𝐜𝐚𝐩𝐢́𝐭𝐮𝐥𝐨 𝐮𝐧𝐨 ఇ
La señora Grace iba a matarlo.
Hoseok miró su reloj e hizo una mueca. Ya era la una de la mañana, él había prometido a la señora Grace que no iba a volver a casa después de la medianoche.
Preparándose, abrió la puerta tan silenciosamente como pudo. Jane era de sueño ligero.
Hoseok cerró la puerta, estremeciéndose cuando crujió.
Maldita sea.
— ¿Sr. Jung? — dijo la señora Grace, frotándose los ojos y sentándose en el sofá.
Hoseok miró a las gemelas, pero ellas no parecían haber despertado. Se acercó a su niñera. No le tomó mucho tiempo, el apartamento era pequeño.
La señora Grace estaba frunciendo el ceño profundamente, una mirada triste en su rostro.
— Lo siento — dijo Hoseok antes de que ella pudiera decir nada. — Estoy realmente arrepentido. No pasará nuevamente, lo juro. No podía volver antes. Fue una noche tranquila, y no he conseguido muchas propinas. Yo no tenía suficiente dinero para pagarle por esta semana, así que terminé quedándome hasta que lo hice
Los labios de la señora Grace estaban fruncidos y ella suspiró. — Sr. Jung Hoseok. Entiendo su situación es la única razón por la que sigo aquí pero debes entender la mía, también. Tengo una familia, pero me paso hasta quince horas al día aquí, cuidando de dos enérgicas niñas de cuatro años. No me paga lo suficiente para eso.
— Voy a encontrar otro trabajo — dijo Hoseok rápidamente, tratando de sofocar el pánico creciente en su pecho. — Voy a encontrar un mejor trabajo y le pagaré más.
Ella suspiró de nuevo, sacudiendo la cabeza. —Eso es lo que dijo el mes pasado, Hoseok. — miró a las niñas. — Admiro su dedicación, pero no puede seguir así. Solo tiene veinte años. Se merece algo mejor. Ellas se merecen algo mejor, también. ¿Por qué no les encuentra una buena familia?
— No — dijo con su voz dura — Ellas ya tienen una familia, me tienen a mí.
— Apenas lo ven, preguntan por usted todo el tiempo, ellas lo extrañan — Hoseok miró hacia ellas. Jane y Juli dormían enroscadas una hacia la otra, sus mejillas regordetas casi se tocaban.
Se le formó un nudo en la garganta.
— Las extraño, también — miró a la señora Grace. — Por favor. Encontraré una solución. Realmente no volverá a suceder — tomando su billetera del bolsillo trasero, le dio a ella todo el dinero que tenía — Aquí, tome esto.
Ella negó con la cabeza, pero aceptó el dinero. — Piense en lo que le dije, Hoseok — dijo antes de tomar su bolso y salir.
Hoseok cerró la puerta y volvió a la cama.
Se arrodilló junto a la cama, apoyó la barbilla en el colchón, y se quedó viendo a las gemelas. La luz tenue hizo que su pelo pelinegro pareciera casi dorado. Parecían pequeños angelitos.
Hoseok cerró sus ojos.
Dios, estaba tan cansado, pero dormir era la última cosa en su mente. No necesitó abrir la heladera para saber que se quedaron sin comestibles: sabía cuánto tiempo les llevó agotarse. Ellos no tendrían nada qué comer el día después de mañana.
La desesperación arañó su garganta. Luego vino el resentimiento y la ira.
Hoseok se los quitó de encima. Estar enojado con sus padres por tener numerosas deudas, morir y dejarlos sin un centavo era inútil. Él no podía permitirse el lujo de perder el tiempo. Necesitaba dinero. Ahora.
¿Pero cómo? Él ya tenía dos empleos.
— ¿Hoseok?
Hoseok abrió los ojos. Una de las niñas ya no dormía. Una oleada de pánico lo recorrió cuando se dio cuenta de que ya no podía distinguirlas. ¿Era Jane o Juli?
— ¿Bebé? — apenas habló a través del nudo en su garganta.
La niña se sentó lentamente, con cuidado de no despertar a su hermana, y Hoseok exhaló. Era Jane: ella era más madura y considerada que Juli, quien era frecuentemente una pelota de energía sin dirección.
Jane se acercó a él, y Hoseok la levantó en sus brazos. — Hey, princesa — susurró, besándola en la sien y respirando su dulce aroma.
— Estás en casa — dijo Jane, envolviendo sus pequeñas manos alrededor de su cuello. – Te extrañé.
— Yo también—, Hoseok murmuró, acariciando su espalda — ¿Te divertiste mientras yo estaba fuera? — Jane asintió.
— Jugamos mucho, pero el Halcón no nos dejó salir fuera.
— No llames a la señora Grace así. — le dijo a pesar de que tuvo que reprimir una sonrisa. — ¿Algo más?
— Un hombre grande vino después del desayuno. Él tenía una carta para ti, pero el Halcón no nos dejó que la tocáramos.
— Una carta, ¿eh? — Hoseok se puso de pie, sosteniendo a Jane junto a su pecho, y caminó hacia su escritorio. — Vamos a ver.
Agarró el sobre y volvió a la lámpara en la mesa de luz. Él entrecerró los ojos ante él y su estómago cayó cuando vio de quién era.
— ¿Qué es? — preguntó Jane.
Hoseok abrió el sobre, sacó el pedazo de papel en el interior y comenzó a leer.
“... calificaciones inaceptables...”
“... en caso de no lograr mejorar...”
“...la beca será revocada a menos que el estudiante logre...”
El papel se le cayó de los dedos al suelo y él no se dio cuenta.
— ¿Hoseok? ¿Algo malo pasó? — miró abajo a los ampliamente abiertos ojos negros de Jane y forzó una sonrisa.
— No, bebé. Todo está bien. — enterró la cabeza en su pelo y cerró los ojos. Cuando llovía, lo hacía a cantaro
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Esta es una adaptación, todos los créditos y derechos le pertenecen a Alessandra Hazard.








