⊱Chapter 1⊰・White Tiger

Los finos trazos dibujados se plasmaban sobre el lienzo de manera armónica y perfecta. Su mano suspendida en el aire no era impedimento para su perfecto pulso, ya que la imagen de aquel paisaje que se visualizaba en su mente estaba saliendo a la perfección.
Desvió su mirada hacía el reloj en su muñeca, mirando la hora, dándose cuenta de que en pocos minutos la campana sonaría. Optó por dejar el pincel sobre la mesa de sus utensilios a un lado de él y soltó aire, perdiéndose en su trabajo recién empezado.
—Vaya vaya, Jeon Jungkook, pero mira nada más. ¿Piensas robarte el premio del “Mejor Paisaje” de la clase de nuevo? —Dijo aquel chico que se había acercado a su lado, admirando también el lienzo.
—Eunwoo, por favor... —le miró con una sonrisa ladina y negó—. ¿En serio crees que lo hago con esa intención?
—Para nada, pero eres el mejor de la clase. Los profesores siempre te tienen en un pedestal, deberían darte el título y ya, no perderán tiempo ni tú ni ellos —soltó una risa y se inclinó para detallar las líneas trazadas—. ¿Ya sabes lo que pintarás?
—Sí, todo está aquí —se señaló a un lado de su sien—, y deja de decir estupideces. —Al decirlo llevó un dedo al costado de su amigo, para causarle molestia.
Eunwoo se incorporó y dio unos pasos atrás mientras le apartaba la mano. Era bastante sensible y muy propenso a que un toque le hiciera reír debido a las cosquillas.
Luego de unos minutos la campana resonó y alertó a los estudiantes a retirarse de la clase.
—Vamos yendo.
—Antes de irnos veré qué empezaste —dictó Jungkook.
Jungkook estudiaba en el Colegio de Bellas Artes en la Universidad Nacional de Seúl, junto con Cha Eunwoo, quien era un gran amigo suyo; Kim Namjoon también, quien había faltado ese día por un inesperado resfriado que terminó convirtiéndose en fiebre en pocos minutos.
Una vez que salieron del salón se dirigieron al comedor para almorzar. En el camino, Jungkook podía escuchar en los pasillos cómo la noticia de que los híbridos serían aceptados en la Universidad próximamente se propagaba como un enjambre sacudido, alborotándose ante la idea de verse rodeados de esa raza en particular.
Las voces se alzaban entre el entusiasmo y ansiedad, así como otros comentarios no eran precisamente de alegría.
Soltó un bufido lleno de molestia y sacó su celular para revisar la razón del porqué había vibrado tanto en clase, intentando no escuchar el tema que estaba revolucionando en esos momentos.
—Ya sé lo que vas a decir —dijo Eunwoo.
—No, por favor, ni te atrevas a mencionarlo...
—Sé que no estás de acuerdo con ello, pero me da cierta gracia la manera en cómo arrugas el entrecejo por eso.
—¿Y tú estás de acuerdo? —Le miró alzando una ceja.
—¿Por qué no? Son... bueno, no son tan diferentes a nosotros, son mitad humanos, ¿no? —Subió los hombros, restándole importancia.
—No sabes lo que dices, en serio. —Volvió a su celular y movió un dedo rápidamente hasta que se detuvo en seco—. ¿Y esto? —Se dijo a sí mismo en voz alta, mientras seguía leyendo aquellos mensajes incoherentes—. Qué demonios, Jimin...
Durante el resto del día no hubo un momento en el que Jungkook no pudiera dejar de pensar en el mensaje que leyó de otro de sus amigos. Toda la escena de aquellas palabras en el texto se veían en su mente como una película de la que no pensó sería parte, ya que siempre se mantenía fuera de los problemas, y quién diría que un día alguien cercano a él se los traería a la puerta de su casa.
Procesó en lo que haría al salir de su última clase, porque a pesar de que le respondió a Jimin que no iba a ser parte de su descabellado plan, al mismo tiempo se sentía culpable al recordar que le debía un favor a este. De pronto olvidó que se encontraba aún en hora de estudio, pues aunque el profesor le llamó más de tres veces, tuvo que ser Eunwoo quien le despertó de su trance. Era una suerte que se encontrará detrás de él.
Jungkook parpadeó y alzó la voz, totalmente apenado por la falta de atención. Respondió correctamente a la pregunta del profesor, y suspiró levemente cuando el mayor pasaba a otra persona. A diferencia de muchos, a él le encantaba repasar uno que otro de futuros contenidos a verse en clase, ya que así se adelantaba a hechos como el recién vivido.
Una vez finalizada la clase, caminó junto a Eunwoo, quién le miró de soslayo ante la mirada perdida de Jungkook en su celular.
—Oye, has estado así desde el almuerzo, ¿acaso sucedió algo? —Le preguntó mirándolo preocupado.
—No... creo, o tal vez sí... Argh, voy a matar a Jimin, lo juro —le respondió mientras seguía escribiendo con más rapidez en su móvil.
Eunwoo soltó una risa y pasó la mano por el suave cabello de Jungkook, llamando su atención.
—Estoy plenamente seguro que vas a poder resolverlo, y si no, sabes que tienes una mano amiga... y ten cuidado al conducir —miró cómo rezongaba de mala gana y le daba al botón de la alarma de su automóvil.
—Sabes que lo tengo siempre.
—No cuando tus emociones están a flor de piel, como ahora. Anda, llega a casa tranquilo y lo resuelves. Nos vemos mañana, Koo. —Se despidió moviendo su mano diestra alegremente.
Eunwoo nunca dejaba de sonreír y emanar ese aire de amabilidad y refugio. Era un chico calmado, sobresaliente en los estudios y muy bien parecido. Bastante popular entre todos y exageradamente rico.
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¡Qué largo se le hizo el camino a casa! A pesar de estar conduciendo, lo sintió una eternidad. No escuchó su móvil sonar, ni tampoco alguna vibración de un mensaje nuevo, con ello intuyó que Jimin se había dado por vencido. Y bien que quiso creerlo, pero su amigo era alguien persistente y de esas personas que no desistían fácilmente. Era una cualidad que admiraba en Jimin, quizás era la más resaltante en lo que él se desempeñaba a ser, ya que era estudiante de Baile Contemporáneo y Danza de Ballet; además de que era participante como auxiliar en medio tiempo en aquella empresa Bangyu, el lugar que más odiaba.
Entre pensamientos que iban y venían, se olvidó de la preocupación que arrastraba desde la universidad. Aparcó en el estacionamiento de su casa, una la cual se encontraba en un pequeño suburbio. La residencia era limitada, un lugar exclusivo y costoso. Él se hubiera conformado con algo menos ostentoso, pero su madre había insistido en dársela como regalo, al menos hasta que él de verdad encontrara un lugar luego de acabar la universidad. Agradeció el gesto dándole uno de sus cuadros favoritos, e incluso pintó uno nuevo para ella. Luego él mismo encontraría algo que se adaptara mejor a su zona de comfort, pero por ahora no se quejaba, el lugar quedaba a tan solo quince minutos de donde estudiaba.
Caminó con su mochila sobre un hombro y volvió a revisar el celular al dirigirse hacia la entrada. Hizo una mueca en cuanto divisó el vacío de las notificaciones, pero no dejó por desapercibido el visto de Jimin en su chat. ¿De verdad le había dejado así? Soltó aire y subió los dos peldaños para sacar la llave de uno de sus bolsillos y abrió la puerta.
Lo primero que hizo fue encender la luz que dejó con claridad todo el hall de bienvenida, luego se dirigió a la sala de estar, pero no se esperó que al encender la luz de allí, dos personas ya estaban sentadas en el sofá grande.
Jungkook soltó un grito, sobre exaltado y ante el susto, dio pasos hacia atrás, pues una de las personas se levantaba e iba hacia él. Le tomó unos segundos en darse cuenta que era Jimin, y menos mal no actuó con reflejo o le hubiera golpeado la cara antes de sentir su abrazo.
—¡Jungkook, por fin! —Le dio unas palmadas y luego le tomó los hombros—. ¿Cómo es que llegas tan tarde?
—¡¿Qué demonios haces aquí?! —Le replicó en voz alta—. ¿Cómo entraste?
—Shhh, asustarás a los vecinos. —Bajó los brazos y buscó en su bolsillo una llave que le enseñó—. Recuerda que sigues dejando esto en el jarrón colgado de la pared de afuera, un lugar que solo tus allegados sabemos, ¿qué se te olvidó? Meh, olvídalo. Jungkook, en serio, esto es importante... necesito tu ayuda con esto.
El pelinegro se mantuvo inerte, pero no pudo obviar a la otra persona que se encontraba aún sentada en el sofá, a quien miró por varios segundos y luego le respondió a su amigo.
—Apenas y entendí todo el asunto, Jimin. ¿Cómo es que tengo que resguardar a esta persona en mi casa si ni siquiera le conozco?
—Yo le conozco, y es alguien que no hará nada malo. Necesitaba mi ayuda y no pude evitarlo, debes creerme, luego te contaré todo con más detalle, pero tengo otra preocupación más que está esperándome en mi auto y no puedo darme el lujo de quedarme a charlar contigo. —Al terminar de decirlo se dirigió hacia la persona silenciosa y se inclinó para hablarle bajito.
Apenas y logró escuchar lo que le dijo, no era algo que le interesara de igual manera, pero estando en esa situación, deseó tener alguna clase de poder supersónico que le permitiera oír la conversación.
Jungkook soltó aire profundamente y luego se acarició el puente de su nariz, intentando mantener la compostura.
—¿Al menos puedes decirme por cuánto tiempo tendré que esconderla? —Le dijo y vio a Jimin acariciar la cabeza ajena por sobre aquella capucha que llevaba, en realidad, le cubría una bata completamente negra.
—No lo sé, dame tiempo, prometo que vendré por él en su momento... —volvió en sus pasos, esta vez más rápido y le pasó por un lado—. Nos vemos, ¡estate atento al celular!
Y como el buen viento ayuda al velero a andar, Jimin partió dejando en Jungkook una incertidumbre que aumentó segundo a segundo. No se hallaba solo, como estaba acostumbrado en la soledad de su hogar. El tiempo se detuvo para él, y no contó realmente cuánto había pasado de pie allí, y cómo aquella persona no se molestó en verle tampoco. Le turbaba el silencio, y de alguna manera Jungkook logró moverse, acercándose lentamente al desconocido que pensaba iba a ser mujer.
Notó cómo se tensó y apretó los puños contra sus piernas, aquella bata negra solo llegaba hasta sus muñecas. La tela le cubría el rostro ya que lo bajó, y lo único que pudo ver Jungkook fue aquella mano blanca como la nieve, la cual emitía una cálida y hermosa tonalidad.
El pelinegro hizo un sonido para llamar su atención y en menos de un segundo el rostro ajeno se alzó lentamente, sin hacerle esperar.
Su rostro era algo fuera de este mundo: inhumanamente hermoso. Ese fue el primer pensamiento que tuvo en cuanto detalló en silencio aquellas facciones viriles, pero al mismo tiempo lindas y dulces. Su cabello era grisáceo con ondas suaves y muy lustroso, pero lo más resaltante de todo, era su mirada. Aquella expresión llena de angustia no la opacó, ni lo cándida y penetrante que era.
Jungkook reconocía todo aquello que se le hiciera maravilloso e inusual, no estaba acostumbrado a deslumbrarse, pero reconoció que al ver a aquel chico frente a él, estaba observando una belleza que se dio el lujo de escrutar sin pudor. Y si bien pudo continuar haciéndolo, parpadeó varias veces, dándose cuenta de que había estado observándolo por demasiado tiempo en silencio.
—Entonces... quiero que tengas en claro algunas cosas. Primero en principal, el que seas amigo de Jimin no te hace mi amigo, no te conozco, así que espero que entiendas mi posición, intentaré entender la tuya. Segundo, tendrás solo a tu disposición la cocina, el baño y tu habitación, el resto de la casa son los lugares en los que no que podrás tomar cosas sin mi permiso, o siquiera estar. Tercero... —hizo silencio y luego miró hacia un lado—, sígueme.
Y sin esperar por una respuesta, avanzó. Jungkook caminó indicándole los lugares de la casa con palabras claras y concisas, dejándole aquella regla que le había mencionado anteriormente. A pesar de que la casa era de dos pisos y su dimensión era más que suficiente para solo una persona, no se molestó en enseñarle los lugares que no debía conocer.
Para cuando le llevó a su habitación, dejó que este pasara al dejarle la puerta abierta, indicándole con un gesto que pasara.
—Esta es la habitación de invitados, y es por los momentos y hasta que Jimin venga por ti, tuya. —Decir aquello le hizo sentirse extraño, ni siquiera con sus amigos más cercanos se había permitido hacer semejante acotación. Aprovechó a que el chico dio unos pasos y se quedó en medio de la habitación para detallar su vestimenta.
¿Por qué cargaba aquella bata negra? Se cruzó de brazos y se recargó del borde de la entrada, alzando una ceja, curioso ante el misterio que también desprendía.
—¿Por qué Jimin no pudo llevarte con él? —Preguntó en un tono serio.
Pasaron pocos segundos hasta que el chico se volteó y le miró.
—Perdón, pero desconozco la razón... —murmuró.
El tono de voz ajeno causó en Jungkook una impresión no disimulada, pues jamás creyó que iba a ser tan grave y llamativa.
—¿Sabes? Soy amigo de Jimin el tiempo suficiente como para conocer su círculo de amigos, y es la primera vez en mi vida que te veo. ¿De dónde vienes? ¿Hace cuánto tiempo le conoces?
—Yo... —hizo un ademán de estar pensando y continuó—, conozco a Jimin hacía no demasiado tiempo, aunque él sí me había hablado de usted. Y con respecto al lugar de dónde vengo, no puedo decírselo. Jimin me dijo que toda pregunta que me hiciera, él iba a responderlas, lo siento.
El bufido que soltó Jungkook de sus labios causó al peligris que volviera a bajar el rostro, cohibido.
—Menudo problema... bien, no es como si me interese tu vida. De igual forma, estás bajo mi casa, mis términos y debes comportarte, ¿entiendes eso? —La manera en que se dirigía hacia él quizás pudo ser grosera, pero tanto misterio y el que Jimin no se hubiera permitido antes hablar con él y, con el descaro y autoridad de dejar a ese desconocido bajo su propio techo, le hizo sentirse ofuscado y de mal humor.
El peligris asintió varias veces, dándole a entender a Jungkook que aceptaba todo lo que decía. Y quizás fue el hecho de que no solo encontraba molesto con toda la situación, sino que el chico emanaba un aura de obediencia demasiado extraña.
—Tu nombre —espetó Jungkook.
—V —dijo, volviendo a verlo—. Y usted debe ser Jungkook, ¿verdad?
Reflexionó sobre ello unos segundos y asintió.
—Veo que Jimin te ha hablado de mí de verdad, no es de extrañarse. —Culminó para dirigirse luego hacia el clóset que no se encontraba muy lejos. Buscó un par de muda de ropa nueva para él y la dejó sobre la cama.
V aprovechó que se encontraba ocupado y no desperdició tiempo para detallarlo. Desde hacía mucho tiempo había oído muchas anécdotas e historias de Jimin, muchas de las cuales eran con su mejor amigo, y ese era Jungkook. No imaginó que llegaría el día en que por fin lo vería frente a frente, un humano diferente a todos aquellos que había mirado dentro de aquella enorme jaula de la que escapó.
Jungkook era un chico alto, corpulento a su medida, con una complexión física atrayente y unos brazos que hasta ahora, no dejaba de ver. Su cabello era oscuro y lacio, y su rostro redondo tenía algo que lo hacía fascinante, para contemplarlo a tal medida que V no dejó de verlo, incapaz de detenerse. Apenas y pudo continuar evaluándolo, pues la voz ajena lo despertó de su trance.
—¿Me estás escuchando?
—Ah... sí, le escucho.
—No me trates de “usted”, ¿acaso me ves tan viejo? —Arrugó el entrecejo.
—No... pero me enseñaron modales —se encogió de hombros.
—No conmigo, no es necesario. Y dije que acá tienes todo, usa el baño cuando gustes, está justo al frente de la habitación, afuera. Mañana... mañana veré qué hacer con Jimin, por ahora, es todo. Adiós.
Jungkook estuvo a punto de irse, pero la voz de V le detuvo en cuanto oyó lo que había dicho. Pudo reconocer cierta preocupación en sus palabras, lo que le advirtió.
—No, no le diré a nadie que te encuentras acá, Jimin me lo dejó bien claro también —le respondió sin verle, para luego terminar de salir y cerrar la puerta detrás de sí.
Temió por un momento en que la situación se tornara peligrosa, ya que la forma en que Jimin había actuado no era algo usual de ver. Incluso pudo verlo en la mirada y las palabras de V, ese chico que era todo un misterio. Entonces reparó en que lo mejor era descansar y dejar que un nuevo día le permitiera pensar con más claridad. Adaptarse al hecho de que a partir de ahora su día a día sería un poco diferente.
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V se quedó en la soledad de la habitación, con la mirada aún sobre la puerta. Tenía la mente ocupada y hecha un caos. Se permitió soltar aire y llevar la mano a su pecho para arrugar aquella bata con fuerza. Había reprimido por completo aquellas ganas de llorar, de gritar, de salir corriendo de regreso a Bangyu e ir por su hermano y hermana.
Por el momento, ahogó todos esos sentimientos y se centró en ser fuerte. Jimin le había prometido que lo ayudaría, que volverían por ellos.
V se dirigió a la cama y miró la ropa, sintiéndose extraño en tener que vestir algo tan ajeno a sus costumbres. Si bien pudo sentirse a gusto de estar seguro, no fue posible, y es que sabía que debía mantener su naturaleza oculta de Jungkook por el máximo tiempo posible. ¿Iba a ser capaz de ocultarlo? La mención que Jimin le había dado desde hacía tiempo acerca de la aversión que su amigo sentía por los híbridos le había caído con una piedra. Lo había arrastrado a lo más profundo de un abismo sin poder ver una manera de salir, porque no podía cambiar su naturaleza.
Tomó la muda de ropa y a paso rápido salió de la habitación para ir al baño, agradeciendo que estaba justo al frente como había mencionado Jungkook. Una vez dentro pasó el cerrojo, dejó la ropa sobre el lavabo y dejó caer la capucha hacia atrás. V vio su reflejo frente a sí por aquel espejo, haciendo una mueca de desagrado al notar aquellas dos protuberancias sobre su cabeza, las dos orejas de felino que eran parte de él.
Era un híbrido, mitad humano, mitad animal. Un distinguido tigre blanco, pues su larga y peluda cola también se hizo notoria en cuanto la bata cayó al suelo. Su cuerpo lo cubría una especie de traje de látex ajustado, denotando su delgada, pero bien formada figura. El mismo tenía ya una justa abertura en la parte inferior de su columna vertebral, dejando que la cola saliera sin problema alguno. Pasó una de sus manos por su abdomen, recordando de dónde venía y chasqueó la lengua.
Pensó en Jimin y su advertencia antes de irse: «No debes dejar que Jungkook sepa que eres un híbrido». ¿Cómo iba a ser posible? Empezó a pensar que había sido una mala idea todo lo sucedido, o quizás así era la forma que debió pasar.
Se revolvió su cabello de manera desesperada y apoyó las manos sobre el lavabo sin dejar de ver su propio reflejo. Se las ingeniaría, encontraría la manera de guardar su secreto de Jungkook y no permitirle darse cuenta de lo que era, por más lamentable que fuera.
A los segundos, al darse cuenta de que lo había tenido frente a frente, le causó un leve deleite que no imaginó sentiría. Si bien la mirada tajante de Jungkook al momento en que le miró no fue lo esperado para su primer encuentro, V lo halló cautivador. Pensó que Jungkook era realmente guapo, y de alguna manera sintió envidia de ello.
¿Cómo es que durante toda su vida hasta esos momentos no había visto un rostro como ese? En la inmensidad del mundo y su ilimitada cantidad de habitantes, no había uno igual.
No pudo formar una respuesta adecuada a su propia incógnita, pero por una parte, también sintió culpa al tenerle que mentir. Empezar de esa manera aun cuando le estaba ayudando de todas maneras, no era lo ideal. Pero, estaba seguro que sabiendo que odiaba a los híbridos, si sabía que él era uno, ahora mismo no estuviera allí.
—Es lo mejor, por ahora. No durará mucho, sé que Jimin vendrá por mí —se dijo, asintiendo con avidez. Ya era hora de cambiarse y pensar en lo que sucedería al día siguiente.