Campos Elíseos
Por fin había llegado el momento.
Cara a cara con la mirada fija en los mismos fríos ojos turquesa, incrustados en el pálido e inmutable rostro del dios, que únicamente había visto una vez en la era del mito.
Sin duda, había llegado el momento, de encontrarse con aquél ser, que, sin explicación alguna, se encontraba siempre en su mente.
Después de interminables eras, podía ver nuevamente al verdadero Hades, vistiendo su oscura armadura dejando al descubierto la palidez de sus manos y rostro.
Él sosteniendo a Nike en un apretado puño, tensó su cuerpo debajo de su gloriosa armadura sagrada, al instante en que una descarga eléctrica circuló por su columna, erizando cada centímetro de su piel y una de las comisuras de sus labios, se levantó, acompañado de un evidente brillo en sus ojos.
El dios del Inframundo se acercaba con pasos firmes hacia él, manteniendo sus ojos entrecerrados, sin apartarlos de él. Ese salvaje y elegante caminar, lo dejaba sin aliento, a la vez que detenía con un movimiento fluido y provocativo. Repentinamente Hades y comenzó a abrir sus ojos, Atheno movió ligeramente su brazo intentando interponer a Nike entre ellos, forzando los músculos de su rostro para no sonreír. Sabía que debía ser cauteloso y no arruinar todo. Sólo miraba como lentamente sus ojos se abrían aún más, mostrando con más claridad su azul gélido y límpido.
—Te atreviste a venir hasta aquí, Atheno —Hades rompió el silencio al momento que iba levantando la letal espada, dejando la punta de ésta, hacia su dirección —. Simplemente has venido a morir.
Su pulso lentamente se aceleraba, con su cuerpo que aún se mantenía alerta, atento de cada movimiento del dios, y, por otro lado, sabía que no él no estaría solo.
Sabía que el mínimo error de su parte y Hades podría salir lastimado, o Hades podría herirlo gravemente, entendiendo que ambas situaciones no eran convenientes.
Giró sus ojos que intentaban mantenerse en su objetivo, sin embargo, una presencia malévola iba apareciendo no muy lejos de Hades, frunció el entrecejo aumentando la frustración, y haciendo aparecer la tensión de su cuerpo. Con dificultad podía vislumbrar la oscuridad de la armadura espaldas de Hades.
Una esfera violácea de energía oscura se formaba en las palmas de las manos de Thanatos, que iba ganando tamaño y un brillo difícil de ignorar llamando la atención de Atheno, hasta extender los brazos por encima de su cabeza, mientras la esfera de cosmos aumentaba rápidamente, con destellos y descargas de cosmos que amenazaban por destrozar cualquier cosa que tocara.
“¡Ugh, que fastidio!”
Regresó su mirada a Hades, entretanto el consejero de cabellos negros lo miraba con un depredador que acorralaba a su presa en un callejón sin salida, con la esfera creciendo sin señal de detenerse, y como había predicho, destruyendo a cada centímetro lo que se le atravesaba en su expansión.
—¡Ahora morirás, Atheno! —La voz de Thanatos lo sobresaltó mirando cómo aquella pequeña esfera, había alcanzado un importante tamaño, por encima de su cabeza, lanzándola con una notable fuerza—. ¡Terrible Providencia!
La descomunal masa de cosmos se acercaba a una velocidad incontrolable, sin remedio alguno, sus pies se movieron instintivamente, impulsando con fuerza sus pies para movilizarse rápidamente con dirección al dios, sujetando a Nike acortó la distancia entre él y Hades, entretanto que el ataque se acercaba rápidamente hacia ellos, en una milésima de segundo, había logrado acortar su inevitable distanciamiento, extendió a Nike, empujando la punta de la espada de Hades a un lado, arrebatándosela de las manos con fuerza logrando que está cayera inerte en el verde pastizal de los Campos Elíseos. Abrió los brazos, para entrelazarlos alrededor de su cintura.
—¡¿Qué haces Atheno?! —escuchando la protesta del dios, los brazos de Hades se interpusieron entre ambos empujando con una notable rabia y fuerza tratando de zafarse de sus brazos.
Ignorando las protestas de Hades, se aferró con más fuerza a su cuerpo, sintiendo cómo cada músculo de sus brazos dolía incómodamente. Sin más retraso, comenzó a quemar su cosmos, un aura cálida se entendió en visibles lenguas de fuegos que crecían e iban envolviendo su cuerpo junto con el de Hades, terminando de envolverse en ese fuego puro y divino.
En un inesperado momento, Atheno giró sus cuerpos, sintiendo el fuerte impacto en su espalda que arremetía con violencia, empujando de una manera bestial, su cuerpo, sosteniendo su ser sumando resistencia. Cada centímetro de su cuerpo se tensó, al igual que los brazos enredados alrededor del dios, incrementando la presión a su abrazo; con el ceño fruncido elevó más su cosmos, inconscientemente una de sus manos recorrió su espalda para posarla entre sus largos cabellos alborotados, entretanto, los latidos de su corazón se aceleraban y estremecían, al enredarse entre las suaves hebras, tan oscuras como las mismas tinieblas de la noche.
—¡Suéltame maldito, Atheno! —La voz de Hades se escuchó cerca de su oído, por alguna razón, sintió su cuerpo erizarse al compás de la descarga de electricidad que recorría su columna. Sólo cerró con fuerza sus párpados, intentando escapar del impacto.
La fuerza de este golpeó su espalda con violencia, que, por un breve momento, lo había hecho tambalearse, para que, en un casi instantáneo movimiento, recuperara su equilibrio, y abrazara con más firmeza al dios.

Los dorados ojos apacibles del dios observaban entrecerrados, como el resplandor lentamente se iba desvaneciendo, entre la caótica y violenta explosión que rompía con la calidez y calma de los Campos Elíseos, junto con la presencia de Atheno. El resplandor por fin se había desvanecido tan lento y repentino como había aparecido, dejando un ligero destello dejando aturdidos los sentidos.
—¡¿Cómo logró...!?
—Tranquilizarte Thanatos — Interrumpió Hypnos acercándose lentamente al lugar donde se encontraba su hermano con pasos casi inaudibles, sin alejar la vista del impacto que había quedado en el suelo. En los pastos carbonizados, no había quedado rastro alguno de ambos dioses. Un resplandor violáceo lo cubrió completamente, desvaneciéndose con lentitud hasta desaparecer su armadura, dejándolo con unas largas y oscuras túnicas—. Fuiste imprudente.
—¿Y qué deberíamos haber hecho, Hypnos?
—Atheno encontró la manera de venir hasta aquí, e hizo desaparecer a sus caballeros antes de encontrarse con Hades.
—Significa qué lo planeó desde el principio...—argumentó el gemelo acercándose a su hermano, hasta quedar justamente al lado de su hermano.
—Es muy probable.
Ambos dioses se encontraban al lado del otro, mirando fijamente el lugar donde los dioses oponentes, se habían estado enfrentando, dejando únicamente la espada tirada en el suelo, al lado de la sagrada armadura del dios Hades.
—Deberíamos rescatarlo —Contestaba Thanatos acercándose con un crujido del césped bajo sus pies—. Tú deberías ser quién esté más interesado en traerlo de vuelta.
—Es muy precipitado. Antes debemos saber con certeza, donde están — Hypnos contestó sin dejar de mirar las cenizas aún humeantes, cruzándose de brazos e ignorando la última frase de su hermano.
—Lo único seguro, es que no se atreverá a llevarlo al Santuario. No es estúpido.
Hypnos se giró y comenzó a caminar alejándose de su hermano, manteniendo la mirada clavada en los verdes campos. Era evidente saber para cualquiera, que Atheno y Hades seguían con vida. Él sabía más que nadie, que Atheno le daba importancia a la vida de Hades.
—No tenemos nada que hacer aquí, Thanatos —Rompió el silencio, al mismo tiempo, que presionaba sus puños por debajo de sus brazos—.Debemos ser cautelosos, e idear un plan, Además, nadie más puede enterarse de esto.
—Sobre eso, ¿no crees que él debería saberlo? Estuvimos tanto tiempo a su servicio, que no dudará en ayudarte, y sabiendo de que se trata de ellos dos, hará lo que sea necesario.
Hypnos siguió su camino, sin dejar de escuchar las directas palabras de su hermano.
—Lo sé.