El heredero del vacio

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Summary

En un tranquilo pueblo donde los sueños revelan más de lo que parece, Simón despierta con la sensación inquietante de que su subconsciente y la realidad están entrelazados. Pero cuando eventos misteriosos y oscuros comienzan a sacudir la aparente calma, Simón se encuentra enredado en una red de secretos ancestrales y criaturas que desafían su comprensión. Mientras lucha por navegar entre lo físico y lo incorpóreo, descubre que las sombras más profundas y las verdades más perturbadoras emergen justo en los límites de la mente humana.

Status
Ongoing
Chapters
2
Rating
n/a
Age Rating
16+

La línea amarilla en el bosque

El heredero del vacío

S.J. Emory

Capítulo 1

Siempre he temido la influencia que poseen los sueños en el mundo real. El subconsciente humano puede ser la cuna de los pensamientos más cálidos y enternecedores, así como de las apariciones más lúgubres y pesadillezcas. Es en los oscuros rincones de la mente, donde la frontera entre lo físico y lo incorpóreo se desdibuja, que yacen los deseos más profundos, las sombras más siniestras y las narrativas más entremezcladas.

Fue en una mañana sin nada en particular que, al abrir los ojos, Simón pudo sentir cómo su mente se aferraba a los contados retazos de imágenes que durante la noche formaron en sus sueños. El apuro de las obligaciones matutinas de los miembros de su familia, combinado con el incesante pitido de la alarma, rompió el silencio de la habitación y terminó de arrancar aquellos vestigios de imágenes y sensaciones que solo se pueden dar durante el lecho nocturno.

A la voz de su madre recorriendo la casa levantando a todos, Simón saltó de la cama. Sin embargo, al ponerse en pie, la habitación comenzó a girar a su alrededor, la confusión se apoderó de su ser y una congelante debilidad recorrió sus músculos. Sin titubear, atribuyó aquel malestar a un mareo, fruto de su precipitado despertar.

Así pues, tambaleándose, se abrió paso por la recámara hasta el baño. Manoteando torpemente la pared, dio con el interruptor a un lado del marco de la puerta. Apoyándose firmemente en el lavabo, lavó su cara con agua fría, removiendo el último rastro de sueño y lagañas de su rostro. Con esto, las sensaciones sobrecogedoras que trajo consigo aquel mareo lo abandonaron poco a poco; aquel azul intenso que inundó su vista se esfumó para dar paso a la cálida luz del baño.

Pasó sus aún húmedas manos a través de su cabellera una y otra vez, buscando darle forma. Simón escuchó los pasos de su madre atravesando el pasillo hasta su puerta.

—Estoy despierto, bajo en un momento, ma.

Su madre entreabrió la puerta y le respondió:

—El desayuno está listo, cariño, hice tostadas.

Escuchó cómo ella volvía a su cuarto para levantar a su padre, quien seguramente aún se encontraba dormido. Simón se dirigió escaleras abajo hacia el comedor de la cocina. Al entrar, el olor de las tostadas con mermelada y los huevos revueltos que su madre había preparado le abrieron inmediatamente el apetito. Ya habiéndoles dado un par de mordiscos y llevando por la mitad su vaso de jugo de naranja, oyó los pesados pasos de su padre a través del corredor.

Al entrar al comedor, su padre lo miró por un momento, fijándose principalmente en su cabello revoltoso.

—¿Te peinaste? —le preguntó.

Su padre tomó el periódico extendido frente a él y una de las tostadas del plato de su hijo.

—Parece que el periódico ya se enteró del sujeto que encontramos en el bosque anoche —dijo con la boca medio llena de tostada.

—¿No es el tercero en el mes? —preguntó Simón.

—Así es, todos forasteros. El jefe nos está presionando bastante al respecto e incluso están pensando en instaurar un toque de queda a partir del lunes —respondió su padre.

—¿Alguna idea de quién o quiénes puedan ser responsables? —inquirió Simón.-

Sabes que no puedo discutir eso. Pero si me preguntas, lo más probable es que alguna pandilla este usando nuestra ciudad para “manejar sus desechos”.

El padre de Simon tomo un sorbo de su tasa de café. Luego, le advirtió que no se quedara fuera después de oscurecer.

De camino a la parada del autobús Simon, reviso sus mensajes, Charlie le había dejado un par de mensajes con respecto a la tarea que debía de ser entregada el viernes de esa semana, ignoro sus mensajes y decidió escribirle a Tessa.

¿Camino a la parada del autobús, y tú?

Avanzo un par de metros, y escucho el sonido de una notificación nueva en su celular. Desbloqueo la pantalla, para leer el mensaje.

Detrás de ti.

Tras leer el mensaje, se giró de inmediato para ver a Tessa acercarse hacia él rápidamente.

¿A dónde tan peinado? – Pregunto Tessa bromeando mientras revolvía su cabellera.

Simon se sonrojo por un segundo, y trato de acomodar su cabello.

- ¿Como está el pequeño Oli, se está acostumbrado a su primer año de escuela? – Pregunto Tessa

-Él está bien, parece que, a diferencia de nosotros, mi hermanito es bastante popular.

-Oye! habla por ti, yo soy toda una celebridad en el equipo de baloncesto. – El pecho de Tessa se inflo con vanidad al decir esto.

Ambos se perdieron en su conversación hasta que llego el autobús escolar.

Tessa y Simon caminaban a través de los corredores atiborrados de estudiantes, abriéndose paso para llegar a su primera clase a tiempo. Entre aquel mar de gente y voces, una larguirucha y delgada figura se distinguía, Simon y Tessa reconocieron rápidamente a Charlie a la distancia, Tessa tomo a Simon del brazo para que le acompañara a saludarlo, aunque el evitarlo en lo posible ya que aún no había terminado su parte de la tarea, y oír a Charlie hablar una y otra vez sobre el tema le daba jaqueca. Sin embargo, no podía evitar acompañarla; él y Tessa eran amigos desde muy pequeños, y fue el mismo Charlie quien le presentó a Tessa hace un par de años,

Al abrirse paso entre los estudiantes, Tessa levanto la mano para llamar la atención de Charlie, quien logro verlos acercarse.

Sin embargo, su atención se vería rápidamente dividida entre ellos y el frio choque del metal contra su cara. Detrás de él, Tomas había decidido, empujar su cara contra su casillero, Charlie se retorció de dolor por un segundo y se tambaleo, cayendo sobre su trasero, llevo rápidamente su mano hacia su nariz para checar que no hubiera sangre saliendo de esta, afortunadamente no era el caso. Al ver esto Tessa y Simon se apresuraron en ayudarlo, Simon corrió y ayudo a Charlie a levantarse, mientras que Tessa, se paró frente a Tomas exaltada recriminándole. - ¿CÚAL ES TU MALDITO PROBLEMA? – Grito.

Los estudiantes alrededor se quedaron en silencio al ver la escena. Se pensaría que al menos uno iría en busca de un maestro, pero sabían que hacer eso podría conllevar ser el próximo en acabar con su cara contra un casillero. Nadie quería arriesgarse.

Algunos observaban con los ojos muy abiertos, mientras otros miraban de reojo, intentando no llamar la atención de Tomás.

Aquel fortachón rubio de al menos 1.80 la miro por un segundo, y extendió una mueca de desagrado al verla, junto a él se encontraban sus dos secuaces que aun mantenían una carcajada macabra por el reciente incidente de Charlie.

– Vámonos, chicos. A estos no podemos hacerles nada, pero a ti por otro lado, espero mi dinero para el final de la semana - Dijo mientras miraba de reojo al aun adolorido Charlie, quien apenas se había podido poner de pie con la ayuda de Simon. Charlie bajo la cabeza, avergonzado, mientras Simón lo sostenía firmemente

Tessa se encontraba furiosa; había despreciado a Tomás desde hace mucho tiempo. Cada vez que intentaba que la escuela hiciera algo al respecto, él lograba salirse con la suya, ya que Charlie, aterrorizado, se rehusaba a hablar.

Estuvo a punto de ir detrás de él cuándo, sintió una mano sosteniéndola firmemente por su brazo.

Tessa bajo la mirada por un segundo y vio que era Simon, bruscamente quito su mano y por un momento se sintió derrotada al saber que lo mejor sería dejarlo ir. Miro a Simon por un momento, sus ojos reflejaban una frustración y tristeza acumulada, mientras él le devolvía una mirada de preocupación y de impotencia. Bajando la mirada susurro para sí misma. - ¿Hasta cuándo? -

Simón se sentía avergonzado por no poder hacer nada más al respecto, aunque en lo profundo se sentía aliviado. Sabía que debería hacer algo más por Charlie, aunque realmente no fueran cercanos. Sin embargo, apenas ese año había logrado que Tomás lo dejara en paz. Por más mal que pudiera sentirse por Charlie, apreciaba llegar a casa sin un ojo morado a diario, y más aún, apreciaba que su padre no lo regañara más por no defenderse como es debido. Simón suspiró, sintiendo el peso de su cobardía, pero también el alivio de no ser el objetivo de Tomás.

Tessa se alejó de Simón llevándose consigo a Charlie a la enfermería este sostenía su cabeza con dolor y se tambaleaba un poco, ambos se perdieron en aquel mar de gente. Simón observó cómo Tessa se alejaba, sintiendo una punzada de tristeza y culpa. Miró su teléfono varias veces a lo largo del día, pero Tessa no contestó ninguno de sus mensajes.

Habiendo acabado sus clases, Simon se apuró a buscar a Tessa a través de los pasillos de la secundaria, sabía que debía de haber salido no hace mucho de su práctica de baloncesto. Simón comprendía a Tessa, ya que ambos habían sufrido durante años el acoso de Tomás. Sus días estaban marcados por incidentes como cubos de basura vaciados en sus casilleros, bolas de papel mojado lanzadas en su cara durante clases, e incluso un perfil falso creado por Tomás haciéndose pasar por Tessa en línea con el cual le hizo pasar un muy mal momento a Tessa. Tomás había convertido sus vidas en un verdadero infierno.

Tomas había hecho la vida de ambos un verdadero infierno. Si bien todo el acoso acabo después de aquella visita del padre de Simon al remolque de la familia Thompson semanas después de haber sido ascendido a Sargento, Tessa aún se sentía débil al pensar que nunca tuvo el valor de defenderse.

Pero ese día mientras veía el rostro de Charlie siendo impactado contra el duro acero de su casillero decidió que era suficiente. Algo dentro de ella le dijo que era momento de resolverlo todo de una vez por todas. Todavía llevaba su uniforme de gimnasia y las gotas de sudor aun bañaban el borde del cuello de su camiseta, cuando salió hacia el estacionamiento. Frente a ella sentado sobre el capo de aquel monza del 87, estaba Tomas.

Aquel pelirrubio le dio un par de caladas a su cigarrillo antes de notar a la muchacha aun empapada de sudor parada a unos metros de él, tiro su cigarro al piso, lo apago con su zapato y la observó con desdén, sin mostrar ningún indicio de remordimiento por sus acciones, para después hacer la vista a un lado y entrar a su coche.

Tessa corrió rápidamente hacia el frente del auto, estaba decidida a hacerle saber a Tomas exactamente lo que pensaba. Envalentonada por la ira que había acumulado a lo largo de los años dejo caer fuertemente sus manos sobre el auto encendido. Podía sentir las revoluciones del motor en las palmas de sus manos y cómo el capó metálico se calentaba poco a poco bajo sus dedos.

“—¡Oye! ¿Qué crees que haces? ¡Teníamos un acuerdo! El papi de tu amigo dejó claro que no me quería cerca de ti ni del debilucho ese —gritó Tomás, sacando la cabeza por la ventana del auto.” Tessa, motivada por su arrebato de ira y valentía, gritó por encima de los rugidos del motor con la mirada clavada en Tomas.

-Charlie!, ¡vas a dejarlo en paz a él también! –

Pasaron un par de segundos en lo que Tomas procesó lo que había oído, apagó el motor, salió del auto y se paró a centímetros de Tessa. De uno de sus bolsillos sacó un cigarro y del otro un encendedor de plástico, que encendió inmediatamente. Soltando el humo en la cara de la desafiante jovencita, respondió con un tono seco y rotundo.

-No. -

Tessa más que irritada por la respuesta, se quedó estupefacta por la calma y seriedad con la que Tomas había respondido. Sin provocaciones, sin insultos, sin remarcar ninguna amenaza. Su negativa denotaba una firmeza inquietante que la dejó sin palabras.

Los que conocían a Tomas, no podían señalar con precisión que lo motivaba a hacer las cosas que hacía.

La gente especulaba que las golpizas que su padre le daba a él y a su madre casi a diario en su niñez podrían haberlo vuelto violento, otros pensaban que fue verlo beberse el dinero de su madre hasta la muerte lo que lo convirtió en el hombre que era ahora. Otros muy erróneamente pensaban que simplemente era demasiado estúpido como para solucionar las cosas de otra forma que no fuera con violencia. Pero estos últimos no podrían haber estado más equivocados. Tomas era muchas cosas, pero estúpido no era una de ellas.

-Lo que oíste. – Respondió Tomas a Tessa de manera calmada y compuesta. Si bien tú y el hijo del Sargento están fuera de límites, nadie responde por el larguirucho de Mendelton. Estoy muy seguro de que la dulce Sra. Mendelton no tiene los recursos para entrar a mi casa a esposar a mi madre a las dos de la mañana. Y, más importante aún, sé que es una jugada que el padre del cuatro ojos de Simon no puede repetir sin levantar sospechas.

—Así que dime, princesa, ¿qué harás al respecto? —Tomás le dio otra calada a su cigarro mientras miraba fijamente a Tessa, viendo en sus ojos la frustración y la ira. Luego decidió darle la espalda y volver dentro del auto. Ya estaba listo para salir del estacionamiento; después de todo, para él su punto había quedado claro. Por eso se sorprendió cuando escuchó un fuerte golpe en la puerta del automóvil, seguido del sonido de cristal rompiéndose. Tomas instintivamente llevo sus brazos hacia su cara cubriéndose del vidrio que caía.

La impotencia de Tessa la había llevado a tomar una roca del suelo del estacionamiento y arrojarla con todas sus fuerzas contra el auto de Tomas, incluso asustándose así misma con el ruido del cristal rompiéndose.

Los cristales se esparcieron por todo el suelo del auto, y por el regazo de Tomas. En un estado colérico salió de auto, casi arrancando la manija interior de la puerta. Tessa, aun colérica tomo otra piedra del suelo y grito:

- ¡No te acerques Tomas! O la siguiente piedra ira a tu cara.

Sin embargo, las palabras de Tessa se perdían en el aire, por un momento se dio cuenta de que había cometido un gran error, se había dejado llevar y ahora había llegado demasiado lejos. Al acercarse a ella Tomas apretó fuertemente su brazo, dejando caer la piedra que aun sostenía en su mano. Tomas, le había hecho la vida imposible durante años, pero jamás se había atrevido a agredirla físicamente. Mientras luchaba por zafarse. Tomas se acercó a su rostro y comenzó a hablar.

—¿Y ahora qué? ¿Cuál era tu plan? ¿Sabes por qué he podido hacer lo que hago hasta ahora? Porque sé hasta dónde puedo llegar. ¿Crees que cuando golpeo a un idiota por la mañana quiero romperle la nariz? No. Eso sería demasiado problemático. ¿Y crees que cuando tu amiguito volvía a casa con un ojo morado alguien más, aparte de él y yo, sabía lo que pasaba? No. Solo los dos, sin testigos. Solo perdí el control una o dos veces, quizás, y créeme que lo pagué caro en su momento. Y créeme cuando te digo que ahora mismo estoy dispuesto a hacerlo de nuevo.”

Tomas apretó con aun más fuerza la muñeca de Tessa. Y la arrojo al piso. Esta se raspo las rodillas en el concreto del estacionamiento luchó por ponerse de pie, pero Tomás la detuvo con un empujón de su pie.”

Tessa alzo la mirada y solo observo en el rostro de Tomas una calma perturbadora. Fue en ese momento que lo entendió, todos estos años, Tomas había hecho la vida imposible de los demás, no por placer. El simplemente no conocía otra forma de vivir.

Se preparo para el golpe al ver Tomas levantar su brazo. Cerro los ojos en anticipación. Pero el golpe nunca llego. Abrió los ojos lentamente y se encontró con Tomás tirado en el suelo, mientras una figura daba la espalda a Tessa. Solo podía observar cómo esa figura intentaba golpear repetidamente el rostro de Tomás, quien se defendía bloqueando los golpes con sus brazos. Aquella figura delgada y de cabello despeinado. Era Simon.

Simon había buscado a Tessa por toda la escuela, con el presentimiento de que intentaría algo arriesgado desde que la vio molesta por lo de Charlie esa mañana. Después de revisar el gimnasio sin éxito, se dio cuenta de que no era a ella a quien debía encontrar, sino a Tomás. Corrió hacia el estacionamiento a toda velocidad y abrió la puerta metálica de un empujón, sintiendo el dolor en su hombro al chocar con el pesado armatoste metálico. Todo a su alrededor se oscureció. Todo lo que recordaba era ver a Tessa en el suelo y a Tomás a punto de golpearla.

Simon no recobró la conciencia hasta sentir el dolor en sus nudillos. Se detuvo por un momento, comprendiendo lo que estaba haciendo. Tomás aprovechó la oportunidad y lo arrojó fácilmente de encima. Simon salió volando a unos pocos pies de distancia, todavía sin comprender del todo lo que acababa de pasar.

Sangre goteaba de la ceja derecha de Tomás mientras se limpiaba con el borde de su camisa, aquella camisa blanca se tiño de un rojo escarlata. Estaba sorprendido al ver la sangre, pero aún más sorprendido al darse cuenta de que quien le había causado el daño era alguien a quien consideraba débil y patético. Esto lo enfureció aún más.

Tessa comprendió con una sola mirada que debían correr. Si antes pensaba que estaba en peligro, ahora estaba segura de que Tomás podría perder completamente la cabeza en ese momento.

Miró a su alrededor y solo pudo observar una ruta de escape: más allá de los arbustos que rodeaban el estacionamiento, estaba el arroyo donde solía pasar tiempo con Charlie cuando eran niños. Conocía ese lugar mejor que nadie y estaba convencida de que podrían perderlo si se adentraban allí con Simon.

Con prisa, Tessa tomó a Simon del brazo, quien aún estaba en el suelo tras ser lanzado por Tomás, y casi lo arrastró para ponerlo de pie. Corrieron entre los autos del estacionamiento y atravesaron rápidamente los arbustos, terminando ambos rasguñados por las ramas.

Podían escuchar a Tomás gritando sus nombres a lo lejos mientras los perseguía lo más rápido que podía. Sin embargo, la sangre que goteaba de la herida en su ceja le dificultaba ver con claridad. Ambos corrían con todas sus fuerzas, Tessa arrastraba el peso de Simon quien apenas podía seguirle el paso. Al llegar a una pequeña colina ambos saltaron hacia abajo. Tessa sintió el electrizante dolor al tocar suelo su tobillo se había doblado al aterrizar. Simon al ver esto tomo el brazo de Tessa y la ayudo a apoyarse con toda la fuerza que tenía.

Tomás no había considerado qué haría con ellos una vez que los atrapara. Parte de él contemplaba la opción de volver a romper la nariz de Simon, como había hecho hace unos años. No le importaba si eso lo llevaba a pasar unos meses en el reformatorio; consideraba que esta vez tenía suerte de que Simon lo había atacado primero. Se dio cuenta de que era una oportunidad única; por más daño que hiciera, siempre podía argumentar defensa propia.

La vista en su ojo derecho se tornó roja por la sangre que goteaba. El olor metálico en su ropa le recordó a su padre, y su ira creció. Por un segundo los perdió de vista, pero sabía que no podían haber ido muy lejos; debían estar escondiéndose cerca.

Simon asomó la cabeza detrás de una gran roca a donde Tessa lo había llevado y vio a Tomás parado a pocos metros, girando erráticamente, buscándolos con la mirada. El corte en su ojo comenzaba a coagular y pronto no tendría problemas en encontrarlos. Simon entró en pánico al pensar qué pasaría cuando Tomás los atrapara. Sabía que Tessa no podía correr sola, y él no era precisamente del tipo atlético; sentía cómo su respiración se agitaba y sus piernas quemaban por el cansancio de haber corrido cargando a su amiga.

Miró a su alrededor y recordó las palabras de su padre esa mañana. ¿Podría haber un oficial cerca?, no muy lejos de donde estaban debería estar la escena del crimen que mencionó su padre, y con suerte habría algún oficial resguardándola. Con esta idea en mente, intentó soltarse del brazo de Tessa y correr para distraer a Tomás. Tessa lo detuvo, arrastrándolo de vuelta hacia abajo.

Tessa le susurró: “¿Qué haces, idiota? ¡Te va a matar!”

Simon se soltó y respondió: “Tengo que distraerlo. Tú no puedes correr estando así.”

Tessa lo miró incrédula y dijo: “Es la idea más estúpida que has tenido desde que te conozco. Si nos separamos, irá por ti. Te alcanzará y te molerá a golpes o algo peor.”

“Puede que tengas razón, pero si nos quedamos aquí más tiempo, no tardará en encontrarnos. Y quién sabe qué es lo que ese lunático podría hacerte. Tengo un plan, confía en mí.”

Tessa vio los ojos llenos de inseguridad y miedo de Simon. No quería dejarlo ir, pero sabía que tenía razón. Si se quedaban ahí, Tomás los encontraría en cualquier momento. Quizás si se separaban, ella tendría la oportunidad de volver a la escuela y pedir ayuda.

“Simon, prométeme que no dejarás que te alcance”, le dijo Tessa angustiada.

“Oye, si alguien sabe cómo correr de ese matón cabeza de humo, soy yo”, respondió Simon, dibujando una ligera sonrisa entre sus labios.

Simon se escabullo hasta estar lo más posiblemente alejado de Tessa, entonces corrió en dirección hacia la profundidad del bosque. Tomas lo vio y sin pensarlo dos veces comenzó la persecución, Simon corrió con todas sus fuerzas. No sabia exactamente hacia donde ir, pero sabía que si se acercaba a la carretera tarde o temprano llegaría a las afueras del pueblo y que si tenía suerte podría dar con alguien que lo pudiera ayudar.

A medida que se adentraba, podía escuchar a Tomás gritando su nombre cada vez más cerca. Sus piernas ya no podían seguir, le costaba respirar y sintió un escalofrío similar al mareo que sintió por la mañana. Su visión comenzó a nublarse y sus latidos resonaban en su garganta. Estaba a punto de perder el conocimiento cuando finalmente percibió la línea amarilla que había estado buscando desesperadamente. Con su último aliento, corrió y cruzó gritando por ayuda. Pero no había nadie. El pánico de no encontrar a nadie resguardando la escena del crimen no duró mucho; fue rápidamente reemplazado por el dolor en su estómago al ser derribado por Tomás de una tacleada.

El sonido de los golpes resonaba por todo el bosque, seco y carnoso, constante. Simon hacía todo lo posible para proteger su rostro, pero los golpes de Tomás seguían cayendo sin piedad. Simon estaba al borde de perder el conocimiento, su visión nublada por la sangre, todo lo que veía era un tono rojizo y todo lo que sentía eran golpes continuos. Tomás se preparaba para el golpe final cuando algo captó su atención.

Pisadas. A pesar de su estado, Simon pudo identificar dos o tres pares de pisadas, cada uno a un ritmo diferente. Pensó que había tenido suerte; los oficiales habían vuelto y habían atrapado a Tomás en el acto. Pensó en cómo finalmente se liberaría de él después de tantos años, pensó en Tessa y se alegró de que estuviera a salvo.

Pero todos sus pensamientos se desvanecieron cuando escuchó los gritos de Tomás. Desapareció rápidamente de encima de él, como si hubiera sido levantado del suelo por un arnés invisible. Escuchó un crujido seco y el retumbar de un objeto azotando el suelo una y otra vez. Los gritos de Tomás se volvieron cada vez más inhumanos y guturales, hasta que fueron reemplazados por el silencio. Simon estaba a punto de desmayarse por los golpes, escuchando las pisadas que se acercaban, cada vez con menos certeza sobre cuántos eran.

Su vista, antes rojiza, se tornó de un violeta oscuro. Lo último que logró vislumbrar antes de desmayarse fue una silueta deforme con lo que parecían ser varios pares de miembros no simétricos naciendo de lo que se asimilaba ser al tronco superior de algún animal no reconocible. Poco después, perdió el conocimiento debido a sus golpes.