PROLOGO
Conducía rápidamente por la carretera principal, alejándose de lo que la hacía tanto daño.
Las calles a su alrededor pasaban como visiones borrosas de un mundo enorme que a ella, le resultaba cada vez más pequeño.
El nudo que sentía en la garganta desde hacía rato luchaba por soltarse y desahogar la angustia que la oprimía el pecho. Pero contuvo las lágrimas, pensando que si Tommy la veía llorar, le causaría un gran dolor.
Evelyn Tempelton dirigió una fugaz mirada al rostro inocente de su hermano pequeño, que a sus siete años, no comprendía qué sucedía ni porqué su hermana estaba tan angustiada.
-¿Porqué no esperamos a Papá?- preguntó Tommy, mirando a su hermana con la esperanza dibujada en sus ojos azules. Pensaba que podían ir a comer aún con su padre.
-Por que Papá está ocupado. - gruñó Evelyn, dando un volantazo y torciendo a la izquierda, haciendo peligrar el equilibrio del coche.
El KIA negro había sido un regalo de su padre al cumplir Evelyn la mayoría de edad hacía ocho días. "Otra compensación por su ausencia", pensó la joven.
Su padre, el gran Jack Tempelton, hombre de negocios, propietario de una de las empresas más importantes de LA, era el más codiciado por la alta sociedad del país, y también el más envidiado.
Solía acudir a más de tres reuniones fuera de la ciudad al mes, eso sin contar con las fiestas a las que asistía como invitado especial de uno u otro conocido o socio. Sus ausencias eran más conocidas que los momentos que compartía con su familia.
Tommy apretó con fuerza su oso de peluche. A pesar de que ya tenía siete años, eran inseparables y lo llevaba siempre consigo en una pequeña mochila azul y blanca.
Evelyn torció a la derecha, hacia el puente que conducía a la parte más elevada de la ciudad, donde comenzaban a verse las grandes mansiones de Hollywood.
-Yo quiero comer con Papá.- se quejó Tommy- Me lo prometió.
-Tommy, déjalo ya.- le regañó su hermana.- Te he dicho que está ocupado.
-Papá nos estará esperando. -repitió el niño.
-Ya te lo he dicho. Papá no puede hoy. Me lo ha dicho.
-¡Mentira! -gritó Tommy- ¡No has hablado con él, estuviste muy poco en su despacho y no me dejaste verlo! ¡Yo lo hubiera convencido!
-Nadie podría haberle sacado de allí.- murmuró Evelyn.
-Echo de menos a Papá.- y Tommy empezó a llorar en silencio.
Evelyn miró con compasión a su hermano y le alborotó el flequillo con cariño.
-Papá nos quiere.- dijo la muchacha.
-No es verdad.-murmuró Tommy.
Evelyn miró a su hermano con el corazón roto. ¿Qué podía decirle?
Tommy abrió mucho los ojos y levantó la mano señalando al frente.
Cuando Evelyn giró la cabeza, ya era tarde. Sólo pudo sujetar el volante con ambas manos y pisar el freno. Pero sabía que eso no sería suficiente.
Lo último en lo que pensó fue en Tommy. En que deseaba poder ponerlo a salvo.
Pero sabía que eso tampoco sería suficiente.