Más allá de nosotros

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Summary

Emma no sabe quién es Luke Crawford, el líder de la banda del momento, Nebula Drive. Luke mucho menos sabe quién es Emma West, una estudiante que aún no sabe qué quiere hacer con su futuro. Cuando sus vidas colisionan, parece que el mundo podría arder gracias a sus personalidades, tan iguales como diferentes. Lo que empieza con unos tweets, termina con una inesperada de amistad, llena de comentarios listillos, coqueteo y algunas riñas, entre Luke y Emma, que los lleva a descubrir facetas ocultas de sus vidas y personalidades. Emma, quien está convencida de que su sueño de ser artista está destinado a un futuro fracasado, logra encontrar en Luke una inspiración para reconsiderar sus miedos y dudas. Mientras tanto, Luke, bajo la presión de mantener el éxito de su banda y enfrentar el estrés de la gira, halla en Emma un refugio de autenticidad y tranquilidad. Una historia sobre conexiones humanas en la era digital, donde dos personas de mundos aparentemente distintos quieren descubrir qué hay realmente detrás de la pantalla.

Status
Ongoing
Chapters
2
Rating
n/a
Age Rating
18+

01

Emma

La luz del mediodía atravesaba las ventanas del aula, proyectando sombras difusas en las paredes. Emma estaba sentada en la última fila, inclinada sobre su cuaderno de dibujo mientras el profesor de Historia del Arte hablaba apasionadamente sobre el impacto de las vanguardias en el siglo XX. Aunque lo intentaba, su mente vagaba lejos del tema, enfocada en el garabato que empezaba a tomar forma en el papel. Solo faltaban minutos para el ansiado final de la clase, lo que significaba en su mente: tienes diez minutos para terminar de dibujar.

—¿Vas a compartir tu obra maestra o te quedas con ella? —preguntó Claire, sentada a su lado.

Claire, con su cabello rizado y su voz que siempre parecía un tono más alta de lo necesario, era un torbellino de energía. Estudiante de periodismo y amante de las conversaciones interminables, no podía pasar un solo minuto sin comentar algo, incluso estando en una clase que no le correspondía. Ese era parte del encanto que desprendía Claire, era capaz de convencer a cualquiera, hasta al profesor de Emma de dejarla entrar en su clase en el periodo libre de ella.

Emma levantó el dibujo para que Claire lo viera: una caricatura del profesor, con una pose dramática y una paleta de colores llamativa.

—Es brillante —dijo Claire, ahogando una risita—. Deberías publicarlo en el periódico estudiantil. “El genio incomprendido del arte moderno”.

—Prefiero que no me expulsen —respondió Emma, encogiéndose de hombros mientras guardaba el cuaderno en su mochila—, eso ya sería demasiado humillante, incluso para mí..

—El mundo se lo pierde, Em.

Al salir del aula, se encontraron con Iván, quien ya estaba sentado en una mesa en la cafetería, absorto en su laptop. Con sus audífonos puestos y una sudadera que siempre parecía ser la misma, Iván era un contraste total con Claire. Su humor ácido y su aparente indiferencia hacia todo lo que no fuera programación lo hacían un misterio para la mayoría, pero Emma lo entendía. De alguna forma, ella siempre lograba equilibrar las diferencias entre sus dos mejores amigos.

—Miren quiénes finalmente salieron del siglo pasado —comentó Iván, sin apartar la vista de su pantalla mientras agitaba una mano como saludo—. Les traje café. —Señaló los dos vasos de cartón al lado de su laptop.

—¿No estabas en clases? —preguntó Emma, dejándose caer en la silla frente a él. Tomó uno de los cafés para dar un sorbo—. Sin azúcar, excelente.

—O sea que este debería ser el mío —dijo Claire, tomando el otro vaso. Bastante dulce, como siempre tomaba su café—. Gracias, Iván.

Iván levantó la vista de la pantalla para ver la felicidad de las dos chicas al tomar sus respectivos cafés. Casi con una sonrisa en el rostro, casi.

—Me salté la clase, tenía algo más importante que hacer —respondió, señalando su laptop con un gesto significativo—. ¿Tú qué? ¿Garabateaste en vez de prestar atención… otra vez?

Emma lanzó un suspiro, mirando la cafetería llena de estudiantes que charlaban animadamente o repasaban apuntes apresurados. El olor era una mezcla entre café instantáneo, gaseosa y queso fundido.

—Hoy estaba inspirada. El profesor me dio el material perfecto.

—¿Se dan cuenta de que entre los tres, probablemente soy la única con un futuro garantizado? —interrumpió Claire, mientras jugaba con la tapa de su café.

—Oh, sí, porque el periodismo está en su mejor momento —respondió Iván, alzando una ceja.

—No todos podemos ser robots codificando en una laptop, Iván.

—Tampoco todos podemos ser artistas como Emma —añadió él, con una sonrisa ladeada.

Emma, acostumbrada a ser el punto medio entre sus personalidades, solo rodó los ojos y tomó un sorbo de su café. En esos momentos, encontraba cierto confort en su dinámica; eran como un triángulo equilátero en el que cada lado aportaba algo necesario al equilibrio.

—Ilustradora, barra artista, barra barista a medio tiempo. Joder, soy el futuro de la nación. —Dejó caer sus brazos sobre la mesa, haciéndose una almohada con ellos, para poder dejar caer su cabeza—. Aspiracional, ¿a que sí?

—¿Y ya has visto donde mudarte? Durante las vacaciones los precios bajan porque muchos cambian de vivienda y dejan botados los apartamentos, así conseguí el mío —dijo Claire, con uno de sus rizos entre los dedos.

—Llevo unos meses ahorrando, pero con lo que gano en la cafetería no puedo mantener un lugar decente. Quiero irme de casa, sí, aunque tampoco quiero irme a una caja de cartón, ¿se entiende?

—¿Se te olvida que estás estudiando una carrera? Hay cientos de páginas a las que puedes enviar un portafolio de tus trabajos —aconsejó Claire.

—Ser ilustradora principiante tampoco es el camino más estable.

—Eso depende —interrumpió Iván de repente.

Ambas lo miraron expectantes.

—¿Depende de…?

Iván cerró la laptop con un movimiento deliberado, sacando un panfleto algo arrugado de su mochila y arrojándolo sobre la mesa.

—De si aprovechas oportunidades como esta —dijo, señalando el papel.

Emma tomó el panfleto, que anunciaba un concurso de diseño para la portada del próximo álbum de una banda conocida. Lo leyó en silencio mientras Claire se inclinaba sobre su hombro para mirar también.

—¿Nebula Drive? ¿Estamos hablando de la misma banda que piden todos los días en la radio? —preguntó Claire, con los ojos abiertos de par en par—. Eso es una buena oportunidad.

—Esa misma —confirmó Iván, cruzando los brazos—. Y el premio no está nada mal. Además del dinero, tu nombre queda asociado a un proyecto grande. Es un buen trampolín.

Emma repasó la información con atención, pero no pudo evitar soltar una risa nerviosa.

—¿Estás sugiriendo que compita contra cientos de personas para diseñar la portada de una banda que ni siquiera escucho?

—Exacto —respondió Iván, con su característico tono seco—. Sería una locura no intentarlo. Además, no tienes nada que perder.

Claire asintió con entusiasmo, apoyando la idea.

—¡Iván tiene razón! Esto podría ser justo lo que necesitas para salir de casa y demostrar que puedes hacerlo sola.

Emma dejó el panfleto sobre la mesa, mordiéndose el labio mientras sus pensamientos giraban en círculos.

—Tendría que escuchar el álbum, entender la visión de la banda, y... ¿quién dice que algo mío podría gustarles? —murmuró.

Iván rodó los ojos, claramente impaciente.

—Déjate de excusas, West. Sabes que tienes talento. ¿Qué es lo peor que puede pasar? ¿Que no ganes? Pues sigues exactamente donde estás ahora.

Emma no respondió de inmediato, pero sus dedos tamborilearon sobre la mesa mientras su mirada se fijaba en el panfleto.

—Está bien. Lo pensaré —dijo finalmente.

—Esa es mi chica —dijo Claire, levantando su café en un gesto triunfal.

—Solo no lo pienses demasiado —añadió Iván, con una sonrisa que era casi un cumplido—. El plazo cierra en dos semanas.



Esa tarde, mientras se preparaba para su turno en la cafetería, Emma veía el panfleto que descansaba en su cama junto a su bolso. El premio para el concurso era una suma de dinero bastante llamativo, sobre todo para alguien con el salario de un trabajo a medio tiempo, además de entradas de regalo para el primer concierto de la gira promocional del álbum y un premio sorpresa que sería anunciado al final del concurso.

Desde que había cumplido veintiuno un bichito en su cabeza le decía que ya era momento de mudarse sola. Vivía con su padre en una hermosa casa en Green Coast, pero demasiado grande para ellos dos, en ocasiones ni Toto, el perro de Emma, recorría toda la casa en días. Por ese motivo, cuando empezó la universidad ni siquiera consideró la idea de irse a una residencia estudiantil, vivía a pocas millas del campus, su padre pasaba más horas del día trabajando en el hospital que en casa y cuando estaba ahí, era alguien bastante agradable con el que convivir. Emma sabía que no quería dejar solo a su padre.

Pero no podía depender toda la vida de sus padres para subsistir, eso lo tenía más que claro, aunque entre decirlo y dar el paso, casi se sentía como saltar al vacío.

En el panfleto estaba escrita una dirección web a la que debías dirigirte para poder tener más información sobre el concurso, donde básicamente se resumía en:

Experiencia previa: Los participantes debían contar con un portafolio sólido que reflejara sus habilidades en ilustración y diseño.


Proceso de selección inicial: Tras enviar su portafolio, recibirían respuesta en uno o dos días, indicando si pasaban a la siguiente etapa.


Confidencialidad: Antes de acceder a material exclusivo del álbum, debían firmar un acuerdo de no divulgación.


Colaboración y propuesta final: Los finalistas tendrían la oportunidad de reunirse con la banda para ajustar detalles y desarrollar la pieza final.


Emma sabía que cumplir con estos requisitos no sería fácil, pero el dinero podría ser justo lo que necesitaba para dar ese salto hacia la independencia. Con un suspiro, dobló el panfleto y lo guardó en su bolso. Se dirigió al espejo para ajustarse la coleta y miró a Toto, que la observaba desde el borde de la cama con sus orejas levantadas.

—¿Qué opinas, Toto? ¿Crees que es hora de arriesgarse? —preguntó, acariciando al perro antes de salir al pasillo.

A pesar de sus dudas y del peso de la decisión, un pensamiento se aferró a su mente mientras cerraba la puerta tras de sí: tal vez, esta vez, era el momento de pensar en lo que quería para sí misma.