Encato y desencanto de una nahala
Te envuelves en un sinfín de máscaras y de voces como el canto del cenzontle. Cómo no admirar las plumas que te abrazan de un pavo real con los colores de un jardín embrujado. Con formas misteriosas que imitan ojos. Ojos preciosos que me observan y me hechizan.
Nahuala a veces con la risa ilusoria de una hiena a veces con las garras de un zopilote que se encaja en lo más hondo de mi corazón. Preguntas al aire si alguien podría enamorarse de ti aún si tus garras sacaran tripas.
Yo enamorada estoy de ti a ciegas, a tientas y con la incertidumbre de no saber si de día eres una bruja o de noche eres un cuervo.
Mis pasiones no son vagas, son una promesa sólida de amarte a través del tiempo a sabiendas que este amor sólo es mío, mío, mío.
¿Qué menjurjes echas a tu olla para que mi alma esté cosida a tu espalda?
Y el desencanto llega cuando te tornas tormenta nahuala mía. Ante lo intempestivo de los rayos y truenos, de las gotas heladas cual lanzas. Hay una armonía ante tu desastroso clima.
La quietud llega cuando te unes a las sombras de la noche con el aroma a humedad que dejaste a tu paso con mi corazón arrastrando a tus pies.
Te llevas todo de mi nahuala hasta que los primeros atisbos de luz anuncien un nuevo amanecer.
L.H