1. El fin del verano
Emil Giesler tiene seis años, una pelota y la necesidad infinita de jugar al fútbol.
De otoño a primavera habrá vivido interno en un colegio militar en Düsseldorf y solo le habrán permitido jugar durante el recreo. Por eso, en verano lo hará sin parar en el patio de la fábrica que dirige su padre. Jugará con los viejos flacos a la sombra de la enorme chimenea porque en la fábrica no hay más niños que Emil, y los viejos flacos serán dichosos con él y se dejarán regatear sin oponer resistencia. Emil marcará miles de goles entre los tres postes que se alzan junto al barracón. Acertará casi siempre porque los porteros que su padre manda colgar allí solo se mueven las primeras horas.
Sin embargo todos los veranos caducan, y el de mil novecientos cuarenta y cuatro no será una excepción. Emil regresará a Düsseldorf a finales de agosto, y solo le permitirán jugar a la pelota durante el recreo.
La felicidad de los viejos flacos se quebrará con la marcha del pequeño Emil, porque volverá la lluvia de septiembre y de nuevo será de ceniza.
En el género del microrrelato el autor deja gran parte de la historia escondida para que sea el lector el que la complete. Estaré encantado de leer en vuestros comentarios cual es vuentra interpretación personal de este relato.
Si te ha gustado, no olvides puntuar y compartir.
Gracias.