Capítulo 1 - La destrucción: el fin de la vida humana.
La destrucción: el fin de la vida humana.
En un rincón oscuro y olvidado de los miles de universos que componen la vastedad del cosmos, surge la leyenda de Nethros Shadowbane. Este ser misterioso y temido es una criatura devoradora de vida que atraviesa dimensiones en busca de su única y oscura obsesión: acabar con la existencia y la vitalidad de cada mundo que pisa. Sus ojos rojos como la sangre reflejan un vacío infinito, brillan con una malicia insaciable mientras se sumerge en la turbulencia de los mundos conocidos y desconocidos.
Nethros Shadowbane no es solo devorador, sino una entidad que se destruye los mundos por los que pasa. Su macabra dieta consiste en la sangre de los habitantes de los diversos mundos, absorbida con voracidad hasta que quedan secos y sin vida. A medida que Nethros avanza, la tierra que toca se ve envuelta en un frío sepulcral, como si la misma esencia vital hubiera sido succionada. El cielo se vuelve rojo, el mundo se congela, las ciudades colapsan y la vida se marchita, los ríos se convierten en arroyos secos y los bosques se desvanecen en sombras eternas. La mera cercanía de Nethros Shadowbane es suficiente para sumir a los habitantes en el pánico, ya que saben que su llegada solo puede significar el inexorable fin.
¿Quién es Nethros Shadowbane? Es el espectro de la perdición, la sombra que se cierne sobre la esperanza y la vida misma.
Y es que justamente era un martes como cualquier otro, cuando la vida humana tuvo su fin. La gente iba y venía de sus labores, los niños jugaban juntos, y las personas hacían sus diligencias como cualquier otro día. Nada parecía presagiar que ese martes de otoño sería diferente a cualquier otro día.
Eran las 5 de la tarde cuando el cielo se oscureció y se tiñó de un rojo intenso, el sol había desaparecido, algo lo había tapado. Todo se detuvo por unos instantes y la gente miró al cielo, algunos con temor, otros con fascinación o incluso algunos por simple curiosidad. Un gruñido ensordecedor rompió los cristales de los edificios, las alarmas de los vehículos empezaron a sonar, y los autos se empezaron a chocar unos con otros, destruyendo todo a su paso. Era un momento que la humanidad no entendía, todos estaban confundidos y no sabían qué hacer. Algunos paranoicos empezaron a gritar y correr a refugiarse. Otros simplemente se quedaron paralizados contemplando el rojo cielo que los cubría. Incluso había quienes abrazaban a sus seres queridos asustados de la situación.
Nadie lo había visto venir. En cuestión de minutos, el cielo se nubló de forma escalofriante y una temperatura gélida empezó a apoderarse del ambiente. Las personas se miraban desconcertadas, frotando sus manos y apretando sus abrigos en un intento por entrar en calor. Pero era inútil.
El frío mortal continuaba descendiendo sin piedad sobre la ciudad. Alientos congelados salían despedidos de sus bocas temblorosas. Pronto la gente empezaba a caer al suelo, con sus extremidades rígidas convirtiéndose en estatuas de hielo. En cuestión de horas, la mitad de la población estaba inerte sobre las calles y aceras. Sus cuerpos sin vida habían sido congelados en extrañas posturas, con los rostros desencajados por el horror.
Los sobrevivientes intentaban refugiarse donde podían, frotando desesperadamente sus manos y pies, sintiendo cómo la sangre se les helaba poco a poco. Los latidos de sus agitados corazones retumbaban en sus oídos, bombeando con ferocidad la sangre que intentaba a toda costa no convertirse en témpanos letales. No entendían qué pasaba, veían a sus seres queridos caer congelados en el suelo, sin ninguna esperanza de vida.
Los pocos sobrevivientes intentaban mantenerse con vida, acurrucados y tiritando de frío extremo, cuando una extraña sombra negra con unos ojos de un color rojo profundo y unas alas de murciélago enormes, empezó a desplazarse por todas partes. La espesa nube negra se arremolinaba cubriendo el cielo, bloqueando por completo la luz solar, haciendo más difícil ver hacia dónde iba la criatura.
Las personas intentaban escapar, pero las enormes garras de la criatura eran mucho más rápidas y se enroscaban en sus piernas y brazos con fuerza bruta. Los aullidos de dolor no se hacían esperar cuando los colmillos se incrustaban para succionar violentamente la sangre de sus víctimas. Cuerpos aniquilados eran arrojados sin piedad tras ese siniestro drenaje. El pánico y la histeria dominaban a los humanos que corrían enloquecidos buscando un refugio inexistente. Las sombras lo envolvían todo. No había escapatoria. Uno a uno, aquella criatura les iba extrayendo sangre, energía vital y aliento, hasta secarlos por completo y dejar solo una cáscara marchita de lo que alguna vez fueron.
En cuestión de horas, la mayoría de seres humanos había desaparecido de la faz de la Tierra. Solo quedaban los cadáveres disecados sobre un suelo lleno de sangre. La oscuridad había absorbido toda luz, calor y vida. El silencio era sepulcral. La Tierra parecía haber muerto.
En el punto más alto de la desesperación, Nethros Shadowbane llevó a cabo su más siniestro acto: cubrió el sol, congeló a todas las personas del planeta y por último acabó con gran parte de ellas. Un día que debería haber sido iluminado por la luz cálida y dorada, se vio eclipsado por la gélida oscuridad que emanaba del poderoso ser. La humanidad, testigo de este oscuro prodigio, quedó sumida en una noche eterna, congelada en el tiempo y en la angustia de un sol que se negaba a liberar su resplandor.
Los cuerpos de aquellos que antes reían y soñaban son convertidos en meros cascarones, secos y desprovistos de toda vida. Las calles se llenaban de cadáveres demacrados y la ciudad se sumía en un silencio sepulcral, roto solo por el aullido del viento helado. Los pocos sobrevivientes, se aferraban a la esperanza, resistiendo en la penumbra de un mundo que había perdido su vitalidad.
Nethros, como un titán oscuro, se paseaba entre los restos de lo que alguna vez fue un mundo vibrante. Los ojos sin vida de los humanos ahora reflejan la misma desolación que él propaga. Con cada paso, la tierra quedaba marcada por la sombra de su presencia, como un recordatorio tangible de la atrocidad que había cometido. La vida, una vez abundante y exuberante, se extinguía a su paso, dejando tras de sí un paisaje desolado que solo puede compararse con el más oscuro de los sueños.
En el ahora universo sin luz, Nethros Shadowbane se encuentra en un reposo, donde es una sombra gigantesca que tapa el sol con su presencia ineludible. La oscuridad que una vez desató ahora se extiende como un manto eterno sobre el mundo que conquistó. Reposando, su figura imponente se establece como un recordatorio de la devastación que dejó a su paso.
Tranquilo, Nethros aguarda con paciencia, como un depredador acechando en la oscuridad. En su descanso, absorbe la esencia vital que ha cosechado, alimentándose de la energía vital que robó de los humanos. Y es que como un eclipse perpetuo, su presencia pesa sobre la existencia misma, recordando a los mundos que está listo para emerger una vez más y devorar la vida de los otros lugares en todo el universo.
Muchas gracias por leer el primer capítulo.