♥ Capítulo 1 ♥
Capítulo Uno:
Había Una Vez Un Desviado Enamorado.
(YIBRAIL)
Prometo solemnemente, ante Dios, con todos los riesgos que eso conlleva, que nunca llegaré a comprender qué diablos pasa con este estúpido e inútil corazón mío. Es decir, hasta ahora solo me había enamorado una vez en toda mi existencia, y fue, por decir lo menos, un proceso largo y tortuoso.
Recuerdo a la perfección cómo ella tuvo que insistir muchísimo y, aun así, cuando al fin empezamos a salir, yo seguía sin estar seguro de lo que hacía, hasta que con el paso del tiempo logré amarla de verdad. Aunque al final terminé con el corazón destrozado y una pequeña cicatriz en la cabeza, pero eso no es importante, no cambia lo que sentí.
Por eso, y por las experiencias que había tenido en el amor a lo largo de mi vida, siempre me consideré alguien a quien le costaba interesarse por los demás. Alguien que jamás experimentaría el tan mencionado ”amor a primera vista" o el popular ”flechazo“. Alguien que, para desdicha de las relaciones modernas, requiere tiempo y paciencia, en todos los aspectos posibles.
Este hecho magnífico si bien no es mi ideal, me parecía acorde a la realidad que ya había aceptado. Pensé, ilusamente, que, dada mi falta de interés en las mujeres y el hecho de que no soy la persona más sociable del mundo, al menos la parte amorosa de mi vida ya había quedado resuelta: nunca tendría un flechazo y moriría solo, como debía ser. Lo tenía más que aceptado, aunque no conseguí un gato.
Sin embargo, cuando Emily ingresó a la sala de reuniones su presencia fue... fue simplemente magnética.
Posiblemente sea una de las mujeres más atractivas que he visto en toda mi miserable vida, y lo puedo confirmar, porque su impacto no solo se limitó a mí, sino que resonó en cada persona presente, independientemente del género. Fue como si, tácitamente, todos estuviéramos de acuerdo.
¿Cómo no? Su figura bien proporcionada, cintura fina, piel clara, cabello largo y hermoso color azabache, ojos grandes color miel, y perfectamente maquillados, junto con una sonrisa que irradiaba confianza, capturaron la atención de todos en la sala.
A pesar de que todos éramos Directores De Área, su presencia destacaba por sobre la de todos, como si fuéramos los más simples empleaduchos insignificantes y ella la dueña de nuestras almas; se hizo notoria la diferencia en estatus de forma muy abrupta. Incluso algunas mujeres se miraron la ropa después de mirar la de ella, sumamente elegante con un atuendo que realzaba su figura sin llegar a ser vulgar, dejando lugar a la imaginación, y sus tacones, no excesivamente altos, que resonaban con pasos seguros y firmes marcando la línea como en pasarela.
Hasta yo, que soy hombre, me sentí mal vestido, y he de destacar que soy de los más formales de la oficina. Fue como observar a una modelo en la televisión, una imagen tan irreal que resultaba difícil imaginar encontrarse con alguien así fuera de la pantalla.
Nos dejó a todos mudos por un momento antes de presentarse, y fue ahí donde realmente me jodió todo mi sistema nervioso parasimpático y mi corazón empezó a latir descontroladamente, porque ella había dado la impresión de ser hermosa, pero apenas abrió la boca y pronunció sus primeras palabras, entendí que ella tenía una inteligencia tan peligrosamente grande como para hablar con la misma habilidad y elegancia con la que camina. Parecía la dueña del mundo, y en efecto, lo es.
—¡Muy buenos días a todos! Me alegra estar con ustedes el día de hoy —anunció con gracia y una sonrisa —. Como muchos ya deben saber, mi nombre es Emily Castro. Pero, para aquellos que aún no me conocen: soy la CEO de DinamiTech Software Solutions, y a partir de hoy también asumiré el cargo de Directora General de esta sede. Un placer conocerlos; estoy ansiosa por colaborar con cada uno de ustedes.
En ese instante, por primera y única vez, agradecí en silencio el hecho de que el antiguo Director General hubiera cometido fraude y robado millones de pesos a la empresa y sus anexos. Porque, si no fuera por la asombrosa crisis que provocó —manejada discretamente bajo la mesa para evitar algún tipo de escándalo en los medios y poder calibrar las finanzas de forma más “efectiva” —, no hubiera tenido a Emily frente a mí, explicando algo que, en medio de mi admiración, admito que no llegué a comprender, ya que mi atención simplemente se enfocó tanto en ella que desapareció el resto del mundo y lógicamente, también el sonido.
Y no sé qué me fascinó más, si todo lo anteriormente mencionado o el hecho de que nunca antes, jamás, me había encontrado con una persona como ella. Su voz resonaba en la sala con una seguridad y carisma que dejó claro que estábamos ante una líder excepcional, no por nada era la CEO de la empresa, la persona con mayor rango en todo el edificio capaz de despedir a quien se le diera la gana. Y que, por supuesto, después no dudó en ejercer ese poder a cualquiera que hubiera colaborado con el desvío de fondos aún que fuera un poco.
A medida que hablaba, era evidente que no solo llevaba consigo una presencia impactante, sino también una profunda comprensión del mundo empresarial. Su capacidad para comunicarse con elocuencia y su visión clara indicaban que estábamos a punto de experimentar un cambio significativo en la dirección de la compañía para bien.
Su enfoque era empático y a su vez perspicaz, transmitía tanta amabilidad, aunque no presté atención a nada de lo que dijo lo pude percibir. Así como percibí la respuesta positiva de todos los otros Directores De Área que conformaban en ese momento el Comité Temporal De Administración que se implementó tan solo un día después de que dos policías vestidos de civil vinieran en la tarde de un atareado lunes a sacar ”por las buenas" al Sr. Markus Cantillo, el antiguo Director General, y su secretaria, sin decir mucho más, dejándonos con más dudas que respuestas que después hubiéramos preferido no saber.
Y debo admitir, con pesar, que, al principio, no me gustó que esa situación me colocara en un terreno completamente desconocido fuera de mi zona de confort. Ya que, como Director de Contabilidad y Gerente de Proyectos, con una de las trayectorias más resaltantes en la empresa, así como un historial grande de responsabilidad y puntualidad, tuve la desgracia de que me designaran líder del Comité Temporal de Administración, adquiriendo, junto con los demás Directores de Área, la tarea de evitar el colapso de la empresa mientras intentábamos recuperarnos de pérdidas monumentales y asegurarnos de que la compañía se mantuviera en pie con los proyectos y trabajos durante el mes que transcurrió hasta la llegada de Emily a la oficina.
Pero, mirando hacia atrás, ahora comprendo que cada desafío valió completa y absolutamente la pena: desde las crisis nerviosas hasta los incontables litros de café que consumí, las noches sin dormir revisando documentos, carpetas y hojas de Exel para descubrir quiénes del Departamento De Contabilidad colaboraron con el Sr. Cantillo en la malversación de fondos, hasta los momentos de arrepentimiento por las decisiones de carrera que tomé en mi juventud mientras debía proporcionar respuestas precisas a la Junta Administrativa y al CEO, que en ese momento no sabía que era la inminencia hecha mujer: Emily.
Todo eso valió completa y absolutamente la pena porque, como líder del Comité Temporal De Administración, yo tuve que hablar directamente con Emily primero que todos sobre lo que habíamos hecho con todo ese desastre de plata y corrupción. Estaba tan, pero tan feliz de que todos los momentos malos me hubieran llevado a estar parado a un metro de ella que, después de estrechar su mano y notar la firmeza de su agarre, me volví estúpido por un momento... hasta que ella me llamó.
—Disculpa, ¿Me vas a decir tu nombre? ¿O solo quieres seguir saludándome? —preguntó con naturalidad, sacándome de mi pequeño momento de mutismo. Solté su mano rápidamente y mentalmente reseteé mi cerebro, volviendo a la configuración predeterminada que siempre mantuve en el ambiente laboral: sereno, seguro, confiado, directo. Lo que un hombre debe ser.
—Sí, por supuesto. Discúlpeme —dije con seriedad, ignorando las ligeras risas de los demás por mi momento de flaqueza, pero con un tono suave de manera que no me escuchara agresivo —. Mi nombre es Yibrail Santos, soy el líder del Comité. Y, primero que nada, permítame decirle, Srta. Emily, que me alegra tenerla con nosotros después de todo lo que ocurrió —enfaticé la última palabra, denotando que esa situación no fue fácil para nadie en esa oficina —. Le complacerá saber que la situación está bastante controlada, pero aún necesitamos consolidar plenamente la estabilidad.
—Perfecto, Yibrail. Me agrada ver la eficiencia del equipo —comentó, con una sonrisa que denotaba orgullo, no sé si por nosotros o por ella misma, y no lo quiero saber —. ¿Qué han hecho exactamente hasta ahora?
—Bueno, en primer lugar, implementamos medidas de control financiero rigurosas para evitar cualquier irregularidad futura— continué con un tono claro y conciso —. Revisamos detalladamente los registros contables y hemos reforzado la seguridad en el acceso a la información financiera. Además, hemos iniciado una auditoría interna exhaustiva para identificar a las personas que cooperaron con el Sr. Cantillo. En total hemos contado con la baja de 28 empleados por el momento, y se ha recuperado lo perdido en un 13% —Admito que mis palabras salían de mi boca en ese momento como si fuera una máquina; vivo para el trabajo y soy eficiente y sé que es lamentable, pero era lo que se requería para estar donde estaba hablando con quien hablaba—. Y, nuestros ingresos estarán bajos durante un tiempo, pero se estima que se recupere en un lapso de cinco meses y se estabilice en ocho o nueve meses. Lo único que sigue causando problema es la parte legal, pero ya estamos trabajando con los abogados en ese aspecto. Los proyectos han cumplido con sus plazos y no se han visto seriamente afectados. Esa sería la situación general por el momento —extendí la carpeta en mis manos hacia ella —. Por último, este es el plan de acción a seguir que hemos organizado, le agradecería que le diera un vistazo para entender mejor las medidas que estamos tomando. Todos estamos al tanto y nos regimos por el, así logramos mantener la empresa hasta ahora.
Emily me clavó la mirada, y sus ojos reflejaron sorpresa mientras, al mismo tiempo, parecía analizarme con alegría. No sé por qué, pero me puse nervioso, como si hubiera metido la pata. Por un momento, mi mente se llenó de dudas, ¿Habré hecho algo mal? ¿La ofendí de alguna manera? Y cosas similares me preguntaba, pero luego su sonrisa se amplió y posó su mano suavemente en mi antebrazo. Cosa que me tomó desprevenido.
—¡Vaya, ya entiendo por qué eres el líder del Comité! Me alegra tener a alguien tan capaz como tú en la compañía —comentó, haciéndome sonrojar un poco. No era común para mí recibir halagos, de nadie, menos de un jefe y menos aún de alguien tan talentosa como ella. Después de todo, es la dueña de la compañía y de otras más. ¿Cómo no sentirse valorado? Con lo horrible que suele ser la gente con plata, ser apreciado por una que genuinamente me trata bien es algo significativo.
—Ah... Sí, gracias por sus palabras... supongo... —murmuré lo último, sintiéndome incómodo.
Nunca antes había experimentado eso en el trabajo, esa sensación de desorientación. Todo solía ser bastante controlado en mi vida laboral, monótono, rígido, perfecto. Me encantaba así, pero todo se fue al diablo a penas ella abrió la boca. Ni siquiera mi sistema parasimpático resistió y mi corazón, en consecuencia, parecía el próximo en morirse de un ataque de ansiedad.
Simplemente me sentí extraño, y era un tipo de extrañeza que desgraciadamente conozco muy bien, una incomodidad particular que sé de dónde proviene, del lugar donde nacen las mariposas y muere la estabilidad. Sin embargo, preferí ignorar esa sensación y hacerme el tonto, ya que era solo un sentimiento insignificante que quería erradicar de inmediato, como una plaga. Era una plaga. Es aún una plaga.
«Imposible, ¡Imposible! Esto no puede estar pasando. Llevo una perfecta y necesaria racha de ocho años, ocho años sin problemas...», pensé en ese momento, todas las alarmas prendiéndose en mi cerebro provocando un estruendo en mi interior que me dejaba aturdido, «Esto no es lógico.»
Imposible, ¡Imposible! Esto no puede estar pasando. Llevo una perfecta y necesaria racha de ocho años, ocho años sin problemas...», pensé en ese momento, todas las alarmas prendiéndose en mi cerebro provocando un estruendo en mi interior que me dejaba aturdido.
Tal vez se deba a qué se me había olvidado cómo de horrible se sienten estas cosas, pero, estaba llegando a mi límite emocional al no comprender por qué y cómo había sucedido de pronto.
«No, no, no tiene lógica. Otras mujeres de la oficina me han coqueteado y no sentí nada de nada. Y ella ni siquiera me ha demostrado interés, solo está hablando con un empleado, ¿¡Entonces por qué me siento así!? ¡No!», grité internamente, sintiendo el miedo instalándose en mi corazón y me comenzó a dar un ligero mareo y malestar en el estómago, o así fue, hasta que Emily, notando mi ligera incomodidad, se acercó con una sonrisa amistosa y ajustó mi corbata, provocando que todos mis problemas físicos se fueran al traste al estar mi cerebro muy ocupado en sus manos y mi ligera apnea repentina ante ese gesto tan sencillo pero cercano de su parte.
Me quedé momentáneamente sin palabras, sorprendido por el montón de emociones que había sentido solo por ella, y me quedé inmóvil mientras ella se dirigía a los otros Directores de Área para continuar con la reunión, pasando de mí totalmente. En ese momento quedó más que claro, cualquier mínima oportunidad, si es que existía, de volver a mi vida normal desapareció definitivamente, pero no lo quise aceptar.
«¿Qué me sucedió?», fue lo que me pregunté al sujetar mi corbata y girarme para verla mientras hablaba con los demás y tragué en seco. Por sabía la respuesta.
Me enamoré, eso fue lo que sucedió.
No fue algo en particular, bueno, sí, ese gesto sutil con mi corbata casi hizo que me desmayara, pero, entiendo que fue solo mi perspectiva distorsionada. Mi maldita tendencia a idealizar las cosas que me hacen sentir especial, eso... Y todo lo que su presencia representó para mí al verla por primera vez. Pero no quería que mi hermosa monotonía rígida, construida durante los cuatro años que llevo trabajando en esta compañía, se viera amenazada. Así que hice un esfuerzo consciente por mantener esa hermosa monotonía e ignorar todo lo que no estuviera relacionado con el trabajo.
Había sacrificado mucho para mantener esta doble personalidad serena y responsable, pero sociable y un poco seria pero fuerte, que había mantenido mi trabajo y me había hecho avanzar en la vida y en mi manera de relacionarme con los demás. No quería que se viera afectada por mi personalidad principal, el yo imbécil que siempre sufre porque es demasiado imbécil para funcionar en base a algo que no sean los sentimientos y las crisis de ansiedad nerviosa. El yo de verdad apesta, lo sé, me lo han dicho hasta el cansancio. El yo de verdad no sirve para estar vivo porque es débil y punto. Lo odio.
Por eso decidí matar a las mariposas en mi estómago. Y, de verdad que lo intente con todas mis fuerzas, sin embargo, aquí estoy, tan solo tres semanas después, mirándola pasar a su oficina privada después de hablar con su secretaria personal, admirando la hermosa camisa de flores que se ha puesto el día de hoy, dándome cuenta de que sigo completamente enamorado y ya no puedo cambiarlo. Sin importar qué haga, la miro y pienso en lo mucho que la quiero.
Así que lo admito oficialmente: he caído, y demasiado bajo. He caído bajo y duro a los pies de esa hermosa mujer que es mi jefa. De esa mujer a la que le debe valer tres cominos mi existencia y que por desgracia saca a relucir mi horrible personalidad inconscientemente.
¿Qué más quiere de mí la vida?
Sé que no debería sentirme así, lo tengo claro. Debería mantener la distancia, no involucrarme emocionalmente con nadie, lo había prometido. Pero es que ella es tan increíblemente perfecta, tan maravillosa, que resulta inevitable que despierte sentimientos en mí. Lo sé porque no fui el único en la oficina que fue víctima de su existencia; lo noto en las miradas hambrientas de mis empleados y otros directores cuando ella pasa, puedo escucharlo en los murmullos y cuchicheos a sus espaldas, resaltando su belleza cautivadora o alguna otra admirable cualidad. A veces con vulgaridad mal disimulada, otras con genuina admiración. Incluso las mujeres no pueden evitar hablar de ella, algunas con veneno destilando envidia, otras elogiándola sin reservas. No hay término medio con ella, es sencillamente extraordinaria.
Por mi parte, no puedo evitar regañar con dureza a cualquier empleado que se atreva a faltarle al respeto o hablar de más de ella. He incluso llegado a amenazar con despedir dos veces. Siento que mi nivel de sociabilidad ha decaído desde que su presencia ilumina la oficina y todos me toman ahora por un ”malasangroso" gruñón con demasiado interés en la jefa.
«Y yo que pensé que lo podría mantener en secreto, pero todos sospechan... al menos nadie le ha dicho.»
Estoy acabado.
Lo peor es que ni siquiera tiene sentido, ni siquiera hemos tenido conversaciones que no hayan sido mayormente sobre trabajo, todas superficiales, por no decir prácticamente inexistentes. Y, sin embargo, cada pequeña interacción, cada breve intercambio de palabras logra cautivarme aún más profundamente. ¿Cómo? Mi habilidad era ser inmune al flechazo, pero me pegó de frente.
Quizás sea su voz, no demasiado fina pero suave, serena y firme que me deja deseando seguir escuchándola, aunque el tema carezca de importancia. O tal vez sea su amabilidad innata, su personalidad arrebatadora y su sentido del humor, cualidades que le permitieron conectar con todos en la oficina desde el primer día, exhibiendo una habilidad social superior a cualquier persona que haya conocido antes, y por supuesto, superior a la mía. Podría ser también su asombrosa capacidad para encontrar soluciones ante cualquier problema y la forma en que me mira y me sonríe, haciéndome sentir que disfruta de mi presencia, aunque sea un segundo. La verdad es que ella es un sueño hecho realidad, perfecta en cada detalle. Por eso me agarró con la guardia baja y ahora la adoro con cada fibra de mi ser.
¿Y qué más da? De todas maneras, no tiene sentido angustiarme porque, después de todo... ella nunca lo sabrá. Es decir, sí, por supuesto que estoy enamorado, pero pensar en una relación con ella es como desear que ocurra una tragedia. Para empezar, sé perfectamente que, sin importar lo que haga no llamaría su atención; seguro tiene una fila de hombres más jóvenes, atractivos y con mejores cualidades que yo, esperando por ella. No estoy a su altura. Y aun si por algún milagro se fijara en mí, acabaría siendo infeliz, como mis exnovias. No tengo habilidades para las relaciones, siempre termino lastimando a mis parejas y por eso me dejan.
Es algo que acepté hace tiempo: soy demasiado raro y patético, por eso soy incapaz de amar adecuadamente. Cada vez que miro el anillo en mi dedo, lo recuerdo, junto con mi promesa de mantenerme soltero: soy un fracaso en el amor, y por más que lo intente eso nunca cambiará. Mis relaciones siempre estarán destinadas a la perdición.
Y yo que quería casarme. Pero, ¿Qué se puede hacer? Las cosas solo son de esta manera. Es mi culpa por nacer desviado.
—Hey, Yibrail, cariño. —Salí de mis pensamientos al escuchar a Emily llamándome desde la puerta de su oficina. Inmediatamente, me levanté de mi escritorio y me dirigí hacia ella.
—¿Sí, señorita Emily? —pregunté con una sonrisa tímida. Ella amplió la suya y negó ligeramente. Otra vez me sudan las manos, que asco.
—Yibrail, ¿Qué te había dicho? Puedes hablarme de ”tú“, deja el ”señorita“. —Sentí un leve calor en mis mejillas y miré al suelo, luego asentí levemente mientras mi corazón latía rápido por tercera vez en lo que va de mañana—. Bueno, parece que hoy tampoco hablas mucho, ¿Verdad?
—Ah... sí...
«¿Por qué su dulce voz me convierte en un desastre? Tímido, idiota y retraído, estoy siendo ridículo.»
—Bueno, está bien, es bueno ser un poco misterioso —cedió con una leve risa, aunque no es mi intención ser gracioso ni mucho menos misterioso—. Y, volviendo a lo anterior, quisiera pedirte un favor, ¿Podrías hacerlo?
—Sí, claro. ¿Qué quiere que haga? —respondí levantando la mirada, dispuesto a hacer lo que fuera como el enamorado idiota que soy.
—Verás, desde esta mañana no he tomado café y realmente necesito mi dosis diaria. Me preguntaba si podrías comprarme uno de la cafetería que está aquí cerca, en esta misma carrera. ¿Sabes cuál es? La ”Juan Valdez" —pidió, y yo sonreí.
—¡Sí, por supuesto que sí! —solté sin pensarlo dos veces, adoro cuando me pide cosas, así tengo una excusa para hablarle —. ¿Qué tipo de café le gusta, Emily?
—Uno americano, pero con bastante azúcar. Gracias de antemano, Yibrail.
—¡Se lo traeré enseguida! —afirmé con entusiasmo, sintiendo el calor en mi rostro aumentar. Me di media vuelta rápidamente y me dirigí al ascensor para cumplir su petición lo antes posible.
Tomé el ascensor apresuradamente, mi mente divagando entre el nerviosismo por la breve interacción con Emily y la tarea encomendada. Mientras descendía, repasaba mentalmente la orden: café americano, con mucha azúcar. No es complicado, pero siento la presión de hacerlo perfecto.
Al llegar a la cafetería, me formé en la fila con determinación, repasando una y otra vez la orden en mi mente para no cometer errores, a pesar de lo simple que es: café americano, con mucha azúcar, eso es todo. Cuando finalmente llegó mi turno, pedí el café de Emily con la precisión y el tono de quien teme fallar en una tarea crucial de vida o muerte.
—Quiero un café americano con mucha azúcar, lo más rápido posible —dije con seriedad y deliberadamente despacio para evitar malentendidos. La mirada extrañada y molesta del empleado me hizo darme cuenta de que había sonado brusco e impaciente. Me disculpé rápidamente y cambié mi tono y expresión—. Lo siento, simplemente es una orden urgente. Por favor, ¿podría prepararme un café americano con mucha azúcar para llevar? Gracias. —reiteré, esta vez con calma y amabilidad, aunque seguía sintiéndome estresado. El empleado, aparentemente ignorando mi actitud previa, respondió cortésmente:
—Enseguida se lo preparo.
El tiempo que tardó en servirse mi pedido fue suficiente para que mi ansiedad disminuyera, y pude pagar con tranquilidad. Fue entonces cuando recordé que “Juan Valdez” es una cafetería bastante cara. Las pocas veces que he venido aquí o al Starbucks han sido para hacer encargos; siempre he estado acostumbrado a tomar el café de la oficina o el que llevo conmigo. No comprendo la necesidad de otros de gastar tanto en una taza de café de estas tiendas recurrentes, aunque admito que los granizados y nevados son deliciosos, pero, en mi opinión, son más deliciosos una vez cada dos meses.
Con mi pedido en mano, caminé de regreso con más tranquilidad, sabiendo que correr no era una opción si quería que el café llegara intacto. Apenas ingresé al edificio, subí nuevamente por el ascensor, sintiendo ese conocido aleteo en mi estómago ante la perspectiva de que Emily me agradeciera con una sonrisa. Y admito que, en el ascensor, al encontrarme solo, revisé mi ropa y cabello en el espejo de las paredes, solo... por si acaso.
«Debo estar loco, me siento como si estuviera de nuevo en la universidad. No, ¿Qué cosa tan horrible estoy pensando? Emily no es como Shadya, ella es dulce y me trata bien... Ojalá deje de gustarme pronto», pensé, frunciendo el ceño frente al espejo y sacudiendo la cabeza.
Caminé naturalmente hasta su oficina, llamé suavemente a la puerta y me asomé con una sonrisa calmada, fingiendo que no había sido gran cosa haber ido a comprar café, como se supone que debe ser, no como yo que lo hago una travesía.
—Disculpe, señorita Emily. ¿Puedo pasar? Traje su café —ella me indico que pasara con un gesto de mano y yo me acerqué a su escritorio para extenderle el vaso, notando cómo sus ojos se iluminaban al verlo.
—¡Perfecto! Mil gracias, Yibrail. Eres un amor. Si no tomó café no puedo funcionar bien y me da dolor de cabeza —agradeció con una sonrisa cálida para. seguidamente, tomar un sorbo del café —. Pero ya te dije, puedes hablarme de “tú“, no seas tan formal.
—Ah... sí, lo siento. ¿Hay... hay algo más en lo que pueda ayudarte? —pregunté, deseando prolongar ese momento un poco más. Me sentí un poco raro de hablarle directamente sin la formalidad con la cual me dirijo a todo el mundo. Ella negó con la cabeza suavemente.
—No, eso es todo por ahora. Gracias de nuevo, Yibrail —repitió, enfatizando mi nombre de una manera que hizo que mi corazón diera un vuelco.
—Está bien, entonces me... me retiro... —dije y salí de su oficina, sintiendo una mezcla agridulce de emociones. Estaba feliz por haberla complacido, pero también frustrado por la barrera invisible e infranqueable que existe entre nosotros y separa nuestros mundos por algo más grande que la diferencia en nuestros rangos laborales. Sé que debo superar este enamoramiento y volver a concentrarme completamente en mi trabajo, pero es más fácil decirlo que hacerlo cuando el encanto arrollador de Emily me persigue todos los días.
«Olvídate de ella, olvídate de ella», me repetía como un mantra en mi cabeza.
Con cada paso de regreso a mi escritorio, intentaba convencerme de lo absurdo e inútil que era albergar cualquier tipo de esperanza o sentimiento de amor. Me repetía que no me lo merezco, que no sé amar. Aun así, una pequeña parte masoquista de mi ser, esa que tanto disfruta del dolor del amor, se niega a renunciar por completo a la ilusión de que Emily me ame o de que me permita amarla. Como si eso fuera una posibilidad.
«Okey, no me puedo olvidar de ella, pero, ¿Y qué si ella nunca se fija en mí? Con solo mirarla de lejos, con solo escuchar su voz de vez en cuando, me siento satisfecho, ella no debe tratarme de forma especial, solo soy yo siendo tonto, eventualmente debo hacer que deje de gustarme. Pero, por el momento... Puedo tener un crush en ella, ¿Verdad? Puedo permitirme eso, ¿No?»
No es como que no lo hubiera pensado antes, tan solo lo estoy aceptando ahora. Esforzarme para escuchar un simple ”buen trabajo" salir de sus labios, que ella me mire, aunque sea un momento cuando le pido firmar algo, emocionarme como nunca lo hice por completar balances e informes que deberé llevar a su oficina. Simplemente, fantasear con cómo sería si ella me abrazara. Tan solo que este ahí y pueda hablar con ella sobre proyectos y porqué odiamos al grupo de inversores estadounidenses. No necesito más, solo quiero disfrutar de eso un ratito más, mientras me desenamoro.
Me fijé cuando salió de su oficina brevemente para decirle algo a su secretaria, suerte que trabajo en el mismo piso donde está su oficina privada. Ella me miró de reojo y me saludo levemente antes de volver a su oficina, y yo me sonrojé y saludé como un estúpido.
«No, listo. Estoy acabado. ¿A quién mierda engaño? ¿Suficiente con tener un crush? Por favor».
La realidad es que eso no es suficiente, que necesito más de ella para sentirme bien y no ser más miserable. Porque mi amor por Emily, por más platónico que sea, por más enterrado que lo mantenga, es un sentimiento intenso y profundo, nacido de una auténtica admiración que va más allá de su belleza física. Ella representaba para mí la suma de todas las cualidades que siempre soñé con encontrar en una mujer: inteligencia, bondad, fortaleza, liderazgo... ¡Ay, Dios mío y como combina su ropa y sus zapatos!
Sacudí la cabeza con fuerza, intentando alejar esos pensamientos peligrosos de mi mente. No puedo permitirme continuar por ese camino, es una senda que solo me llevará al sufrimiento y la desilusión. Tengo que aceptar mi realidad, tengo que conformarme con las migajas de cercanía y disfrute efímero que Emily me proporciona sin ser consciente de ello.
«Cálmate, es un amor imposible, un amor que jamás podrá tener un futuro. Pero al menos es real, al menos lo puedo sentir en todo su esplendor en la seguridad de mi propio corazón. Y eso es suficiente, tiene que serlo», pensé con renovada resignación mientras me sentaba frente a mi computadora, decidido a enterrarme en trabajo para mantener mi mente ocupada y mis fantasías raras a raya.
Porque si de algo estoy seguro, es de que este amor platónico, por más hermoso e intenso que sea, nunca trascenderá los límites de mi alma y mi mente. No lo permitiré. Y este pequeño corazón mío, siempre tan dispuesto a sufrir, tendrá que aprender a vivir con esta realidad. Como tantas otras veces.
«Sí, cálmate corazón imbécil. Ya, olvídate de ella. Nunca se fijará en ti, idiota».
♥♥♥
Pasó aproximadamente una hora cuando una idea comenzó a formarse en mi cabeza una vez que dejé de fantasear con una cita con Emily y volví a pensar en que las “b” se parecen mucho a las “d” pero al revés —por eso siempre las confundo cuando van juntas—. Recordé que Emily tiene una secretaria personal, Linda, ella la había traído con ella cuando llegó a reemplazar al antiguo CEO. Linda, como toda buena secretaria personal que valora su sueldo, siempre está pendiente de lo que necesita Emily, siempre le lleva lo que necesita y se encarga de sus necesidades, es decir, una persona que fácilmente podría haber comprado el café en lugar de mí, una persona que estuvo en su escritorio toda la mañana.
«Entonces, ¿Por qué me lo pidió?», cuestioné, levantando la vista de mi computadora y miré a Linda, ella sentada en su escritorio justo en la puerta de la oficina de Emily trabajaba diligentemente. Fruncí el ceño. «Esto es raro...».
La sospecha me invadió lentamente, haciéndome cuestionar la situación. Alcé la vista y vi a Linda en su escritorio trabajando como siempre, atenta a sus ocupaciones.
¿Por qué Emily me había pedido específicamente a mí que le trajera el café?
Decidí abordar el tema con sutileza, y directamente con Emily, pues realmente no conozco a Linda y tiene fama de amargada; fama que he confirmado. Es un poco irónico, siempre he sido reservado y poco sociable. Aunque llevo años en esta oficina, y tengo los nombres y números de todos anotados en una libreta —por si acaso—, no soy realmente amigo de mis empleados y colegas, de hecho, he tenido más conversaciones con los libros de finanzas cuando me siento frustrado que con cualquiera en la oficina, tanto así que me conocen como el hombre de ”Lo estrictamente necesario“, pero mis habilidades para hablar con clientes siempre han sido las mejores, y sin embargo me cuesta hacer una simple pregunta a mi jefa.
«¿Emily, tienes un momento es que...? ¿Emily, tienes un momento? Quería preguntarte algo... si no te molesta...» traté de armar un guion mental, mientras esperaba cerca del ascensor a que ella saliera para almorzar como todos los días a la 1:20pm, caminaba tanto de un lado al otro que todos los que iban saliendo o entrando a los ascensores me miraban como si hubiera hecho un hueco en el piso. «¡Mierda, ¿Por qué es tan difícil? Ella solo es mi jefa, no pasará nada si le pregunto, solo debo sonar casual, seguro, confiado, ¡Como hombre!»
—¿Yibrail? —Esa dulce voz me hizo sobresaltar y girar de inmediato, encontrándome con la mirada confusa de Emily —. ¿Qué haces parado delante del ascensor, cariño? ¿Vas a bajar?
—Ah-h, sí... ¡Sí! V-voy a bajar —mentí, viendo cómo mi plan de ser confiado y seguro se fue al carajo. No importa lo que haga, su dulce presencia me quiebra como a una varita de mazapán.
Ella me quedó viendo mientras yo trataba de que el nudo que se formó en mi garganta no me provocará vomitar.
—Ah... Yibrail, ¿Vas a presionar el botón? —preguntó señalando detrás de mí al ascensor, yo me volteé de inmediato y presioné el botón como treinta y siete veces seguidas.
—Hey, calma. Tranquilo, ese botón no te ha hecho nada para que lo trates así —bromeó ella poniendo su mano sobre la mía, sujetándola y un presionando el botón suavemente solo una vez, el contacto repentino de su mano sobre la mía envío un escalofrío por mi cuerpo y rápidamente me aparté.
Lo admito, fui brusco con ella, pero no intencionalmente, aun así, ella me miró sorprendida y luego sonrió dulcemente.
—¿Qué pasa Yibrail? Si algo te preocupa puedes decirme —comentó y yo sentí mis piernas temblar como gelatina.
Debo salir de aquí.
—N-nada, recordé que tengo... Tengo algo que hacer, almuerza tranquila. Provecho, adiós —a lo que como pude me fui rápido de ahí hasta el baño, dónde tuve algunas arcadas, pero me contuve poniendo una mano en la boca y comencé a contar del 757 hacia atrás.
Cuando finalmente dejé de sentirme mareado salí del cubículo, esta vez tampoco había pasado del número 689. Significa que sigo estable; a veces debo recordarme que la universidad quedó atrás y que soy un adulto independiente y fuerte. Así que regresé a mi escritorio y comí una de las galletas de avena y chocolate que siempre traigo, perfectas para calmar mi corazón afligido.
Pasé todo el almuerzo en mi escritorio, con mis galletas de avena y chocolate, pensando en cómo acercarme de nuevo a Emily y preguntarle. Porque no me voy a rendir. Esto no se queda así. Si quiero dormir tranquilo hoy, no puede quedarse así.
Tuvieron que pasar aproximadamente cinco horas para hallar una oportunidad. Hice mi trabajo, por supuesto, me he vuelto más eficiente desde que Emily llegó, así evito pensar en ella. Pero pase esas cinco horas dando vueltas cerca de su oficina como un cóndor buscando comida, hasta que por fin llegó la oportunidad perfecta.
Ella se dirigió a la sala de fotocopias en el piso siete, dos pisos arriba de donde nos encontrábamos. Así que sutilmente —para no parecer premeditado —, la seguí al ascensor y cuando ella entró yo también lo hice, y la saludé con la confianza que había practicado en mi cabeza mientras fingía ser un cóndor.
—Hola de nuevo, Emily.
—Hola, Yibrail. Así que esta vez sí bajas —recordó ella, y me sonrojé un poco.
—Sí, voy a la sala de copias, necesito más formas A1 —mentí, mostrando el papel en mi mano como había planeado para que fuera convincente.
—Sí, yo también voy ahí, necesito fotocopiar unas facturas —dijo ella con una sonrisa mostrándome los papeles de la carpeta en su mano con complicidad. Adoro hablar con ella.
Me miré de reojo en el espejo del elevador, estaba perfectamente presentable, solo un ligero rubor en mis mejillas que se puede ignorar, y mis manos no están temblando tanto, perfecto. Solo debo hacer la pregunta antes de que alguien se le acerque.
—Ah, Emily. Ya que estamos... Quería hacerle una pregunta... —solté con calma, justo cuando las puertas del elevador se abrieron y ella salió caminando, yo la seguí.
—Claro, cariño. Dime —cedió con su habitual atención dividida, mientras se acercaba a una fotocopiadora que estaba siendo usada y agradeció al empleado que la cedió rápidamente. Yo tomé valor y hablé en voz algo baja tratando de sonar lo más natural posible, aunque mi corazón late con fuerza.
—Bueno, solo quería preguntar... Bueno, es que... No sé, usted sabe, yo... Estaba pensando en mi escritorio y pensé que su secretaria suele traerle café todos los días y me preguntaba por qué, entonces, específicamente me lo pidió a mí —expresé, tratando de sonar casual, aunque mi nerviosismo es palpable.
Emily sonrió de manera cómplice, haciendo que mi corazón latiera aún más rápido, si es que es posible.
—Oh, bueno. Parece que me atrapaste. La verdad es que solo quería que trajera el café un hombre lindo —confesó con una risita.
Mis ojos se abrieron ligeramente por la sorpresa, y una oleada de calor subió a mis mejillas. La incredulidad se mezcló con un atisbo de emoción en mi voz cuando pregunté con timidez y una sonrisa de imbécil.
—¿E-en serio crees que soy lindo?
Emily sostuvo mi mirada con una sonrisa juguetona, notando mi reacción ante su comentario. Sus ojos brillaban con diversión mientras respondía de manera franca:
—Claro que sí, Yibrail. Eres muy atento, amable y, sí, definitivamente muy guapo —soltó con sinceridad, lo que hizo que mi corazón diera un vuelco de alegría y sorpresa.
Mi cara ardía y sentí una mezcla de felicidad y nerviosismo ante sus palabras. No es algo que esperara escuchar, especialmente de alguien como Emily, a quien admiro y respeto tanto, pero realmente estoy feliz por haberlo escuchado. Es tan increíble, piensa que soy amable y atento, ¡Además de guapo! ¡Le agrado!
—Oh, gracias, Emily. Eres muy amable, de verdad, gracias —respondí, tratando de mantener la compostura a pesar de la emoción tan grande que estaba por desbordarse de mi ser. Mi sonrisa enorme delataba lo bien que me había hecho sentir su cumplido. Hace años no me daban un cumplido sincero.
Ella rio suavemente ante mi reacción, y luego continuó de manera más seria pero aún con una sonrisa en sus labios.
—Ay, Yibrail en verdad eres muy lindo. Solo estaba bromeando —soltó de pronto y mi felicidad momentánea se quebró tan rápido como mi vergüenza apareció.
Me reí nervioso y aún con mi sonrisa incómoda dije:
—¿Q-qué? ¿Estabas bromeando?
A lo que ella me miró con un ligero arrepentimiento y puso una mano en mi hombro, una que sé que significa: ”siento lastima por ti“.
—Oh, lo siento, Yibrail. No era mentira, si eres atento, amable y guapo —aclaró con una sonrisa dulce —. Pero no te pedí lo del café por eso, es que Linda ha estado ocupada toda la mañana porque está tratando de arreglar un problema que tuvo con mi horario y mezcló todas mis citas de mañana y tú eras el más cercano en el momento, y confío en tí, porque eres un buen empleado. ¿Entiendes? Oh, y, por cierto... —busco en el pequeño bolsillo de su falda y me dió un billete de diez mil pesos, yo lo miré desconcertado cuando me lo extendió.
—¿Y-y eso?
—Lo del café, se me había olvidado pagarte. Conserva el cambio —dijo, amable pero indiferente a la vez, era como si me estuviera tratando como a un simple empleado con el cual mantener distancia.
«Idiota, eres un simple empleado», me regañé mentalmente y tomé el billete rápidamente para que no se notará el temblor en mi mano.
—Sí, gracias... Lo había olvidado por completo —Mi expresión se tornó un poco más seria mientras asentía lentamente, procesando sus palabras. Intenté mantener una sonrisa amable, aunque por dentro sentía una mezcla de decepción y vergüenza por haber tomado en serio su comentario inicial.
Emily me miró con comprensión, notando mi cambio de actitud, y puso una mano reconfortante sobre mi brazo.
—Es solo que me pareciste la persona más cercana en ese momento para hacerme el favor, pero eso no quita que aprecie tu amabilidad y disposición para ayudarme, lo lamento si se mal entendió algo—agregó con suavidad, buscando aliviar cualquier incomodidad que pudiera sentir, es tan atenta.
Asentí nuevamente, agradecido por su comprensión y sinceridad. Sonreí con más emoción, llegando a fingir que fuera genuina y dije:
—No se preocupe, Emily. No fue nada. Sabe que estoy aquí para usted. Siempre es un placer poder ayudarla.
—Yibrail, ya te lo he dicho. Háblame de ”tú" no de ”usted" —recordó con una sonrisa y un suspiro que no era realmente por exasperación —. Realmente eres un caso, ¿No?
Yo reí ligeramente, actuando tan normal que hasta yo me sorprendí.
—Sí, perdón. Es la costumbre, Emily. Prometo que hablaré contigo de ”tú" de ahora en adelante. Bueno, ya tengo que volver al trabajo, así que te veo después —dije pensando en irme lo más rápido que pudiera. Pero ella me detuvo con su dulce voz.
—Espera, ¿No necesitabas más formas A1? —cuestionó algo confundida. A lo que yo me giré y ligeramente nervioso dije:
—No, de hecho, acabo de recordar que no es la A1 sino la C24 la que necesito, iré por ella a mi escritorio —mentí para poder irme rápidamente. No quería estar ahí y ya no podía aguantar más la farsa de estar bien con lo que acababa de pasar.
—Oh, bueno, hablamos luego —cedió ella algo extrañada, pero sin cuestionar más mi actitud, yo asentí y me alejé rápidamente, yendo al elevador.
No puedo creer que acabo de pasar semejante vergüenza, pero, ¿Qué me pasa? ¿Por qué me puse tan feliz solo por un simple cumplido? Eso es demasiado patético, me vi casi desesperado. Como si jamás una chica me hubiera hecho un cumplido o me hubiera volteado a ver más de dos segundos. Parecí todo un virgen, ¡Qué horror!
Mientras subía con algunos otros empleados y posteriormente caminaba a mi escritorio, todos mis pensamientos se agolpaban en mi mente.
«¿Ella me habrá visto tan patético? ¿Pensará que soy un virgen? Dios, no, que desastre. Si se entera...», al sentarme en mi escritorio pegué mi cabeza al escritorio y la cubrí con mis manos, teniendo una crisis existencial, «No, no. Estoy exagerando, disimule bien. Ella no debe pensar que soy un virgen necesitado de afecto... ¿Cierto...? ¿¡Cierto...!?»
Pasé el resto del día algo desconcentrado, pero pude terminar mi trabajo pendiente y sacar más formas C24 de las que necesitaba. Apenas pude salí corriendo de la oficina, no quería toparme con Emily por nada del mundo. Por suerte todo quedó listo temprano y pude irme como quería.
Me compré un café de quinientos pesos en la calle mientras esperaba el autobús para calmar mis putos nervios que estaban provocando que mis manos temblaran como si tuviera Parkinson. Últimamente pareciera que sí lo tengo, tiemblo demasiado y lo odio.
Cuando por fin tomé el bus, todo el camino me tuve que aguantar al maldito Romeo Santos porque el chófer resultó ser selectivo musicalmente y, para colmo, al regresar a mi apartamento me di de cuenta que no había comprado nada para la cena y la tienda ya estaba cerrada a esta hora porque a nadie en este país le gusta trabajar antes de 8 A.M ni después de 8 P.M. Y no quiero pedir comida a domicilio... Ni siquiera tengo apetito, de hecho.
Suspiré y entré en mi departamento, el peso de la conversación con Emily aún se aferraba a mi mente. Aunque traté de restarle importancia, la verdad es que sus palabras habían dejado una marca en mi corazón. Una desilusión, una fractura.
Me quedé parado frente a la puerta, aún con la llave en la cerradura que acababa de cerrar con doble cerrojo. Mi departamento siempre ha sido mi refugio, un espacio de tranquilidad... tal vez por eso me sentí vacío y desolado cuando puse el cerrojo, este lugar es seguro... Por eso las emociones que había estado conteniendo durante el día finalmente se desbordaron.
La mezcla de decepción por haber sido objeto de una broma, la vergüenza por haberme ilusionado demasiado y la confusión por mis propios sentimientos hacia Emily se entrelazaban en un torbellino emocional. Y, sin entender bien porqué, comencé a llorar.
«Que estúpido soy. ¿Por qué estoy llorando? No es cómo si ella hubiera hecho algo malo, fue solo una simple broma inofensiva, esto es mi culpa por ser tan sensible y tan iluso creando fantasías y creyéndome víctima de una broma inofensiva.»
Nunca he podido ser emocionalmente fuerte, de hecho, como decía Shadya, mis mayores cualidades son ser: cobarde y llorón, y ocultarlo lo suficiente para que los demás se quieran acercar a mí.
Me deje caer de rodillas al piso, sentándome sobre mis piernas, mientras sentía cómo las lágrimas brotaban sin control de mis ojos. Ya no podía parar de llorar.
Repasé cada palabra de nuestra conversación una y otra vez en mi mente, tratando de encontrar alguna señal de que tal vez sus elogios iniciales habían sido sinceros y sí quería que yo le llevara el café. Pero cada vez que llegaba al momento en que ella aclaraba que era solo una broma, sentía un nudo en la garganta y un dolor punzante en el pecho. Y se me partía un poco más el corazón.
«Fui demasiado ingenuo y estúpido.»
Durante lo que sentí un par de horas, dejé que las lágrimas fluyeran libremente, liberando la tensión acumulada en mi interior. El silencio de mi departamento se vio interrumpido por sollozos ahogados y suspiros entrecortados mientras luchaba por entender mis propios sentimientos. Me apoye en la puerta, incapaz de levantarme del suelo, pegué mi frente y me quite las gafas, de todas formas, estaba empañando el cristal con mis lágrimas.
Finalmente, agotado por la tormenta emocional, me puse los lentes, me levanté del suelo y fui a mi cuarto, consciente de la importancia de la rutina. Me duché, me puse mi pijama, me metí en la cama, me quite las gafas y me eché gotas para los ojos o mañana tendría los ojos hinchados, me recosté mirando al techo y respiré profundo.
Esto que ha pasado hoy no se debe volver a repetir, llorar así es malo. Es estúpido.
Después de un rato de seguir mirando el techo y pensar mucho en si debería hacer el esfuerzo de cenar, decidí mejor cerrar los ojos y dormir. No quiero seguir pensando en esto. ¿Y qué mejor que dormir? Es como la versión barata y temporal del suicidio, puedes escapar de lo que quieras por unas horas, suficientes horas para luego ignorarlo en la vida real. Lo describí cuando iba en el bachillerato.
♥♥♥
Nota:
Hola, queridos lectores. Por favor voten y comenten para saber que les gustó este primero capítulo.
Díganme:
¿Alguno de ustedes alguna vez ha sentido el flechazo?
¿Se concideraba buenos o malos en asuntos del corazón?
Hasta la próxima.
Beyn España