El sonido de la muerte

Septuagésimo día de Primavera de 6168, frontera entre Paishio, Havandia y Marutinesu.
Nos detuvimos en medio de la noche, para descansar un poco después de la frontera de Marutinesu, nuestra pequeña tropa había eludido los controles fronterizos entre nuestro glorioso reino Paishio y el Imperio. Montamos un campamento en el bosque, cerca de las montañas entre las tres naciones, con un poco de suerte, nuestro campamento no sería visto por nadie, habíamos hecho reconocimiento en la zona y no habían tropas cerca.
Levantamos una pequeña tienda de campaña, mientras Shun montaba guardia a las afueras, me tocaría a mí cambiar después con él, pero era una noche tranquila, no esperábamos ninguna sorpresa.
Preparamos una pequeña fogata cerca de la tienda y mis hombres se pusieron a beber y descansar, haciéndole bromas a Mao, el novato.
Nuestro pequeño grupo estaba conformado por diez hombres: Min en inteligencia, Shun era el explorador, Mao era el nuevo, así que se encargaba de las provisiones, Qiang era el cocinero y hombre de explosivos, Ning se encargaba de poner a punto las armas de fuego, Mu, Yun y Jiang eran los de más alto rango, mis expertos en espada, alabarda y sable, Kong era nuestro hechicero y estaba yo, el capitán Bao.
Me acerqué al grupo, al menos 5 de ellos sentados alrededor de la fogata molestando al nuevo, ellos se reían, pero la cara de terror de Mao me preocupaba.
- ... No es cierto, pasé el entrenamiento como ustedes, puedo con esto, no creo que exista alguien tan sanguinario... ¿Verdad?
- Mu, Yun, Jiang... ¿De qué están hablando?
- Oh, nada capitán.- Respondió Mu a mi interrupción mientras que me sentaba en el tronco que habíamos puesto junto al fuego para utilizar como asiento.- Solo le contábamos a Mao que estas tierras están malditas, pero son solo cuentos para asustar a los soldados.
- Así es... Solo hablamos con Mao de la leyenda del Sonido de la muerte...- Añadió Jiang mientras que sonreía siniestro.- Ese que se lleva a los novatos primero porque son los más fáciles de degollar...
- Idiota, vas a hacer que se orine encima.- Dije mientras que reía levemente.- Además, no son solo leyendas, el Sonido de la muerte es real.
- No vas a decirme que crees en esas babosadas jefe, es solo para asustar reclutas.- Confirmó Yun mientras que nuestro cocinero traía una la olla con el guiso para esta noche, más les valiera comer bien porque sería la última comida hasta llegar al campamento enemigo para destruirlo desde adentro. Nuestra unidad tenía la misión de infiltrarse en el campamento que estaba en las afueras de la ciudad capital del imperio, la que estaba en la península del lago.
- Claro que creo en ellas, de hecho deberías disculparte con Qiang, viene de una unidad que fue atacada por esa... Cosa.- Sonreí y Quiang se sentó a mi lado para empezar a servir los platos a toda la unidad, quienes se sentaban alrededor del fuego para empezar a comer mientras que Shun seguía montando guardia más lejos del campamento.
- ¿Qiang? ¿Es verdad?- Preguntó Yu, claro que era mentira, quería sumarme a asustar al nuevo, y de paso a los idiotas que se aprovechaban de él, les tocaba un poco de su propia medicina.
- Así es, lo que ustedes creen que es una leyenda, es la más cruda de las verdades... La bestia es sanguinaria, no se satisface con la rendición de los soldados, busca su muerte, y no toma prisioneros.- Empezó Qiang mientras el resto comenzaba a comer.- Pero no deberíamos preocuparnos, solo se presenta en grandes conflictos. La he visto en acción, no se sabe si es hombre o mujer, pero algo de esa voracidad no puede ser humano, se mueve como el rayo, pero es silenciosa, se mueve entre sus enemigos como si nadara, y a su paso solo deja muerte...
- ¿Cómo perdiste a tu unidad...? ¿Cómo sobreviviste a algo tan bestial?- Preguntó Mao con cierto temblor en su voz.
- Oh, fue horrible... Estábamos intentando penetrar la frontera con Marutinesu, éramos varios escuadrones y estábamos enfrentados con las tropas imperiales, pero mi escuadrón iba rezagado porque llevábamos a las tropas de armas de fuego y arqueros, nuestro objetivo era destruirlos desde la distancia, yo era un novato como tú, Mao, de hecho, solo me encargaba de llevar la munición en ese entonces.
El plan iba bastante bien, las tropas estaban debilitando a los enemigos, y cuando se acercó la caballería pesada, nos disponíamos a disparar, pero entonces algo había sucedido entre las tropas... Una mancha negra se abría camino entre el medio del ejército, derribando a los caballos y los soldados tan rápidamente que era imposible definir que sucedía con ellos. Una cosa estaba clara, éramos el objetivo de ese monstruo. Los soldados estaban preparando sus rifles para atacarlo, mientras que los arqueros dispararon al monstruo primero, varias flechas impactaron pero rebotaron en esa cosa, varias de las flechas partidas por la mitad y otras simplemente las sujetó con la mano que no sostenía un arma, porque mientras más se acercaba, más de cerca vimos el filo de una hoja curva.
- ¿Como un sable?
- No, era una hoja delgada como la de una espada, pero con una ligera curvatura, su filo era mortal porque en cuanto se acercó a la fila frontal, las cabezas empezaron a rodar como si nada. Los soldados intentaron contenerla, atacarla, pero los ataques rebotaban en su hoja, incluso los de las armas de fuego parecían no afectarle. Cerré mis ojos por el miedo, si los veteranos no podían contra eso, yo claramente no podría tampoco... No pude ver su masacre, pero podía escucharla, no había grito de guerra, no se escuchaban sus pasos, nada, solo el sonido de su espada siendo desenvainada una y otra vez, y los gritos de mis compañeros siendo silenciados por su muerte... No entiendo por qué los dioses permitían la existencia de algo así, pero era algo que la humanidad jamás había enfrentado.- A esta altura, podía escuchar los dientes chocando de varios de los soldados, sus mandíbulas temblando del miedo, el nuevo parecía que se estaba por orinar.
- Pero... ¿Cómo sobreviviste?
- Al parecer, la bestia solo ataca soldados, no me atreví a abrir los ojos, pero pude sentir su respiración cerca de mi cuello, yo estaba llorando, paralizado del miedo, y pude sentir como la maldita cosa disfrutaba del sufrimiento que había causado, en cuanto se alejó de mí, abrí mis ojos y el escenario era horrible, el valle, cubierto por la luz anaranjada del atardecer, se teñía de rojo, al menos cincuenta soldados muertos, hombres y mujeres por igual, muchas cabezas en el piso, extremidades cercenadas... Y nadie más a la vista, la bestia había desaparecido del campo de batalla, probablemente su sed de sangre estaba saciada.
Escuchamos unas ramas quebrarse a lo lejos, debía ser nuestro explorador, pero fue suficiente para que Mao y los brabucones que lo molestaban antes pegaran un grito desgarrador, Qiang y yo empezamos a reír a carcajadas.
- ¿En serio creyeron eso? Vamos, no existe tal cosa, son cuentos que contaban los prisioneros de Marutinesu para intentar asustar a los carceleros, supuestamente su última esperanza de ser libres, desde entonces empezamos a utilizarlo para asustar a las tropas.- Dije mientras que terminé de comer con el cocinero, los tres hombres, enfadados luego de que los matara del susto, se levantaron a probablemente cambiarse los pantalones.
- Entonces... ¿No es real?
- Si y no, joven Mao, se sabe de qué en Marutinesu hay una guerrera formidable, que ha lidiado con grandes guerreros en batalla, pero los soldados imperiales son idiotas y la glorificaron de más. No creo que exista alguien tan brutal vivo, no hay humano u hombre bestia capaz de tal matanza.
Escuchamos pasos acercarse, probablemente nuestro explorador. Mao se levantó con un plato de comida para recibir a Shun, pero escuchamos que algo golpeó el piso y Mao pegó un grito desgarrador, soltando la comida. La cabeza de Shun rodó hasta nosotros, tenía un corte limpio en la zona del cuello, pero no lo pudimos escuchar ni gritar ni nada parecido.
Preparamos las armas, pero no había nada alrededor, nos alistamos para pelear, pero entonces pudimos ver que la cabeza de Kong rodó hasta nuestra posición, pero desde la dirección totalmente opuesta a la cabeza de Shun.
- ¡Muéstrate! ¡Lucha como un hombre!- Dije mientras que mantuve a Mao cerca, el resto de mis hombres se acercó a la fogata y nos pusimos en circulo, no íbamos a dejar que nos sorprendiera, pero faltaba Ning. Pestañé un segundo, y su cabeza estaba frente a mí... Esto debía ser una pesadilla, no estábamos escuchando nada, ni viendo como moríamos uno a uno.
- ... La batalla que describieron fue real, solo que tu cocinero no estaba ahí.- Una voz femenina se escuchó entre los árboles del bosque.- Quien cargaba la munición era solo un niño...
Cerré los ojos, escuché el ruido de un arma desenvainarse, y en cuanto me di cuenta, el hombre a mi lado, el cocinero, estaba muerto, un tajo en el pecho, y solo sus gritos de agonía se escuchaban pues lo habían empujado a la fogata. Los hombres empezaron a mirar mi posición y se agruparon cerca mío, pero la voz de la mujer se escuchó de detrás nuestro.
- ... Y no puedo tolerar que los niños sean utilizados como soldados, menos sabiendo que tienen a alguien como yo de enemiga.- El estómago de Jiang había sido atravesado por una espada en menos de un segundo desde la espalda, pero cuando volteamos a ver, no había nadie.
- ¡Eres un monstruo, los dioses masticarán tu alma al morir!.- Grité, solo escuché el sonido de su arma desenvainar nuevamente, y las cabezas de Min, Mu y Yun se encontraban a mis pies. Mao estaba detrás de mí, asustado, el pobre solo tenía 15 años, no podía creer que lo matarían esta noche.
La mujer entonces se hizo presente ante mí, caminando lentamente, su espada ensangrentada desenvainada. Pelo negro largo hasta los pies, desaliñado y en picos como si de un arbusto se tratara pero en una cola de caballo, llevaba un kimono negro bañado en la sangre de mis aliados, su pechamen era grande, pero su figura no indicaba que tuviera mucha grasa corporal: sus brazos parecían musculosos, y lo que podía ver de sus piernas lo eran aún más. No podía ver su rostro por su flequillo, pero sus labios no demostraban expresión alguna, yo desenvainé mi sable, pero me temblaban las manos.
- Probablemente tengas razón, pero esta noche no conoceré a ningún dios, tú en cambio...- En el momento que cerré los ojos, todo se hizo ligero, y me di cuenta que no los pude abrir otra vez, solo escuchar como mi propia cabeza, caía al piso.
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- ¿¡Capitán!? No... ¡No!
- Vete a casa niño.- Dije mientras envainaba mi espada y volteaba para empezar a caminar de vuelta a la base, pero el niño se acercó corriendo a mí. Me agaché para barrer sus pies con mi pierna izquierda, haciendo que él cayera al piso y soltara la lanza que había empuñado para intentar matarme.
Él se hizo para atrás en desesperación, probablemente pensó que su destino sería igual al de su capitán, pero me puse de pie y seguí mi camino.
- ¿Qué eres...?
- Soy lo que dijeron tus compañeros, el sonido de la muerte. Dije que te fueras a casa, la próxima que empuñes un arma contra mí, para mí dejas de ser un niño... ¿Quedó claro? Vete.
Él se quedó arrodillado en el piso, llorando, contemplando el río de sangre a su alrededor, yo suspiré y me fui, mi trabajo había terminado.