Flores sin polen
Jazmín era una abeja novata, era su primer día fuera del panal y estaba realmente emocionada por pasar su vida trabajando como las demás, consciente de su importancia en el mundo o —más importante —para la colmena.
Grande fue su sorpresa y decepción cuando ni ella ni sus compañeras bajaron, aunque sea, una mísera partícula de polen en toda la ciudad.
—Ésto es malo. —dijo Flor, una abeja que se había criado con Jazmín en el panal, apenas dos días mayor que ella —. Sabíamos que había poco polen, pero no puedo creer que realmente se haya acabado tan pronto. Sin polen no hay plantas y sin plantas, ¡no hay mundo! —exclamó, desesperada.
—El mundo me importa poco. —dijo Jazmín, indiferente —. ¿Qué va a pasar con nosotras, con la reina y la colmena? —ahora sí sonaba preocupada.
Flor la miró molesta por su falta de empatía, pero poco le importó a Jazmín el reproche de su amiga.
—Tenemos que buscar una solución, por el bien de la colmena. —Jazmín apresuró el vuelo, dejando sola a Flor, para dar aviso a su reina.
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Rosa, Jazmín, Flor y Tulipán, una abeja macho, fueron los elegidos para buscar un lugar que tuviera flores con polen.
—Son divertidos, deberías tratar de hablarles. —dijo Flor, emocionada.
—Hablá vos, yo solo quiero ayudarnos a nosotras y a la colmena. —Y de nuevo, apresuró el vuelo, dejando su amiga y las otras dos abejas atrás.
Si era sincera, la única que le importaba a Jazmín era su amiga. Quizá fue por eso que no ayudó a Tulipán a salvar a Rosa cuando quedó atrapada en una telaraña —ni permitió a Flor arriesgarse a ayudar —, ni se percató cuando la voz y el aleteo de su compañero dejó de escucharse a los dieciséis días de viaje.
—No vale la pena... —dijo Flor agotada, que a diferencia de su amiga sí sufrió las pérdidas.
—Decilo cuando no volvamos a la colmena, porque prefiero eso antes que volver sin nada. —respondió, tajante, aunque con intenciones de animarla.
—Tenés razón... Perdón. —Flor se quedó en silencio los siguientes días. Aunque no quisiera decirlo en voz alta, saltaba a la vista que había perdido la esperanza.
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Jazmín volaba rápido, lo más que podía, tratando de seguirle el ritmo a Flor que se había adelantado de la nada.
—¡Andá más lento! No soy tan rápida como vos. —se quejó, antes de ver cómo su amiga se detenía en seco.
—Jazmín... Flores. —la emoción no la dejó armar una frase completa, pero su felicidad se reflejó perfectamente en cada palabra.
Frente a ellas había una hermosa pradera llena de flores, árboles y césped. Al venir de la ciudad, llena de edificios y colores grises, para ambas la vista era como si estuvieran en el paraíso.
—Flores... —repitió Jazmín, perpleja, acercándose a ellas sorprendida por la cantidad de colores —. Polen... ¡Polen! —exclamó, emocionada, apenas estuvo lo suficientemente cerca—. ¡Flor, tienen polen, todas lo tienen!
Y como si hubiera sido un acuerdo mutuo, ambas salieron disparadas de regreso a la colmena.
[ . . . ]
Por alguna razón, Jazmín sentía que Flor estaba... Diferente. Sus charlas generalmente alegres y sin sentido se habían vuelto extrañamente profundas en la segunda mitad del viaje.
No le molestaba, pero la "nueva Flor" le daba un mal presentimiento.
—¿Porqué dijiste que no te interesa lo que le pase al mundo? —ese día, Flor volaba más lento que de costumbre.
—Porque vivimos poco y no veo porqué comerme la cabeza con problemas que no voy a ver ni vivir. —su actitud indiferente acompañaba su torpe vuelo, causado por el cansancio.
—Pero solo tenemos una tierra, a la que irónicamente dedicamos toda nuestra vida. Si nuestra tierra muere, nuestro esfuerzo será en vano. —si hubiera podido, habría sonreído en ese instante, pero simplemente no tenía la fuerza de hacerlo —. Quizá no veamos cómo muere, pero me pondría muy triste saber que trabajé por nada.
Jazmín hizo silencio, reflexiva ante las palabras de su amiga.
—Supongo que tenés razón. —dijo, antes de notar que el vuelo de Flor ya no se escuchaba tras ella.
No tuvo el valor de voltear a ver, así que simplemente siguió volando, tal cómo lo había hecho los últimos treinta y siete días.
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Las abejas comenzaron su viaje junto con la reina apenas Jazmín regresó y les habló del prado, listas para reestablecer sus vidas en aquel lugar "mágico".
Jazmín no fue con ellos, solo las vió partir desde el interior del panal mientras poco a poco el cansancio que sentía iba en aumento.
«Solo tenemos una tierra, a la que irónicamente dedicamos toda nuestra vida»
Recordó, feliz de saber que ni su vida ni la de su amiga habían sido en vano, antes de que todo se oscureciera poco a poco.








