo más cerca posible, pidiendo mentalmente perdón al conejo que llevaba en brazos para justificar su acción. Afortunadamente el animalito se encontró calmado sobre su hombro, royendo su cabello mientras escalaba Legolas.


Haldir fué el primero en caer en cuenta él estaba arriba, y gritó:


—¡Baje de ahí, sabe está prohibido!


—¡Este amigo necesitaba ayuda, parece otra vez los niños atormentan a los animales!– Replicó Legolas de pie sobre el muro de tres metros, en un tono más alto del tono que necesitaba para que Haldir lo escuchara. Apretó al conejo sobre su pecho, acariciando trás las largas orejas. Se removió un poco el pequeñín, pero le restó importancia.


Naturalmente Thranduill y Elrond giraron sus cabezas hacía el joven de blancos cabellos, y el primero palideció moviéndose al borde de la terraza.


—¡Legolas, baja de inmediato! ¡Esto no es un juego!


—¡Pero la vista es fascinante, padre! ¡Puedo ver a tantas personas y los techos de los carruajes!– Contestó Legolas sintiendo el viento frío acariciar su cara, y la personas al otro lado del muro detuvieron sus caminatas fijando sus ojos en él, e incluso ignoraron cuando una figura encapuchada en un caballo blanco salía de la enorme mansión, como esperaba Legolas.


—¡Legolas, es una temporada húmeda con el invierno cerca, te vas a resbalar!– Protestó severamente Elrond.


El joven caminó con su habitual ligereza por el muro, sacudiendo uno de sus brazos.


—¡Todo está bien! ¡Extrañé subir acá arriba!


Sin embargo, el conejo al verse sin uno de los brazos que lo protegían de caer pasó a removerse a intentar saltar, sacudiéndose asustado de forma frenética. Se libró por un segundo, pero Legolas sintió su corazón dar un vuelco y estiró los brazos haciendo un traspié logrando atrapar al temeroso conejo antes que tuviera una muerte fatal.


Y entonces, Legolas no encontré dónde apoyar el pie y se halló cortando nada más que el aire, sintiendo su cuerpo ser empujado hacía abajo, escuchando su nombre en los labios de Haldir y su padre, y las personas desde abajo soltando gritos desgarradores.


La respiración de Legolas se detuvo, sosteniendo con remordimiento al conejo mientras estiraba un brazo en un vano intento de atrapar algo con lo que detener su caída, su corazón se aceleró como si quisiera escapar de la caída igualmente.


Cerró los ojos pensando en su padre, en Arwen, y su amigo, pensando ya no los verías más y su muerte se sumaria a la lista de tragedias.


Pero entonces en lugar del suelo, lo que sintió fué su espalda rebotar un poco al caer sobre el lomo de un caballo, y mientras el córcel se alteraba una segunda persona rodeó los hombros de Legolas y le habló al caballo acariciando su melena con el brazo libre.


—¡Oh, tranquilo, está bien! ¡Escúchame, aquí, oye mi voz!– Decía el hombre desconocido, y Legolas aunque no tenía miedo a los caballos por instinto y el dolor en su columna se aferró al sujeto, respirando hondo intentando calmar su corazón desenfrenado.


El córcel en verdad se calmó, y las personas cercanas dieron muestras de alivio, y exclamando con admiración señalando al hombre salvador.


—¿Estás bien? ¿Te duele algo?– Preguntó en un susurro el jinete, rodeando la espalda del de cabello blanco.


Legolas primero miró el estado del conejo, que afortunadamente estaba vivo aunque en su pecho también se sentía el miedo en sus palpitaciones, y escuchó a alguien exclamar: “¡¿ahora están cayendo personas del cielo, alteza?!”. Con gratitud, se volteó a ver a su salvador encontrándose el rostro sin afeitar y los dilatados ojos grises a unos centímetros de su rostro.


Tragó saliva dándose cuenta estaba sobre el regazo del apuesto hombre alto, y una de sus manos reposaba en el pecho del otro.


—Está aún asustado, Gimli– Dijo para alguien más el desconocido, desviando su vista.


—Me duele la espalda...– Susurro Legolas, mordiendo su labio inferior.


—¡Alteza, déjeme a mí llevarlo a cualquier médico cercano, vaya a conocer a su prometida o se nos hará tarde y muero de hambre!– Protestó Gimli.


—¿“Alteza”?– Legolas repitió, lentamente, escéptico. ¡Estaba en el regazo del prometido de Arwen!


—Puedes llamarme sólo Aragorn.