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Querida -lejana- amiga mía:
Me rompiste el corazón al saber que no estabas ahí. Noches y noches dedicadas a jurar por un futuro poco cercano y muy fuera de lo real.
Pensé que está química era recíproca, que ambos teníamos el mismo sentimiento. El de amor profundo, esperando un nada a cambio. Mis palabras siempre eran sinceras y me es triste saber que usted, mi querida dama, ya no está conmigo al anochecer como cada viernes del segundo mes.
Cuando por primera vez la nieve le rozo, sus mejillas frías se pusieron rojas. Tonto de mi, que me ilusione por tal mentira.
Es usted malvada por dejar que alguien tan inocente como mi persona, sufra de este mal que es llamado amor.
Quizás, señorita, quizás sea egocéntrico pero sinceramente no creo que me merezca esto. Perdóneme si le fallé, pero usted a mi nunca me llegó a entender, y sin duda eso duele en el alma tras saber que mi tiempo nunca fue utilizado de bien.
Lloró y lloró al recordar su bella cara, como quisiera estrujarla y besarla. Usted, querida, sano mis heridas y tan arrepentido quedé al dejar que me tocase el corazón y más allá también, quizás si rozó mi alma de forma vulgar y por eso no puedo dejarla de pensar.
La amo desde el fondo de mi ser, y le garantizo que usted siempre tendrá un lugar reservado, si es que está dispuesta a volver. El amor que siento corre por mis venas y mi corazón la bombea a cada parte de mi demacrado cuerpo, haciéndome saber que solo vivo de amor, un amor que usted provocó. No deje que mi cuerpo fallezca, no me deje solo y sin saber amar.
Es triste que le tenga que reclamar por eso siempre me negué a mirarla un poco más. Quizás mi ser sabía que usted me atraía, e incluso, me negaba a escucharla al final pues sabía que usted tenía el don de la palabra. No me confunda, querida, pero usted sabía como hacer para que me sintiese querido sin saber amar en realidad.
Lágrimas y lágrimas sin parar y usted riéndose sin parar. Que cruel señorita, que cruel. A veces no la entendía y otras muchas me confundía, ojalá algún día todo sea recíproco y sin ese atisbo de crueldad.
Mi error sin duda fue amarla de más, debí dejarme guiar por mi brillante mente y no por un torpe e inocente corazón sin control sobre sentimientos que llegaban a ser despiadados.
Bella dama, usted, se robaba mis latidos con sus desvergonzadas palabras que nunca era sinceras. Me duele saber que mi corazón siempre navegará en soledad y con una gran confusión a causa de su gran habilidad. Mentir para ser amada.
A pesar del dolor y el vacío en mi pecho no puedo -por más que quiero- dejar de sentir por usted. Le ruego me perdone por parecer un bufón que no conoce el sentido ni la razón. Así de tonto llegó a ser.
La amo y no niego que me gusta hacerlo. Ojalá y poder amarla hasta el último suspiro que sé que pronto daré, pues morir de amor ocurre más de lo que usted cree.
Le pido disculpas por esta espantosa carta y mis aniñados sentimientos.
El amor que siento es joven e inexperto pero dulce y sincero. Por eso la amo, dulce dama.
Espero disfrute alguna vez de un amor que le haga sentir presión en el pecho y que, quizás, en algún momento sea recíproco.
Animo señorita.
Con todo el pobre cariño que puedo sentir, su pobre bufón sin recursos para consolar.