Singular

All Rights Reserved ©

Summary

Este libro está dedicado a todos aquellos que le dieron una oportunidad a DIRAC y a todos sus personajes. En las historias se narran historias maravillosas. Relatos sobre amor imposible con tramas que aceleran tu corazón. Pues i mundo no es tan fantástico como llegaríamos a esperar, a veces parece demasiado gris si se mira detenidamente. Pero eso es lo que lo vuelve interesante. Aquellos con la capacidad de adornar el mundo son llamados “Artistas” que con la música, la danza, pinturas, películas y canciones iluminan nuestro mundo. Este libro narra una historia independiente al universo DIRAC por lo que puedes leerla sin inconveniente, sin embargo, si deseas disfrutar el 1000 % de su narrativa, te invito a leer la trilogía que antecede esta obra. En una historia, sin reyes o demonios, sin dioses o entidades que manifiesten su voluntad sobre el mundo. Es solo la historia de quienes viven día tras día buscando el color.

Status
Complete
Chapters
8
Rating
n/a
Age Rating
18+

I. Una vida para nada extraordinaria.

En mitad de la noche, el apuesto detective ingresa al interior de una casa abandonada o eso presume el cartel oxidado a las afueras de la gran mansión a lo alto de una colina. Los dueños de aquel recinto habían muerto desde hace años, era un lugar maldito, según la gente que habita en la ciudad a sus pies. Aquel detective empujó las enormes puertas de color marrón envejecido, pero las bisagras eran tan viejas que las mismas terminaron cayendo, provocando un gran eco interior de la casona junto al liberar el polvo que arroja lejos el sombrero de la hiena, mismo que solo suspiro decepcionado. Viendo aquel sombrero ser capturado y regresado a la cabeza del detective por manos invisibles, aquellos fantasmas que persiguen fielmente al justiciero en su búsqueda por la verdad y… hay un ruido, una risa es escuchada al fondo del pasillo depredado por las termitas y la degradación. ¿Estaba ahí lo que llevaba buscando tanto tiempo? ¿Pues su glorioso propósito al fin sería encontrado? Tenía que descubrirlo y sin importar cuantas ánimas tuviese que enfrentar, no eran rivales para el gallardo detective que no le teme a nada, ni siquiera a demonios o dioses… estaba dispuesto a luchar hasta que…

Mi alarma sonó, aquella que programé para evitar llegar tarde a mi entrevista de trabajo, estaba sumamente entretenido en mi serie favorita. Siempre quise ser un detective como los de la televisión, pero nunca tuve la oportunidad y quizás hoy eso cambie hoy. Apague la alarma, apurándome para terminar mi cereal y poder ver el final del capítulo de: “El detective fantasma”, ¿lo conocen? Les podría hablar horas de él, es mi ídolo y es una hiena manchada, igual que yo, solo que tiene una vida más cool que la mía. Me mudé hace poco a la gran ciudad, antes solía vivir en los bordes, pero si quería crecer tengo que sumergirme en este mundo de concreto y gente que busca superarse día con día.

Mi teléfono sonó, asustándome por la repentina llamada de mi madre, ella siempre me ha apoyado con todo lo que ha podido, por eso vine aquí, quiero regresarle un poco de todo lo que me ha dado.

— Hola, ma… Sí, estoy bien, estaba desayunando.— y acabo de manchar mi camisa con cereal, pero creo que puedo cambiarme antes de irme.

— Claro, mamá, vi todo sobre el transporte. Sí, tengo medidos mis tiempos. Todo va… la hora pico.— olvidé por completo el tráfico y si quería usar el subterráneo para irme, debía salir quince minutos antes. — Lo siento, ma. Te dejo, tengo que irme, adiós, besitos.

No tengo tiempo para cambiarme de camisa y mucho menos plancharla, voy más tarde que el conejo de Alicia. Justo como el que casi me tira al bajar las escaleras del edificio donde tengo mi departamento. Desde que me mudé aquí no parece que la comunidad sea muy amigable. Pero estoy listo para lo que el mundo me ponga de frente. Tengo mi camiseta blanca de vestir, un pantalón de vestir negro, una corbata negra, celular, audífonos, cartera y mi… mi maletín. Olvide mi maletín con mi CV dentro.


Esta historia está ambientada en un universo de animales antropomórficos. Un animal antropomórfico es aquel que posee características humanas o atributos físicos, poseen cinco dedos y tienen una impresionante capacidad adaptativa y facilidad de aprendizaje, desarrollando situaciones sociales y culturales complejas. Compartiendo el comportamiento y cualidades humanas otorgadas a otras especies animales, como lo es caminar en dos patas y la capacidad de hablar.


Tuve que subir una vez más las escaleras de mi edificio, aun con condición para hacerlo, mi esfuerzo estaba dirigido a intentar no sudar mi ropa. Ahora me encontraba corriendo por las calles de esta ciudad pálida, donde la gente parece zombis sin espíritu alguno. Algo que no me espanta para nada, sabía a lo que me metía cuando me mudé aquí. Bajé por el subterráneo, pensaba que era mi día de suerte al encontrarlo vacio hasta que la gente comenzó a formarse a mis espaldas. Nunca me he sentido cómodo en las aglomeraciones, es por eso mismo que no tengo tantos amigos… o ningún amigo en realidad. Eso da miedo, te hace creer que el error lo estás cometiendo tú y quizás sea así.

Conseguí un asiento a mitad del vagón y abracé con fuerza mi maletín de color marrón cuando la multitud de animales abordó, aumentando considerablemente la temperatura del subterráneo. Quería sacar mis audífonos para pasar el rato y relajarme. Fue complicado por la cantidad de animales abordo, pero al final conseguí colocármelos. Cautelosamente, lamí un poco mi camisa y después le pasé una servilleta por encima, pero aquella mancha café no se marchaba y solo conseguí arrugar la camiseta…

Cálmate, puedes hacer esto, hoy será nuestro gran día. Tan solo imagina lo que lograremos a partir de hoy. Seremos detectives, resolveremos misterios, ayudaremos a la gente y ¡quizás podremos volvernos famosos! Y con ello pueda llamar la atención de alguien maravilloso que esté dispuesto a amarme. Conoceremos a seres impresionantes, alguien con quien entablar una amistad y conoceré el mundo de una mejor forma… ¿Esta luz anaranjada no hace que todo se sienta caluroso? Y cuando por fin desperté de mi imaginación me di cuenta de que estaba en mi parada.

— Con permiso, bajo aquí.— indiqué al rinoceronte delante de mi asiento, pero este también estaba intentando bajar. Trate de ponerme de pie, pero creo que alguien me empujó accidentalmente de regreso a mi asiento. — disculpen…— y no importaba cuanto intentase, no me dejan bajar, estaban sumergidos en la prisa y estrés. Y cuando por fin pude ir hacia la puerta, esta se cerró, con nuevos pasajeros empujándome lejos de ella intentando entrar.

— No, por favor…— suplicaba, pero era como hablar con la pared.

No era el fin del mundo… solo… tengo que bajar en la siguiente estación, cruzar de vagón e intentar llegar a tiempo. No quiero ver el reloj en mi muñeca, solo va a hacer que me preocupe más. Nada está perdido aún. Hay que ser positivos.

— ¿Es consciente de que tiene mal abotonada su camisa, señor Divaldi?— me dijo la boa constrictor de imponente tamaño, observado mi curriculum con rigurosidad. Había llegado 18 minutos tarde.

— Lo siento, señor… Javier.— comentaba mientras contenía el nerviosismo de mi voz, reabotonando mi camisa, pensé que sería buena idea hacerlo en ese momento hasta que la serpiente que llena un informe con la pluma en su cola me miró con… algo de desagrado.

— Mi nombre es Zhavier…— exclamó el amargado jefe. — Me temo que sin tomar en cuenta tu notable retraso o la calidad con la que se presenta vestido hoy, no cualifica como lo que estamos buscando en el departamento. Ni siquiera en un centro penitenciario…— ¿qué tiene de malo mi aspecto?, me pregunté al ver cómo Zhavier aleja mi curriculum, entregándomelo.

— Pero soy un buen candidato. Y mis certificados, puede que no haya estudiado una carrera, pero tengo muchos diplomados y certificados para prepararme. Puedo hacer lo que sea, entrevistas, recolección de indicios, buscar a animales desaparecidos, puedo hacer lo que me pida…— abrí mi maletín, buscando entre este los certificados de los que estaba hablando, a los que les dedique años de mi vida hasta llegar a este momento.

— El problema no es su preparación. Es usted.— y sin querer había roto por la mitad los certificados, un error que cometí por intentar sacarlos apresuradamente del sobre donde los protegía. Y no pude ignorar que la expresión de Zhavier mostraba pena hacia mí.

— ¿Cómo puedo ser yo el problema?— pregunté y mientras lo hacía el tono de mi voz descendía, al mismo tiempo que su temblar aumentaba.

— En tus entrevistas mencionas algo sobre un trastorno, ¿verdad? Trastorno…

— Trastorno límite de la personalidad. No debería ser una limitante para ejercer mi trabajo con profesionalidad.— expliqué, pero eso parecía importarle poco.

— Señor Alhemn, reprobó el examen psicométrico. Usted es propenso a ataques de pánico y este empleo está rodeado de estrés y situaciones que requieren un control de impulsos adecuados, algo que usted no posee. El segundo gran problema es su domicilio…

— Estoy pagándolo, estoy al corriente con mis pagos y no veo porque.

— Lo paga su madre, ¿o me equivoco?— así es… mi madre, consiguió amasar una fortuna para vivir bien y con ella trata de apoyarme hasta hoy en día, por eso me mudé. Quiero valerme por mí mismo y perseguir mi sueño de ser el mejor detective del mundo.

— Sí, pero es solo hasta que consiga un empleo, el departamento está a mi nombre, es un piso propio. Solo que aún no tengo para pagarlo. Si me da el trabajo voy a…

— Señor, el departamento de filtrado no lo considera alguien apto para ejercer una profesión como esta. Podría calificar para el área administrativa, pero me temo que no es lo que estamos buscando por el momento. Tiene 26 años, es joven para conseguir un empleo al que sí sea apto, pero no a este… Lo lamento.— dijo aquel anciano, regresándome mi curriculum, mismo que guarde junto al resto de mis papeles… igual de rotos que mi corazón.

— Muchas gracias por la oportunidad.— murmuré mientras miro al piso, invadido por la vergüenza. Saludé al personal de policía mientras salía con el alma derrotada. Eran tan amables, me despidieron con una sonrisa y yo tenía que regresárselas aun cuando lloraba por dentro.

Y en cuanto salí, mis lágrimas fueron opacadas por el aguacero que azotaba la ciudad. Un par de segundos en las calles fue suficiente para dejarme empapado, no podía refugiarme al interior de la jefatura de policía, no quería que me vieran llorar. Comencé mi regresó a casa, cubriendo mi cabeza con mi maletín… no me importaba si se mojaban mis papeles… ahora sé que no valen nada.

Espere en el semáforo para cruzar la calle y llegar a la estación del tren, cuando un anuncio consiguió llamar mi atención, estampado en el acero del semáforo. Era un mensaje simple, una hoja de papel blanca que anuncia “¿Quieres ser especial?”, un empleo de unas cuantas horas al día, y presumen un mejor sueldo que el de ser detective, así como prestaciones de ley, seguro de vida y gastos médicos. Solo que no dice nada al respecto de las especificaciones del trabajo. El único requisito es cumplir la mayoría de edad. Y solo queda una tira con el número de contacto de esta compañía misteriosa… Utopía. La arranqué de aquel anuncio y un autobús me empapó por completo al cruzar a toda velocidad… arruinado aún más mi día especial.

Llegue a casa, empapado y con el alma derrotada, arrojé mi maletín al sofá, aflojé mi corbata. Me quité la camisa y entre a tomar un baño. No había desayunado, el reloj apenas marcaba las once cuando salí de mi ducha, con los ojos rojos de tanto llorar.

Pensaba tomar mi celular para darle la mala noticia a mi madre, pero fue ella misma la que marcó. No quería contestar, así que me recosté en mi cama, aún desnudo y con el pelo mojado… pero sabía que no dejaría de llamar hasta que contestase.

— Hola, madre.— dije desanimado, pero al escuchar su voz, se mostraba llena de felicidad por este pequeño triunfo y no quería arrebatarle eso. Tenía tanta fe entregada a mí, a mis estudios, a todos estos años, preparándome académicamente sin descanso. — Me dieron el empleo. Sí, sí. El jefe era una boa constrictor. Parece bastante estricto, pero, me felicitó. Dijo que no había visto a nadie tan calificado.

Era un mentiroso… sin embargo, no podía decepcionar a mi madre. Colocó todas sus esperanzas en mí cuando decidí irme de casa e iniciar una vida como adulto independiente. No quería decirle que fracasé como un idiota.

— Claro mamá, creo que aún tengo algunas monedas para el transporte estos días… puedo sacar más si llego a necesitar.— contesté avanzando hacia mi pantalón, ya con unos calzoncillos puestos de donde extraje el cambio para unos cuantos viajes junto a un papel con un número de teléfono… — ¿sabes algo, mamá? Tendré que colgarte, voy a prepararme para comer. Sí, te amo.

Me senté sobre el sofá, encendiendo el televisor, alegrándome el ver que aún transmiten Detective fantasma… pero el papel de mis manos fue el que llamaba mi atención en ese momento. No quería rebajarme a marcar a un número extraño por un empleo, sería un golpe a todos estos años de preparación. ¿Iba a renunciar a mis sueños tan fácilmente?... creo que los sueños permanecen en nuestras almohadas al final del día. Marque al teléfono en el papel. Me contestaron enseguida y antes de que pudiera decir algo, una voz femenina al otro lado de la línea me preguntó.

— ¿Quieres ser especial?

¿Qué clase de pregunta es esa? Claro que quiero, pero no es lo que necesito ahora mismo. Quiero un empleo, algo que no me diferencia del resto. Siempre quise ser especial, ese es un hecho, como todos nosotros. Pero solo pocos logran destacar de entre la sociedad. Necesitas un talento, una habilidad única… una singularidad. Sin embargo, en un mundo de grises donde no ocurre nada espectacular, es casi imposible encontrarte con seres singulares. Quisiera vivir en un mundo donde la fantasía y la realidad convergen, uno donde los fantasmas hablen y se comuniquen con nosotros, como en la serie del Detective Fantasma.

Las cosas extraordinarias solo existen en nuestra imaginación y en la televisión. Así que no puedo evitar recordar el capítulo quince de la tercera temporada, cuando recibe una llamada a su celular, preguntando algo bastante similar… “¿Eres real?”. Y fue un evento clave en la serie cuando ese increíble detective respondió.

— Sí…— Quiero hacer mi propia historia, quiero avanzar por todos los medios posibles para construir mi futuro, voy a luchar para conseguir un final…

— Lo esperamos a las 12 en punto de este mismo día para su entrevista de trabajo.— no te pases de…

Salí a toda velocidad de mi departamento. Tengo mi maletín, una camisa abotonada correctamente, corbata, un peinado decente y una sombrilla transparente para desplazarme por la ciudad de regreso al subterráneo. Según mi reloj, aún tengo cuarenta minutos para llegar, está en la última estación hacia la zona sur de la ciudad. Zona caracterizada por el dominio de empresas, puede que haya vivido toda mi vida en esta ciudad, pero sigo siendo un novato para moverme u orientarme en su interior y las cosas empeoraron desde que me mude al centro.

Después de treinta minutos conseguí llegar sobrándome diez minutos. El domicilio al que me dirigieron lo conformaba un gran edificio de color blanco cuya altura es camuflada por el brillar del claro cielo que no deja de llorar. Esta zona de la ciudad de Estigma siempre es transitada constantemente, pues está repleta de centros comerciales, tiendas de ropa, maquillaje, belleza, cines. Es el lugar idóneo para gastar tu dinero, comer delicioso y seguir gastando dinero.

— Hola, muy buenas tardes, mi nombre es Alhemn Servil Divaldi, estoy aquí por la aplicación de empleo.— Estaba dentro de una tienda de moda y cosméticos. Comprendía que se trataba de una sucursal que por encima funcionaba como las oficinas de la empresa. Era extraño ver a un chico tan formal como yo, rodeado de más animales de mi edad que vienen a comprar aquí… me siento un poco ridículo al respecto.

— Nuestro chico especial. Te estábamos esperando, por favor, dame un par de segundos y te acompañaré personalmente a las oficinas de quien hará tu entrevista.— dice una amable basilisco de tono naranja. Un lagarto similar a las iguanas, pero de aspecto más ágil y muy esbelta. Se diferencian además por tener una o dos crestas, normalmente una sobre la cabeza u otra, de mayor tamaño, sobre el dorso. He escuchado mitos sobre que son capaces de correr sobre el agua… debe ser algo… sorprendente. — Puedes llamarme Moira.

La basilisco me guio al exterior de la calle, hasta una puerta bien escondida a la entrada del callejón. — nosotros como personal ingresamos por esta puerta.— me explicaba pasando una identificación por un sensor, apagando el seguro de la puerta, permitiéndome ingresas antes que ella.

Me sorprendió ver un interior repleto de pinturas y personal con batas de laboratorios caminando de entre los pasillos acompañados de equipos de seguridad armados con pistolas de alto calibre.

— ¿Sabes que es una utopía?— preguntaba la amable basilisco que toma una tableta electrónica y avanza por los pasillos con dirección a la recepción, aclarándole a un mono capuchino el propósito de mi visita.

— Un lugar donde la paz prospera.— contesté.

— También suele referirse a un lugar que no existe. Una mentira… ¿Usted miente seguido, señor Alhemn?— me preguntaba y tuve que recordar las palabras que hace una hora le confesé a mi madre.

— Cuando es necesario. Pero no disfruto hacerlo.

— Nadie lo hace. Pero en este mundo, las mentiras nos abren caminos y la más grande de ellas es la apariencia. Somos una compañía dedicada a que todos los animales luzcan y vistan como verdaderos reyes, ¿le interesaría convertirse en uno?— la verdad es que no… eso suena a cantidades intransigentes de presión y responsabilidades, no creo ser apto para adoptar tantas vidas frágiles en mis manos.

— No por el momento.

— Pero todos quisieran ser un dios…— contestó quitándome las palabras de la boca, en una reflexión que produciría el erizar de mi pelaje. — Todos queremos ser especiales, destacar y que el mundo nos mire y ame. Utopía apoya esos deseos y cumplimos los sueños de la gente que viene a nuestras puertas. Usted nos ayudará a ser especiales… Si consigue el empleo.— y con el abrir de una puerta, Moira me abrió el camino a una oficina, donde una chacal de pelo marrón y hocico claro observa en completo aburrimiento una tableta en sus menos mientras permanece sentada en su oficina de colores pálidos, destacándose el detalle en tonos rojos.

Moira me permitió entrar para después cerrar la puerta. Aquella chacal de camisa negra y bata de laboratorio me miro con sutileza antes de apagar su tableta y colocarla sobre la mesa. Abrió un cajón de su escritorio con unas hojas al interior de una carpeta.

— Mucho gusto, puedes llamarme Olga o Nuria. Toma asiento. ¿Eres, Aljem?— lo pronunciaba mal, como todos la primera vez.

— Alhemn, la “h” es muda.— corregí al instante para sentarme en la silla delante del escritorio. Listo para la entrevista que estaba por comenzar.

— Una disculpa por mi pronunciación. Me agrada su atuendo formal. ¿Le molesto preguntándole por su dirección de residencia?— preguntó sin más, su voz mostraba una completa tranquilidad, así como bastante profesionalismo. Aprecio mucho las voces amables y Nuria la tenía.

— Departamentos enter Kats y Moonsun. Departamento 302. ¿Y… de que es el trabajo?— este lugar era tan misterioso que me daba miedo, inclusive el blando de los alrededores comenzaba a incomodarme.

— ¿Estado conyugal?— esa pregunta… intento evitarla a toda costa… pero simplemente no puedo escapar de ella.

— Soltero. Pero, dígame, ¿qué se supone que voy a hacer?— y en ese entonces, la brillante científica dejo de escribir para observarme directamente.

— ¿Sabe que es la perfección? Déjeme aclararlo para usted. La perfección no existe… pero la buscamos, incesantemente y donde más lo hacemos es en los fines estéticos. Todos deseamos ser especiales; sin embargo, no todos poseemos talentos extraordinarios. Entonces nace Utopía, somos la empresa de investigación que intenta acercar la vida sobre la tierra a la perfección. Empezando… por sus características estéticas.— me comentaba la chacal, poniéndose de pie, podía escuchar el sonar de sus tacones hasta mi costado. Tomó mi maletín y me ofreció su mano. — Déjeme enseñarle el poder de la corporación Utopía.

Me llevó por aquellos pasillos. Pasando por laboratorios con paredes de cristal, veía a serpientes untando cremas por su cuerpo, y de algunas crecieron plumas y pelaje hermoso. Aves barnizaban sus plumas para volverlas más brillantes, apagaron las luces y podía notarse su destellar entre la oscuridad, algo que sin duda podría salvar vidas durante la noche. Camaleones vestían prendas que les permitía volverse totalmente invisibles, y ya no permanecer al interior de un diminuto espectro de color. Lo que más me sorprendió, fue el ver a un valiente rinoceronte recibir una bala para después quitársela de por encima de su piel como si nada.

— La tecnología avanza a pasos agigantados. En un mundo tan aburrido como el nuestro no existen vampiros, los seres invisibles u hombres lobo. Pero eso no significa que nos condenemos a la aburrida realidad. Queremos transformar este mundo y a quienes estén dispuestos al cambio.— Olga me llevó a un cuarto blanco, cuyo piso estaba conformado por azulejos azules con flores blancas.

Al interior del cuarto había una ducha con el cristal borroso en la parte de la cintura, pero no cubría lo suficiente para mi gusto. Había un locker de ropa, una silla que luce extrañamente cómoda y un escritorio que observa a la ducha. Era un lugar espaciado para los pocos muebles que hay, eran contables: un banco, bote de basura, dos bombillas y dos plantas verdes…

— ¿Tiene algún problema quitándose la ropa?— primero invítame un café.

— ¿Cómo, cómo, cómo? ¿Ahora, así nada más? ¿Para qué quiere que me desvista? ¿Frente a usted?— preguntaba abrazando mi maletín, dando un par de pasos hacia la puerta, y fue entonces cuando ella me enseñó la tableta electrónica con una cantidad bastante… generosa de dinero. Lo suficiente no solo para pagar la renta… sino para conseguir un auto en plazo de un par de meses…

— ¿Sabe cuál es el mayor problema de los animales con pelo? El champú para baño. Pero Utopía no piensa limitarse a proporcionar un producto de calidad… eso déjeselo a las empresas mediocres. Nosotros les ofreceremos una panacea a todos los problemas de mundos singulares como nosotros.— y del lado del casillero abrió un pequeño refrigerador, del cual sacó una botella de champú con una etiqueta que dice “DIRAC” — ¿La reconoce? Es la ecuación más bella del mundo. La ecuación que engloba la explicación a partículas elementales tan simplificada como hermosa. Este champú solucionará esa maraña de problemas en nuestro día a día. Este producto puede hacerlo más fuerte, inteligente, apuesto, sensible, mejor… lo hará especial.

— ¿De verdad puede hacer algo así, un… producto para baño?— preguntaba mientras Olga me entrega aquel bote entre mis manos, lo abrí de la tapa para percibir su aroma y lo primero que note es que huele horrible. — no creo que esto pueda hacerme atractivo si huele tan mal.

— Estamos avanzando despacio, primero queremos comprobar que sea capaz de cumplir nuestras expectativas antes de sacarlo al mercado con un aroma agradable. Está presenciando el DIRAC 0.1. Y su trabajo es probarlo. Será el primer ser en la tierra verdaderamente especial. ¿Qué me dice?— solo tenía que firmar con mi garra sobre la tableta. No sabía qué hacer… pero la paga… ser especial… — es soltero, ¿no le gustaría cambiar eso?

¿Dejar de estar solo?... sí… he soñado con eso desde que tengo memoria. ¿Pero quién podría amar alguien tan común? No soy lo suficientemente atractivo, necesito ser un poco más listo, tener una mejor condición… siempre he sentido que he necesitado algo que complemente mi vida y creo que esta es mi oportunidad.

Firmé notando al instante que había aceptado un pacto con el diablo. Olga avanzó hacia el escritorio del que sacó una toalla y un par de sandalias. — ¿sería tan amable?

— ¿Justo ahora?— preguntaba tomando las cosas, entregando mi maletín y aflojando mi corbata.

— Todos los experimentos son supervisados para garantizar la seguridad de nuestros compañeros. Ahora es un miembro de la corporación hacía un mejor mañana.

Me quité la ropa frente a la chacal que mira su tableta, eso me daba un poco más de confianza, aún seguía cubriendo mis partes nobles, pero con mayor confianza o eso hasta que tomo una radio del interior de su bata para decir.

— Viridiana, la cámara 16 y 11 del laboratorio del DIRAC están descompuestas. Quiero que para mañana estén arregladas.— ¿Cámaras? ¿Cuáles cámaras? ¿Y por qué no puedo ver ninguna de ellas?

Daba igual, tome el champú y abrí la regadera, esperando pacientemente a que saliese el agua caliente, notando como Olga observa para nada disimuladamente mi trasero… mismo que cubrí con mi cola haciéndola reír.

— El champú debe ser aplicado en pelo mojado. Así que ingresa y yo te indicaré cuando puedes colocarte el producto.— y así lo hice, permanecí bajo el agua caliente dos minutos aproximadamente antes de que Olga volviera a hablar. — el agua debe ser a una temperatura tibia, no tan caliente porque puede resecar su pelo y no queremos eso, ¿verdad?— me indicaba la doctora que observa sin pena alguna a mi cuerpo detrás del cristal que apenas cubre mi cintura.

— Toma el producto y coloca en tu mano del tamaño de una moneda, por favor no excedas más de ello. Nuestra muestra es… limitada.— y tenía razón, el contenedor del champú se veía un tanto pequeño al sujetarlo entre mi mano.

— Unta el champú entre sus manos, y luego masajee lentamente sobre su cabeza, haga el mayor número de espuma posible. Por favor, evite usar sus garras y recuerde cerrar los ojos. No queremos tener algún accidente. Es demasiado pronto para utilizar su seguro de gastos médicos.— bromeaba Olga, pero aun con sus bromas no podía dejar de sentirme expuesto. — Enjuaga y coloca una gota extra, para lavarte el cabello una nueva ocasión, trata de tallar todo tu cuerpo, tenga precisa atención a sus zonas genitales.— indicaba mirando atentamente la tableta.

— ¿De verdad tienes que ver todo el proceso?— pregunte mientras reía un poco por el nerviosismo. Esto era realmente embarazoso.

— Sip… es por su seguridad y la mía… vuelve a tallar por encima de tu espalda baja, tienes una mancha. Ah, olvídalo es una como otras tantas.— parecía entretenida… pero creo que este empleo no está tan mal, ganar bien solo por… ser observado mientras tomo una ducha, sin duda un empleo único.

— ¿Tengo algo que temer usando este champú?— pregunté observando a la chacal que observa su tableta, abriendo una sección de su escritorio de la que sacó una paleta de sandia con chile.

— Los cristales de tu regadera están ahí por una razón. Están reforzados por si explotas.— más te vale que estés… — claro que es broma, tranquilo. En realidad no lo sabemos. En teoría no debería ocurrí ningún efecto secundario, pero en caso de hacerlo será investigado por todos nosotros.

— ¡¿Todos?!

— Me refiero a mí, estás muy nervioso. Por favor, te garantizo que somos profesionales… ahora vuelve a tallar la pierna derecha a un costado de tu entrepierna.— me quiero morir…

Salí de la ducha y recogí mi toalla del banco donde la colocó Olga, cubrí mis brazos sobre ella mirando a la doctora con toda mi pulcritud al descubierto y entonces ella preguntó.

— ¿Ocurre algo?

— Pensé que me indicarías como secarme, perdón.— hasta para esto era un idiota. Pero mi comentario hizo reír a la científica, llevando su paleta a la boca sin dejar de observar su tableta.

— Cuando estés completamente seco quiero que vengas aquí y te sientes, puedes llevar la toalla puesta si gustas.— ¿cómo puede estar tan tranquila? ¿A cuántos sujetos desnudos ha visto en este trabajo? Aunque si el producto es prácticamente… en ese caso sería el primero.

— ¿Haces… esto seguido?— preguntaba sentándome en la silla, tenía las piernas abiertas y ella me hizo notarlo por el girar de su cabeza sumergida en la curiosidad. Entonces cerré las piernas como un señorito.

— Nunca con alguien como tú. Es un privilegio tenerte aquí.— me imagino… después de ello comenzaron las preguntas. — ¿Fue difícil distribuir el champú sobre tu cabello?— preguntó abriendo con sus guantes el cuero de mi cabeza, dándome un pequeño masaje.

— No en realidad…

— ¿Te sientes más atractivo y “especial”?— preguntó inspeccionando mis orejas.

— No…— de hecho no me sentía nada excepcional… si acaso un poco… desanimado.

— ¿En una escala del uno al diez, qué tal calificas el aroma del producto?

— Cero…— ahora huelo a una mezcla de caucho quemado y plástico.

— Lo dejaremos en uno. No veo sarpullido en tu piel después de aplicarlo, ¿pero sientes alguna clase de irritación?— no Olga… solo quiero irme a casa… — No veo ningún residuo, lo cual es bueno.

— ¿Tienes alguna sugerencia para mejorar el champú y hacerlo más atractivo para los consumidores?— preguntaba la chacal que observa con detenimiento mi espalda, en especial el pelo de mi melena dorsal.

— El aroma…— como estas, tuve que someterme a muchas otras preguntas, unas de un grado mucho más íntimo, así como al tacto y a una inspección rigurosa antes de poder marcharme.

— Lo veré aquí mañana, su horario es igual a este. Cuenta con tres días libres los fines de semana. Así como un periodo vacacional que usted puede reclamar cuando guste. No pierda su gafete, es la llave única para su acceso e identificación. Y como último, Utopía mantiene sus investigaciones en secreto. Al firmar su contrato, usted acepta un acuerdo de privacidad absoluta. Bienvenido al futuro, señor Alhemn.

Mi día no podía ser peor. O eso creía hasta que cruzando por la calle que llovizna sin parar observó la pareja de un apuesto lobo y a una preciosa hiena a punto de cruzar en dirección contraria a la mía. Podía reconocerlos enseguida y ese lobo consiguió reconocerme, aun cuando baje mi sombrilla transparente para cubrir mi avergonzado rostro. Estaban unidos por sus brazos, ella se mostraba llena de amor hacia aquel chico, compartiendo un mensaje o algún recuerdo desde su celular con una maravillosa sonrisa… y él… me miraba con algo de vergüenza, bajando su rostro a atender a su… nueva pareja.

Me sorprendió lo rápido en que mis ojos se llenaron de lágrimas, haciendo el patético intento de cubrirlo, tomando unos audífonos de mi pantalón y buscar en mi celular la “canción perfecta” para fingir que no había notado su presencia.

El semáforo cambió, dándonos el paso y me camuflaje con la multitud intentando pasar al otro lado de por donde ellos cruzaran, pero ese lobo golpeó mi brazo con el suyo, no sé si lo hizo a propósito… pero me dolió bastante. Ellos siguieron avanzando, los peatones siguieron avanzando… pero yo me quedé paralizado.

Es tan difícil ver como el mundo avanza mientras tú sigues igual. A veces siento que todos consiguieron algo fascinante o crecieron en ellos mismos mientras yo… sigo siendo igual de pequeño.

Mi corazón casi se sale cuando un autobús me deslumbra y suena su claxon al único idiota que se quedó quieto a mitad de la calle. Obligándome a correr bajo la lluvia con mis lágrimas deslizando sin mayor problema sobre mi rostro. En cuanto llegue a la banqueta, el autobús siguió con su camino bastante molesto, tanto que me cubrió con un charco de agua. Mi ropa estaba empapada una vez más… pero yo no… Las gotas pasaban sobre mi pelaje como aceite en agua…

— hidrofobia…— solté un suspiro antes de tomar mi teléfono y contactar con Olga.

— Qué interesante… haremos las modificaciones pertinentes para el día de mañana. Te agradezco mucho la información, Servil. Descansa.

Baje al subterráneo, sorprendiéndome al no encontrar casi pasajeros… parecía una estación abandonada. De hecho, después de mi ducha, duré incontables horas al interior del laboratorio, respondiendo preguntas, haciendo exámenes de fuerza, destreza, agilidad mental y muchas otras pruebas. No me di cuenta cuando ya eran las siete de la tarde. Supongo que la gente que viene a este lado de la ciudad se marcha tarde y quienes trabajan se van aún más tarde… eso explicaría por qué de los vagones desciende cantidades desorbitantes de gente… al mismo tiempo que yo soy el único que se marcha.

En mi andar hasta el otro lado de la vía pude escuchar el abandonar del tren… pero seguido de este escuche el golpear de unos zapatos contra el suelo, como el marcar de un ritmo chasqueante de las suelas de madera, guiado por el sonar de una canción de electro swing.

Y fue hasta que bajaba por las escaleras hacia el otro andén que la vi…

Estaba una erizo… bailando con gracia y belleza a un lado de un tocadiscos. Aquella chica daba movimientos rápidos y sacudía sus pies en constantes saltos que me arrebataban el aliento de solo verla. Tenía puesto un short negro corto con unas mayas de diamante que dejan salir sus púas, en su pecho tenía una camiseta tipo vestido con la espalda abierta en forma de red. En su bailar sacudía su cabello que desprende unas cuantas gotas de sudor, dejándome ver un afilado delineado negro y por último… unos hermosos ojos marrones que destellan en fuego al contacto con la luz.

Había una chamarra negra tirada en el suelo y en su interior era notable la presencia de algunas monedas y billetes. Era hipnotizante el solo verla… y con ese bailar… desaparecieron todos mis problemas en ese momento… el peor día de mi vida se había vuelto un obsequio gracias a ella.

— ¡Oye! ¡Ya te he dicho que no puedes bailar aquí, loca!— gritó un mono, guardia de seguridad del subterráneo, que sale del fondo del andén, obligando a esa hermosa erizo a tomar su chaqueta del suelo, dejando caer una gran cantidad de monedas y dinero a su paso antes de huir con su tocadiscos abrazado. Nunca odie tanto a un sujeto como a ese guardia de seguridad…

Pero gracias a él, pude ver cómo esa hermosa chica corre hacia mí… escuchando la voz de aquel mono gritar.

— ¡Detenla!— pero yo solo quería saber su nombre.

Ella me miró y yo a ella… entonces me hice a un lado, golpeando mi espalda con las paredes del subterráneo, abrazando mi maletín. Ella siguió corriendo, pero el tiempo parecía correr más lento… y… en ese momento… en ese preciso instante, en el tiempo… mi mundo… recuperó su color por un instante tan fugaz como el chocar de nuestras miradas.

— ¡Por favor!, ¡dime que eres real…!