ĂšNICO
Jungkook se encontraba muy nervioso, hacĂa 5 minutos que habĂa entrado sin querer al baño y Jimin estaba en la ducha enjabonándose.
Joder, su housemate era malditamente caliente. Piel nĂvea, a simple vista tan suave como un algodĂłn, mejillas sonrojadas, pechos rosaditos y un culo que...
Jungkook, concéntrate.
Y esta no era la primera vez que sin intenciĂłn lo veĂa desnudo o muy comprometedor. Porque vamos, estás cosas suelen pasar entre compañeros de piso, Âżno?
Pero... Âży ahora quĂ© hacĂa?
Decirle que se lo querĂa coger obvio no era una opciĂłn, jamás podrĂa hacerlo, se avergonzaba con el mĂnimo roce de Jimin. La mejor soluciĂłn que tuvo fue buscar en una sex shop un trasero realista, tan blanco como la piel del lindo peli rosa.
Jimin saliĂł del baño con una bata que dejaba muy poco a la imaginaciĂłn, tan corta que exponĂa deliciosamente sus jugosos muslos, y su pecho abierto dejando ver un poco más allá.
Jungkook comenzĂł a hiperventilar en el sillĂłn, su pie se movĂa, repicando ansiosamente contra el suelo. MordiĂł la uña de su pulgar y tomĂł su telĂ©fono con la otra mano. AbriĂł la compra en lĂnea y se moviĂł rápidamente a la secciĂłn de rastrear paquete. DecĂa que llegarĂa en menos de 15 minutos.
MoviĂł su vista al frente y se sonrojĂł furiosamente, Jimin estaba inclinado sobre la encimera de la cocina, intentando tomar algo de la alacena, su bata se recogĂa sobre sus glĂşteos y dejaba ver parte de estos.
Jimin, ¿no te da vergüenza? —pensó Jungkook—. Dejarme con estas ganas y no hacer nada al respecto —suspiró.
Sólo un poco más, sólo un poco y el paquete estará aquà —se animó mentalmente.
CreĂa fielmente que ese juguete era su salvaciĂłn, hacerse una paja ya no servĂa de nada, y volviendo al tema anterior, preferĂa morirse de ganas antes que comentarle el tema al lindo chico.
El timbre retumbĂł por la estancia y Jungkook saltĂł en su asiento. Cuando quiso caer en cuenta Jimin ya habĂa desaparecido hacia el pasillo de las habitaciones, gracias a Dios.
SuspirĂł de alivio al ver que la caja en brazos del tipo tras la puerta tenĂa el logo de la sexshop. Y luego de el tĂpico papeleo de recibimiento entrĂł con la caja hasta su cuarto.
—Tijeras, las olvidé —Jungkook susurró dejando la caja en su cama.
Mientras tanto, Jimin estaba escondido en el closet del menor, habĂa entrado a su cuarto por error, pero cuando quiso salir JungKook regresĂł muy rápido con las tijeras en mano.
Observó por una de las rendijas del armario como JungKook destapaba la caja con desespero y sacaba de allà un... ¿culo de plástico?
Jimin soltĂł un jadeo de asombro casi imperceptible.
—Al fin te tengo Mimi —JungKook habló bajo y acarició uno de los glúteos del juguete.
Es ahora o nunca —Jimin pensó, JungKook acomodaba el culo entre sábanas para que le diese más realismo.
Menos mal que traĂa su celular encima. TecleĂł rápidamente un: “SeokJin, ayĂşdame, ven a pedir leche, Jungkook te dirá que no hay, y vete. DespuĂ©s te explico, puede que hoy suceda algo con Ă©l”.
Después de un minuto el timbre vuelve a sonar y Jungkook extrañado deja lo que está haciendo y grita un “Jimin yo iré“, ya que sabe que su amigo debe estarse cambiando.
Al abrir la puerta, SeokJin, su vecino se encuentra del otro lado, rascando su nuca nerviosamente.
—J-Jungkook —saluda Jin, entrecortado.
—Hola hyung, ¿lo puedo ayudar en algo?
—DĂ©jate de formalidades —SeokJin le sonriĂł amable—. Verás, quiero hacer un postre, pero se me olvidĂł la leche reciĂ©n fui a la tienda, me da algo de flojera volver a ir, sinceramente, asĂ que querĂa saber si tenĂan un poco que me prestaran hasta mañana que vuelva a ir.
—Oh, claro, no te preocupes, déjame buscarla.
Jungkook le sonrió de vuelta y se dirigió al refrigerador, buscó hasta en lo más profundo de este, pero no encontró ni un solo cartón.
—Lo lamento SeokJin hyung, se nos acabó —Jungkook hizo una mueca de pena.
—Eh, parece que tendré que volver a la tienda —Jin fingió pesar—, en todo caso, muchas gracias JungKookie, adiós, diviértete.
—Vale... ¿t-tú igual? —respondió Jungkook confuso, ¿divertirse? ¿habrá visto y reconocido su vecino el logo de la sex shop? Cerró su puerta y se fue de vuelta al cuarto.
(Mientras Jungkook hablaba con Jin)
Cuando el timbre sonó y su roommate salió del cuarto, Jimin le dio rienda suelta e inicio a su plan. Salió del closet, cerrando la puerta tras suyo. Rápidamente tomó el juguete, lo dejó bajo la cama y se quitó la bata pateándola hacia el mismo sitio.
Subió gateando a la cama y se metió entre las sábanas, dejando expuesto su culo fuera de ellas, tal y como el juguete estaba antes, se aseguró de que sus piernas estuviesen flexionadas para evitar que Jungkook lo descubriese.
La puerta tras suyo se abrió y escuchó pasos acercándose.
—Ahora sĂ, Mimi —Jungkook le hablĂł al culo de plástico, Jimin se tensĂł pensando que lo habĂa descubierto.
Jeon se quitó la camisa y sacó de la caja de la sexshop un lubricante aceitoso que también ordenó. Bajó su jogger revelando que no llevaba ropa interior y una erección completamente dura y palpitante. Su pene estaba empalmado y ansioso de penetrar aquel culo tan parecido al de su lindo peli rosa.
Bañó este en lubricante y masajeĂł de arriba abajo, apretando el falo duro en su base. DejĂł caer un par de gotas entre los glĂşteos frente a Ă©l y comenzĂł a rozar el glande contra ellos. La cĂşspide chorreante de su miembro se restregaba en aquella entrada que le pedĂa ser profanada. El tacto se le hizo surreal y entonces soltĂł jadeos de satisfacciĂłn.
Detuvo todo movimiento y rozĂł dos de sus dedos en el borde del fruncido agujero. Jimin retuvo el aire con nerviosismo. Jungkook introdujo uno, notando lo caliente y apretado que se sentĂa, sin duda su compra habĂa sido buena, el juguete era bastante realista.
MetiĂł y sacĂł el dĂgito un par de veces, la entrada de plástico se ceñĂa a este. Un segundo dedo parecĂa buena idea, lo insertĂł moviĂ©ndolo más rápidamente.
Se le antojaba penetrarlo con su pene ahora mismo, asĂ que esparciendo el lĂquido pre-seminal por el glande, sacĂł sus dedos, tomĂł la base de este y lo presionĂł contra el agujero. EmpujĂł hacia dentro y siseĂł de placer cuando la punta estuvo totalmente dentro, se amoldaba muy bien al rededor de su falo.
Lo sacó por completo y esparció un poco más de lubricante, comenzó a introducirse de nuevo, más rápido y más profundo, retrocedió lentamente e inició un vaivén lento y sensual. Jadeaba de placer y apretaba las montañas de carne frente a él.
Penetró con desenfreno, clavándose erráticamente en el agujero húmedo. Dio una última estocada profunda, nalgueó fuertemente una de las mejillas del juguete y escuchó un gemido provenir debajo suyo.
Con algo de nerviosismo retiró la sábana despacio, y vio al causante de su desespero acongojado en la cama, casi en cuatro, sudado, con pequeñas lágrimas llenando sus ojos y claro, su pene bien profundo entre sus nalgas.
Jungkook retrocediĂł avergonzado.
—J-Jimin —su pene salió del interior del peli rosa con un chasquido—. Lo siento... lo siento tanto. Yo no...
Jimin se dio la vuelta, arrodillado sobre la cama tomĂł a Jungkook y lo abrazĂł por el cuello.
—Shhh —siseó, colocando uno de sus dedos sobre los labios del menor—. No pasa nada, Kook, yo también te deseo.
Se acercó despacio y acortó la distancia entre ellos, con un beso húmedo y desesperado. Tomó las manos de Jungkook y las presionó en su propio trasero—: Vamos, manoséalo como antes, Jungkookie —pidió mientras llevaba su mano al pene del contrario.
El momento no se hizo esperar y comenzaron una lucha de caricias apasionadas y besos erĂłticos.
Jungkook se separó y miró hacia abajo, su erección siendo masturbada por una de las manos suaves de Jimin. Dejó caer su cabeza hacia atrás y gimió con la voz ronca. Volvió su vista al frente y la conectó con los ojos del mayor. Llevó su mano hasta la mejilla y acarició.
—J-Jimin... ¿Puedo... hmm, ¿Estás seguro de esto? —habló entre jadeos.
El nombrado no mencionó palabra alguna, y en su lugar, se removió en la cama hasta que su espalda dio con el colchón y su entrada quedaba justo a la altura del miembro de Jungkook. Tomó sus piernas, sujetándolas por la parte de atrás y las llevó hasta dar con sus hombros, totalmente expuesto para su housemate.
—Ah... tan abierto —Jungkook susurrĂł llevando su Ăndice al fruncido agujero de Jimin—. Y sĂłlo para mĂ.
RecobrĂł la compostura se masturbĂł ante la atenta mirada de Jimin en aquel trozo de carne, se mordĂa los labios con ansiedad.
—Por... Por favor —susurró el pequeño peli rosa.
—¿Por favor qué, Minnie? Dime qué quieres —llevó una de sus manos hacia el pecho de Jimin y acarició con sutileza.
—Hgmm —suspiró—. Quiero... ¡ahhh! — Jungkook pellizcĂł el pezĂłn mientras introducĂa dos dedos en su cavidad anal—. Quiero que lo metas, Kook.
—Bien, cariño —el menor dejó un beso en la frente de Jimin y se acomodó para penetrarlo.
Con los pies bien plantados en el suelo llevó con una mano su pene hasta dar con la chorreante entrada. Dio tres golpecitos provocando a Jimin y entró de golpe. Ambos gimieron de satisfacción. Presionó los muslos de Jimin hacia abajo, manteniéndolo bien abierto para observar cómo su culo se tragaba tan bien toda su extensión.
TomĂł el desatendido pene del peli rosa y lo masturbĂł a la misma velocidad con la que lo penetraba. El pequeño se deshacĂa entre gemidos sobre la cama.
—Kookie... aghmm, Koo, voy a...
—Lo sé, cariño, hagámoslo juntos.
Luego de un par de estocadas y besos hĂşmedos ambos terminaron, sudados, llenos de fluidos, pero inmensamente complacidos.
Jimin suspiró y abrazó a Jungkook por el pecho, ambos recostados en la cama, bajo las sábanas.
—Supongo que compraste ese juguete para nada, tontito —Jimin rió y dio dos golpecitos en la nariz de Jungkook.
—Es sólo plástico, nada se compara con haberte tenido a ti.






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