El castillo
Hace muchos años, existio un castillo en el cual vivia un rey, su reina y un pequeño príncipe.
La reina esperaba otro bebe un niño que seria el respondable de cambisr todo como lo conocemos, el noble rey estaba ilusionado por pronto conocer a su nuevo hijo y ni hablar del pequeño principe de cuatro años, él más que todos estaba a su hermanito, quería enseñarle todo lo que él aprendió.
9 meses después
Finalmente el dia llegó, la reina se encontraba en su alcoba a punto de dar a luz, las sirvientas y doctores corrian la noticia como si de agua en cascada se tratará, el rey estaba ansioso aunque preocupado por su familia, el príncipe Ben miraba a tidos lados con curiosidad esperando ver pronto a su hermano.
Las horas pasaron y finalmente escucharon el tierno y dulce llanto del bebé, el rey y su hijo entraron cin felicidad y entusiasmo a la alcoba.
El bebe paró de llorar sl sentir los calidos y cariñosos brazos de su madre, sonrió contento y empezó a dormir.
El rey acaricio la cabeza de su pequeño mientras que el príncipe Ben subio a la cama y le regalo a su hermanito un tierno oso de felpa con una corona en el.
Ben: Mira hermanito, el osito es un principe como nosotros, cuidalo mucho papi nos lo ha regalado a los dos
El bebe rió alegremente al escuchar a su hermano, el rey estaba orgulloso del pequeño.
Los días pasaron y el mundo entero estaba maravillado con la noticia del nuevo príncipe que había nacido hace muy poco tiempo, los rumores recorrían las calles incluso llegaban a otros reinos, ya muchos intentaban tener un diálogo con el rey para poder organizar una boda futura, cuando el pequeño príncipe creciera y fuera un adulto, el rey por el momento rechazaba muchas las invitaciones o incluso la llegada de algunos reinos entonces con el fin de que su pequeño creciera con normalidad y en cuanto tuviera la edad necesaria hablarían sobre sus matrimonios futuros.
Pero ninguno de los matrimonios de ka realeza importaba, puesto que en su mismo pueblo se encontraba un pequeño niño hijo de dos a tres muy populares en todo el reino este cuando siempre ha hecho de haber escuchado la llegada del nuevo príncipe estaba más que contento empecé a imaginar cómo sería su vida si fuera su mejor amigo podría quizás ayudar a sus padres o tener un futuro tal vez nadie sabía pero en la cabeza del pequeño ya había una pequeña y dulce historia de amor inocente.
Tiempo fue pasando y nosotros dos pequeños fueron creciendo con gran felicidad aunque claro Eddie comenzó a tener problemas puesto que la gente ya no iba de desastres ya se había normalizado mucho lo demás trabajos y había muchas más competencia laboral.
El joven aún con esa edad sabía perfectamente que debería ser necesario con tal de que sus padres pudieran tener dinero quizás para sobrevivir por los alimentos y para qué pudiera seguir con su educación, así que mandó una carta al palacio.
El motivo del envío de esta carta fue dado gracuas a que hace poco se había informado que el príncipe necesitaba sastres de confianza para poder hacer sus atuendos para sus galas y para los demás eventos de la realeza.
Eddie se preparo con las mejores cosas, llevaba meses oerfeccionando sus tecnicas de costuras y se sentia más que preparado para este gran salto.
Abrió la puerta de su hogar y suspiro antes de salir; cuando tomó tido su valor salio, cerro con llave y camino hastablas oiertad del palacio.
En la entrada habia dos guardias custodiando la misma, miraron a Eddie con desconfianza y en un principio le prohibieron el paso.
Meen: Identificación! -exigio con un tono alto y firme-
Eddie: Umm ehh bueno y-yo eh... -dijo empezando a sentirse nervioso- s-soy Eddie Gluskin y vengo a presentarme como el sastre personal del príncipe -dijo tratando de parecer valiente y seguro-
Los gusrdias intercambiaron miradas de incredulidad y empezaron a reir a carcajadas.
Arturo: Jajaja que buena broma chico jajaja ya enserio a qué vienes? -dijo limpiándose una lagrima de risa
Eddie: Les digo que vengo a ser el sadtre del príncipe tengo experiencia en sastreria creame que lo lograre
Meet: No te ofendas pero han venido aqui los mejores sastres de todos los reinis oero ninguno ha llegado a mas de dis dias, mejir retirate antes de que te rompas como la porcelana -dijo burlon y algo arrogante-
El mismo tiempo se paseaba por alli un chico de pelo rubio cual sol, ojis azules como diamantes, piel blanca como la porcelana, mejillas rosas y un cuerpo perfecto con una altura de 1.60. Vestía un atuendo elegante el cual constaba de una playera de manga larga color blanco, cubierta por un largo chaleco azul celeste, pantalones blancos ajustados y botas negras hasta la rodilla, en su cintura habia un cinturon el cual guardaba una bella espada de oro.
Aquel chico escuchaba la discusión entre los individuos y decidio acercarse, camino firme y elegante.
Miguel: Meet, Arturo que demonios pasa? -dijo con un tono alto, firme y demandante.
Los guardias se paralizaron de susto, dieron media vuelta firmemente y se inclinarin snte él, aquel chico de apariencia tan adorable y fina causaba un miedo con una simple mirada que te provocaba un frio en la sangre paralizando tu corazón.
Meet: General, este chico bromea cin ser el sastre del príncipe Gabriel -dijo firme oero algi nervioso-
Miguel: ¿Y porqué no lo dejan pasar? -dijo firme y demandante- bien saben mejor que nadie que hemis estado esperando un sastre digno de su majestad
Eddie trago saliva al escuchar hablar al chico, dio un paso atras y se inclino hablando con un tono mas suave.
Eddie: Un gusto saludarlo general, lamento haber causado un escándalo con mi llegada, le ruego me oerdine y deje a sus guardias ellos solo cumplían órdenes -dijo cin un tino suave y muy educado
El general se sorprendió y le miro cin una gran sorpresa pues no se esperaba que un chico de pueblo pudiera hablar como uno mas de la realeza, afino su garganta y con un movimiento de su mano dio la orden de dejarle pasar.
Los guardias obedecierin ciegamente y le permitieron pasar agradeciendo con una mirada a Eddie y sonriéndole.
Eddie entro por las puertas de ese enorme castillo con un nudo en la garganta por su nerviosismo, suspiro dandole un posible adios a su vida de pueblerino.








