CHAOS UNLEASHED: When Ice Meets Fire {OCxOC}

Summary

Spin Off de «CHAOS UNLEASHED: The Redheads Saga» donde pudisteis conocer brevemente a Elías Blume, Evan Byrne y Sorin Matei. Una noche, tras un día duro lleno de disgustos, Elías sorprende a sus compañeros de piso llegando a casa en condiciones inimaginables para ser él. Lo que parecía una noche aburrida para Evan mejora cuando, por circunstancias del destino, el peliazul y él se quedan solos. ¿Cómo llegaron a eso? ¿Qué pasará después? ¿Habrá escuchado Sorin todo lo sucedido? El personaje de Elías Blume le pertenece a @Thedresdenslate El personaje de Sorin Matei le pertenece a @AfroLuffysenpai El personaje de Evan Byrne me pertenece a mí.

Status
Ongoing
Chapters
2
Rating
5.0 1 review
Age Rating
18+

Capítulo 1

Aquel viernes por la noche estaba resultando ser algo tedioso para Sorin quien llevaba horas aguantando las quejas de su amigo pelirrojo.


Evan tenía la noche libre porque el dueño del bar donde trabajaba debía resolver varios asuntos que denominó como familiares, aunque el pelirrojo le había escuchado hablar por teléfono cerca de la barra con una mujer que no parecía precisamente su esposa.


Aún así, al no ser asunto suyo, hizo oídos sordos como de costumbre y aprovechó para hablarles a diversas conquistas en busca de algún plan para aquella noche. El problema vino cuando ninguna contestó y las pocas que lo hicieron, debido a la hora que era, ya tenían algún plan.


Siendo ese el motivo principal de su mal humor, decidió que si no iba a salir aquel día y que bebería hasta caer redondo para pasar al día siguiente cuanto antes. A decir verdad, la paciencia nunca había sido su punto fuerte.


Y debido a esto, volvió completamente loco durante horas al pobre pecoso que, como buen amigo que era, no pudo negarse a escuchar las absurdas penas de Evan.


—Vaya mierda… —gruñó Evan una vez más dándole un largo trago a la lata de cerveza tras un profundo suspiro.


—Ya, ya… —suspiró igualmente Sorin hastiado sin saber cómo salir de ahí, no se le ocurría ni una sola buena excusa.


—Últimamente me han cancelado más de un plan —refunfuñó el pelirrojo—, ¿acaso no tienen ojos en la cara? ¿Quiénes coño se creen para decirme que no a mí? —alzó la voz mientras se señalaba con la mano.


Evan volvió a beber terminándose la lata y la estrujó con la mano molesto por las conclusiones que él mismo sacaba en su propia mente.


—Las mujeres son incomprensibles —suspiró Evan levantándose del sofá.


Al erguirse por completo, el pelirrojo sintió un leve mareo y es que ya se había terminado un pack completo de cervezas en muy poco rato, menos del que le gustaría admitir. Aunque culpó mentalmente de todo al aburrimiento, para variar.


—¿Dónde vas? —preguntó Sorin viendo cómo se tambaleaba.


—A por otra cerveza —contestó Evan estabilizándose finalmente.


—¿Otra? —preguntó de nuevo Sorin preocupado— Evan, ya llevas muchas…


—Déjame en paz —gruñó el pelirrojo dedicándole su dedo corazón—. Un Byrne no cae tan fácilmente con doce cervezas de mierda —rió altanero.


Sorin, ante aquella respuesta que en parte ya esperaba de él, suspiró y negó con la cabeza. Al menos, cuando se daban ese tipo de situaciones sabía que en media hora podría tener paz y tranquilidad pues Evan se tiraría durmiendo toda la noche sin meterse más con él.


En el preciso instante en el que Evan comenzó a andar hacia la cocina, escuchó el tintineo de unas llaves en la puerta de entrada junto con unos sonidos como si alguien estuviese arañando con éstas la cerradura.


Extrañado se giró hacia la entrada y con cierta cautela se acercó a la puerta, pues aún y con la cantidad de alcohol en vena que llevaba el pelirrojo siempre se encontraba completamente alerta.


En su mente, algún mal intento de ladrón estaba tratando de entrar a la casa, así que se esmeró en hacer el menor ruido posible hasta alcanzar la mirilla de la puerta por donde echó un ojo quedándose completamente a cuadros por la escena que pudo divisar por aquel angosto agujero.


Elías se encontraba agachado frente a la puerta, por sus suspiros parecía completamente desesperado por no poder abrirla pero era extraño verle de aquella forma, Evan sentía que algo no cuadraba en aquella situación.


El pelirrojo tomó el pomo de la puerta y antes de que Elías lograse encajar la llave abrió haciendo perder el equilibrio al peliazul.


Evan, de un momento a otro, se vio teniendo que sujetar a Elías entre sus brazos debido a que este cayó sobre él en el momento en el que la puerta se abrió.


El pelirrojo dio varios pasos hacia atrás logrando estabilizarse y evitando así que ambos cayesen al suelo, posteriormente apartó a Elías con el ceño completamente fruncido por aquella entrada tan abrupta.


—¡¿Se puede saber qué coño te pasa?! —gruñó Evan— ¡Casi me matas del susto, imbécil!


Aunque su ceño comenzó a relajarse en cuanto vio el rostro de Elías. Sus mejillas estaban completamente rojas y brillantes, sus ojos aún entrecerrados dejaban ver cierto brillo que no era precisamente de felicidad. Evan veía aquel tipo de escenas a diario en el bar por lo que su mal humor se convirtió en una risa floja al descubrir que el recto y perfecto Elías estaba borracho como una cuba.


—Parece ser que alguien no aguanta mucho el alcohol —dijo Evan fanfarrón llevándose como respuesta una mirada furibunda por parte de Elías que no hizo más que causarle la risa finalmente.


Elías intentó hablar pero de entre sus labios solo salieron varios balbuceos sin sentido que Evan supuso serían insultos varios hacia su persona, incluso se atrevió a intentar empujar al pelirrojo pero su equilibrio era completamente nulo en ese estado por lo que, además de no alcanzar a Evan para pegarle un empujón, éste tuvo que sujetar a Elías de nuevo antes de que casi se cayera de boca contra el suelo.


Evan sujetó con fuerza a Elías contra su cuerpo y el peliazul se agarró a sus anchos hombros para volver a estabilizarse, aunque segundos después frunció el ceño en lo que parecía una nueva y ebria pataleta.


—¡Suéltame! ¡Suéltame! —gritó Elías a pleno pulmón en la cara de Evan.


El pelirrojo afiló su verde mirada y se encogió de hombros segundos después.


—Como desee el caballero —dijo él imitando el tono de voz calmado que empleaba para sus clientes más problemáticos.


La cara de Elías pasó de un color carmesí a uno aún más pálido que su tono de piel natural en cuestión de segundos cuando, ante sus ojos, vio como Evan se alejaba según sus propias piernas fallaban.


Evan había optado por soltar a Elías tal y como él le había pedido y el impacto del peliazul contra el suelo fue tal que incluso retumbó por toda la casa.


Sorin desde el salón se sobresaltó al escuchar aquel golpe, normalmente sus compañeros no solían pelearse con tanta intensidad por lo que realmente se llegó a asustar de que Evan hubiese podido perder el control de sus actos por la cantidad de alcohol ingerida.


Unos pasos apresurados se aproximaron a la entrada y Sorin pudo despejar sus dudas sobre qué había sucedido, al menos en su mayoría. Elías se encontraba en el suelo quejándose del dolor del golpe mientras que Evan estallaba en carcajadas sujetándose el estómago, el peliazul no dejaba de sobarse la cadera mientras maldecía al pelirrojo en estonio, su lengua materna.


El pecoso, en un intento por ayudar como pudo, se colocó tras Elías e intentó levantarlo sujetándolo por las axilas al ver que él solo no podría levantarse, pero le fue imposible y en el instante en el que pudo alzarlo unos centímetros del suelo, antes de que a Elías le diese tiempo de siquiera colocar las piernas flexionadas para poder levantarse, Sorin tuvo que soltarle haciéndole chocar de nuevo contra el suelo.


Esto causó que Evan riese aún con más fuerza llegando incluso a llorar de la risa.


—¡Deja de reírte y haz algo! —pidió Sorin con desesperación al no haber podido echarle una mano a su amigo.


Y es que Elías era mucho más alto que Sorin, además de que el pecoso no se caracterizaba precisamente por su fuerza física.


En cuanto Evan pudo calmar su propia risa, suspiró soltando una última carcajada y se limpió las lágrimas de los ojos.


—Sí, déjalo, ya me encargo yo de llevarlo a su habitación —dijo Evan con total confianza como de costumbre.


Imitó a Sorin y se colocó tras Elías para alzarlo con bastante facilidad por las axilas. Aunque el peliazul fuese unos centímetros más alto que él, era de complexión muy delgada por lo que no pesaba demasiado, así que Evan pudo levantarlo del suelo sin apenas inmutarse.


El peliazul, devastado, sentía su cuerpo tan pesado que incluso el pensar en dar un solo paso le resultaba una ardua tarea, por lo que no rechazó la ayuda de Evan por segunda vez y se sujetó a él pasándole el brazo por los hombros mientras que el pelirrojo prácticamente le arrastraba hasta su habitación.


Una vez habiendo llegado al borde de la cama, Evan ayudó a Elías a sentarse sobre ésta viendo cómo aún estando sentado seguía tambaleándose.


—Dios, qué daño me he hecho… —se quejó Elías en un murmullo sintiendo como perdía el control de su propia lengua al hablar.


—Nunca te había visto borracho —confesó Evan cruzando los brazos sobre el pecho—, pero eres peor que un puto niño pequeño en éste estado, aún más insoportable.


Elías le lanzó una nueva mirada cargada de odio aunque las palabras de Evan no fuesen nada fuera de lo normal y, tras toda aquella noche aguantando, explotó como nunca antes lo había hecho.


—¡CÁLLATE LA PUTA BOCA! —comenzó a gritar iracundo el peliazul— ¡NO TIENES NI PUTA IDEA DE NADA!


Su cara completamente deformada por la rabia comenzó a volverse roja nuevamente, una vena apareció cruzando su frente llegando a parecer que se podía ver cómo esta palpitaba. 


El pelirrojo en esos instantes se quedó completamente mudo, nunca había visto así a Elías. Jamás habría imaginado lograr ver al peliazul tan sumamente enfadado por algún motivo que Evan aún desconocía, ya que normalmente cuando Elías alcanzaba su límite siempre era cuando el pelirrojo le sacaba de quicio.


—¿Qué coño te pasa? —preguntó Evan extrañado— ¿Ha pasado algo?


—Y a ti qué cojones te importa… —murmuró algo más calmado Elías.


El peliazul tras decir aquello suspiró y agachó la cabeza mientras se sujetaba la frente con la mano manteniendo el codo apoyado en la rodilla, se encontraba realmente mal debido al alcohol que había bebido pues no estaba para nada acostumbrado a ello.


—Joder, lo que hay que aguantar… —gruñó Evan rodando los ojos mientras soltaba un bufido y se encaminaba hacia la puerta dispuesto a ignorar a Elías.


Pero a pocos pasos de la puerta algo logró hacer que éste se girase sobresaltado, y es que Elías había tenido varias arcadas además de que estaba intentando levantarse de la cama sin mucho éxito para, probablemente, ir a vomitar.


—Mierda, pelochicle, el coñazo que me vas a dar hoy —suspiró Evan acercándose de nuevo a él.


Intentó ayudarle a levantarse pero Elías negó con la cabeza sufriendo una nueva arcada mientras se tapaba la boca.


—No llegas al baño así ni de coña —suspiró Evan echando un vistazo rápido a toda la habitación.


Para su suerte, logró divisar una papelera bajo el escritorio de Elías dando gracias por una vez de que aquel hombre resultase ser tan pulcro como para que ésta estuviese completamente vacía con la bolsa probablemente recién cambiada.


En un rápido movimiento le acercó la papelera a Elías y en cuanto éste comenzó a vomitar Evan le sujetó el pelo para evitar que se lo manchase.


—Me vas a tener que compensar cuidarte tanto, pelochicle —suspiró Evan mientras le pasaba la mano por la espalda dándole leves palmadas en ésta—, ni los borrachos del bar me dan tanto la tabarra como tú.


Aunque el pelirrojo no esperaba respuesta alguna, Elías estaba aún muy ocupado echando incluso el desayuno de aquel día.


Tras varios minutos vomitando sin cesar, Elías hizo fuerza para terminar de echarlo todo pero su estómago se encontraba completamente vacío por lo que por muchos esfuerzos que hizo su cuerpo no dio para más.


En cuanto Evan le retiró la papelera, Elías se desplomó de espaldas sobre la cama, devastado, y Evan mantuvo alejada la papelera lo máximo que pudo de su nariz hasta encontrar algún lugar donde dejar aquello y no tener que oler el hedor que estaba comenzando a desprender.


Para su suerte, Sorin se asomó por la puerta con una expresión cargada de curiosidad y preocupación al haberlo escuchado todo.


—¿Cómo está? —preguntó el pecoso nervioso.


—Se pondrá bien, solo es una mala borrachera —dijo Evan totalmente tranquilo mientras le tendía la papelera a Sorin—, tira esto antes de que me haga falta usarlo a mí también —pidió asqueado.


Sorin lo tomó sin cautela alguna descubriendo de qué se trataba en el momento en el que sus fosas nasales fueron inundadas con aquel olor. Sufriendo varias arcadas él también, se apresuró a ir al baño a tirarlo.


—Traéle el enjuague bucal o no habrá quien se acerque a él mañana —pidió también Evan alzando un poco la voz.


—¡Oído cocina! —contestó Sorin desde el baño.


—A ver si eso te espabila también un poco —comentó el pelirrojo dirigiéndole una mirada a Elias viendo cómo seguía aún en la misma posición tumbado sobre la cama.


Aprovechando que Sorin aún debía calmar sus propias arcadas, Evan tomó los brazos de Elías y tiró de él reincorporándolo sobre la cama. Había visto a demasiada gente desmayarse debido al alcohol y sabía que debía evitar a toda costa que eso sucediera si quería tener una noche medianamente tranquila.


Elías soltó algún que otro leve quejido pues había caído realmente cómodo sobre el colchón, abrió los ojos lentamente con miedo de volver a ver toda la habitación dándole vueltas pero para sus sorpresa algo logró captar por completo su atención en cuanto pudo enfocar la vista.


La intensa y verde mirada de Evan se clavaba en él con insistencia mirando alternativamente el ojos gris y el azul de Elías hasta finalmente fijar de nuevo su mirada en la del peliazul.


Para sorpresa de Elías quien se encontraba con la guardia completamente baja, Evan lo tomó del rostro apretando sus mejillas para mantenerle la cabeza firmemente sujeta.


—¿Cómo te encuentras? —preguntó Evan aún mirándole fijamente para cerciorarse de que Elías mantenía la mirada fija en él y no perdía el conocimiento.


Elías se quedó completamente mudo como si alguien hubiese apagado de repente una especie de interruptor privándole de la capacidad de hablar.


Parpadeó varias veces aún intentando volver en sí pues hasta hacía unos segundos su mente estaba completamente abrumada por la preocupación sobre qué podría pasarle a su hermana debido a ciertos negocios del peliazul en los que ella no debería haberse visto envuelta por culpa de su jefe.


Pero para su sorpresa, todo eso se desvaneció repentinamente cuando comenzó a fijarse en el dibujo que hacían los diversos tonos de verde que le daban a los ojos de Evan aquella sensación de hipnotismo que causaban en quien los miraba fijamente.


Al menos, bajo el criterio de Elías, era un patrón perfecto en ambos ojos y eso le gustaba porque sentía que aquella perfección lograba calmar sus demonios internos.


Aunque un repentino guantazo despertó a Elías de su burbuja. Evan la había dado suave en la mejilla para hacerle reaccionar debido a que Elías no contestaba, y el peliazul, en un acto reflejo, le contestó escupiéndole en la cara con rabia sin pensarlo dos veces.


Evan en cuanto fue consciente de lo sucedido, se alzó enfurecido y tomó con fuerza a Elías por la camisa casi obligándole a levantarse de malas formas.


—¡¿Quién coño te crees que eres?! —rugió el pelirrojo en el rostro de Elías— ¡Deberías estar dándome las putas gracias por evitar que te mueras! —exclamó zarandeándole con violencia.


Evan alzó su otro brazo dispuesto a estampar su puño contra la cara de Elías pero un peso en éste logró pararle en el último momento antes de llegar a lanzar aquel puñetazo.


—¡Evan, para! ¡¿No ves que está mal?! —gritó Sorin aterrorizado por la situación.


Evan miró a Sorin y acto seguido volvió a mirar a Elías y, por primera vez en el tiempo que llevaban compartiendo piso y peleándose físicamente, el peliazul intentó cubrirse del posible golpe que estaba a punto de recibir de parte de Evan.


El pelirrojo suspiró y terminó bajando el brazo poco a poco haciendo que Sorin le soltase más calmado, soltó a Elias y se subió la camiseta para limpiarse el escupitajo asqueado al darse cuenta de que este olía bastante a vómito. Finalmente se quitó la camiseta dejándola a un lado para poder echarla al cubo de la ropa sucia más tarde.


Tras eso le arrancó de las manos el enjuague bucal a Sorin y se lo estampó en el pecho a Elías haciéndole toser por el golpe.


—Ya me encargo yo de éste imbécil —le dijo Evan a Sorin refiriéndose a Elías—, tengo experiencia con borrachos pesados.


El pecoso no se veía demasiado convencido con las palabras de Evan pero aún así el dejarlo en sus manos le resultó un alivio.


—Menos mal —suspiró Sorin—, había quedado para abrir directo en media hora y tenía que ir preparando ya todo, aun no he elegido ni el juego de hoy —contó.


—¿Otra vez? —preguntó Evan con cierta curiosidad.


—Estoy a nada de poder empezar a cobrar bien, tengo que ser constante —comentó Sorin con seguridad y una sonrisa dibujada en su rostro.


Evan soltó una suave carcajada por el entusiasmo del pecoso y le puso la mano en el hombro.


—Suerte, friki —bromeó Evan alegrándose por él a su manera.


Elías comenzó a enjuagarse la boca de forma sonora mientras sus párpados se sentían pesados por el cansancio físico que estaba experimentando.


Evan apretó el hombro de Sorin antes de que se encaminase hacia la puerta y señaló a Elías también llamando su atención.


—Los dos me debéis un favor por todo esto, que lo sepáis —advirtió Evan.


Sorin asintió mientras que Elías desviaba la mirada y en cuanto Evan se despistó el pecoso huyó de la habitación cerrando la puerta tras de sí.


En cuanto se quedaron solos, Elías se levantó a duras penas de la cama tambaleándose aún, aunque logró estabilizarse sin ayuda alguna sujetandose en cada mueble que encontraba a su paso hasta alcanzar la ventana.


—¿Tienes calor? —preguntó Evan extrañado— Haberme pedido ayuda, idiota.


El pelirrojo se acercó mientras que Elías se mantenía en silencio y abría la ventana. El peliazul se asomó y escupió el enjuague bucal dejando perplejo a Evan, no esperaba ver a aquel hombre que siempre se mostraba tan atildado hacer algo tan vulgar como escupir por la ventana.


Al pelirrojo se le escapó una leve carcajada y Elías se limpió la boca con la manga de la camisa. En el fondo, mental y físicamente, el peliazul se sentía derrotado. Los pensamientos que creyó identificar como culpabilidad volvieron a aparecer en su mente, al menos, sabía que eso debía sentir al pensar en que por sus decisiones y negocios turbios su hermana pequeña podría verse envuelta con personas peligrosas.


Aún no comprendía en exceso el significado de la empatía, pero, según la definición que daba el diccionario, podría haber asegurado sentir culpabilidad al respecto. Prefería dejarlo así, ya tenía suficientes problemas a los que darles vueltas. 


Su jefe, el que no podía mencionar en público, de alguna forma que se le escapó de las manos a Elías, había logrado acercarse a Fleur hasta verse involucrados románticamente.


Descubrirlo había sido un detonante que Elías jamás había experimentado, había perdido el control sobre algo en su vida y eso le causaba una horrible sensación de asfixia y sofoco que tampoco podía controlar.


—¿Me vas a contar ya qué coño te ha pasado para que acabes así? —preguntó Evan sacando de su burbuja a Elías.


—No quiero hablar de eso —confesó el peliazul bufando hastiado mientras volvía lentamente hacia la cama hasta dejarse caer sobre ésta.


—Mierda… —suspiró Evan sentándose junto a él en la cama— Normalmente eres un imbécil —comenzó a decir mirándole de reojo—, pero parece que estás bastante jodido.


Elías no contestó, se limitó a suspirar y asentir ante las palabras de Evan dándole la razón en silencio.


Tras unos segundos en silencio sepulcral, Evan decidió hacer lo que mejor sabía hacer. Molestar a Elías.


Además, de esa forma, suponía que podría desviar la atención del tema y podría hacer que éste se centrara en algo que no fuesen sus problemas. Evan creía fervientemente que si Elías centraba su rabia en él, se olvidaría de todo lo demás.


El pelirrojo le dio un leve empujón con el hombro a Elías llamando su atención.


—Para, aún me duele el golpe que me he dado contra el suelo por tu puta culpa —gruñó Elías.


—Que te jodan, es tu culpa por ir como vas —gruñó Evan de vuelta sorprendido por lo efectivo que había resultado ser su plan.


—¿Cómo voy? ¿Eh?


—Borracho como una cuba, cabrón.


—¿Y me lo dices tú? —rebatió Elías— Puedes ir callándote porque me estoy hartando de oler esa puta cerveza barata que compras, leprechaun —dijo girando la cabeza hacia el lado opuesto al que se encontraba Evan.


Evan se acercó sutilmente a su oído y se echó un eructo logrando sacarle de quicio finalmente. Elías se giró mareandose en el proceso, pero aún así intentó empujar a Evan para apartarlo de él comenzando así a forcejear ambos, el problema fue que su cuerpo aún se encontraba bastante flojo por toda la tralla a la que había sido sometido aquella noche ya.


Evan por el contrario parecía haberse quedado con toda la energía que le faltaba a Elías.


—¿No te cansas de ser gilipollas? —rugió Elías frunciendo el ceño intentando defenderse como podía.


Evan, en vez de contestar, decidió continuar molestándole y forcejeando con él hasta que finalmente logró hacerle ceder tumbando al peliazul sobre la cama y quedando de ésta forma sobre él sujetándole las muñecas contra el colchón.


Por unos segundos, tras darse cuenta de la situación a la que habían llegado, ambos jóvenes se quedaron anonadados mirándose fijamente sin comprender qué les había guiado hasta ahí, hasta aquel instante en el que su pelea había dejado de serlo y en el que estaban comenzando a tener una necesidad incomprensible de acercarse el uno al otro. Algo que en cualquier otro momento, probablemente, les habría causado arcadas.


Evan se dejó caer algo más sobre el peliazul inclinándose sobre él mientras veía como sus ojos de diferente color se posaban inquietos sobre su propia mirada y sus labios alternativamente.


El cabello de Evan cayó sobre Elías mientras que el pelirrojo se aproximaba cada vez más a sus labios. Evan entrecerró los ojos posando su mirada sobre los labios del peliazul hasta que vio que no parecía peligroso continuar con aquello, Elías también mantuvo sus ojos entrecerrados mientras alzaba algo su mentón en busca de más cercanía, algo realmente extraño en él.


Finalmente, Evan selló un beso totalmente inesperado llegando a suspirar ambos al unísono tras unir sus labios.


Una sensación de cosquilleo recorrió el cuerpo de ambos, quizá por la novedad o quizá por la adrenalina de haber estado peleando poco antes.


Aunque trasncurridos unos cuantos segundos del beso, Elías abrió los ojos de sopetón y empujó a Evan a un lado de la cama. Ambos jóvenes parecían haberse despertado de la especie de embrujo en el que sintieron caer y se incorporaron sobre la cama volviendo a quedar uno sentado junto al otro.


En total silencio de nuevo, ambos desviaron sus miradas hacia el lado opuesto en el que se encontraba el otro.


—No vuelvas a tocarme —murmuró Elías mientras se llevaba la mano a los labios para limpiarlos— y mucho menos para hacer algo así —sentenció.


Evan dirigió su mirada hacia él alzando una ceja, alcanzando a ver así como Elías, tras limpiarse los labios con la mano, se quedó algo absorto pensando en lo sucedido hasta el punto de acariciar sutilmente su labio inferior como si aún pudiera notar la sensación que le habían dejado en estos los labios del pelirrojo.


Aquel gesto por parte del peliazul solamente dio pie a que Evan, haciendo oídos sordos, ignorase por completo sus palabras. Nada nuevo en él.