Capítulo I
Otro día aburrido para Katsuki, su culo sentado sobre su silla de cuero frente a su escritorio y la mirada escarlata en la pantalla de su computadora mientras tecleaba a paso veloz, debía terminar los análisis y dar los resultados para antes de que el reloj marcara las quince menos cuarto, ni siquiera había estado pendiente de su horario para comer, su trabajo como siempre, era primero que sus necesidades humanas y su mejor amigo lo sabía, por eso era el que más pendiente estaba para evitar que se saltara dichas horas, pero ese día específicamente, había decidido cerrar la puerta de su oficina con seguro y colocarse un par de tapones luego de colocar el cartel de «no molestar» en la ventana.
Todos sabían que odiaba ser molestado e interrumpido cuando trabajaba apurado y sabía que era conocido como el alfa más gruñón y huraño de la empresa, nqo le importaba en absoluto, aunque sí le mosqueaba el hecho de escuchar los murmullos que daban sobre que era de esa manera porque no tenía a su destinado consigo y tampoco un omega que pudiera o supiera controlar su mal humor, Katsuki estaba seguro que ninguno de los extras con los que trabajaba comprendía que odiaba los aromas dulces que la mayoría de los omegas desprendían y por ello eran pocos los omegas que estaban siquiera en su círculo social, la mayoría era porque eran las parejas de los extras de sus amigos y extrañamente los bastardos le caían bastante bien, pero no era algo que diría en voz alta, jamás.
Volviendo a su trabajo, su concentración estaba cien por ciento en la pantalla, sus dedos se detenían por momentos para leer sus notas en el cuaderno que tenía apoyado a un lado de su brazo derecho y con el ceño fruncido volvía su atención a la pantalla para escribir todo de una manera distinta para que se viera profesional, además de volver a sacar por décima o quizás más veces que esas para asegurarse que no ponía un número o decimal incorrecto que lo hiciera ganarse un regaño o un discurso negativo de su jefe, aunque éste no fuera alguien cruel o malo con sus empleados, al menos no los que tenían un rango más elevado a sólo simples empleados.
Llevaba horas sentado y una vez que se certificó que todo estaba correcto, lo pasó a un documento limpio con las sangrías y espacios correctos antes de sacarse los tapones de los oídos y poner a imprimir aquel trabajo mientras dejaba caer su espalda en el respaldar de la silla con cansancio, soltó un suspiro hondo con los ojos cerrados mientras se masajeaba el puente de la nariz, escuchando el típico sonido de la impresora trabajando, el sonido se detuvo en el momento en el que terminó y él pudo volver a abrir los ojos de vuelta para guardar la copia en un pendrive usb que siempre llevaba consigo en caso de que alguien quisiera sabotearlo, tal como había sucedido veces anteriores.
Se levantó de su silla y estiró el cuerpo, escuchando los huesos tronar para volver a su sitio antes de dirigirse con una carpeta hacia la impresora y tomar los papeles, revisándolos de regreso una vez más antes de dirigirse hacia afuera de su oficina, alzando la carpeta justo a tiempo para recibir el tacleo certero que su mejor amigo le hacía para que no escapara cuando se saltaba las comidas. Simplemente se quejó y gruñó por el dolor en su espalda, a pesar de que la alfombra sea lo suficientemente gruesa como para que el golpe no sea más peligroso.
—Maldito pelos de mierda —Gruñó de vuelta, mucho más alto. —Quítate de encima que tengo trabajo que entregar.
—¡Blasty tienes que comer! ¡Ya han pasado cinco horas desde que se pasó la hora del desayuno y dos horas desde el almuerzo! —Reclamó Eijiro sin hacerle caso alguno al cenizo, se mantuvo encima de éste con expresión estoica mientras lo observaba directamente.
—Comer es para los débiles que no están al pendiente de su jodido trabajo, suéltame bastardo —Respondió Katsuki con el ceño fruncido, removiéndose entre los brazos ajenos sin querer utilizar el brazo con el que sostenía la carpeta con los papeles importantes.
—¡Comer es para humanos, entiendo que no te consideres uno, pero debes comer! —Exclamó Eijiro de regreso mientras apretaba con más fuerzas, sabía que si el cenizo quería, lo podría mandar a volar de una patada y por eso aprovechaba que tenía papeles importantes para entregar ya que de esa manera no se soltaría fácilmente. —¡Acepta comer primero!
Todos los empleados que trabajaban en el mismo piso que el cenizo, personas que estaban bajo su mando, veían con diversión la infaltable pelea que se creaba cada día con esos dos y es que aún estaban sorprendidos de ver al alfa pelirrojo completamente vivo, pero sobretodo, cerca de aquel gruñón y huraño alfa, Katsuki era de todo menos sociable, al menos con ellos porque al parecer sí tenía amigos y éstos eran los únicos que podían acercarse de aquella manera al hombre sin morir en el intento o recibir golpes o al menos de la manera de cómo le gustaría al cenizo matarlos por tomar confianza donde no la había.
Así que definitivamente alababan la insistencia del alfa pelirrojo que de nuevo se salía con la suya y hacía acceder a Katsuki a comer como era debido, pero éste primero debía ir a entregar aquellos papeles, así que se dieron cuenta que el pelirrojo no había conseguido que el cenizo accediera del todo y era cierto, pero Eijiro ya estaba acostumbrado a eso, llevaba conociendo a Katsuki desde sus primeros dieciséis años y su extraña amistad llevaría actualmente catorce años si tuviera casi treinta como su mejor amigo y no veintidós gracias a su destinado, así que no debía extrañarse que el resultado fuera ese puesto que casi siempre era el mismo resultado.
—Vamos a que lo entregues y nos vamos, me aseguraré de arrastrarte de la oficina del jefe de ser necesario —Comentó Eijiro seriamente mientras seguía a su cenizo mejor amigo quien solamente asentía con fastidio. —Por cierto, el fin de semana debes cumplir con ir a visitar a tus padres, recuerda que se lo prometiste a Masaru-san el viernes pasado —Le recordó como si fuera su asistente.
—Mierda, es verdad —Chistó Katsuki al no haberse acordado de la promesa que le había hecho a su padre y suspiró dejando caer los hombros antes de comenzar a arrastrar los pies hacia el ascensor. —No quiero verle la cara a la vieja.
—Oh, vamos Katsubro, tu madre no es tan mala como la pintas —Comentó Eijiro con calma, sabiendo que explotaría en cualquier momento. —Hace buenos dulces en su pastelería, debería pasarme por ahí mañana, Kami tiene antojos últimamente, así que nuestro cachorro debe estar creciendo adecuadamente.
—Esa maldita anciana sólo es amable contigo y con el cabeza hueca de tu omega porque son los únicos que me soportan, no porque ella sea una magnífica persona —Corrigió Katsuki con total seriedad mitad salían del ascensor hacia la oficina del jefe, tocando la puerta suavemente y esperando que no estuviera con su esposa como las últimas veces. —No, eso significa que el tonto número uno y el mocoso son unos tragones de primera.
—Oh, vamos blasty, no puedes hablar de esa manera tan fea de tu sobrino —Se quejó Eijiro entrando detrás del cenizo cuando tuvieron permiso y sonrió hacia el jefe. —¡Buenas tarde jefe Toshinori!
—Oh, pero si son ustedes chicos ¿De nuevo saltándote las comidas joven Bakugou? —Cuestionó Yagi con una sonrisa amplia, conociendo perfectamente la actitud del cenizo.
—Me dijo que terminara antes de las quince menos cuarto, eso hice y tuve que mantener a este bastardo lejos para eso —Respondió Katsuki entregando la carpeta con todo su trabajo hecho. —Tengo el respaldo por si lo llega a necesitar, pero no vuelva a perder el trabajo —Pidió con un resoplido.
—Eso te dije —Confirmó Yagi asintiendo levemente y agregó: —Pero también te dije que podías entregarlo a esa hora mañana —Le recordó seriamente, viéndolo alzar los hombros y suspiró antes de negar levemente. —No lo perderé, ya llévatelo a comer, joven Kirishima.
—¡A la orden jefe!
Eijiro no tardó en arrastrar a su mejor amigo fuera de la oficina para ir hacia el ascensor y marcar el piso del estacionamiento, pasándole un mensaje a su pareja para avisarle que estaban por salir y que mantuviera la comida preparada en la mesa que Katsuki siempre solía utilizar cuando iba al restaurante donde Kaminari trabajaba. Katsuki sólo resopló en silencio sin poder siquiera ir por sus cosas, aunque pronto ni se preocupó puesto que estas estaban en el interior del auto de Eijiro, sabía que debía ser obra de Mina y ya ni siquiera se molestaba, simplemente subió del lado del copiloto y esperó a que se fueran, después de todo, verdaderamente sí tenía hambre y se había estado aguantando en todo momento hasta ese entonces.
—Explícame por qué carajos soy el tío de tu mocoso —Pidió Katsuki luego de unos minutos en el interior del auto ajeno.
—Porque eres como el hermano que nunca tuve, además Kami y yo decidimos que serías el padrino —Respondió Eijiro con sinceridad y sonrió amplio.
—¿Si recuerdas que necesitas dos padrinos para el nacimiento del mocoso, verdad? —Cuestionó Katsuki con el ceño fruncido.
—Lo sé, por eso tienes de aquí a tres meses para conseguir pareja —Respondió Eijiro con una sonrisa amplia que borró por el golpe en su estómago. —... No me lo merecía...
—Sí te lo mereces, imbécil —Gruñó Katsuki con el ceño fruncido. —¿Cómo mierdas esperas que consiga pareja en tres putos meses si no la he podido siquiera conseguir en estos casi treinta años?
—Tú no cooperas con las citas a ciegas que tu madre y yo te concretamos, quizás has perdido la oportunidad con alguna de esas chicas o chicos que te hemos conseguido —Comentó Eijiro luego de recuperarse, manteniendo atención en el camino.
—Y una mierda con esa gente —Gruñó molesto Katsuki y bufó. —La mayoría, por no decir que todos los extras que consiguen son unos malditos interesados y solamente quieren los beneficios que pueden conseguir de mí o de la anciana con sus putos dulces.
—Bueno, el último omega lo único que quería era que te lo follaras, no tus beneficios ni los de tu madre —Comentó Eijiro con burla al recordar aquel muchacho.
—Ni me lo recuerdes, tuve que ponerle una orden de alejamiento de treinta metros para que ni se me acercara de nuevo —Contó Katsuki con pesar mientras suspiraba hondo antes de bajarse del auto en cuanto llegan al estacionamiento del restaurante. —Ya deja de joder con las citas de mierda, el omega indicado llegará cuando deba llegar, no voy a buscarle, está decidido.
Eijiro suspiró ante esa decisión, sabía lo terco que su mejor amigo era, así que sus palabras se terminarían cumpliendo y no les quedaba se otra más que cruzar los dedos para que su mejor amigo consiguiera de una buena vez por todas a su destinado, pronto sería su cumpleaños número treinta y no querían que la pasara soltero porque sabían que su animal interno se estaba deprimiendo. Y era cierto, Katsuki más que nadie lo sabía, pero no podía simplemente salir y embarcarse en la búsqueda de un omega que no conocía, no sabía ni siquiera cómo era físicamente o la edad que éste pudiera tener, así que por ello era que esperaba y seguiría de esa manera el tiempo necesario que le tomara.
Ambos chicos se acomodaron en la mesa donde Katsuki siempre se acomodaba y en poco tiempo un rubio embarazado de seis meses se les acercó para atenderlos, Kaminari ya los esperaba e incluso tenía la comida lista para ambos, pero para fastidiar un poco a Katsuki, simplemente se acercaba a hacer como que les tomaría la orden, aunque primero saludó a su alfa contento de sentir sus feromonas y sonrió amplio por las patadas de su cachorro.
—Consíganse un bosque y piérdanse con su cursilería, par de idiotas —Comentó Katsuki con la nariz arrugada por las feromonas ajenas y el aroma dulce a maternidad que el rubio tenía.
—No seas así, Katsubro —Se quejó Kaminari acercándose al cenizo quien ya lo veía de manera hostil. —Ven aquí, también hay amor para ti.
—Ni siquiera se te ocurra abrazarme, vete con tus putas feromonas dulces de aquí —Gruñó Katsuki siendo completamente ignorado por el rubio de mechón negro y aun así no lo apartó porque sus instintos de protección eran una mierda cuando se trataba de un omega en cinta. —Tengo hambre ¿Puedes soltarme y traerme mi jodida comida?
—Oh, está bien tío gruñón, ya voy por tu comida —Se burló Kaminari mientras tarareaba camino a la cocina para buscar los platos con comida hacia la mesa.
Katsuki gruñó sentenciando que no era el tío de nadie y menos sería el padrino, siendo completamente ignorado como siempre por sus dos mejores amigos y a ambos los mandó al demonio por eso mismo antes de comenzar a engullir su comida como si nunca hubiera comido, siendo regañado en el proceso por ello e importándole muy poco el regaño siguió comiendo como si nada.
—Si te atragantas te dejaré morir —Prometió Kaminari viéndolo serio mientras se acariciaba suavemente la panza.
—Me harías un favor, no tengo que buscar omega alguno para ser padrino de tu mocoso —Respondió Katsuki con una sonrisa ladina ante el ceño fruncido ajeno.
—Eiji sálvalo de morir ahogado, encontrar omega será su castigo —Pidió Kaminari seriamente antes de retirarse de allí.
Katsuki frunció el ceño mientras Eijiro se reía divertido de la situación, sabía que el cenizo estaba contento con su hijo y el recibirlo tal como todo padrino hacía, pero le disgustaba buscar omega para ese trabajo, aunque conociéndolo como lo hacía, sabía que lo iba a buscar por su cuenta cuando nadie lo observara o prestara atención y estaba dispuesto a dejar que lo hiciera a su manera.
Luego de que ambos terminaran de comer regresaron a la empresa a terminar con su horario de trabajo, sobre todo Katsuki quien debía adelantar trabajo para no preocuparse de este cuando fuese a visitar a sus padres. Solía trabajar incluso los fines de semana para tener dinero extra ahorrado por si acaso sucedía algo en un futuro, no quería que le pasara igual que a Eijiro cuando se topó con Kaminari, el pelirrojo no había tenido ni la mitad de su caja de ahorros llena cuando se encontró con su omega y la leyenda hizo su trabajo de dejar al alfa de la misma edad que su omega al ser el primero mayor que el segundo; así que debía ser cuanto menos, precavido por si encontraba de casualidad a su destinado en algún momento u otro omega que le agradara lo suficiente como para aceptar ser padrino del mocoso de sus mejores amigos con él y no arrepentirse luego en un futuro, porque aceptar ser padrino con él era equivalente a una relación que inevitablemente debía terminar en matrimonio.
Odiaba que las leyes fueran de esa manera, que siguieran guiándose por aquellas que sus ancestros habían hecho en el pasado y que sólo hayan cambiado algunas pocas para mantener a los omegas cuidados y protegidos de algunos destinados abusivos, incluso de alfas que, aunque no fueran sus destinados, también eran abusivos que se escondían detrás de la barata excusa de que todo lo que hacían eran por los instintos de sus animales interiores, tsk idiotas, como si muchos se creyeran aquella barata excusa en pleno siglo XXI cuando el control del animal interno ya estaba completamente dominado y los únicos que podían usar esa excusa eran los cachorros y sin embargo, estos tenían mejor control que muchos adultos.
Decidió dejar el tema del omega para después ya que tenía trabajo que hacer y al menos tres meses para buscar al dichoso omega, así que ni siquiera se preocupó todavía por ello. Se acomodó sus gafas de lectura en el momento en el que sus ojos sintieron el agotamiento por ver tanto tiempo la pantalla de su laptop, tecleando, sacando cuentas, haciendo encargos y algunos análisis, revisando los trabajos que sus subordinados enviaban, regañando a algunos por las equivocaciones en dicho trabajo y demás, siendo que no terminó hasta mucho después de su horario de trabajo donde ya casi todos se habían ido a sus casas, incluso Eijiro quien sabía que era caso perdido ir a buscar a su mejor amigo, así que sólo le dejó un mensaje de texto y se marchó.
Katsuki no se dio cuenta de ellos hasta que terminó parte del trabajo como se había propuesto a hacer, notando que ya el reloj iba a marcar las veintiún horas, suspiró sin estar realmente sorprendido de haberse pasado de su horario, no era la primera vez y tampoco sería la última, incluso han habido días en los que se ha quedado a dormir allí y a la mañana siguiente su jefe llega a regañarlo, mandándolo a su apartamento para descansar sin opción a negarse porque sabe que el hombre le podía alargar el descanso por una semana completa y sinceramente no quería ese tipo de castigo, no de nuevo, no una tercera vez.
Así que con toda su calma copió todo en el pendrive usb que siempre cargaba consigo y apagó luego su laptop para guardar todo, tomando su maletín y el saco del traje para dirigirse a la puerta principal donde apagó las luces antes de ir hacia el ascensor, bajando a planta baja para pasar su identificación y despedirse del guardia antes de marchar a su motocicleta con cansancio, subiéndose a esta y colocándose el casco luego de asegurar sus cosas, no era un empresario normal y eso todos lo sabían fácilmente al verlo manejar una motocicleta y no un carro como los demás, no le importaba, prefería su bella motocicleta y ya llevaba tres años con ella, así que no la cambiaría por lo pronto.