ÚNICO
Este shot es una representación de fratilagnia, o fetiche por hacerlo con un familiar. Esto es meramente por fetiche y es ficticio. No inicies con comentarios de “no está bien visto”. Es respetable tu opinión, pero separa la realidad de lo inventado. Si no te agrada no leas.
BDSM
Narración explícita
Lenguaje vulgar
Uso de juguetes
Uso de disfraz “femenino”
Roleplay
―¡Jimin! Ven acá ahora mismo ―Jungkook grita desde el baño, ya agobiado con la situación.
Su hijo, ya no tan puro, pero sí indecente, había dejado, de nuevo, su ropa interior, demasiado provocativa, en el baño.
―¿Qué sucede pap...?
―¿Cuántas veces van que te he dicho de esto? ―Jungkook señaló la prenda junto al labavo.
―Lo siento, yo no-
―Jimin, cielo, sabes muy bien que no me molesta que uses de ese tipo de ropa, más bien es que... ―“Me provocan demasiado”―. Simplemente no puedes dejarlas por ahí.
―No volverá a pasar ―Jimin agachó la cabeza, intentando ocultar sus intenciones reales, Jungkook tomó el delicado rostro entre sus manos.
―Confío en ti —dejó un beso en su frente―. Saldré más tarde, no me esperes despierto. Hay comida en el refrigerador y me llamas cualquier cosa.
La realidad tras esta historia, mi querido lector, es que Jungkook está muriendo por dentro. Quiere, desde lo más profundo y recóndito de su mente, hacer cosas impuras con Jimin. Aquello que lo incita a cometer tal pecado es el ardiente y escultural cuerpo de su hijo, tallado por los mismísimos dioses, diría él. Sacado de la colección de esculturas de satanás y enviado a la tierra a ser su total perdición. Jimin, actualmente tiene 19, no hay técnicamente nada que le impida hacer lo que quiere, pues, técnicamente nada, aparte de que es su hijo.
Pero eran completamente distintos, Jungkook era alto, musculoso, de facciones marcadas; por su parte Jimin era demasiado... piel suave y blanquecina, ojos finos, y labios pomposos... sublime.
Como quiera que sea, Jungkook sacude su mente y sale de la casa rumbo a su auto, Mystic, parecía ser hoy la mejor opción para apaciguar sus ideas desenfrenadas, un club nocturno en el cual los bailarines bonitos abundaban, y él, sediento de Jimin, simplemente se dedicaba a ver, nunca más que eso.
Por su parte, Jimin sonríe levemente, al ver que su padre juraba y creía que él se quedaría en casa como un niño puro. Se cambió con rapidez, tomó la bolsa con su traje y salió rápidamente a tomar un taxi hacia su trabajo, cuando vio que ya Jungkook había partido.
Jimin es la atracción principal de su nuevo trabajo el día de hoy, es su debut como bailarín central, últimamente se había dedicado sólo a hacer cosas mínimas, pero para hoy, la dueña del sitio le había pedido que fuese el show principal, pues le parecía que Jimin tenía demasiado potencial para esto.
Al llegar, ya estaban haciendo el preámbulo, y él, tras bambalinas, se colocaba el traje de maid que había seleccionado para hoy. Las finas mallas con brillos adornaban sus bonitas piernas, ¡oh! Y la máscara no podía faltar, su identidad sería secreta al inicio, era una táctica del sitio para generar más dinero.
El anfitrión da entrada a Jimin, quien sube al escenario cuando la música comienza, mueve su cuerpo al compás de esta y se deja llevar por el bullicio que lo rodea, con sus ojos cerrados y su mente ligeramente desconectada de quien lo observa.
El tipo, de nuevo, toma la vocería y pide que comience una serie de donaciones para que el chico revele su rostro cubierto por la máscara blanca. Jimin disminuye la velocidad de sus movimientos, apega su espalda al tubo y abre los ojos, que dan de lleno con los de quien menos esperaba ver allí esa noche.
Jungkook, su padre, está sentado en uno de los sofás VIP, y Jimin, asustado, al ver a Jungkook en el público pide una suma ridícula de dinero por revelar su rostro, para intentar retrasar lo inminente. Y, sin saber que aquella noche estaba repleta de invitados multimillonarios, vuelve a cerrar sus ojos y a danzar lento.
El dinero no tardó en aparecer de diferentes benefactores, incluso, del mismo Jungkook. Jimin comenzaba a entrar en pánico, pero no le quedaba más que seguir con su baile.
Una vez la alarma sonó, indicando que la cantidad estaba reunida, las luces del sitio enloquecieron y alumbraron por doquier. Era hora, tenía que quitarse la máscara.
Lentamente escaló su mano hasta el rostro, tomó la máscara del borde pero alguien lo detuvo.
―Duplico esa suma por un privado con él ― se escuchó al fondo del club.
Al escuchar aquello, la dueña del sitio bajó a Jimin del escenario, y tras bambalinas fue a recordarle los criterios que tenían para un privado, pues Jimin nunca había hecho eso, ayer, al saber que seria debutante como principal, había amoldado esa última habitación a su gusto, pero ¿usarla hoy, en su primer día? De locos.
Los presentes abuchearon y el murmullo aumentó cuando el vocero comenzó una subasta improvisada, excepto por uno de los presentes, Jungkook.
—¿Quién da mil? ―el hombre sonreía con sorna.
―Tres mil quinientos dólares, y que sea la última oferta ―Jungkook alzó su voz, algo en aquel chico le llamaba, su cuerpo se parecía mucho al de Jimin.
Las miradas se cruzaron, el rostro del hombre palideció y el de Jungkook ensombreció. Nadie iba a mirar un segundo más a ese muchacho, hoy se daría el gusto de disfrutar un baile para él.
Se acercó rápidamente al de logística, conocía de antemano que todo en aquel club se manejaba por debajo de cuerdas, y con dinero en mano.
―¿Y bien? ―sacó un fajo de billetes de su chaqueta.
―No puedo permitir que sea la última oferta, señor, nuestra noche hoy está llena de invitados...
―No me importa quien se encuentre aquí hoy, lo quiero para un privado, ya mismo.
―Que sean mil dólares más y cerramos el trato.
―¿Mil? ¿Qué porcentaje va para él? Jungkook era de todo menos imbécil, no iba a pagar esa cantidad irrisoria de dinero para que el sitio se quedara con él.
―La política es privada, no puedo compartirle esa información.
Jungkook tomó con discreción al hombre por el cuello de la camisa y habló entre dientes en su oreja―: Me importa una mierda tu confidencialidad, ¿qué porcentaje va para mochi?
―Es de setenta-treinta.
―Setenta para él, espero.
―¿Vas a agendarla o no?
Jimin, de nuevo, sube al escenario y comienza a hiperventilar, viendo la sutil amenaza que tenía su padre sobre aquel hombre, creía que en cualquier momento haría un escándalo y lo sacaría del sitio, para luego castigarlo y mandarlo a un internado por al menos un año, aplicándole la ley del hielo, no queriendo saber de... se relajó, aún tenía su máscara, no había manera de que Jungkook lo reconociera.
―Mochi ―alzó la voz sobre la música la dueña del lugar―. Eres un éxito, baja de allí, tengo un cliente esperando por ti.
Jimin dio una rápida vista al público... Jungkook seguía allí, ¿acaso se dejó ganar la apuesta? Sus esperanzas caían rápido en picada.
―¿En qué privado?
—¡Tu suite presidencial! —la mujer chilló de emoción. Cada bailarín tenía una de las 8 suites del recinto, que pertenecían cada una a los últimos pisos del mismo.
Jimin suspiró, para nada preocupado, él solo se encargaba de bailar, no estaba autorizado que alguien se quisiera acostar con él, eso lo tranquilizaba, realmente no deseaba, desde los dieciséis, que nadie más que no fuese Jungkook lo tomara, pero era estúpido e iluso de su parte, ilegal, era su padre.
Subió el ascensor privado hasta el último piso, el cual era abarcado completamente por esa suite, tal como un penthouse. El de clientes era un ascensor diferente. Esperaba que el hombre dentro de ella no fuese un viejo verde que quisiera sobrepasarse con él.
Sus pensamientos se ven interrumpidos por el pitido del elevador anunciando que llegó a su destino, el piso trece. Respiró hondo y salió del cubículo. La habitación lo recibió con múltiples luces encendidas. El olor a jabón y frutas estaba concentrado en la estancia, era penetrante, pero nada molesto, tal como lo había dejado.
Caminó silencioso, pero logró escuchar como el elevador de clientes, frente al suyo, sonaba, indicando que el benefactor estaba aquí. Las puertas se abrieron lentamente y…
—J-Jungkook... —susurró con la voz aguda, a pesar de su grata impresión no iba a ser idiota, si hablaba con normalidad su padre iba a describirlo.
―Mochi, ¿cierto? ―sonrió―. Veo que te informaron mi nombre, ¿qué no es eso algo confidencial?
Jimin asintió y reverenció en son de disculpa, fingiendo que se le había escapado.
Se dirigió en silencio al reproductor de música y escogió su canción favorita, Unholy, era vulgar como el título concordaba a la perfección con esta noche.
Se encaminó hasta su padre una vez la música comenzó a sonar, le tomó la mano y lo hizo caminar hasta la cama, donde se sentó. Luego, el menor se movió hasta el tubo de pole en el centro de la habitación y agarrándose firme de este, comenzó su verdadero show.
Jungkook quería enfocarse fielmente en la figura del chico sobre el tubo, pero, la habitación le llamaba la atención, desde los espejos en las paredes, los cajones transparentes con juguetes, collares y quién sabe qué más, hasta un oso de peluche que se le hacía familiar en uno de los sillones. Volvió su vista al chico y se deleitó, la pequeña falda se alzaba, dejando poco a la imaginación. Las mallas le contorneaban las piernas y la máscara le daba un toque, sus manos picaban por quitarla y ver el rostro que ocultaba.
Jimin bajó al suelo, colocándose cuál gato, en cuatro, con el pecho abajo y el culo arriba. Miró fijamente a su progenitor a través de la máscara y gateó hasta sus piernas, acariciando. Se irguió y se sentó sobre sus pies, pero Jungkook estiró su mano y preguntó “¿puedo?” Jimin asintió, y Jeon no tardó en tomarlo del brazo, ponerlo en pie y hacerlo sentar en las suyas propias.
Jimin se acaloró, era demasiado, sentía a Jungkook duro debajo suyo.
―Te ves muy lindo... Mochi.
El menor mantenía la vista alejada de su padre, pues tenía miedo de que pudiese reconocer sus ojos.
―Mírame ―Jeon pidió.
Jimin negó.
―¿Acaso tienes pena?
El chico emitió un “mhmm”, sin más, temiendo que al estar tan cerca lo descubriera.
―Dudo que el rostro que esconde esa máscara sea tan feo como para ocultarlo con ella ―deslizó sus dedos hasta el mentón de Jimin, y a este, el tacto le revolvió el estómago.
Jungkook tomó el borde de la máscara e intentó quitarla, Jimin se dejó ir y no puso resistencia, era estúpido a este punto intentar retardar más esto. La alzó conforme la música sonaba y poco a poco un par de pomposos labios conocidos, que
le invitaban a besarle se hacían presentes.
Jimin cerró sus ojos con fuerza cuando la máscara estuvo por completo fuera de su rostro. Esperaba cualquier cosa del mayor, una bofetada, un insulto, un regaño, pero nada. Todo lo que obtuvo fue un silencio sepulcral. Abrió los ojos y se topó con los contrarios, llenos de oscuridad y perdición. Jungkook había tomado la peor o la mejor desición de su vida. Jimin, intentó levantarse del regazo de su padre, pero un brazo fuertemente sujeto a su cintura se lo impidió, el mayor lo había atraído hacia sí mismo. Tomando luego al menor por la nuca y estampando sus labios contra los ajenos sin darle muchas vueltas al asunto.
Jimin se levantó poco, sin romper el beso, y se acomodó mejor en las piernas de su padre, a horcajadas, sintiendo muy dura la razón por la cual ambos estaban ahí.
Jungkook no tardó en darle rienda suelta a sus manos acariciando su cintura, buscando el cierre de la falda para quitarla de una vez por todas. Una vez halló el pequeño botón, la pretina de la prenda fue lo suficientemente ancha como para que la sacara por la cabeza de Jimin.
—Ahora veo a dónde se fue Yellow ―Jungkook rompió el contacto, refiriéndose al peluche que vio anteriormente—. No se te perdió en ese viaje a Busan.
―Yo lo traje porque... siempre que tengo algo que me diste me siento seguro, necesitaba tenerlo aquí conmigo para escapar de la realidad de casa, donde no me quieres.
Jungkook dejó caer un azote en una de sus nalgas, acariciando la zona después, Jimin gimió bajito.
―Yo te amo, Jimin, jamás te atrevas a decir eso nuevamente.
―No me amas de la manera en que yo quiero.
―Shhh... Yo te amo más allá de lo que tú imaginas, y no sabes cuanto he intentado cohibirme de besarte y tocarte este último año. Cuando te vi en el escenario, por supuesto que no sabía que eras tú, pero pensé que el gran parecido me haría sacarte de mi cabeza, quitarte esa máscara y ver que en realidad sí eras tú fue la gota que derramó el vaso. Y ahora estoy aquí... ―lo besó con fuerza, necesitado, Jimin correspondiendo todo, dejándose hacer, disfrutando de lo que su padre decía—. No puedo pensar en otra cosa que no sea tenerte en esta cama toda la noche para mí, usar todos esos juguetes que tienes en la pared, y terminar de arrancarte ese sexy traje de maid.
Jimin volvió a iniciar un beso, pero atrajo a Jungkook consigo para ponerse ambos de pie. Las prendas comenzaron a desaparecer, y el menor se mantenía fascinado con el tacto ardiente de su padre, sus fuertes manos pasaban a su antojo por su delicado cuerpo, y las suyas propias, tan pequeñas, no alcanzaban a recorrer la amplia espalda de su padre.
En este instante, le importaba poco si era su padre, o quien carajos, pero era el hombre que quería esta noche, y probablemente para su vida.
Jungkook tomó la corbata, que había quedado a sus pies, dio media vuelta a Jimin y ató sus manos tras su espalda. Dejando besos húmedos en sus hombros. La mano traviesa del menor intentó tocar la virilidad descubierta de su padre, pero el mayor fue más rápido y volvió a darle media vuelta para dejarlo sentado en la cama.
―Me parece que será una noche larga, corazón ―menciona, mientras se dirige al estante en una de las paredes, bajo la pesada mirada de Jimin. Tomando de este un látigo, un collar con su guía, una venda para los ojos y un lubricante. Y por último, encendiendo varias velas de colores que se encontraban ahí―. ¿Sabes lo que es una palabra de seguridad?
―Nochu, quiero que la mía sea Nochu.
―Pensé que nunca más ibas a llamarme así ―demandó fuerte, caminando hacia la gran cama. Jimin rió con sorna―. Precisamente porque sé cuanto te molestaba, quiero que sea esa.
―Está bien, como tú decidas —aceptó, colocando el collar de cuero al rededor del cuello del rubio, conectando luego la guía en la argolla de la nuca, le daría uso a eso en unos minutos―. Y quiero que sepas que si no quieres usar algo de lo que hay en ese estante, o si algo no te gusta, no me voy a enojar porque me lo hagas saber. Jimin asiente una vez teniendo claro eso—. Con palabras, Jeon Jimin ―demandó apretando sus mejillas con una sola mano.
—Sí, Kook―sin más, dan incio al juego.
Organiza las otras cosas en la cama y se dirige hacia su hijo nuevamente, tomándolo por sus mejillas otra vez y plantándole algunos besos ardientes más, el contacto era ciertamente adictivo.
―Ven para acá ―ordenó en uno de los bordes de la cama, concretamente el que estaba de forma opuesta al gran espejo de pared. Quería que Jimin se viese disfrutando de lo que le haría.
Lo inclinó sobre el alto colchón, quedando en un ángulo perfecto para comérselo y jugar con él, con los pies en el suelo. Sus manos seguían atadas a su espalda. Tomó el pequeño látigo de cuero y comenzó a rozar la piel de su trasero expuesto cuando divisó la diminuta joya anal que Jimin tenía puesta.
Soltó un primer azote―. ¿Hace cuanto que utilizas estas cosas? ―preguntó, tomando el borde de la joya e intentando sacarla, notando que estaba difícil por lo apretado que estaba Jimin. Una delicia.
―Cuando me diste mi primera tarjeta y supe que no la rastreabas porque ni siquiera te pasabas cerca de mí, en casa.
Otro azote más, Jimin gimió, comenzando a sentir su piel picar por la fuerza empleada.
―Cuánto tiempo me separé por no querer hacerte daño...
Jungkook de nuevo dejó caer el látigo, tomando la guía del collar y halando el cuerpo hacia sí mismo, luego sacando la joya por completo, provocando que Jimin comenzara a soltar gemidos más fuertes.
―Y te lo hacías tú solito, evitando buscarme para satisfacer tu cuerpo, utilizando, en lugar de a mí, estos juguetes baratos ―habló en su oreja, con la voz ronca, mientras esparcía el lubricante por la entrada de Jimin con su glande. Intentando luego introducirse poco a poco.
—A-aah ―un sonoro gemido entrecortado escapó de la garganta del rubio, era grande, sentía como expandía en demasía sus paredes anales. Jungkook soltó la guía dándole más libertad.
—Mhmm, Jimin...
Jungkook lo toma por sus caderas y lo apega completamente a su pelvis, entrando de una estocada, saliendo inmediatamente después, comenzando un vaivén con el que esperaba dilatar correctamente a su hijo, dándole chance de acostumbrarse a la intromisión.
Jimin comienza a gemir más fuerte cuando Jungkook lo está follando duro y de repente sobre la cama, pega su cara a la misma y suelta un grito cuando el mayor no lo deja y halándolo fuertemente de un puñado de su cabello hace que se mire directamente al espejo.
―Mírate, observa lo lindo que te ves gimiendo mi nombre.
―Mhmm... Papi.
―Mierda, cielo, repite eso ―disminuyó sus estocadas, jugando con la cordura de su hijo.
―¡Papi Koo! ¡Ahh! Se siente tan bien
Jungkook había comenzado a penetrarlo casi endemoniadamente cuando vio que Jimin estaba por repetir ese exquisito “papi” que estaba acabando con su poca cordura.
Disminuyó nuevamente y escuchó un quejido por parte de Jimin cuando salió de su interior.
Le desajustó la corbata y le dio vuelta, subiéndolo a la cama, Jimin se observó en el espejo del techo, sudado, con el cabello revuelto y el cuello algo rojo por el roce del collar. Jungkook comienza a besar y mordisquear su pecho, dejando pequeñas manchas rojas y rastros de saliva que luego dejarían marca, seguramente.
Se aleja de la cama hacia las velas y toma una de color morado, se acerca nuevamente y la apaga dejándola sobre las sábanas desordenadas, procurando que no se regara la cera.
Toma el antifaz para vendar los ojos de Jimin, preguntando, de nuevo, si estaba de acuerdo con eso, a lo que el chico respondió que sí.
Lo deja sin visión alguna, cerciorándose que no le molestara, toma la vela aún algo caliente, con cuidado la inclina sobre el abdomen de su hijo, y a penas la esperma caliente le hace contacto con la piel, Jimin suelta un chillido por el ardor ocasionado. Se mantienen un rato así, y para cuando acuerdan que Jimin se quite el antifaz, logra observar su torso lleno de ceras de diferentes colores.
Comienzan una nueva faena, no sin que antes Jimin arroje el látigo hacia atrás, dando con el espejo, el cual se partió, ya que el mango del látigo era de metal macizo, poco le importó y procedió a nuevamente colocarse en cuatro en la cama, dispuesto a que Jungkook lo terminara de hacer suyo, de una vez por todas.
Lo penetró con fuerza, con ganas, con rudeza, como siempre quiso hacerlo, escuchando al menor volverse un manojo de gemidos, “papi” y maldiciones. Con el cabello desordenado, el rostro rojo y ambos sudando.
No tardó demasiado para que Jimin llegase a su orgasmo y Jungkook lo bajara rápidamente de la cama, de rodillas al suelo para acabar sobre su rostro con un sonoro gemido.
Luego, pasaron al baño, para tratar el cuerpo de su hijo con la mayor delicadeza posible, pasando sus manos con cuidado por su cuerpo, recostado sobre el suyo, ambos dentro de la bañera.
―Jimin... esto no está mal.
―Yo sé que está... espera ¿Cómo que no está mal?
—No, no lo está, yo no soy tu padre.
—¿Tú qué...?
Había adoptado a Jimin cuando el chico tenía tan solo 6 meses de vida, y él 21 años; tras la muerte de sus mejores amigos, Namjoon y SeokJin, los verdaderos padres de Jimin, a causa de un accidente, el niño había quedado solo, y él, dueño desde los 18 de la empresa familiar, decidió que era una buena idea quedarse con su custodia, pues no le haría falta nada, y lo criaría para ser el muchacho más feliz del mundo. Había funcionado.
―Entonces te amo aún más y quiero seguir estando contigo, pero ahora quiero que seamos libres ―Jimin, sentado en su regazo le besa y le sonríe después. Sellando así un nuevo comienzo para su vida.