PRÓLOGO:
01/09/20--
No tengo mucho que hacer ahora, así que estoy aquí.
Es extraño que dos profesores hayan faltado a clases, probablemente tuvieron alguna reunión urgente, supongo.
Justo ahora estoy en mi pequeño refugio: la biblioteca. Terminé mis trabajos pendientes y adelanté la mitad de las tareas. Por supuesto la otra mitad no la hice a propósito, pues es mi excusa para encerrarme en mi habitación cuando llegue a casa.
El día no inició muy bien que digamos, llegué con hambre al instituto, pues salí de casa sin desayunar. Mamá y yo seguimos sin hablarnos, más bien, yo sigo sin hablarle a ella; no me interesa escuchar absolutamente nada relacionado sobre el hombre que nos abandonó, no entiendo porqué aún se empeña en recuperarlo.
Cómo sea no vine a escribir sobre nada de eso, sé que es un riesgo que escriba en mi diario estando en el instituto, ¿o no? Recién hace unos minutos me di cuenta de que se coló en mi mochila, no planeaba sacarlo por nada del mundo, peeeeeero…
Justo hace rato vi ese bonito color de ojos, bueno, en realidad son cafés (ya lo he escrito pero me veo en la necesidad de aclarar otra vez que AAAAAMMMMOOOO el café), pero juro por Dios que sus ojitos son los ojos cafés más hermosos que he visto (sí, por ser de *ajam*, obvio), ¡y los he visto más de cerca esta vez!
Sinceramente no pude esperar a llegar a casa a escribirlo porque ¡hasta me miró y habló! Bueeeno… en realidad puede que por estar distraído mirándolo le haya chocado sin querer, de ninguna otra manera le hubiera hablado :( cuando me di cuenta ya había tirado sus cosas.
Su voz es más grave de lo que parece, pero de alguna manera también es dulce, y su sonrisa cuando me dijo que no pasaba nada fue tan bonita, sus labios son tan carnosos y rojos, parece que usa algún bálsamo pues recuerdo un olor a durazno; y sus ojitos son tan brillosos y dulces, la sonrisa se le refleja en los ojos, y sus mejillas ¡sus mejillas, Dios mío! Trae el universo plasmado en el rostro, no es consciente de lo etéreo que luce. ¿Y puedo hablar de su rizado cabello? Es un naranja opaco, probablemente era rojo, pues las puntas son más intensas que el naranja.
La imagen es tan fresca en mi mente que muero por hacer algún retrato, aún no puedo creer lo bonito que es, aunque es apenas la segunda vez que nos vemos, y ni sé su nombre, je, y puede que suene como colegiala enamorada (un poco, ¿no?) Blah, blah, blah… da igual, ni siquiera sabe de mí, puedo escribir de *ajam* cuantas veces quiera, porque sé que nunca leerá esto (o eso espero).
No podría imaginar si es que llegara a leerlo, probablemente sería mi muerte… ¿o no?
—Jinnie.
AngelPsicopatta
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